| Córdoba
desde el arte
¿Por
qué no entrar a Córdoba desde la arquitectura, desde esas
esquinas coloniales que aumentan su bonito perfil cuando cae la noche?
La capital de la palabra en tonada tiene mucho para ofrecer, más
allá de las sierras y arroyos transparentes.
JESUITAS
EN LA CIUDAD
A 21 especialistas
de la UNESCO, que revisaron más de 80 proyectos presentados por
otros tantos países, se les ha ocurrido nombrar Patrimonio Cultural
de la Humanidad a la llamada Manzana Jesuítica, en pleno corazón
de la ciudad. La llamada Manzana de la orden jesuita, hoy se ha convertido
en foco de atención internacional. Este grupo edilicio se forma
a partir de tres elementos.
El primero
es la Iglesia de la Compañía de Jesús, un santuario
de ladrillo a la vista a orillas de la calle Obispo Trejo, que atesora
la capilla más antigua de Argentina. Se levantó hacia 1640,
en pleno auge de las misiones en nuestro país, y fue un trabajo
que se hizo a cuerpo de indio pero bajo la supervisión de los monjes
de la orden. No hay que perderse la espectacular bóveda que fue
diseñada por el hermano Felipe Lerner en 1671,
como emulando las formas de un casco de barco invertido. Después,
a pocos metros de ahí aparece el segundo integrante de la Manzana,
la Universidad Nacional de Córdoba, invalorable patrimonio provincial,
ahora del mundo, que fue erguido hacia el siglo XVII y en cuyo interior
una biblioteca atesora libros únicos, editados con las primeras
imprentas de nuestro país. Hay ejemplares de literatura jesuita
de 1767. Finalmente, aparece el Colegio Nacional Monserrat con sus 300
años de historia y la memoria plena de próceres que pasaron
por sus aulas. Entre los tres, forman parte de un paseo ineludible al llegar
a estos rincones, en donde el cuarteto es Biblia de todos los días
y un tal Giménez gana elecciones por abrumadora mayoría.
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CÓRDOBA
HISTÓRICA
La
acequia es quizás el corazón de la ciudad. Es el viejo río
Suquía, hoy canalizado, que refresca toda la superficie urbana y
hace posible soportar los meses de verano. Es el fin de todo paseo romántico
de pareja primeriza y un lugar bonito en donde sentarse a descansar. Córdoba
fue fundada en 1573, y se instaló en el inicio de las grandes sierras
de la provincia y al fin de la llanura pampeana.
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Por eso hoy en
pocos minutos, saliendo desde la capital, uno puede descubrirse en algún
poblado de elevaciones y arroyos frescos.
La Iglesia
Catedral marca uno de los centros para el inicio de los recorridos históricos.
Está enfrentando la Plaza Mayor y allí descansa desde 1574,
año en que comenzó su construcción. Cabe aclarar que
no fue cuestión de meses la finalización del trabajo, sino
que llevó más de 200 años. Un dato: no hay que perderse
de la bóveda central que fue decorada por uno de los más
prestigiosos pintores locales, Emilio Caraffa. Justo al frente del altar
principal aparece la tumba de Fray Mamerto Esquiú, un antiguo obispo
a quien el Vaticano hoy intenta beatificar. La plaza de enfrente, si bien
hoy es paraíso de niños y ancianos, carga recuerdos de matadores
y alientos multitudinarios; era un viejo centro de corridas de toros. Sí,
aunque cueste creerlo en nuestro país también se practicaban
corridas en otros tiempos.
CABILDO
ENTRE SIERRAS
Hay
cuatro calles que son las principales, al momento de conocer los aspectos
más históricos de esta ciudad. San Jerónimo, que más
allá de la plaza se convierte en 27 de Abril; Rivadavia, que se
transforma en Buenos Aires; Rosario de Santa Fe, que pasa a ser Dean Funes;
e Independencia, que se vuelve San Martín. Cada una vive orillada
por paredes coloniales que saben de memoria las crónicas de los
tiempos que pasaron.
