b-a
Home : Wallpapers : Top 100 : Agregar Sitio : Recomendados : Mapa del sitio : Tus sugerencias : Recomendanos : Adultos:

barra_izquierda
:: Argentina ::
 Argentina Destinos
 Estancias en Argentina
 Hospedaje Argentina
 Agencias de Turismo
:: Aventura ::
 Montañismo
 Trekking
 Mountain bike
 :: Regiones ::
 Europa
 Asia
 Africa
 Oceanía y Pacífico
 Norte América
 Centro América
 Sud América
 :: Servicios Varios ::
 Conversor de monedas
 Distancias e / capitales
 :: Documentación ::
  Pasaporte
  Visas
  Vacunas Necesarias
 :: Consejitos ::
 Aduana
 Dinero en el viaje
 Equipaje
 Pasajes más baratos
 :: Información Util ::
 Embajadas
 Consulados
 Casas turismo exterior
 Casas turismo interior
ENLACES

RECOMENDADOS


 
 
.
Turismo - Africa
.
Ruta africana, Namibian explorer  

.

"Dije tres días, no tres meses", dijo Rudi al ver las cajas de vino y cerveza y las bolsas llenas de todo tipo de porquerías dulces y saladas. 
Para nosotros, Springbok era el nombre del pueblo al norte de Sudáfrica, cerca de la frontera con Namibia, donde pasaríamos nuestra primera noche acampando y la última parada en tres días para conseguir los sólidos y líquidos comestibles. 
Rudi era nuestro conductor, guía, maestro mayor de obra, cocinero, consejero vecinal, líder gremial y lado derecho de nuestros cerebros
Sería el hombre más coreado, al volante del bien querido micro que nos transportaría y albergaría por 4.500 kilómetros, durante los próximos quince días a través de Sudáfrica, Namibia, Botswana y Zimbabwe. 

No me pidan que cabecee 
Se empezaba a delinear el elenco estable de las noches por venir: las carpas, las colchonetas, las bolsas de dormir, las cenas al lado del fuego, el vino, las cervezas, las supersonrisas, las risas y más risas que los chistes constantes y buenísimos de Peca y Cristian alimentaban. 
Esa tarde habíamos conocido el Fish River Canyon, que bajamos por un rocoso y por momentos empinado trek hasta el encuentro con el refrescante Fish Rriver. 
Sobre el techo del bondi, haciendo las veces de terraza panorámica móvil, recorrimos un sector increíble del cañón, donde vimos nuestro primer atardecer africano. El sol bajo enorme y naranja, los colores, mientras iban cambiando, vibraban y respiraban. 
La vuelta al camping fue auspiciada por "Aguas Termales Sociedad Anónima, para su producto Yo De Acá No Me Muevo". En una pileta de agua termal a la que fuimos, decía Leo todo derretido: "No me pidan que cabecee", mientras hacía la plancha retozando a la luz de las estrellas. 

El colectivo 60 por aca no pasa, ¿no? 
Un largo camino nos separaba de Sesriem. Si bien sabíamos que las imponentes dunas rojas de Namibia eran buenísimas, estábamos bien lejos de imaginar lo que se venía. 
No sé si el sol del desierto nos encogió o si algún rayo diminutador accionó sobre nosotros, pero esas dunas estaban fuera de escala. Eran absolutamente gigantes, naranjas y de polvo superfino. 
Subimos a la duna con una atracción frenética, hacia el sol que bajaba enorme y caliente. El silencio se hizo cargo de la situación, mientras la tierra se ponía colorada. "¡Qué buen infierno!", se escuchaba en un susurro. 
Bajamos de noche, el paisaje era mágico. Arriba, contra el negro-azulado cielo namibio, miles de estrellas. 

Abajo, las arenas ahora ocres amortiguaban nuestro descenso como si alguien desde el control central hubiera desactivado el botón de gravedad. Revolcándonos y rebotando suavemente por las dunas nosotros, los niños, estábamos en un capítulo no publicado de El Principito. Era como estar en la caminata lunar, era otro planeta, era Namibia. 
"¿Lo tenés a Magoya? ¡Ni él me saca de acá!" 

