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Nueva
York, los más originales bares temáticos
La
polifacética Nueva York siempre nos sorprende.
Y en los
últimos años se fue poblando de bares ambientados de manera
tal que sólo atraen a cierto tipo de clientes. |
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Una
recorrida por ellos permite meterse en mundos tan particulares como divertidos.
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JEKYLL
Y HYDE: UN BAR TERRORÍFICO.
Es increíble
que en la Quinta Avenida la gente haga colas interminables en el frío
de la intemperie... sólo para asustarse. Es que todo parece indicar
que vale la pena esperar turno para entrar al bar Jekyll y Hyde, donde
la misma entrada te pone la piel de gallina. Un esqueleto de bronce sostiene
un cartel de advertencia a niños, cardíacos, embarazadas
y personas sensibles, avisando que estás a punto de pasar por una
experiencia terrorífica. Lejos de alejar a los clientes, este cartel
ejerce un irresistible atractivo de misterio (especialmente entre niños
y personas sensibles).
Todos
quieren trasponer los gruesos portones de madera custodiados por guardianes
vestidos de exploradores en Africa. Adentro, el ambiente imita al de un
castillo embrujado y barroco, y es tan misterioso como el relato del doctor
de doble personalidad que ideó Robert Louis Stevenson. La gente
se ríe de los nervios: los mozos -que son actores con delantal-
dejan caer tarántulas sobre la mesa entre plato y plato y te sirven
fuentes con cabezas decapitadas. Un personaje con cara de enajenado mental
te amenaza con un hacha mientras almorzás entre instrumentos de
tortura, más adecuados a una mazmorra. La velada transcurre entre
gritos de terror y carcajadas de alivio. No se puede contar más…
para que no pierda la gracia. Lo que se puede contar es que, extrañamente,
sus masoquistas clientes salen pensando en volver.
MOTOWN
CAFÉ: PARA LOS FANS DEL SOUL
Si los
nombres de Steve Wonder, Marvin Gaye, The Supremes o Smokey Robinson te
recuerdan canciones alegres que te tientan a mover los pies al ritmo negro
originario de Detroit -la ciudad que más automóviles y música
produjo en Estados Unidos-, no dudes de que éste es tu lugar. Se
trata nada menos que del bar exclusivo abierto por el sello discográfico
Motown Records. El ambiente es tan negro como sus habitués: en torno
a mesas rojas lustrosas -tan grandes como para ir con todos los amigos-
se exhibe memorabilia de todos los popes de los ritmos afroamericanos acuñados
por la empresa que los lanzó a la fama. Ahí te enterás
de que la empresa fue la primera discográfica dirigida y fundada
por empresarios de color, en 1959. Su creador, Beery Gordy Jr., tuvo la
gran idea de fundir el ritmo del gospel con el pop que recién empezaba.
El sello
Motown tuvo su lugar en la historia creando clásicos que seguimos
escuchando en la radio, como What´s going on?, de Marvin Gaye, o
I just called to say I love you, de Steve Wonder. Este bar nos muestra
las mejores ropas, los discos de platino y los instrumentos musicales de
los más grandes, como si fuera un museo lleno de música y
ritmo. Y, a riesgo de que se te enfríe la hamburguesa, terminás
bailando con todos los demás, al ritmo intenso de esta música
que se ganó el corazón de todos.
HARLEY
DAVIDSON CAFÉ: EL BAR DE LOS MOTOQUEROS
Allí
donde Broadway parte del Central Park vemos que en una esquina debajo de
un rascacielos espejado hay un enjambre de gente que entra y sale, y hasta
hace cola en la puerta, con cierta ansiedad por entrar al Harley Davidson
Café, un bar-restaurante-pub-café, exclusivo para motoqueros
recalcitrantes. Todo el culto en torno a estas máquinas bellísimas
-con cromados y chiches que sólo los expertos comprenden-, se encuentra
reunido en este predio amplio, construido en varios niveles como queriendo
otorgar una buena perspectiva a la vista con pasamanos tan cromados como
las motos. Hay motocicletas hasta colgando del techo y de las ventanas.
