| Calma Azul,
Argentina
El Monasterio
Trapense en Azul es uno de esos rincones en donde el que descansa es ese
otro yo que todos llevamos dentro. La ciudad con sus toques de art-decó
y una pulpería que lleva esa estética de las de antes cierran
el círculo para hacer este lugar super atractivo.
Azul,
ubicada al sur de la Pcia. de Bs. As. es casi multicultural, abismal y
silencioso. El monasterio guarda secretos y una veintena de monjes de cogulla
cónica y cabezas meditativas. Padres y Hermanos que llegaron desde
distintos rincones del planeta y hoy hincan sus vidas a rezarle credos
al Cristo que cuelga en el centro de escena. Como siempre, y como era de
esperar, la puerta de la iglesia es lo suficientemente espesa como para
llorar en ruidos el dolor de las visagras.
Hay un vitraux
que desde el fondo da en luces una virgen pintada con niño en brazos,
la misma a quien le ha sido encomendado el deber de resguardar la calma,
esa que aquí es ley fundamental de cuanto sucede. Como toda mañana,
es tiempo de plegarias en esta esquina del planeta. Como toda mañana,
comienza sus tareas el convento de los trapenses. Afuera, un ginkgo biloba
de hojas amarillas (según la botánica china, el árbol
más antiguo del mundo) vigila, creyéndose una especie de
centinela para todos.
Si bien estos
monjes siguen las reglas de San Benito al igual que los benedictinos, a
la hora de dictar los pasos de cada día, parecen haberlas llevado
hasta el extremo. De hecho, sus vínculos comunicativos con la sociedad
en general son bien estrechos; sólo hay un par de Hermanos designados
para hablar con los visitantes. De todas maneras bien vale la pena una
visita al lugar, conocer los alrededores y de dicarse
al placer divino del ocio productivo. La idea es aquí encontrarse
con otro tipo de descanso, que poco tiene que ver con ese desbaratarse
sobre la arena en alguna playa tropicalísima. Aquí el tema
está más vinculado con esa introspección a veces tan
necesaria. Más allá de toda creencia religiosa, todos son
siempre bienvenidos.
El Hermano
Tomás es quien atiende lo relativo al hospedaje, recibe y contesta
las cartas de los que buscan un refugio para sus ánimos y se encarga
de guiar hasta las habitaciones y hacer las recomendaciones necesarias
como para que todos los huéspedes obtengan lo que fueron a buscar.
OFICIOS
TERRESTRES
Esencias de
hierbas que extraen de las sierras y los campos de los alrededores. Menta,
peperina, marcela y otras plantas chicas que crecen por todas partes son
llevadas por los monjes a extractos que después se comercializan
en las ciudades aledañas. Dulces, turrones y chocolates también
son aquí elaborados para ofrecer a los visitantes, al igual que
un tipo de miel que lleva cierto dejo a eucaliptus por la afluencia de
estos árboles en la región. Cada hermano tiene su tarea definida
y entre todos se encargan de que esta estructura productiva salga adelante.
Tienen 1.000 hectáreas y unas 800 piezas de ganado vacuno que los
ayudan a autoabastecerse.
EL PRIMERO
EN SU TIPO
La Trapa,
como se llama en Azul al mo nasterio,
fue la primera en su tipo en instalarse en América Latina (hoy existe
uno en Brasil y otro en Chile). Se levantó en un terreno donado
por Pablo Acosta, un estanciero que había conseguido sus hectáreas
en la llamada Guerra del Desierto. El primer Pablo de la generación
murió en manos indígenas. Una cruz plateada e inclinada marca
sobre la cima de uno de los cerros, el sitio donde el malón emboscó
al hacendado. El segundo Acosta les regaló a los monjes el terreno.
El y su mujer fueron enterrados dentro de la capilla, donde su nombre en
una lápida resguarda la memoria.
La estructura
monástica está construida de manera tal que durante todo
el día el sol ilumina los interiores. Su arquitectura sigue estrictamente
los parámetros de las edificaciones medievales; son paredes anchas
de ladrillo a la vista, preparadas para resistir hasta 200 años
de historia. "Al mediodía, cuando el sol pega verticalmente sobre
la tierra, la luz se abre paso entre los vitraux de las paredes más
altas y forma una cruz fantasmagórica en los mosaicos de la capilla",
explica el hermano Antonio, encargado de recibir a los huéspedes
en el pequeño almacén de productos artesanales que ocupa
una de las entradas del convento. Antonio espera a los visitantes con el
pelo muy corto, peinado hacia atrás y un delantal de jean cubriéndole
el atuendo monástico. Sonríe amigablemente y se interna en
conver saciones
que dejan al descubierto una excelente predisposición para hablar,
a pesar de la regla que rige su conducta.
UNA ORDEN
CON HISTORIA
La Orden de
los monjes trapenses tuvo sus inicios en el año 1098. En ese entonces
los santos Roberto, Alberico y Esteban, buscaron un sitio donde desarrollar
y empaparse en los laberintos espirituales de la vida monástica.
