busca  
..
.
.

barra_izquierda
:: Argentina ::
 Argentina Destinos
 Estancias en Argentina
 Hospedaje Argentina
 Agencias de Turismo
:: Aventura ::
 Montañismo
 Trekking
 Mountain bike
 :: Regiones ::
 Europa
 Asia
 Africa
 Oceanía y Pacífico
 Norte América
 Centro América
 Sud América
 :: Servicios Varios ::
 Conversor de monedas
 Distancias e / capitales
 :: Documentación ::
  Pasaporte
  Visas
  Vacunas Necesarias
 :: Consejitos ::
 Aduana
 Dinero en el viaje
 Equipaje
 Pasajes más baratos
 :: Información Util ::
 Embajadas
 Consulados
 Casas turismo exterior
 Casas turismo interior
ENLACES

RECOMENDADOS


 
barra-derecha

RECOMENDADOS

Luciana Salazar


Quebec y Montreal, naturaleza y joie de vivre 

Cultas, cosmopolitas, ricas en cultura y naturaleza, son ciudades a la francesa. Quebec y Montreal son fruto de ese toque especial que sólo la mezcla puede dar.

Hace unos cinco siglos, la ladera del actual Mont Royal estaba salpicada por los tipis de la aldea amerindia de Hochelaga. Con Jaques Cartier, el primer explorador que nombró las nuevas tierras Nueva Francia, llegaron más y más, y en 1643 fue fundada Ville-Marie, entre la base del monte y la orilla del Río San Lorenzo. Con el tiempo, este puerto interior se transformó en uno de los más importantes del mundo, siendo clave del comercio de la región. A pesar de la feroz resistencia de los quebecois a toda la colonia, en 1759 los ingleses tomaron control definitivo del último rincón francófono de Norteamérica. 

A pesar del nuevo gobierno, del nuevo idioma y de la nueva idiosincracia, la cultura que había sido sembrada hacía tiempo no pudo ser desterrada, y actualmente el francés y su joie de vivre florecen muy especialmente en Montreal y en la ciudad de Quebec. 

La ciudad vieja de Montreal es el alma histórica, con sus pequeñas calles, sus casonas de hace dos siglos, y con su antiguo puerto reciclado para regocijo de los ciudadanos. Una hermosa catedral neogótica, interminables negocios de antigüedades y galerías de arte, además de restaurantes para todos los paladares... 

Al caminar por esas callejuelas adoquinadas parecería que todavía se pueden escuchar los caballos y las carretas de una época salvaje, de largas travesías, aventuras y descubrimientos. 

MONTREAL, EL REINO DE LA GENTE 
En realidad, a simple vista Montreal se parece a cualquier ciudad europea, con unos toques de la modernidad norteamericana, pero el tesoro real de esta ciudad viva es la gente. Son muy francófilos, sociables, amantes del arte, de la vida al aire libre, de la música y del sol. 

Como le pasa a cualquier viajero descuidado, el primer contacto puede llegar a ser como los párrafos iniciales de un libro... tal vez un poco chatos (¡esto ya lo vi antes !). 
Pero después de recorrer la "obligada" zona histórica y los típicos paseos de calles adoquinadas y paredes que se resisten al paso del tiempo es hora de descubrir el verdadero Montreal. Claro que el verdadero Montreal tiene sus altibajos: en invierno todos se ocultan del frío blanco en oficinas, shoppings y restaurantes bajo tierra, comunicados por el metro; y en verano, luego de meses de espera impaciente, toda esa energía contenida explota en forma de movimiento, música, colores y risas. 

Para entrar en calor, se puede empezar por una plácida caminata por Saint-Catherine. Si se tiene la fortuna de estar alojado en el Hostel de Montreal (una especie de Hostel cinco estrellas para los estándares jóvenes), sólo se requieren unos diez minutos para llegar al lugar donde está la acción. A partir del Palace des Arts, la calle se interna por el Quartier Latin y se viste con la desinhibición de unos neopunks de raíz francesa. Bares, pubs y negocios de tatuaje y body piercing se suceden entre paredes pintadas, veredas dominadas por los skaters y almacenes de inmigrantes de los rincones más remotos del planeta. 

Llegando a la Rue Saint Denis, y justo a la vuelta de la esquina, hay una escuela de arte, que pareciera ser el centro de producción de esos personajes de ropas remendadas, cejas y narices atravesadas por acero y cabeza rapada o pintada con vivos colores. Hay gente poco observadora que en general prefiere rehuir su presencia, pero si se mira un poco más allá de su mera apariencia es fácil darse cuenta de que en realidad son jóvenes como cualquier otro que intenta encontrar su identidad, exteriorizando sus sentimientos en forma de vestidos y patrones de comportamiento. Debajo de esas apariencias que chocan con "Polo" y con "United Colors..." se encuentran unos seres muy amigables e interesados por la gente, muy defensores de su idioma y su cultura. 

