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Los
destinos más románticos del mundo
¡El
amor! En algunos lugares se siente más cómodo. Rodeado de
agua, encantado por el murmullo de las olas,
con
la mirada perdida en el azul infinito, contenido como en el abrazo del
amante... Meloso, pero envidiable.
¿
Qué debe tener un destino para ser romántico?
a)
Debe ser muy lindo
b)
Debe garantizarte experiencias memorables
c)
Debe ser especial y distinto a todo lo conocido, pero a la vez confortable
Todos
los lugares que presentamos a continuación tienen las tres características:
en ellos vas a encontrar fantásticos panoramas, lugares encantadores
y, además, esa calidez especialmente acogedora que deben tener los
lugares románticos.
Es algo
indefinible, que te impulsa a salir a ver cosas bellas y juntar vivencias
placenteras, y a la vez te lleva a refugiarte rapidito en algún
lugar íntimo para intercambiar experiencias y besos... ¿se
entiende?
Koh
Samui, Tailandia
El
destino más salvaje de nuestro menú, para llegar con un bolsito,
una lona y dos pares de ojotas, nomás.
Koh Samui
es una islita al sureste de Tailandia, tan pequeña que no aparece
en los mapas. Las islas más populares de Tailandia son las de Phuket
y la isla Phi Phi, en la costa oeste de la península. Pero de Koh
Samui -y sus hermanas, Koh Phangan y Koh Tao-, sólo tienen noticias
quienes preguntan mucho por un lugar agreste, bello y barato.
A Koh
Samui se puede llegar en avión, desde que abrieron el aeropuerto
en la isla. Si llegás en barco, las aguas del mar son de color turquesa
verdoso, y cada tanto se ven delfines rosados en la superficie. En el puerto
te espera una camioneta que corre por un camino apretado entre un frondoso
bosque de cocoteros, donde casi no entra el sol tropical.
Sobre
la playa de Chaweng, hay una hilera de bungalows muy simples, hechos con
cuatro paredes de mimbre y caña, una estera de soga sobre el suelo
y una puertita de madera. No hay camas ni colchones. Sólo hamacas
amarradas a las palmeras a lo largo de la playa. El baño es otro
bungalow, con ducha, una canilla y una letrina, común para todos.
Y no hace falta más. El bungalow cuesta dos dólares y medio
por noche. Pero dormís sobre la misma playa, podés ver el
amanecer, nadar todo el día, sumergirte junto con peces de colores,
comer pescado fresco con leche de coco... y no hacer otra cosa. Es relajado
y placentero vivir sobre la arena tibia, dedicándose solamente a
recorrer otras playas entre caletas y bahías y mirando las artesanías
del pueblo, donde todo es tan barato que cuesta tentarse. Coral Cove con
sus peces de colores y la playa de Lamai con sus barquitos pesqueros se
suceden entre sencillos bungalows que se alquilan sobre la playa. La cascada
Na Muang y los templos budistas de Khunaraam y de Laem Saw son otros de
los paseos que se hacen a paso tranquilo para llenar días de paz,
donde el apuro no existe y no existen las llaves ni los cerrojos. Es acá
donde a la noche la Vía Láctea se ve como lo que significa:
un río de leche blanca incandescente partiendo el cielo en dos.
Es el borde del disco que forma nuestra galaxia. Y uno se siente en el
mejor lugar de toda ella. |
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Isla
Mauricio
Playas
de color blanco como la nieve que se transparentan por debajo de un agua
turquesa. Ya desde el avión se adivina que la isla Mauricio, de
1.865 km2, en medio del Océano Indico -que fue colonia alemana,
francesa e inglesa- es el único pedacito de paraíso. Al sudeste
de Africa y a 800 kilómetros más al este de Madagascar, la
isla tropical sólo es visitada por un turismo muy selecto, ya que
queda bastante lejos de todas partes, y a 12 horas de vuelo de Europa.
Es república desde 1991 y el paisaje tiene colores impresionantes
que permiten ver hasta muy lejos con absoluta claridad. El horizonte color
zafiro parece que se puede tocar con las manos, y hay unos resorts exclusivos
que te permiten pasar de la piscina al mar, disfrutar del sol, y llegar
a tu habitación para ver que alguien tuvo el recaudo de llenar tu
cama de pétalos de flor y rodearla de una gasa blanquísima
para que no haya insecto que perturbe tu sueño. |
La
Isla Mauricio forma parte del archipiélago de las Mascareñas,
junto con las islas Reunión y Rodríguez. Desde que fue descubierta,
en el siglo XVI, la isla fue colonizada sucesivamente por indios, chinos,
criollos, africanos, europeos y malgaches que cohabitan en perfecta armonía,
respetando las tradiciones de cada uno aunque estrechamente vinculados
a sus propios orígenes. Toda esta mezcla humana comparte feliz el
séga, un baile sensual que llegó de Africa en el siglo XVII.
Port-Louis
y Perebére son las playas más importantes de la costa oeste,
exótica, volcánica y de aguas cálidas, sombreadas
por cocoteros que parecen querer nadar, combados sobre las olas. Allí
se encuentra Grand Baie, la zona más exclusiva con numerosos restaurantes
indios, chinos, criollos y franceses, donde podés escuchar música
y tomar cerveza hasta el amanecer. Desde los 550 metros del monte Morne
Barbant se divisan las magníficas playas del norte y el sur: un
collar de distintas perspectivas de arena blanquísima, bañadas
por un mar cálido. Un lugar para cantar canciones de amor en inglés,
en francés patois y en creole.
