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Luciana Salazar


Fiesta pagana en Humahuaca

En este pueblo acontece uno de los carnavales más particulares del continente, donde la celebración se combina con otros rituales paganos de origen indígena. Son nueve días de fiesta callejera con gente disfrazada que baila al ritmo del erquencho, el charango, los sikus y los bombos. 
 
 

Cuesta creer que una celebración de origen pagano, que cobró auge en la Europa medieval, se haya extendido por casi todos los pueblos de la Quebrada de Humahuaca y se continúe celebrando todavía en el siglo XXI, mezclándose con rituales pre-hispánicos como el culto a la Pachamama (la "Madre Tierra", según la cosmovisión indígena). 
Desde hace muchas décadas, el carnaval del pueblo jujeño de Humahuaca es el más popular de todo el norte argentino. 

Su preludio es el Jueves de Topamiento de Comadres, cuando las comadres se visitan, intercambian regalos y crean nuevas relaciones de comadrazgo, uno de los vínculos más sagrados que une a distintas familias humahuaqueñas.

El jueves siguiente ocurre el Festival de la Chicha (bebida alcohólica de origen incaico), cuando un jurado elige la mejor bebida preparada por familias de gran tradición chichera. 

La gran fiesta comienza el sábado anterior al fin de semana de carnaval, el 24 de febrero. Por la mañana todas las comparsas confluyen en la Plaza de la Independencia para asistir a una misa callejera. Luego se dirigen a distintos puntos en la ladera de los cerros lindantes, donde se encuentra una "apacheta" (amontonamiento de piedras que forman un pequeño mojón), junto a la cual está enterrado el "pusllay". Toda la celebración ronda alrededor de este diablito de trapo que con el correr de los días va pasando de mano en mano y es arrojado al aire en medio de gritos de euforia. 

En el cerro se realiza un asado comunitario y se le da de comer a la Pachamama, a través de un hoyo cavado en la tierra. Allí dentro, la gente coloca alimentos, hojas de coca, cigarrillos, y vierte chicha y cerveza. De esta forma, los mismos que dos horas antes asistían a una misa católica, le agradecen ahora las buenas cosechas a la Madre Tierra. 

Pero a las 19:30 en punto todo cambia de repente: se desentierra al "pusllay", suenan tres explosiones, y oficialmente se abren las puertas para que el diablo salga a divertirse. De inmediato aparecen por todos lados los disfrazados de diablo y comienza el alboroto. Al desentierro asisten hasta 3000 personas, que luego bajan por el cerro bailando en doble fila al típico "saltadito" del carnavalito jujeño. Se dirigen a dar la "vuelta al mundo" (al pueblo) en medio de un ruido ensordecedor con música de charangos, trompetas, erquenchos y bombos. 
 
 

EL DIABLO SALE A LA CALLE 
Entre las callejuelas, con antiguos faroles de hierro y pisos adoquinados, transitan mujeres con la indumentaria coya tradicional: sombrero ovejón, coloridos pompones, una manta para sostener a la "guagüita" sobre la espalda, y ojotas de cuero crudo. Las que eligen disfrazarse lo hacen de gitanas, y sufren las persecuciones de los diablos, impulsados "por diabólicas" intenciones. 

Según el escritor y músico local Fortunato Ramos, el anonimato que le otorgan las mascaras de diablo a los hombres -que incluso hablan con voz muy aguda para que no se los reconozca- cambia totalmente la personalidad del jujeño: "son gente calladita, tímida; pero en carnaval se sueltan, y bajo el escudo del disfraz se atreven a declararle su amor a una mujer". 

En lugar de agua, se tira talco -nunca en los ojos-. Todas las prendas quedan de color blanco. Las bandas de sikuris andan a la deriva por las calles, y la mayoría de la gente porta sobre el sombrero o en las solapas alguna ramita de albahaca (se la considera afrodisíaca), cuya fragancia es el perfume del carnaval. 

COSTUMBRES FESTIVAS 
A partir del primer sábado de celebración, la rutina es prácticamente la misma durante nueve días. A las 11 de la mañana comienza todo con una gran comilona en la sede de cada comparsa. Entonces salen a la calle y van recibiendo sucesivas invitaciones de los vecinos del pueblo y otras comparsas, que son la excusa para juntarse a beber y bailar. 

Las comparsas desfilan todo el tiempo de un punto a otro del pueblo, y por la noche cada una confluye en su correspondiente "fortín", la sede donde realizan su fiesta nocturna. Se cobra una entrada muy barata y se presentan grupos de cuarteto cordobés, cumbia, sayas bolivianas y zambas. La fiesta termina después de las 6 de la madrugada, y luego de un sueño de dos o tres horas todos salen a la calle otra vez. El estado de euforia producido por la chicha, las hojas de coca y el baile, prolonga la resistencia del cuerpo hasta límites sorprendentes. 