Siguiendo las reglas descriptas por San Benito se instalaron en un lugar
pantanoso llamado Cister, en Dijón, Francia, y se propusieron volver
a la sencillez, lejos de la ostentación y la contaminación
de las ciudades. Quinientos años más tarde, Cister fue el
epicentro de una nueva revolución espiritual liderada por el Abad
de Rancé en su Abadía de la Trappe, en Francia. En 1892 el
Papa León XIII decidió crear una nueva Orden dentro de la
iglesia católica a partir de aquella reforma llevada a cabo en la
Trappe. El nombre asignado al movimiento fue Orden de los Cistercienses
de la Estricta Observancia, más conocidos como trapenses.
LA IDIOSINCRASIA
INTERNA
"Para ingresar
a la orden hay que tener más de 18 años y abandonar todas
las riquezas adquiridas en el mundo consumista", cuenta Viviana Coluccio,
una de las guías de la ciudad de Azul y quizás la mujer que
más contacto ha tenido con los monjes en los últimos años.
"Al ingresar, cada hermano hace sus votos de permanencia y no se traslada
hasta la muerte. Eso sí, antes de internarse cada uno puede elegir
en qué monasterio le gustaría vivir." Durante la estadía,
los hermanos duermen en un cuarto en el que sólo hay una silla,
una mesa, una biblioteca y un catre sin colchón. El estilo de vida
austero, sencillo y frugal es una de las condiciones básicas para
dedicarse a la búsqueda de la paz espiritual sin dejarse llevar
por los laberintos de la vida mundana. "La separación física
del mundo y el clima de silencio y recogimiento es el nudo central de la
existencia monástica", relata por su lado el hermano Antonio.
Hace unos años,
el entonces presidente Carlos Menem fue uno de los visitantes del monasterio.
Allí realizó durante una semana el retiro espiritual junto
a los monjes. El padre Hugo Mujica, sacerdote y reconocido pensador contemporáneo
adorador de Martín Heidegger, estuvo durante dos años en
"La Trapa", conviviendo bajo la regla de San Benito. Por otro lado, las
leyendas locales suelen contar que allí pasó sus últimos
días exiliado de sí mismo uno de los pilotos norteamericanos
que soltó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima al
término de la Segunda Guerra Mundial.
AZUL DE
ARROYO
Después
de unos días en el monasterio quizás no sea mala idea enfilar
veletas para Azul. Es una ciudad que verdaderamente brinda sorpresas, una
de las únicas con el art-decó en las plazas, iglesias y
en varios rincones fáciles de visitar. La entrada del cementerio
es quizás la más espectacular del país, ya que lleva
en sus pliegues detalles de ese estilo nacido en Francia. Hay también
un teatro precioso, el Español, incluso más antiguo que el
Colón, inaugurado en 1897. Carlos Gardel testeó la acústica
en varios recitales y Miguel Angel Firpo peleó sobre un ring improvisado
sacando las butacas a principios de siglo. Hay una escultura llamada La
Madre que fue donada y realizada por el premio Nobel Pérez Esquivel
y que hoy decora la esquina de la plaza central. La calle Bolívar
es la que lleva toda esa estética afrancesada en los aleros y las
ventanas de las casas y bien merece un recorrido a paso cansino.
LA ÚLTIMA
PULPERÍA
Para el otro
lado del monasterio y a pocos kilómetros de Azul, se yergue imponente
desde 1850 la última pulpería de toda la región. Un
santuario para los paisanos de la zona al momento del trago nocturno, y
una antigua posta para el cambio de caballos de los carteros que cruzaban
la pampa uniendo destinos. Los hermanos Toso atienden el negocio desde
atrás de las rejas que solían proteger a los gauchos de los
ataques de la indiada. Una puerta pesada de madera oscura y cerrojos de
hierro forjado marcan la entrada.
El local sigue
tal cual estaba en sus principios, con los paisanos bebiendo de un sorbo
sus tragos blancos en vasitos pe queños
de vidrio esmerilado. Algunos niños desafían la siesta y
corretean entre las calles mientras un perro duerme la siesta de cada día.
Allí, siempre hay viajeros que se sientan a compartir la mesa con
los Toso, y entre fiambres, quesos caseros, rosquetas y algún vermucito,
aprovechan la tarde escuchando anécdotas de potrancas, ñandúes
y establos.
INFO:
¿CUÁNDO
IR?
Para reservas
hay que escribir a: Monasterio Trapense C.C. 34 (7300) Azul, Pcia. de Buenos
Aires. Hay cuatro lugares para hombres solos y cuatro para matrimonios.
Los retiros espirituales pueden hacerse de martes a viernes, o de viernes
a martes.
¿CÓMO
LLEGAR?
Aunque lo
ideal es ir con auto propio, se puede tomar un bus en Retiro. La Estrella,
El Cóndor y Ferrobaires (más económico) tienen servicios
que conectan diariamente la Capital con la ciudad de Azul. Desde allí
es conveniente contratar un remís o bien hablar a la dirección
de turismo al tel.: 0281-31751, ya que desde allí suelen salir camionetas
todos los domingos para el monasterio.
RECORRIDA:
La Licenciada
Viviana Coluccio organiza viajes desde Buenos Aires al monasterio y sus
alrededores todos los meses del año. Por cualquier consulta llamar
a los teléfonos 02281-428446/428401. Ella es quien sabe cómo
llegar desde Azul a la pulpería.
TEXTOS Y FOTOS:
MARTÍN CORREA URQUIZA.
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