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Escalada en el Chaltén 

Es uno de los mejores y más lindos lugares del mundo para practicar andinismo. Subir alguna de sus agujas puede ser una de las experiencias más interesantes para un hombre que ama la montaña. 

Si vas a esta zona tenés que saber que cuando escalás se puede levantar un viento patagónico de 100 km por hora o empezar a nevar, que si querés escalar en roca, tenés que atravesar glaciares, esperar días de buen tiempo... 

Ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares, El Chaltén es un pequeño pueblo de la provincia de Santa Cruz desde el cual se accede a los cordones del Fitz Roy y del Torre. Está a 250 km de El Calafate y para llegar a los campamentos base necesitás varias horas de trekking desde el pueblo.

Desde cualquiera de las agujas del Cordón del Fitz Roy se ve el Hielo Continental, lo que hace más atractiva la ascensión.
Hay que ser muy cuidadoso con las condiciones climáticas. 

En la mejor época, de diciembre a marzo, se escala en condiciones invernales ya que el clima es muy 
inestable debido a las grandes diferencias de presión y temperatura entre el Hielo Continental y la meseta patagónica. La ventaja es que la noche apenas dura unas seis o siete horas.

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53 HORAS SIN DORMIR 
Cuando subimos la aguja Poincenot, en el verano del ´98 el tiempo era el óptimo, pero justamente como había buen clima, estaba muy peligroso por el tema de las avalanchas: el sol derrite el hielo y empieza a caer todo de todos lados. Había que andar con cuidado. 

Hay un dicho de montaña que dice: "La velocidad es seguridad", y el clima de la zona no permite darse el lujo de descansar demasiado, así que para arriba y sin parar. 

Salimos a la tarde para aprovechar el buen tiempo, no podíamos esperar al día siguiente. Después de dos horas de aproximación en nieve honda, paramos para descansar y comer algo en el Paso Superior, un lugar relativamente protegido. Allí lo óptimo es realizar una cueva de hielo y guarecerse del viento que, a veces, sopla con violencia. A las 2 de la mañana nos preparamos para salir, y así llegar al pie de la pared con la primera luz. Cruzamos el glaciar por la noche, aprovechando la luna y su reflejo en la nieve que te permite ver perfectamente. Llegamos a las 8 de la mañana a la pared y comenzamos la escalada. A las 7 de la tarde, once horas después, estábamos en la cumbre. 
En el ascenso tardamos más de lo planeado porque ese día éramos nueve personas en la pared: nosotros tres, dos chilenos, dos chicos de Mar del Plata y dos austríacos. Nos cruzábamos todo el tiempo. Subir se hacía lento porque pasaba uno, pasaba el otro... Para colmo los chilenos, de poca 
experiencia, cruzaban sus cuerdas por encima de las nuestras, teníamos que hacer malabares... 

A mitad de la pared los chilenos tuvieron un accidente: se desprendió un bloque al cual estaban asegurados, se golpearon un poco, pero pudieron seguir escalando sin demasiadas consecuencias. 

A las 18 estábamos en la cumbre, un par de fotos y empezar a bajar lo más rápido posible ya que nos quedaban unos 800 metros de pared para rappelar, en los cuales había varios tramos en travesía. Los chilenos con sus cuerdas inservibles rappelaban por las nuestras. Anocheció, empezó a 
levantarse viento, las cuerdas se enredaban y se nos hizo muy lento el descenso. 

Al día siguiente, al mediodía, llegamos de vuelta a la cueva de hielo. Allí nos quedamos un rato comiendo algo, para luego encarar la vuelta al campamento base de Río Blanco. Entre el 
campamento base, la cumbre y vuelta a la carpa no habíamos parado un segundo: más de 50 horas de corrido. Era riesgoso no parar, ni descansar, pero era más peligroso, en esta situación, dormir en la pared ya que la Poincenot es un cerro de difícil escape con tormenta. 

Muchas personas dicen que los escaladores somos suicidas en potencia, yo creo que es todo lo contrario, que tenés que estar muy bien anímicamente para afrontar cosas como: no dormir, no comer, tener que abandonar a pocos metros de la cumbre, dejar de lado los propios objetivos para ayudar a otro, luchar contra el cansancio, sufrir frío... A veces sólo 10 kilos (dos bolsitas de supermercado) pueden hacer la diferencia entre que subas o no. Si sos una persona débil 
anímicamente, es probable que no puedas hacerlo. 
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HACER CUMBRE 
RECOMENDACIONES 
Para llegar a la cumbre debés tener una gran voluntad, un muy buen estado físico y equilibrio psicológico y sentimental. Hacer cumbre es, el hecho en sí, algo muy personal, no es sólo por estar ahí, ver todo el paisaje desde allá arriba sino más que nada son sentimientos agradables, que te hacen sentir muy bien espiritualmente, que te cargan las pilas... Pero lo más probable es que lo que viva uno sea totalmente diferente de lo que siente el otro, aunque sea tu compañero de cordada, tu 
mejor amigo o tu hermano el que te acompañe. En este sentido, los escaladores somos personas egoístas, ya que es muy difícil transmitir todos nuestros sentimientos y pensamientos de ese momento, hay que vivirlos para entenderlos. 

No es un fracaso no hacer cumbre, hay que tratar de hacer todo lo posible para lograrlo, pero es muy importante saber cuándo bajar, aunque estés a pocos metros de la cumbre. Lo importante es saber que la montaña siempre está ahí esperándote.  

¿CUÁNDO IR? 
Se puede ir todo el año, pero la mejor época es el verano, de diciembre a marzo. 

¿CÓMO LLEGAR? 
En avión a los aeropuertos de Río Gallegos o El Calafate (se inaugura en noviembre de 2000), y de ahí en bus o auto. 
Desde El Calafate hasta el Chaltén son 220 km de ripio, por las rutas 11, 40 y 23. 
Hay tres empresas de colectivos que te llevan desde El Calafate y Chaltén. El servicio es diario y hay buses a toda hora. En invierno, por lo general, hay un servicio cada dos días, si la ruta está habilitada.  

Es imprescindible para escalar en la zona tener mucha experiencia en alta montaña y en escalada en hielo y roca. 
Tomá todas las medidas de precaución y seguridad necesarias. 
No te aventures solo en lugares peligrosos, ante la duda contratá un guía que conozca la zona. 
Avisá de tus actividades y los días que van a durar en la oficina del Parque Nacional Los glaciares, Seccional Viedma, en el pueblo de El Chaltén. 
 

No intentes escalar cerros de alta dificultad sin conocer la región, todas las cumbres patagónicas son difíciles ya que hasta la más fácil se puede transformar en una trampa peligrosa ya que el clima varía en cuestión de minutos. La primera lección de todo escalador patagónico es saber esperar 
y observar cómo evoluciona el clima y sus efectos sobre el terreno de juego.

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