b-a
Home : Wallpapers : Top 100 : Agregar Sitio : Recomendados : Mapa del sitio : Tus sugerencias : Recomendanos : Adultos:

barra_izquierda
:: Argentina ::
 Argentina Destinos
 Estancias en Argentina
 Hospedaje Argentina
 Agencias de Turismo
:: Aventura ::
 Montañismo
 Trekking
 Mountain bike
 :: Regiones ::
 Europa
 Asia
 Africa
 Oceanía y Pacífico
 Norte América
 Centro América
 Sud América
 :: Servicios Varios ::
 Conversor de monedas
 Distancias e / capitales
 :: Documentación ::
  Pasaporte
  Visas
  Vacunas Necesarias
 :: Consejitos ::
 Aduana
 Dinero en el viaje
 Equipaje
 Pasajes más baratos
 :: Información Util ::
 Embajadas
 Consulados
 Casas turismo exterior
 Casas turismo interior
ENLACES

RECOMENDADOS


 
 
.
Turismo - Africa
Los ojos en Marruecos 
Diez horas de viaje en autobús y veinte dólares separan a Madrid de Marruecos. Esa es la distancia a recorrer y ese el precio a pagar para disfrutar música para camellos saboreando té a la menta entre alfombras que no vuelan, pero casi.
.
Marruecos queda más lejos de lo que dice el mapa. 
Uno se imagina que basta con llegar hasta la puntita de España, dejar el peñón de Gibraltar a la izquierda, a la derecha las olas surfer de Tarifa y con un salto adentro del ferry, en menos de dos horas llegar a la punta más occidental del Magreb, el amanecer del Africa. Pero no. Queda mucho más lejos que eso. La distancia no se puede medir en kilómetros porque lo que nos separa del mundo árabe está en la cabeza.
¿Me servirá la Banelco? No me arriesgo. Mejor cambiar la platita en España. 
Conviene llegar de día y si se es mujer, que mucho no se note.
Nada de polleras cortas ni mucho short. Como buen invitado, uno debe adaptarse a las costumbres del anfitrión y en ese respeto va el disfrute. 

En el borde 
Tanger está en la costa, en el borde. En el borde de algo que uno todavía no conoce pero al que está entrando. 

Los edificios modernos están viejos y descuidados. 
En una plaza enorme de cemento se adivina, al fondo, una arcada. Basta con cruzarla para entrar en el zoco y en Marruecos. 

El mercado es una geografía de callecitas angostas donde todos venden algo y mirar significa comprar. Hasta los colores tienen precio. La consigna es caminar ligerito por esos laberintos con techo, tratando de que no te "asalten" desprevenido ofreciéndote las más increíbles mercaderías que desde luego no querés comprar y comprás. Eso sí, los marroquíes son tan galantes que volvés a la ciudad nueva con la mochila llena de babuchas, turbantes y lámparas de Aladino creyéndote que hiciste "el" negocio. 

Mirar y ser mirado 
Es difícil no sentirse observado. Los cafés suelen tener mesitas afuera, pegadas contra la pared, con todas las sillas apuntando a la calle. Es como si el tiempo para estos hombres fuera distinto, más grueso o más pesado. Pasan horas enteras mientras el té se hace lentamente sobre la mesa. 

Con sus sillones de cuerina rojos y las sillas de madera de roble donde se pueden probar masitas de hojaldre, mucha miel, dátiles y frutas secas, en la parte nueva de la cuidad, está el café de París. Hasta hace unos pocos años, en ese salón decadente, el músico y escritor Paul Bowles solía encantarse. 
En fin, un buen modo de esperar la hora de la partida del tren a Marrakesch. 

Comercio sobre rieles 
En Marruecos conviven musulmanes, sunnitas, judíos y bereberes, los hombres azules. 
El mejor modo de recorrerlo es en transporte público. Uno no debe ser demasiado exigente y confiar en el tren que no se olvida de pasar. 