Cartagena
de Indias, Colombia
Los que
fueron a Cartagena de Indias te aseguran que ahí no hay que ir solo,
sino en pareja. Es una encantadora ciudad amurallada colombiana de historia
rica, paseos variados y fascinantes centros comerciales. Fue fundada en
1533 y las murallas y defensas que rodean buena parte de la ciudad te sumerge
en la época de piratas y corsarios que se disputaban esta ciudad
abundante en esmeraldas de las minas de Muzo y Chivor. La excelente hotelería
te permite elegir entre hoteles súpermodernos con absolutamente
todo incluido, dormir en un convento del siglo XVIII restaurado y con todas
las comodidades, o alojarte en bungalows de la Isla Pirata, muy confortables,
pero con los pies siempre en la arena de la isla frente a la ciudad.
La fortaleza
de San Felipe, el pueblo pesquero de La Boquilla, las Islas del Rosario
y las playas circundantes te dan un espectro amplio de actividades para
realizar siguiendo los pasos de García Márquez, un enamorado
fiel de esta ciudad. Los sábados a la tarde parte del puerto el
crucero "Rumba Express", que ofrece música tropical en vivo con
baile y cena a bordo, casino, show estilo Las Vegas y compras libres de
impuestos hasta la madrugada.
Lo más
divertido de Cartagena es "La Chiva", ómnibus abierto pintado de
colores en el que viaja una banda tocando música, recorriendo la
ciudad y parando en los bares más conocidos, para darte tiempo a
probar los típicos rones colombianos.
Del parque
de enfrente al Hotel Caribe salen coches tirados por caballos, que se pueden
alquilar para hacer un romántico recorrido de una hora por la ciudad
vieja pasando bajo los balcones de hierro forjado y junto a la muralla
de piedra musgosa para terminar la noche bailando en La Vitrola. En la
Calle del Arsenal hay una serie de restaurantes pequeños y bares
acogedores junto a marisquerías donde se bailan vallenatos y bembés.
Lo mejor que pueden hacer dos enamorados es cerrar la noche con un trago
en el mirador de la torre del antiguo Bodegón de la Candelaria,
donde un pianista te hace mecer los pies con melodías románticas.
Mientras tanto, bajo los farolitos coloniales, podés mirar el mar
imaginando historias de corsarios, galeones piratas y tesoros hundidos.
Hawai,
Estados Unidos
Tenés
que cruzar todo América Latina y después cruzar todo el Oceáno
Pacífico para llegar a un lugar del mapa en que cuesta adivinar
cómo hacen los pilotos para ubicarlo y aterrizar sin perderse en
el infinito azul del mar.
Se trata
del archipiélago de Hawai, que son cinco islas de bandera norteamericana,
con paisajes polinesios y clima tropical.
Lo mejor
de Estados Unidos -limpieza, hotelería, restaurantes espectaculares,
producidos pero de comida abundante y económica, buenos autos de
alquiler- está acá. Lo mejor de la Polinesia -selvas, flores,
frutos tropicales, música, tradiciones, cascadas, crepúsculos
increíbles, ríos, quebradas y lagunas de aguas azules en
medio de la montaña- también está acá. Y lo
mejor del trópico -sol durante todo el año, y la posibilidad
de vivir en malla y ojotas- también se encuentra acá.
Oahu,
Maui, Lanai, Molokai y Hawai son los nombres de esta cadena volcánica
de flores gigantes y playas increíbles. Pero lo mejor es que a la
noche se iluminan las playas con antorchas de fuego y podés comer
en parrillas de lujo donde alguien desgrana en una guitarra suaves canciones
polinesias, mientras ves la luna llena brillar en el mar, sabiendo que
todo lo demás está a más de 10 horas de vuelo de aquí.
Vos y tu pareja, la luna llena, un buen Mai Tai (trago de rhum y jugos)
y ganas de besarse en una playa sin viento, hasta que salga el sol. ¿Qué
más se puede pedir?
Venecia,
Italia
Aunque
es algo obvio hablar de Venecia como destino romántico, pocas ciudades
son tan intensamente románticas como la ciudad de los canales, donde
el agua siempre te arrulla con su sonido, donde las luces siempre encuentran
donde reflejarse, donde siempre hay puentes en los cuales conviene detenerse
para admirar ese prodigio arquitectónico que dicen que se hunde,
pero no lo hace jamás. |
| Venecia
equivale a palacios rodeados de agua, brumas que se elevan dejándonos
la cúpula inmensa de Santa Lucía, viajecitos a Burano y Murano
para admirar el vidrio convertido en arte, cenas a la luz de las velas
con pianos y violines poniéndole música de fondo a las palabras
de amor.
Y te permite
pasear con los sonidos medievales: pisadas y el murmullo de las conversaciones,
porque a Venecia no entran los autos. En invierno hace mucho frío,
pero te da un pretexto más para estar abrazado.
Y aunque
la vuelta en góndola parezca un cliché cursi... no hay quien
no se emocione al pasar debajo del Puente de los Suspiros con la guía
de un gondoliere.
Hasta
el escéptico y nihilista de Woody Allen no pudo resistir a su encanto.
Venecia es para los enamorados. |
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