Amarillo/naranja/marron/azul 
Kilómetros y kilómetros llenos de nada que se moviera salvo la sombra que el micro proyectaba sobre el camino de ripio. El paisaje namibio era una sucesión de agradable desolación: largos valles amarillos terminaban en las distantes dunas naranjas, que, seguidas por el marrón de los cañones, daban gran profundidad al panorama, siempre envuelto por el cielo totalmente azul. 
Del ripio pasamos al camino de tierra, donde el superpolvo no era ningún superhéroe ni una proeza sexual; era un opresor omnipresente al cual nos entregamos, obligándonos a sacarnos los anteojos cada diez minutos para una nueva limpieza. 
El olor salino anunciaba la presencia marina y dibujaba un poco más la ya dibujada sonrisa. Ibamos a ver un horizonte azul, se venían tiempos de cambio. 
Swakopmund es un hermoso pueblo pesquero a orillas del Atlántico, una colonia alemana lejos de nuestras expectativas de pueblo africano. Muy ordenado, limpio y bien preparado para el turismo, ahí le dimos un descanso a nuestros quehaceres diarios de armado y desarmado de carpas y horizontalizaríamos a más de cinco centímetros del piso, en unas cabañitas al lado del mar. 

Dancing queens 
Esa noche era especial: salíamos, comíamos afuera e íbamos a bailar. Extrañamente se olía a perfume y no se escuchaban pisadas de sandalias. 
Ibamos a comer sobre una mesa. La barra del resturant-bar nos esperaba con unos shots de tequila. Habíamos copado el bar. El grupo estaba enardecido, y el boliche era nuestro próximo destino. 
Entramos como quince demonios de Tasmania. Abba nos conectaba con una parte del cerebro que indicaba bailar, a los abrazos y con nuestras nueve dancing queens. 
Había un par de chicas locales un poco entusiasmadas por el calor de las bailarinas latinas y Luki (nuestro ejemplar más entusiasta) huía a fin de evitar posibles escenas lésbicas. 
Crónicas posteriores narran, primero, la dificultad para encontrar las cabañas a pesar de las indicaciones de Rudi ("Salen del boliche y caminan derecho dos cuadras"), y, segundo, la dificultad para encontrar la cabaña propia. 

Etosha
"¡Olé, olé, olé, olé! ¡Rudi, Rudi!". Rudi al volante nos transportaba hacia Etosha National Park y hacia nuestro encuentro con el mundo animal. 
Aprovechamos la mañana para encender el burro de arranque de la cabeza, luego de una agradable siesta bajo el agradable sol matinal. 
No sé qué haría un tour guiado de antílopes, elefantes, ciervos, rinocerontes, lechuzas, coatíes, mangostas y otros amigos si vinieran a la ciudad a observar a los humanos y su comportamiento, pero sé lo que nos paso a nosotros cuando vimos a los primeros bichos. Hasta Luki, nuestra verborrágica e hiperkinética amiga (versión mejorada del conejo de Energizer) se calmó y se calló. 
Había llegado el silencio. Por primera vez desde que nos habíamos juntado nos congelamos en una nueva especie de silencio. No era la ausencia de sonido contemplativa de ver bajar el sol, era el de ojos bien abiertos con las cejas un tanto elevadas y la boca apenas entreabierta, un poco reprimiendo el "¡oh!". 
La experiencia de ver animales en vivo fue una sensación individual y colectiva que no tiene sentido intentar describir. Los elefantes estaban ahí, a menos de diez metros, enormes sabios lisos y arrugados. El aire cálido y seco conducía el sonido que era creado y emitido con cada movimiento, con cada contacto con los arbustos. Esos ruidos no salían de un parlante, no había música de fondo ni una voz en off, no había Mario Grasso, no había Jorge Cuttini, la página no se daba vuelta, ni se cambiaba de canal, no estaba editado, estaba sucediendo. Era tiempo real, y el tiempo estaba suspendido. 
Rudi estaba a cargo del avistamiento; lo que para nosotros era la silueta negra a contraluz de algún pajarraco, para él era un águila pecho blanco, hembra, en celo, con problemas en la pata derecha. "Y también le gustan Los Redondos, tomar ginebra, el té Cachamai y la bananita Dolca", decía alguien por el fondo. 
Más tarde, colchoneta, bolsa de dormir y alguna botella en mano, cámara de fotos al cuello, íbamos a hacer guardia al pozo de agua donde los habitantes de la sabana le hacían caso a su sed. Era el lugar de onda de la noche animal.
A quince metros los humanos contemplábamos grandes manadas de elefantes con sus elefantitos, familias de leones, cebras, grupos de kudus, algunos sables, órix, wilderbeast, gemsbok. Todo con la azul plateada luz de la luna llena que más tarde bajaba gigante y rosada. 
A casi todos estos animales también los vimos enfrente nuestro, humeantes y bien cocidos en nuestros platos. La carne de avestruz, que es roja, y la de kudu, una especie de antílope, se llevaron el premio, chamigo. 