Aquí no se va a mirar -como en el Sambódromo de Río de Janeiro- sino que la gracia está en participar activamente de las comparsas. En Humahuaca no hay escenarios sino el pueblo en la calle, disfrutando de la única posibilidad de gran diversión que hay en el año. 

EL HONOR DE SER FUSILADO

Para disfrutar de este carnaval hay que meterse de lleno en él. Una manera de comprobar hasta qué punto uno puede involucrarse es intentando que lo fusilen. En Jujuy, cuando alguien invita a un amigo a su casa para fusilarlo está concediéndole un privilegio. En un cuarto se disponen varias mesas con unos quince tragos distintos, colocados en hilera. El invitado debe ir tomando una copita de cada uno a medida que va recorriendo la improvisada barra. La artillería no es por cierto liviana: whisky, gancia, fernet, vino, chicha, cerveza... Se sigue una especie de recorrido alcohólico -hay que entrar por una puerta y salir por otra-, donde los invitados van desfilando en estricto orden y con rapidez. 

Al salir se les pinta la letra inicial de la comparsa con lápiz labial, en la frente. Esto significa que uno ha pasado el bautismo de fuego, y oficialmente fue aceptado como integrante de la comparsa. Un viajero también puede ser fusilado, pero tendrá que ganarse ese derecho participando activamente de los festejos. 

EL ENTIERRO 
En el domingo de carnaval la efervescencia de la fiesta parece llegar a su cenit. Sin embargo, luego de nueve días de bailar y tomar, todo se interrumpe abruptamente. Ha llegado el momento más triste, cuando las comparsas se dirigen a sus mojones en los faldeos del cerro para enterrar al "pusllay", que debe regresar al centro de la Tierra. 

Cuando oscurece, se enciende una gran fogata junto a la "apacheta", y los diablos comienzan a llorar desconsoladamente -tras las máscaras las lágrimas delatan que la cosa no es teatro-. En algunos casos, el "pusllay" es enterrado, mientras que otras comparsas lo lanzan al fuego o lo hacen explotar con un cohete. Ese estruendo marca el final de la celebración, y automáticamente los diablos se quitan los trajes y todo el mundo desciende del cerro, abatido por una infinita congoja. Son muchos los que lloran abiertamente porque el carnaval se ha esfumado, y junto con éste la licencia para el goce desenfrenado, que habrá de hacerse esperar un año entero. 

¿Cómo se explica tanto dolor, cuando una hora antes todos parecían deleitarse con la gracia de la felicidad absoluta? Hay que tener en cuenta que los familiares de mucha gente, llegados desde las lejanías de la Puna, se irán en breve para no volver hasta el año próximo. Para Fortunato Ramos, "esta fiesta nos ofrece una salida al extremo sufrimiento de todo el año". 

Muchos se reservan los ahorros anuales para disfrutarlos de una sola vez en carnaval. También se crean parejas cuyo idilio, por decisión mutua, dura apenas los nueve días de carnaval. Los jóvenes de Humahuaca se quejan de que "acá nunca pasa nada... no hay diversión ni lugares a dónde ir". Es por eso que durante el carnaval se sueltan las riendas del desenfreno y nadie quiere perderse un solo instante del acontecimiento del año cuando, literalmente, se detiene el mundo. 
 

INFO: 

¿CÓMO LLEGAR? 
Un pasaje de avión (ida) a San Salvador de Jujuy cuesta alrededor de $150; de allí los micros a Humahuaca tardan alrededor de dos horas. También podés ir en bus directo. 

¿CUÁNDO IR? 
El jueves 15 de febrero es el Jueves de Topamiento de Comadres. 
El jueves 22 de febrero es el Festival de la Chicha y la Copla. 
El 23 de febrero se realiza un encuentro de instrumentistas en el Monumento a la Independencia (20 hs). 
El carnaval se celebra entre el sábado 24 febrero y el domingo 4 de marzo. 

¿DÓNDE ALOJARSE? 
Conviene tener reserva hotelera, o de lo contrario puede ser problemático conseguir alojamiento. De todas formas, en los últimos años numerosas casas de familia han habilitado cómodos cuartos. Hostería El Portillo: calle Tucumán 69 ($6 por persona). E-mail: elportillo@cootepal.com.ar Tel.: 03887-421288

TEXTO Y FOTOS: JULIÁN VARSAVSKY
 

 

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