Internarse por Saint Denis es como transportarse a un rinconcito de París... pero después de haber pasado por un filtro informal. Durante los claros días de verano, los restaurantes y bares despliegan sus mesitas y sombrillas para que el joven de Montreal salga a tomar un trago con sus amigos. El lugar tiene una onda impresionante y dan ganas de quedarse tarde tras tarde a mirar pasar la gente, a probar cada rincón, o a incursionar por el cine montrealense en alguno de sus complejos de múltiples salas. 

Colina arriba, y pasando la Plaza Saint Louise, donde los vecinos salen a descansar en la sombra de frondosos robles y maples, comienza una callecita peatonal que reúne diversas opciones de comidas, desde italiana a griega, en esta ciudad cosmopolita. Después de trabajar, los montrealenses prolongan su día paseando, charlando o andando en rollers por sus calles llenas de vida. 

Finalmente, y para tener excusas para quedarse más y más, el mundo latino también tiene su calle. En el Boulevard Saint Laurent abundan los cafés, espacios de arte, almacenes latinos y mucha, mucha gente con la mejor onda. 

Al leer estas líneas sólo se puede llegar a captar un muy breve porcentaje de las sensaciones que produce deambular, tanto de día como de noche, por la segunda ciudad francófona del mundo. Es que las palabras no alcanzan para expresar el mundo de sentimientos y sonidos que se viven al caer la tarde. ¡Hay que estar allá para poder vivirlo! 

EN VERANO: SOL, MÚSICA Y QUE VIVA LA FIESTA
Como la mayoría de los países que padecen largos inviernos, su gente está meses esperando la llegada del sol... y cuando llega, todo explota. 

Y no sólo salen todos a la calle sino que la municipalidad y algunas empresas locales organizan una serie ininterrumpida de festivales espectaculares. Por ejemplo, cada fin de junio el mundo francófono se da cita para su festival de música más grande y reconocido: el FrancoFolies de Montreal. 

Más de 150 conciertos gratis y al aire libre y algunos conciertos pagos le dan un ritmo increíble a la fiesta por excelencia. Participan grupos de Bélgica, Canadá, Francia, del Caribe y del Norte de Africa. Ritmos latinos, pop, rai, hip hop, jazz, funk, poesía y debates diversifican la fiesta. 

Los montrealenses no pierden el tiempo y al salir del trabajo o de sus estudios, chicos y grandes se juntan a partir de las cuatro de la tarde para llenar las gradas, jardines y plazas del complejo del Palace des Arts. Es un espectáculo imperdible, no sólo escuchar a los músicos, sino ver la alegría de todos disfrutando de su idioma tan defendido y del buen tiempo. ¡Cómo me gustaría que todos pudieran escuchar al menos unos minutos de las canciones, notas y los diversos sonidos de esta celebración dionisíaca! 

También a fines de junio, los miércoles y domingos a la noche se baten a duelo unos artistas especiales en la Benson and Hedges International Pyromusical Competition. La noche canadiense es desgarrada por los rojos, amarillos y verdes de los fuegos artificiales mientras la música acompaña sus trepadas y explosiones. Es una sinfonía de fuego. 

La lista es bastante larga e incluye el Festival de Cine de Montreal, el Gran Prix de Canadá de Fórmula Uno, el Festival de la Risa, y muchos más. 

Pero el Festival Internacional de Jazz es el centro y el más esperado de los festivales. Este acontecimento atrae a los mejores artistas y a miles de cultores del jazz de todo el mundo. Y la fiesta no termina... 

QUEBEC CITY, EL ALMA EUROPEA 
Más al norte y cerca de la desembocadura del Río San Lorenzo, se yergue orgullosa la capital de la provincia de Quebec, otro bastión de la francofonía en Norteamérica. 

Cuando Samuel de Champlain llegó a este rincón, inmediatamente reconoció el potencial de la ciudadela natural, elevada sobre unos acantilados y dominando el paso del río. Estableció entonces una posta para el comercio de cueros, y con el tiempo y los aventureros, la posta se convirtió en un poblado. 

En la baja ciudad se establecieron los comerciantes y artesanos, mientras los edificios religiosos y del gobierno encontraban su refugio dentro del recinto amurallado, muy al estilo de las ciudades medievales de Europa. 

Siendo la única ciudad amurallada de Norteamérica (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), este pequeño "Peñón de Gibraltar" canadiense resistió varios sitios durante las guerras de los siglos XVI y XVII, pero finalmente los ingleses quebraron la tenaz resistencia y toda Nueva Francia quedó en manos anglosajonas. Esa batalla supuso un punto culminante en la historia canadiense. 
Hoy en día, Quebec es la capital política de la provincia canadiense de Quebec, y existe una fuerte corriente francófila que desea la separación de Canadá para constituirse en estado independiente. Este sentimiento de cultura única le da un toque muy especial a su gente y al lugar que habitan. Los adoquines, los techos de colores, las murallas antiquísimas y los permanentes sonidos franceses hacen que uno se olvide de que está en Norteamérica. 