Marrakesch queda a 12 horas de viaje. El pasaje cuesta un poco más de cinco dólares en segunda clase. Se podrían abaratar costos viajando en cuarta pero es poco probable que en la boletería vendan esa clase a los turistas. Vemos los que nos dejan ver. 

Los horarios son más que flexibles. Sólo los turistas miramos impacientes cómo la hora de partida parte y el tren no llega. Minutos antes de que suene la sirena de la locomotora, como por arte de magia, la estación se llena de gente. Todos llevan bolsos, bolsas y bolsitos. Las mujeres son siempre las más cargadas. Algunas de ellas se convierten literalmente en valijas humanas. Unas a otras se abrazan telas sobre telas sobre telas hasta quedar tan gordas que los brazos quedan paralelos al piso. Caminan crucificadas entre las ropas. ¿Contrabando? No, "tengo frío", "es la moda" parecen aceptar los policías que miran sin mirar. 

Griegos, españoles, franceses, alemanes y argentinos somos acomodados en el mismo vagón de madera. Durante una hora se cargan cajas, valijas y hasta muebles. Todos llevan mercadería de un pueblo a otro. Una hora después, se larga el viaje. Se escuchan rumores: que a Jalid lo encontraron tomando cerveza en el tercer vagón y como dice el Corán que el alcohol está prohibido, es bajado en la primera estación; que a Fátima, la crucificada en tela, le encontraron droga entre el lamé y el terciopelo; que la almohada de un francés se transformó en bolsas llenas de hashish. El viaje es un eterno descenso y ascenso de pasajeros. 

Cada media hora hay un sobresalto. Unos que desaparecen y vuelven a aparecer sentados al lado nuestro tres horas después. Otros que se peleaban con el policía a las dos de la mañana y a las cinco están tomando el té con el oficial. Todo es una gran parodia y nosotros, los turistas, somos el coro griego que mantiene largos diálogos gestuales con los locales. 

Amanece en Marrakesch y el tren hace un silencio respetuoso para dejar lugar al sonido del muecín, la voz que llama a la oración desde los minaretes de las mezquitas. Los musulmanes le deben cinco rezos diarios a Mahoma con la cabeza apuntando a la Meca. 
La ciudad se despierta y uno duda de la realidad y de los sentidos. ¿Es posible que ese señor de casaca y pantalón de raso rojo y cascabeles en el sombrero esté ofreciendo agua y cobre 2 dirham el vaso? ¿Y que en ese grupo de la izquierda alguien esté encantando serpientes, turistas y marroquíes? ¿O que ese señor en cuclillas vestido como oficinista años '70 sea un escribiente y que 10 personas hagan fila para que quede en papel el trámite para pedir trabajo, el contrato de alquiler o una carta de amor? 

No alcanzan los ojos, la nariz ni la cámara de fotos para guardar en algún archivo concreto de la memoria todo lo que está pasando en un solo instante en la plaza Djama El F'na, en el centro de Marrakesch. 
¡Que traigan los camellos!, pide un alemán en voz baja. Deseo concedido. Un vaquero árabe descansa su brazo sobre la joroba de su "coche". 
Y como no es un sueño, ni somos un ovejero alemán, todo pasa en colores. 

La mayoría de las mujeres lleva los brazos y las piernas cubiertos y muchas se tapan la cara con un velo. Las más atentas a las palabras del Profeta, sólo dejan ver un ojo de la cara. El ojo derecho para salir a la calle y mirar mundo, y el izquierdo para el marido. 
Ellas caminan algunos metros atrás de sus hombres. 
Ellos, adelante con la hermosa y estética costumbre de ir entre varones de la mano, sin mezquinar cariños y mimos entre amigos. Es distinto y está bueno. 

Conseguir un hotel cómodo y barato no es difícil. Todas las calles laterales a la plaza están llenas de hoteles que vivieron su esplendor en los '50, cuando el país era un protectorado francés. 