El Marqués
de Sobremonte, aquel conocido personaje de nuestra historia, fue quien
dictaminó la finalización del Cabildo cordobés. Este
edificio se había iniciado en 1588 pero los últimos detalles
se dieron hacia finales del siglo XVIII. Si bien anteriormente albergaba
discusiones partidarias, hoy se especializa en cuestiones absolutamente
culturales; es museo y centro de artes escénicas, plásticas
y literarias. Vale la pena darse una vuelta porque siempre algo está
sucediendo en su interior. Hay que acordarse de que la ciudad ha estado
más de una vez a la vanguardia a nivel nacional en materias artísticas,
así que es muy posible encontrarse con buenas sorpresas. Un tiempo
de descanso en el café del interior es una buena idea; hay excelente
ambiente. Después, existen unas viejas celdas subterráneas
que también merecen una visita.
MUSEOS DE
LA CRUZ
En
el número 218 de la calle Rosario de Santa Fe, el Museo Histórico
Provincial Marqués de Sobremonte puede ser un buen puntapié
inicial para internarse en los viejos tiempos de la región y comprender
un poco más en profundidad las idiosincrasias actuales.
Cercano y
recientemente restaurado, el Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda carga
con la ventaja de ser único en su tipo en nuestro país. Es
un espacio sobre la calle Independencia, a metros de la San Jerónimo,
que se encarga de exhibir en vitrinas las que fueron las corrientes artísticas
locales durante la época colonial. Hay un relicario firmado por
San Ignacio de Loyola, un San Pedro articulado y a tamaño natural,
tapices bordados con motivos críticos a toda luz y decenas de crucifijos
en pinturas, en maderas, en vidrios; todo dentro de un convento que aún
pertenece a las Carmelitas Descalzas. Si bien supieron ser hasta 300 hermanas
las que convivieron allí, hoy sólo lo habitan unas 20 que
se encargan de mantener vivo el espíritu de entrega que implica
la vida puramente cristiana. Orar, cultivar un pequeño huerto y
bordar son las tareas de todos los días de este grupo de monjas.
Al visitar el museo no hay que obviar las celdas de clausura, que pueden
ser visitadas y es una buena manera de comprender cómo este grupo
de mujeres vivía la religión.
FERIAS Y
CARMELITAS
Hay
otro lugar que también llama la atención de los viajeros
más allá de cualquier tipo de apetencia religiosa: el Museo
Obispo Fray José Antonio de San Alberto lleva como tesoro varios
sepulcros, imágenes y objetos que fueron de las carmelitas.
La feria artesanal
es un obligado paseo de compras si lo que se busca es algo verdaderamente
autóctono y a tono con el entorno. Muñecas entre inciensos,
pantallas pintadas, sacos de lana, bufandas tejidas a mano y varios tapices
de telar son sólo algunos de los elementos que forman parte del
stock permanente. En rigor de verdad, el lugar se llama Paseo de las Artes
y está sobre el Pasaje Revolución y la calle Belgrano. Para
los que adoran esos cuchillos forjados casi a mano y con diseños
únicos, Isac Mubarqui, un joven de barba blanca y chaleco oscuro,
conoce del tema y tiene su puestito en una de las esquinas de la feria.
INFO:
¿CUÁNDO
IR?
Aunque Córdoba
es una ciudad para todo el año, la mejor época para ir es
primavera y otoño; las callecitas toman otro color y el aire facilita
el andar. En verano se puede hacer una visita rápida pero con inmediato
traslado a los arroyos de los pueblitos de los alrededores.
¿CÓMO
LLEGAR?
En avión
o en ómnibus desde los principales puntos del país.
MÁS
INFORMACIÓN:
Casa de Córdoba
en Buenos Aires: Callao 332 (4372 6566, 4373-4277). Centros de informes
en la ciudad de Córdoba: en la terminal de ómnibus (Boulevar
Pte. Perón 300), en el aeropuerto, en el Cabildo (Independencia
30) y, la más importante, en la calle Tucumán al 360. Dos
páginas web en donde es posible consultar son: www.cordobatur.gov.ar
y www.turisticacordoba.gov.ar
TEXTO Y FOTOS:
IARA KUBRIK / ASATEJ
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