La cultura y la historia están protegidas por este santuario mediante museos, palacios, iglesias, edificios gubernamentales y por los tozudos quebecois. 
La elegancia y la distinción reinan en esta pequeña ciudad, que en invierno se cubre de blanco y semeja un pueblo alpino. Callecitas adoquinadas realmente angostas caracolean, suben y bajan para dar lugar a pequeñas galerías de arte, creperies y diversos negocios que se anuncian con carteles de madera de vivos colores y hierros forjados. 

Como es una población relativamente pequeña, se puede caminar muy fácilmente. Para poder apreciar por qué fue un punto estratégico, un breve ascenso hasta la ciudadela permite apreciar los palacios quebecois, la Cote de Baupre (enfrente), la Isle de Orleans y las aguas de uno de los ríos más antiguos y caudalosos del mundo, el San Lorenzo. 

A los pies del Chateux, jóvenes y adultos salen de paseo o simplemente se sientan en un banco a ver pasar barcos (o hielos en invierno) en la Terrace Dufferin, una especie de balcón gigante sobre el acantilado, hecho de madera y metal. Justo aquí se encuentra un pequeño funicular que comunica la ciudad alta con la antigua y la pintoresca zona artesanal de Petit-Champlain con el puerto de ferries. 

OH LA LA, NATURE
Toda la provincia de Quebec está salpicada de parques nacionales, parques provinciales y reservas biológicas. Según palabras de locales: "Es como el paraíso en la Tierra". 

Viviendo en cualquier ciudad o pueblo de por aquí es posible tomarse una tarde, unos días o unos meses acampando en una ladera verde, cerca de un río o al borde de un lago. 
Por ejemplo, a unos cuarenta minutos al norte de la ciudad, se encuentra el Parc de la Jaques Cartier, un paraíso ecológico que alberga flora y fauna variada, para disfrutar a pleno. 

Un par de días de campamento puede deparar sorpresas como excelentes senderos para trekking, arroyuelos donde pescar truchas e inclusive algunas paredes para poder calentar los músculos y escalar unos metros. 

El bosque es muy denso por lo que es bastante difícil ver vida salvaje, pero los más afortunados han visto alces, osos, lobos, martas, búhos y otros animales que pueden resistir los fríos inviernos. 

Si bien en verano el valle fluvial genera un microclima de temperaturas agradables y mucha humedad, en invierno las temperaturas son extremas, con abundantes nevadas. Este pedacito canadiense ostenta un récord de precipitaciones: 4,000 mm. al año. Para tener una idea, sería algo parecido a la Selva Valdiviana, al sur, en la frontera entre Argentina y Chile. 

El río Jacques Cartier recorre una antigua morena glaciaria, y los hielos al retroceder dejaron al descubierto un valle en forma de "U", montañas suaves y desgastadas, e infinidad de lagos de aguas heladas a diferentes alturas. 

Pasar un par de días aquí es una bendición. Una caminata por las montañas o unas horas domando el río en canoa te pueden hacer olvidar de que existe un mundo de cemento y edificios esperándote cerca. 

Otro motivo de orgullo quebecois son los ríos de intensas aguas azules encajonados por montañas antiguas de bosques esmeralda. 

Quebec y Montreal son imperdibles por su cultura y su naturaleza exuberante. 

INFO: 

¿CÓMO LLEGAR? 
En tren desde Estados Unidos o en avión desde cualquier ciudad. 

¿CUÁNDO IR? 
Todo el año, depende de las actividades que se quieran realizar: por ejemplo, esquiar sólo es posible en invierno. 

RECOMENDACIONES: 
Hay muchos parques nacionales y posibilidades de hacer rafting y trekking. Por su parte, las ciudades ofrecen una gran oferta cultural. 


::: VOLVER AL INDEX DE TURISMO :::

Google
 
Web
www.averlo.com


:: RECOMENDADOS ::

barra-derecha
:: Más Notas ::
TURISMO
Junín de los Andes

Junín de los Andes es ideal para usted y toda su familia. En la ciudad podrá conocer su historia a través de sus museos mapuches y del circuito histórico autoguiado. 
TURISMO
Trekking
NORTE AMERICA
Destinos Románticos
SUDAMERICA
La Isla de Pascua

.
barra_nombres
Averlo.com - Averlo.com.ar © 1999 - 2006  : Normas de Confidencialidad  : Colabora con nosotros : Mapa del Sitio  : Publicidad
.