Siguiendo la luna no llegare lejos 
"¡Oleeeoleoleolee! ¡Rudi, Rudi!". Después de tres días el canto volvió al micro. Nos dirigíamos hacia el este a lo largo del Caprivi Strip, una caprichosa franja de tierra totalmente plana y superangosta que separa a Namibia de Angola, que se veía desde la ventanilla. A Zambia la veríamos pronto por la misma ventanilla, y a Botswana y a Zimbabwe, a donde nos dirigiríamos. 
En nuestro camino paramos en Rundú, una activa pequeña ciudad que se ajustaba más a la idea de pueblo africano. Calles polvorientas por donde transitaba mucha gente con poco apuro, mucho color con no poco contraste, muchos nenitos en patas con los ojos muy brillosos y negros y más color. 
"¡Boludo, mirá a ése!" Mientras masticábamos las recién adquiridas porquerías, a través de las ventanillas del bondi, como a quince metros, se paseaba un personaje local que no tenia nada en particular salvo que al girar el cuerpo dejó ver por entre su camisa a cuadros de colores…¡la azul y oro xeneize! 
La había visto en pueblos perdidos de Guatemala y Honduras, pero no estábamos tan cerca, estábamos en Rundú. 
Se hizo la noche, veníamos casi dormitando. El olor a tierra y polvo más los saltos que pegaba el colectivo al ritmo de los pozos nos indicaban que habíamos salido del camino principal. 
No se veía nada, todo alrededor era negro menos los escasos metros del camino de tierra que nuestros focos iluminaban y que era tan interesante como la revista Utilisíma Tejidos. 
"Please, Rudi, stop!". Una voz centinela salió desde algún costado del oscurecido interior del bondi. Rudi paró en seco y al mirar a la izquierda apagó las luces y el motor y bajó un poco la música. 
Mientras nuestra nube de polvo personal se disipaba, apareció en el no muy lejano horizonte la luna, que, llena y naranja, subía sin apuro y proyectaba una línea del mismo color que nos llegaba casi hasta los pies, dejando ver una vecina superficie liquida. Era el Okavango Delta, que la oscuridad anterior no permitía percibir 
"¿Esa es la luna? ¡No lo puedo creer!", decía Macarena, incrédula. 
La atmósfera se iluminaba suavemente y se llenó de todo tipo de comentarios de admiración y belleza que fueron convertidos en cantos cuando de la nada, en un acto de supersincronización, surgieron de fondo los Fabulosos Cadillacs. "Siguiendo la luna no llegaré lejos". No llegaríamos lejos, ¿no? 

