| No
en vano existe una creencia popular que asegura que el aburrimiento suele
apoderarse de la realidad cotidiana. Ocurre que no son pocas las parejas
que –una vez que lograron el “sí” al matrimonio o la convivencia-
se “dejan estar” y el estancamiento y el desgano se apodera de la relación.
El sitio En
Plenitud publicó que “nuestro cuerpo responde de manera sexual en
relación con todo el entorno que lo rodea, cualquiera sea el grado
de autocontrol que nos hayamos impuesto. Si vivimos el sexo de esa forma,
la mujer y el varón pueden explorar, día a día, distintas
zonas de su cuerpo”.
Así
es que distintas fantasías, caricias, estímulos, posturas
y masajes, sugerencias y hasta teatralizaciones sexuales que conviertan
al acto sexual en un momento maravilloso deberían ganar terreno
en la vida de todos los días.
Los que saben
aseguran que si uno pone en el sexo una actitud y una disposición
adecuada, si en lugar de imaginar al sexo como un acto automático
uno pone atención en el momento y trata de que sea único,
el sexo nunca podría volverse aburrido.
Lejos de sentarse
y esperar que la pasión se encienda y que la relación se
renueve como por arte de magia, la pareja debe descubrir un punto de confianza
en el cual puedan descubrir que el otro tiene sus gustos y sus temores.
Irse descubriendo de a poco todo el tiempo.
No siempre
la presencia de dos cuerpos desnudos cercanos en posición horizontal
es suficiente para generar el impulso sexual. Para que haya un buen sexo,
hay que comprender que ser una persona sexual significa ser sensible a
los propios sentimientos sexuales, que nacen de uno y no brotan de la rutina.
Es por eso
que cada uno es responsable de satisfacer esos sentimientos lo más
armoniosamente posible cuando se expresan espontáneamente. Dar y
recibir placer exige reciprocidad. |