Té verde sobre alfombras rojas 
En el viaje en tren, los occidentales nos hicimos los mejores amigos. Casi como una forma de reaseguro porque iba a ser difícil contar todo esto allá en casa. De algún modo, todos éramos cómplices. Nos acercamos a un grupo de gente y preguntamos dónde podíamos tomar un buen té de menta. "En mi casa", dijo Muhammed y no nos dio la mano. No quería ensuciarnos, nos dijo. Lo seguimos 100 metros, 200, 500. 

En su casa, nos acomodamos entre alfombras. El agua para el té ya estaba hirviendo, como esperándonos. Nadie se animaba a hablar. Ni él ni nosotros. Sólo se escuchaba el ruido del té que pasaba de la tetera a los vasos, y vuelta a la tetera y vuelta a los vasos. Muhammed nunca salió de Marruecos. Nos pregunta cómo es todo allá afuera y son tantos "afuera" distintos que nos quedamos callados. El nos dice que con su antena parabólica ve la televisión alemana: "Hay guerra en Kosovo, en Chechenia, aquí al lado en Argelia. En Marruecos hay poco trabajo y mucha miseria pero cada noche, cuando apoyo la cabeza en la almohada, pienso que por lo menos aquí no hay guerra. Con eso nos contentamos". El té verde ya está hecho. Se toma muy dulce y no se usan cucharas. Tanto tránsito entre la tetera y los vasos terminó mezclando el azúcar. Muhammed nos pone una hoja de menta a cada uno. Perfecto. 

Con el calor inestable del té en el estómago, nos despedimos de Muhammed. Ya nos volveremos a cruzar, nos asegura. Quizás en Marruecos exista una ley de la casualidad o a lo mejor, simplemente ese falta de concentración en el futuro más inmediato permite que florezcan toda clase ritmos misteriosos, cuya posesión, nosotros, ya la hemos perdido. 

Todavía no es el mediodía, hace menos de 24 horas que estamos en Marruecos. Caminamos despacio y atentos. Qué difícil es olvidar a alguien al que apenas conocés. 
A dos días de viaje está el desierto, que se promete inmenso, naranja e inolvidable. 

Info:
¿Cómo llegar? 
Marruecos está muy conectado por aire con Europa, Africa y Medio Oriente. El medio de transporte más conveniente para viajar dentro del país es el tren. 
¿Cuándo ir? 
La estación húmeda es entre noviembre y abril. Salvo en el cordón montañoso del Rif y en los Atlas, las temperaturas pueden ser extremas en invierno. 
En el verano, las temperaturas son cálidas pero agradables. Julio y agosto pueden ser demasiado calurosos, sobretodo, en el desierto. 
Recomendaciones
Probar la comida típica: cous-cous, una sémola muy fina, que se acompaña usualmente con vegetales y cordero. 
.
Turismo - Africa
.
Turismo de Argentina y el Mundo
.Turismo Africa

Google
 
Web www.averlo.com

barra-derecha
Documento sin título
:: Más Notas ::
Parque Nacional Kakadu: 
Northern Territory, Australia. En los pagos de Cocodrilo Dundee
Un viaje por los manglares y pantanales interminables, que son hábitat de un cocodrilo gigante que podrás conocer cara...
Australia y Nueva Zelanda 
¿Oceanía está entre tus planes? ¿No sabés muy bien cómo empezar a organizarte?
Lo primero es leer esta nota: te da las primeras pistas.
Nueva Zelanda: 
Isla sur, la otra Patagonia 
¿Oceanía está entre tus planes? ¿No sabés muy bien cómo empezar a organizarte?
País donde la naturaleza permite gozar de la belleza de la madre tierra y disfrutar del turismo alternativo. Eso sí, sin dejar de descargar adrenalina a raudales. 

barra_nombres
Averlo.com - Averlo.com.ar © 1999 - 2006  : Normas de Confidencialidad  : Colabora con nosotros : Mapa del Sitio  : Publicidad