Armonia paralela 
Se Viene el Estallido enarbolaba la felicidad interior del micro y por supuesto "oleoleoleolerudirudi". Todos ya superdespiertos, de fiesta y a los saltos. La alegría estaba bien lejos de ser sólo brasilera. 
Llegamos a Ngepi, un camping simplemente increíble a orillas del Okavango. Antorchas sobre cañas de bambú nos guiaban por la oscuridad hacia el lugar de donde provenía un sonido de tambores. 
Nos íbamos acercando, la atmósfera se iba africanizando, los tambores ahora se entremezclaban con unos cantos hermosos. 
Una armónica y frenética danza de colores rebotaba y penetraba nuestros cuerpos. El baile tribal nos congelaba cálidamente los ojos, nos llenaba de emoción y de piel de gallina. Percibimos la necesidad humana del estado de trance. 
La armonía de esa gente, sus pies y la tierra eran la versión paralela a la armonía del humano occidental, su dedo gordo y el control remoto. 
Pronto llegó el momento de la ducha, al aire libre, las paredes eran de cañas de bambú. Nos habían dicho que había agua caliente, era verdad. Cantábamos, la vida no nos sonreía, se nos cagaba de risa. 
Rudi nos esperaba con la comida, el fogón y por supuesto el vino. De fondo se escuchaban hipopótamos. 

La estampida 
Un par de gigantes baobabs adornaba el puesto de control fronterizo entre Namibia y Botswana. Estos árboles con circunferencia de más de treinta metros viven cerca de cuatro mil años y tienen la extraña apariencia de estar dados vuelta, con las raíces mirando hacia arriba ("Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos", silenciosamente cantábamos). 
Después de las fotos en el cartel de welcome to Botswana entramos al parque nacional Chobe. 
La ruta era impecable, contrastaba con los caminos de ripio y tierra de Namibia y mientras pensábamos que no parecía un camino africano, manadas de avestruces, monos, cebras, elefantes, empezaron a aparecer por todos lados y a orillas del camino. 
Llegando casi a la frontera con Zimbabwe una familia de mafiosos elefantes se nos vino al humo y humo nos hicimos con el caño de escape entre las ruedas, al grito de "¡no tenés aguante, che Rudi vigilante!". 
La entrada a Zimbabwe fue bienvenida por un warthog, un chancho salvaje con colmillos, como Pumba, el amigo de Zimba, de El Rey León. Dicen que es de los animales más feos. Se parece mucho a la señora Ojmonik, de Alf. Estaba pastando muy tranquilo por ahí. Mientras más feo, más lindo. 
 
 

¡Mbiejaaaa!
Se venían las últimas dos noches de la odisea por el sur de Africa, lo sabíamos, nos hacíamos los boludos. También sabíamos que se venía la hiperactividad y la presencia de la señorita adrenalina. 
Victoria Falls es el nombre que llevan las imponentes y mundialmente famosas cataratas en la frontera entre Zimbabwe y Zambia, con un ancho de 1,7 kilómetros y con caídas de agua de entre noventa y ciento siete metros. Mientras uno camina por los junglosos senderos entre mirador y mirador, así como en el botánico de Buenos Aires se ven gatos, ahí aparecen springboks e impalas, pájaros de colores, uno que otro elefante... Basta alejarse un par de cuadras del pequeñísimo pueblo para ver animales por todos lados. 
Las ofertas turístico-adrenalínicas del menú de Victoria Falls incluían cosas como rafting por los rápidos y muy rápidos, sobrevolar las cataratas en ultraliviano, saltar en paracaídas, jugar al T.E.G., volar en helicóptero, jugar a cachurra monto la burra, alquilar canoas y kayaks, tren fantasma y bungee jumping, que según los entendidos (siempre hay algún entendido dando vueltas) es de los más impresionantes. 
Sólo Peca, Cristian y Rocío contaron con la capacidad genital de saltar al vacío desde los 85 metros del gigante puentecito que une a Zimbabwe con Zambia. 
Los pies derechos al borde del abismo, mirando a la distancia; los tobillos atados a unos ganchos atados a una larga cuerda de caucho que colgaba unos metros por abajo de la plataforma de salto y que seria su cordón umbilical. 
El sonido interno de los rebotes del corazón era contenido por la remera de Boca. Peca, con cara de no me entra ni un alfiler en el culo, extiendió el brazo derecho con el pulgar apuntando al cielo; miró adelante; microsegundo de silencio total. Y a otra cosa mariposa. Salto al vacío. 
Los tres volvieron a los gritos, a los saltos y a los abrazos. Sus sonrisas de repente tenían más dientes que nunca. 
En el escenario del salto, me encaró un nenito de unos diez años: "Which country?". "Argentina". Al campeón se le abrieron grandes y brillantes los ojos, sonrió con labios anchos y dientes bien blancos, se llevó la mano derecha a la cara, a la altura de la pera, y con los dedos índice y pulgar extendidos y los tres restantes doblados, con movimientos cortos y rápidos ascendentes y descendentes, manda un "¡¡¡Mbiejaaaa!!!" 

