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San
Francisco: eternamente libre
Esta ciudad
te enamora a primera vista. Es distinta a todo lo conocido. Es loca, es
hippie,
es bella,
es alternativa, es ondulada, es verde, es marina y no es parecida a nada
que conozcas
UNA
CIUDAD QUE SIEMPRE FUE NOTICIA
Desde
que los misioneros franciscanos españoles asentaron sus misiones
en los 1700, no pararon de llegar a afincarse aquí magnates, locos,
chinos, gurúes, japoneses, veteranos de Vietnam, chicos y chicas
del flower power, poetas beatnicks, artistas y buscadores de oro. El oro
hallado en las montañas cercanas pobló aceleradamente esta
península a mediados del 1800. Y a nadie le importa que la ciudad
misma esté sobre la Falla de San Andrés, donde se rozan dos
gigantescas placas tectónicas submarinas que provocan terremotos
colosales como los de 1812, 1865, 1906 y el de 1989, que destruyó
la ciudad y desplazó parte de ella seis metros más al norte. |
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Parece
que estar aquí vale la pena a pesar de cualquier riesgo.
San Francisco
siempre fue un lugar joven, quizás por el hecho de que está
poblada por los estudiantes que asisten a sus cuatro universidades. La
ciudad de las colinas junto al mar siempre se supo acomodar a los tiempos
para no pasar jamás de moda. En los '50 era el lugar de la generación
de los beatniks y los poetas malditos. En los ´60 fue la capital
hippie mundial, que tenía su epicentro en el barrio de Haight-Ashbury,
donde nacieron las bandas de rock como Grateful Dead y Jefferson Airplane.
Al mismo tiempo, los estudiantes de la Universidad de Berkeley enfrentaban
a la policía, mientras que en el vecino Oakland nacía el
primer grupo de activistas por los derechos de los negros, las Panteras
Negras. En 1970 se formó el movimiento por los derechos de los homosexuales
y la ciudad llegó a tener un intendente gay, George Moscone, que
fue asesinado por un policía reaccionario.
Con
la llegada del SIDA como flagelo de los gays, se incentivó la cruzada,
se comenzó a celebrar la feria de Folsom Street y de Castro, a puro
descontrol homosexual. En los ´80 fue el sitio de los ciber-yuppies
de Silicon Valley. Y en los ´90 fue el reducto New Age de los seguidores
de las terapias alternativas que se desarrollan en Esalen, al sur de San
Francisco.
Sea cual fuere
la onda del siglo XXI, una cosa es cierta: San Francisco siempre es actual
y joven, porque se adapta a los cambios con una facilidad pasmosa, y en
ella la vida se vive día a día.
UNA VUELTA
POR PACIFIC HEIGHTS
La ciudad
parece haber sido diseñada por un loco. Si las calles suben y bajan
de manera dramática se debe a que nadie se molestó en trazar
la urbe adaptando los planos a la topografía del terreno. En el
mapa todas las manzanas aparecen absolutamente rectas. Pero en los hechos,
hay calles que bajan abruptamente y suben en ángulos absurdos, como
sucede en la zigzagueante Lombard Street, que sirvió de escenografía
para alocadas carreras de autos en muchas películas de acción.
Subiendo
y bajando por calles que parecen el dibujo de un electrocardiograma con
taquicardia se descubren barrios como Pacific Heights, una zona elegante
sobre una loma, con casitas que parecen casas de muñecas en tamaño
grande, de estilo victoriano. Las casas de Webster Street Row, parejas,
blancas, bonitas, han sido declaradas Monumento Histórico. Se construyeron
en 1878 pero parecen recién terminadas. Una de las más ornamentadas
y llamativas es la del 2004 de la calle Gough. Una buena visión
de estas mansiones de los magnates del oro y la industria azucarera se
contempla en el Lafayette Park.
A sólo
cuatro cuadras de allí, el parque Alta Plaza te permite sacar fotos
panorámicas de la ciudad y de los pequeños palacios de madera
de fin de siglo realizados con cúpulas de tejas, balcones y paneles
donde la madera imita a la piedra y al hierro. Muy cerca está el
Fillmore Auditorium -frente al Japan Center- donde hubo mega-recitales
de monstruos del rock como los Grateful Dead con Miles Davis, Jimmy Hendrix,
The Who y Janis Joplin.
En
contraste, lo más moderno de la ciudad es el Moscone Center, un
centro de convenciones y de expresiones artísticas construido bajo
tierra para no quitarle el verde al parque Yerba Buena, que ahora cuenta
con tiendas, restaurantes y galerías de arte.
TRANVÍA
ESTILO MONTAÑA RUSA
Las calles
no toleran otra manera de transporte. Y hay que tener pulmones entrenados
para andar a pie. Lo mejor siempre es trepar al tranvía que es símbolo
de la ciudad. Este simpático transporte sube y baja las calles empinadas
y curvadas sobre las 43 colinas de la ciudad de San Francisco. |
| Cuenta
con tres líneas que cubren 25 kilómetros de curvas y bajadas
tipo tobogán. El conductor toca una campanilla en cada esquina,
a la vez que libera artesanalmente el enganche de la polea para poder doblar.