Modelos únicos exhibidos con placas con su historia.
Live
to ride, ride to live, el lema de la empresa, brilla con luces de neón
bajo un águila calva, animal emblemático estadounidense,
que recuerda que estas motos no andan: vuelan.
Celebrando
los 90 años de la industria, una serie de modelos de motos súper
originales y ediciones limitadas se exhiben en la entrada: motos con forma
de tigre, de dragón, de diablo y otras que son tan enormes que sólo
les falta un techo para ser limusinas.
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Adentro,
los barmen de punta en blanco sacuden sus cocteleras mientras seductoras
vendedoras de cigarros emplumadas como coristas se pasean entre los habitúes,
muchos de ellos abrigados con camperas de cuero negro y el famoso logo
bordado en la espalda. El clima es preponderantemente varonil, y se almuerzan
gigantescas hamburguesas mirando videos de rock. Obviamente, hay un shop
donde podés comprar desde ropa con el logo del bar hasta espejitos
retrovisores y stickers con la marca Harley Davidson en el orillo.
DOWNTOWN
BEIRUT II: DE PIC-NIC EN UN BOMBARDEO
No hay
nada más lindo que vivir en tiempos de paz. Sin embargo, el que
busca guerra en Nueva York podrá encontrarla en Downtown Beirut
II, el bar temático más alternativo, dramático y extraño
que podés conocer. |
El
sitio reproduce con fidelidad un sitio bombardeado: su decoración
está hecha a base de abundantes vidrios rotos, mampostería
destrozada y alambres de púa retorcidos entre las mesas. La música
ambiental es hard rock a un volumen como para que estallen los tímpanos
y las copas. No importa: aquí no se viene a conversar, sino a asombrarse
con la fauna local. Los clientes con aros en toda la superficie de piel
visible, jeans hechos jirones, camperas negras con tachas plateadas y el
mayor muestrario de ropa grunge y medias corridas que puedas imaginar.
La comida no es nada del otro mundo, pero tampoco te podés quejar
al chef, porque el volumen de la música lo impide.
Downtown
Beirut II está en el corazón del Greenwich Village, en el
157 E Houston St., pero a él no asiste nadie de la onda hippie-universitaria
que puebla el barrio bohemio.
WARNER
BROTHERS MEGASTORE:
ALMORZAR
EN UN DIBUJITO ANIMADO
Triste
destino el de Superman: terminó siendo ascensorista en un edificio
del número 1 al este de la calle 57.
Es que
aquí se encuentra la Warner Brothers Megastore, un sitio de fantasía
donde encontrás todos los personajes de los dibujitos de la Warner:
Silvestre, Tweety, el Pato Lucas y Porky en versiones estampadas, de peluche,
en juegos interactivos y en juegos de vajilla completa.
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| Al
piso superior se llega en un ascensor dentro de un tubo acrílico
donde todos pegan un respingo al ver que Superman es el encargado de empujar
el ascensor hacia arriba con la fuerza de su puño en alto, aunque
el ascensor siempre le gane la pulseada en los descensos. En esta terraza
con una vista privilegiada sobre Manhattan podés desayunar, almorzar
o cenar en un sitio ideal para alegrarte el día, aunque no apto
para encuentros románticos. Toda la decoración está
planteada como si vos fueras el protagonista de un dibujito animado. Te
podés sentar junto a la abuelita dueña de Tweety o retratarte
junto a Bugs Bunny y Elmer.
La vajilla
es tan alegre y luminosa como el entorno, y el sitio es ideal para tomarte
un milk shake gigante, o probar los increíbles brownies y la carrot
cake de la que nunca adivinarías que está hecha de zanahorias,
si no fuera porque se llama Bugs Bunny Treat. |
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