Viene el estallido 
Bajo el grito de "¡se viene el estallido!" el equipo, que estaba más vivo que nunca, fue a las orillas del Zambezi, desde donde zarparía el booze cruise (barco para chupar, literalmente). Daríamos una vuelta por este río, que pasa por Zaire, Angola, Zambia, Namibia, Zimbabwe y Mozambique, donde desemboca en el Océano Indico. Tendríamos dos heladeritas llenas de cerveza, vino y sidra y sobrados motivos reales para festejar. 
Veníamos de una tarde increíble y de alguna manera distinta. Era el último día, la última bajada de sol juntos. Estar así, juntos, era mucho mejor que bueno, éramos una unidad, un solo estado de ánimo, una superfelicidad, una nueva familia. Habíamos vivido juntos los últimos quince días, ésa era nuestra edad. El pasado había pasado y el futuro no existía. Era "hoy, acá y ahora" y en ese momento eso estaba sucediendo, todo era nuevo y se estaba generando, estábamos superconectados. Era una perinola constante y sus varias caras decían "todos saltan todos gritan, todos todan, todos con toda". Era el "¡A comer galletitas y a tomar la leche!" de Carozo y Narizota. 
Bajaba el sol y bajaba el contenido de las heladeritas, el barco se mecía no por las oleadas, sino por los saltos, íbamos río arriba y arriba iban las copas, brindemos por lo que brindamos. 
Estaba oscureciendo, habíamos regresado a la costa hacía ya un tiempo, no podíamos dejar de cantar y saltar. Brazos derechos en lo alto revoleando las remeras al grito de "¡Olé, olé, olé, olé, olé, olé, olá! ¡Ohhhh, Argentina, es un sentimientoooo, no puedo paraaar!". 
Son esas imágenes que llegan para quedarse, en el superarchivo de supersensaciones. Que quedan en ese sitio del cerebro de la memoria inmediata, y que con cerrar los ojos en cualquier lugar y en cualquier momento podemos invocar. Son de las cosas que te hacen reír solo en el subte. Son de las que te queman la cabeza. 

