Diferencias
que unen
Algunas
parejas, descubren al convivir, que hay muchas situaciones en las que no
están de acuerdo y se preguntan porque son tan distintos. No hay
que ver esto como una señal de alarma, sino capitalizar las diferencias
para hacer más fuerte la pareja.
Después
de algunos meses de convivencia algunas parejas descubren que hay muchas
situaciones en las que no están de acuerdo y tal vez se pregunten
por qué son tan distintos. Esto provoca pequeñas molestias
en el matrimonio por el simple hecho de que cada persona espera, secretamente,
estar de acuerdo en todos los pensamientos y sentimientos. Y eso, es importante
que lo sepas, es prácticamente imposible.
Algunas diferencias básicas
tienen que ver con la personalidad y el temperamento. Tal vez a vos te
guste compartir lo que te sucedió durante el día cuando llegas
del trabajo mientras que él necesita tiempo para estar a solas mientras
se pone cómodo hasta poder entablar una conversación. Otras
diferencias surgen por causas inesperadas como por ejemplo, el ritmo de
tu reloj interno.
Existen personas diurnas
que saltan de la cama felices y de excelente humor al amanecer y se les
hace difícil mantenerse despiertos después de las diez de
la noche. En cambio, las personas nocturnas comienzan a funcionar bien
después del mediodía y mantienen sus fuerzas intactas hasta
las dos de la madrugada. Cuando una persona diurna se casa con una nocturna
sin estar totalmente alertas sobre sus diferencias en cuanto a sus relojes
internos, la convivencia se hace complicada. Y lo mismo sucede con aquellos
que adoran escuchar música a todo volumen en cualquier momento del
día y se casan con personas que prefieren la calma, por ejemplo.
Las
diferencias que tienen que ver con la personalidad son más difíciles
de conciliar que las de las costumbres. Están los hombres que cuando
se enojan resulta imposible sacarles una sóla palabra, casados con
mujeres verborrágicas que necesitan hablar de todo lo que les pasa.
O aquellas personas que
tienen mucho empuje y necesitan estar contínuamente en movimiento
cuya pareja es más quedada. Hay realistas casados con soñadores,
concretos con abstractos, arrogantes con sumisos, ansiosos con pacientes,
divertidos con serios... y la lista de antónimos puede seguir.
Pero lo cierto es que nada
es casual. Ambas personalidades se necesitan para seguir existiendo y las
parejas se alimentan entre sí: toman del otro lo que les falta y
se complementan.
Algunas personas se sienten
derrotadas ante las diferencias pero existen algunas formas de lidiar con
ellas. La más efectiva es concentrarse en aquellas cosas en las
que sí están de acuerdo. En lo que los une, en lugar de lo
que los separa. Y justamente allí, encontrarán la verdadera
razón por la que eligieron tomarse de la mano para caminar juntos
por la vida.
Y verán que esas
mismas diferencias pueden ayudarlos a construir un matrimonio mejor y más
fuerte.
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