Esta
es una situación bastante común entre las parejas establecidas.
Y aunque parezca fácil decir, simplemente, "sí", no lo es
en absoluto.
Es en estos
momentos cuando una catarata de cuestiones que nunca habían sido
charladas entre los novios, salen a la luz. Y aparecen así las preguntas,
los cuestionamientos y las dudas.
Consultada
por Infobae.com, la Licenciada Cristina Castillo* afirmó: "Lo más
complicado es cuando uno de los miembros quiere convivir y el otro no,
pero resigna esta cuestión para conformar al otro. Cuando prevalece
la decisión de uno de los dos es el problema".
Las excusas
Según
la licenciada, no existen excusas -en el sentido estricto de la palabra-
para no querer convivir, sino dificultades que comienzan a plantearse y
que antes no habían sido tenidas en cuenta.
Sin embargo,
sí se pueden señalar una serie de tópicos bastante
comunes que se exponen al momento de negarse a la convivencia. "Se suele
poner como 'traba' el factor económico, es decir, la economía
doméstica, que es algo que va más allá de quién
sostiene la casa: se relaciona con qué se espera de las posiciones
masculina y femenina", señaló Castillo.
El hecho de
exponer todas estas cuestiones suele convulsionar la relación. En
ese sentido, la licenciada explicó que "cuando uno de los dos no
quiere, pone en vilo los objetivos y el pacto de la pareja: muchas parejas
se rompen en este punto".
Las frases
más comunes que se escuchan al momento en que se plantea la convivencia
son: "No porque ahora no tengo trabajo", "no porque no quiero alquilar
sino comprar", "no porque ahora el trabajo anda mal". Y si, a pesar de
no estar del todo convencido, se acepta la propuesta "por complacer al
otro, en algún momento se pasa factura", afirmó la licenciada.
Decí
por qué no querés
Cuando el
miembro de la pareja que propuso vivir bajo el mismo techo se topa con
dudas, titubeo o negativa por parte del otro, comienza a preguntarse cuál
es la razón profunda u oculta de este rechazo. La especialista afirmó:
"Por algo se dice 'no por ahora'".
"Las diferencias
tienen que ver con los tiempos subjetivos de cada miembro de la pareja,
y también si es la primera vez de cada uno en la convivencia", señaló
Castillo. En ese sentido, afirmó que las personas que ya han tenido
una experiencia de este tipo suelen ser las más reticentes ante
la nueva oportunidad. En estos casos, la negativa o dificultad está
basada en "sus miedos, ansiedades y frustraciones de parejas anteriores".
No obstante,
la evitación daría alguna pauta de lo que pasa por la cabeza
y el corazón del que se niega. "Las excusas enmascaran una verdad:
tal vez no está en el deseo de alguno de los dos convivir", dijo
Castillo.
No se puede
vivir del amor
Tal vez muchas
parejas acepten gustosas y sin titubear la propuesta de la convivencia.
Pero esa alegría inicial inconmensurable puede transformarse, de
buenas a primeras, en una pesadilla. "Aunque no suene demasiado simpático,
el amor por sí solo no alcanza para sobrellevar la convivencia",
señaló la especialista.
Agregó
que "las parejas muy jóvenes tienen la ilusión de que con
amor todo se puede, que todo es posible, pero lo importante es poder soportar
las diferencias del otro". Y aquí está la cuestión
central del asunto: son las diferencias constitutivas de hombres y mujeres
las que marcan las primeras peleas, y las que hay que aprender a aguantar.
Cómo
vivir en la pareja y no morir en el intento
Castillo señaló
que las primeras peleas comienzan, casi siempre, por temas sin importancia:
"Por las cuestiones más banales, las de la cotidianeidad, se puede
hacer un mundo". Asuntos relativos al orden, las comidas ("a uno le gustan
los fideos con salsa y al otro con aceite, por ejemplo") y la economía
doméstica son los que van dando el rasgo propio de esa pareja.
Por eso, planteó
una serie de tips a tener en cuenta a la hora de la aparición de
las primeras discusiones: |