La historia de Sudáfrica en años. 
Con el fín de la era Apartheid y con un gobierno que representa a la mayoría, las cosas están cambiando radicalmente y arrojan esperanza sobre un futuro de reconciliación en el que la razón triunfe sobre el odio. Por eso, quienes viajen a Sudáfrica asistirán a la construcción de su nueva historia. 
1652 La Compañía Holandesa de las Indias Orientales crea el primer asentamiento blanco de Sudáfrica en el Cabo, como puerto de abastecimiento en la ruta al este. 
1795 Por temor a que Francia, en su apogeo expansionista, tome el Cabo, Inglaterra lo ocupa. Cuando cree que el peligro pasó devuelve la colonia para ocuparla nuevamente en 1816 Shaka se convierte en jefe Zulú. 
Su genio militar y crueldad en la batalla producen rápidamente la expansión de su territorio. Años después es asesinado por su hermanastro y sólo en 1870 Gran Bretaña consigue anexionar Zululandia. 
1820 Llega la primera gran ola de colonos británicos. 
1835 Debido al resentimiento entre ingleses y boers, éstos emprenden un éxodo masivo hacia el desconocido interior. 
1910 Después de la segunda guerra anglo-boer (ganada por los británicos) se crea la Unión de Sudáfrica. Se unifican las dos repúblicas holandesas y la colonia inglesa. El nuevo gobierno inglés accede, ante la presión de los afrikaners, a que los negros educados y de buena posición económica no puedan votar. 
1923 La Ley del Suelo prohíbe a los africanos comprar o alquilar tierras a los europeos fuera de las reservas. Esto produce la creación del Congreso Nacional Africano (CNA). 
1927 La Ley de Inmoralidad pena las relaciones sexuales entre las razas. 
1948 El Partido Nacional (afrikaners) gana las elecciones blancas y pone en marcha la política del Apartheid. 
1950 a 1953 
Se aprueban las siguientes leyes: 
Ley de Supresión del Comunismo: cualquier persona podía ser definida como comunista y desterrada sin juicio. 
Ley de Zonas de Agrupamiento: los no blancos trabajadores son trasladados a suburbios y sus familias a reservas. 
oLey de Pasaportes: todos los negros mayores de 16 años debían llevar uno y así eran controlados. 
Ley de Servicios Separados: determina la diferenciación de éstos para blancos y no blancos (baños, transporte, etc). 
1961 Sudáfrica se convierte en República. 
1964 Nelson Mandela, uno de los líderes del CNA, es juzgado por sabotaje y traición y es sentenciado a cadena perpetua. 
1976 Estudiantes negros de Soweto (Johannesburgo) no aceptan la enseñanza obligatoria del afrikaans y resultan cientos de muertos a raíz de las revueltas. 
1986 Estados Unidos impone estrictas sanciones económicas a Sudáfrica.
1990 De Klerk, elegido presidente por el Partido Nacional en 1989, levanta restricciones a 33 partidos opositores y Nelson Mandela es liberado de prisión luego de 27 años. 
24-29 de Abril de 1994 
Primera elección universal en Sudáfrica. Los negros tienen la oportunidad de votar por primera vez en la historia y gana el actual presidente, Nelson Mandela, terminando así 340 años de dominación blanca en el país. 

Apartheid

Si bien el Apartheid fue puesto en marcha en 1948 y recién en 1958 empezó a aplicarse estrictamente, su concepción fue anterior y su fín otro. La idea nació a principios de siglo, de algunos sudafricanos blancos, que veían cómo la "civilización blanca" estaba destruyendo la cultura africana y creían que la única solución posible era la total separación de los pueblos. Claro que estas ideas contrastaban con las de los dueños de fábricas y campos que veían a los negros como mano de obra barata y no tenían ningún interés en su independencia o derechos cívicos. 

Este conflicto entre unos pocos intelectuales afrikaners y la mayoría de ellos fue resuelta por la puesta en marcha de lo que después se conoció como la política del Apartheid (segregación y desarrollo separado de razas) y que fue censurado y criticado por la comunidad internacional y puesto en la misma categoría que el nazismo y el fascismo. 

Diccionario
(1) Boer: "Granjero" en holandés. Así se llama a los colonizadores del Transvaal. 
(2) Afrikaners: "Africano" en holandés. Nombre que se les da a los sudáfricanos descendientes de holandeses. 
(3) Africano: Se utiliza para los negros. 
(4) Apatheid: "Separación" en afrikaans. 
(5) Afrikaans: Dialecto usado por los afrikaners que se convirtió en idioma oficial del país.  

.
Turismo - Africa
.
Turismo de Argentina y el Mundo
.Turismo Africa

Google
 
Web www.averlo.com

barra-derecha
Documento sin título
:: Más Notas ::
Parque Nacional Kakadu: 
Northern Territory, Australia. En los pagos de Cocodrilo Dundee
Un viaje por los manglares y pantanales interminables, que son hábitat de un cocodrilo gigante que podrás conocer cara...
Australia y Nueva Zelanda 
¿Oceanía está entre tus planes? ¿No sabés muy bien cómo empezar a organizarte?
Lo primero es leer esta nota: te da las primeras pistas.
Nueva Zelanda: 
Isla sur, la otra Patagonia 
¿Oceanía está entre tus planes? ¿No sabés muy bien cómo empezar a organizarte?
País donde la naturaleza permite gozar de la belleza de la madre tierra y disfrutar del turismo alternativo. Eso sí, sin dejar de descargar adrenalina a raudales. 

barra_nombres
Averlo.com - Averlo.com.ar © 1999 - 2006  : Normas de Confidencialidad  : Colabora con nosotros : Mapa del Sitio  : Publicidad