Una ancianita se asoma al balcón y lo saluda tocando una gran campana
de bronce. Y toda esta complicidad callejera -más digna de un Trencito
de la Alegría que de un transporte serio- se debe a que un tal Andrew
Smith Hallidie se horrorizó en 1873, al ver cómo los carros
subiendo cuestas empinadas rodaban cuesta abajo arrastrando consigo a caballos
exhaustos.
Queriendo evitar
esto, este fabricante de cables de acero logró instalar tranvías
y llegó a tener 8 líneas y 600 coches. En verano se realizan
competencias musicales de timbres y campanillas por parte de los choferes
de tranvía. Y ese día nadie se queda sin ver el ruidoso show
tranviario en Union Square. |
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| Por
dos dólares el viaje, con el tranvía podés recorrer
San Francisco de cabo a rabo en cualquiera de sus tres líneas. La
más popular es la Powell-Hyde, que tiene una bajada que corta el
aliento en el tramo final de Nob Hill hasta la bahía. Las rutas
a Nob Hill, Chinatown y Fisherman Wharf terminan en la intersección
de las calles Powell Street y Market Street, donde cada tranvía
ingresa a una plataforma giratoria en la que el tranvía se hace
girar, empujándolo a mano, unos 180 grados para que quede mirando
como para iniciar el camino de regreso.
Hay
buses, trolebuses, bicitaxis y subtes (el "BART") que te llevan a todas
partes. Pero ninguno de estos medios de transporte es tan particular y
divertido como el tranvía, donde los paisajes no están filtrados
por ventanas, y la consigna es tragarse a bocanadas el aire de mar mientras
te agarrás fuerte de donde sea y te bajás donde más
te guste. Los expertos los están poniendo en condiciones para que
puedan seguir rodando cuesta abajo durante cien años más.
EL BARRIO
HIPPIE DE HAIGHT ASHBURY
Si lo que
querés ver es un barrio psicodélico y divertido con fachadas
multicolores, tenés que conocer Haight Ashbury (al norte de las
colinas Twin Peaks) que fue la capital del hippismo en los ´60. Este
barrio que fuera refugio de los cultores del flower power conserva de esa
gente un ambiente bohemio y relajado, bares alegres y coloridos, restaurantes
vegetarianos, reductos para escuchar buena música en vivo y comercios
dedicados a la venta de ropas de tye-dye (como ellos llaman al batik),
prendas tejidas en telar, piezas de origen indígena y lánguidos
vestidos de bambula para usar con sandalias y collares de mostacillas,
que se lucen junto a pirámides de cristal y otros objetos de tipo
New Age. Aún se ven algunos hippies tocando la armónica,
tomando sol en la vereda, y rodeados por una halo de perfume a sándalo
y mirra de sahumerios artesanales.
El
dato insólito es que el poste que indica la esquina donde se unen
las calles Haight y Ashbury siempre desaparece. ¿Por coquetería
barrial? No: porque los nostálgicos del movimiento hippie de los
´60 se lo llevan, sin permiso, en recuerdo de una época en
la que "sociedad de consumo" era una mala palabra y el cielo era el límite.
Como se calcula que se trata de un hurto producido por un exceso de amor
al barrio, la comuna hace la vista gorda y se limita a reponer periódicamente
el cartel arrancado de cuajo.
Como siempre
sucede con los lugares "alternativos", el barrio se volvió más
comercial y sofisticado. Pero las guitarras siguen sonando por las noches,
con baladas que nos dan la ilusión de que el software y hardware
del vecino Silicon Valley jamás le hubieran ganado la pulseada a
los sahumerios y el batik.
INFO:
¿CÓMO
LLEGAR?
Si venís
en auto, llegás antes por la Highway 101 que va de Los Angeles hasta
Oregon. |
| La
Ruta Interestatal 280, que corre paralela, es mucho más tranquila.
Pero el mejor acceso es la Ruta 1: donde el camino se hace más largo
pero mucho más bello, bordeando el océano y cruzando parques
nacionales. La Ruta Interestatal 5 es la más rápida pero
es mucho más aburrida: en 7 horas de bostezos estás de vuelta
en L.A. Si tenés tiempo para recorrer, acordate que por la Interestatal
580, yendo hacia el este, a 340 km encontrás el Parque Nacional
Yosemite con montañas, lagos y géiseres.
¿CUÁNDO
IR?
La primavera
es la mejor temporada climática para ir.
IMPERDIBLES
Tomar la línea
Powell-Hyde del tranvía para recorrer San Francisco hasta las calles
Powell Street y Market Street |
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Documento sin título
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