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de Argentina y el Mundo - Turismo
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| Chubut:
Verano en la costa Patagónica
Lo
que comenzó como un sueño de libertad por parte de un grupo
de personas humildes de origen galés, terminó convirtiéndose
en uno de los rincones más atractivos del país. En verano,
los lobos y elefantes marinos ocupan la escena que dejaron las ballenas.
Paisajes y aventuras en un lugar donde la naturaleza sigue siendo una reina.
La increíble
fauna marina y la calidad de las aguas que bañan los tres kilómetros
de playas de Puerto Madryn, han convertido a este lugar de la costa patagónica
en uno de los sitios preferidos para sumergirse y explorar el mundo subacuático
del Atlántico sur.
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Pero
uno de los aspectos que también sorprende a los argentinos y extranjeros
que llegan a Puerto Madryn es la estrecha relación que tienen sus
propios habitantes con la flora y fauna que los rodea: hablan de cetáceos,
camélidos y bardas como si fuesen políticos o jugadores de
fútbol, y esa elección termina siendo reconfortante para
quien los escucha.
Así,
en una conversación de café, observando el mar, nos enteraremos
qué pasó con tal o cual ballena por la mañana, o qué
hizo éste o aquel elefante marino por la tarde, muchos de ellos
con nombre y algunos hasta con apellido. Cuidados hasta la médula
por los madrylenses –quienes han desarrollado un altísimo grado
de conciencia ecológica–, las ballenas, lobos y toda la fauna marina
del Golfo Nuevo está tan protegida como las vacas sagradas de la
India. |
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Verano
en movimiento
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RECORRIDOS
Y EXCURSIONES
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Cuando
se camina por las playas de Madryn, hasta el menos experimentado siente
la tentación de lanzarse bajo la superficie del Atlántico
y dar sus primeros “pasos” entre pulpos, estrellas de mar, caracoles y
nudibranquios, cholgas, lobitos marinos y las infinitas especies que pueblan
sus aguas. En este viaje submarino, el buceador también podrá
caminar entre los misteriosos pasillos de un viejo barco hundido acompañado
por cardúmenes de peces que lo recorren infatigablemente.
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Pero
no todos son paseos subacuáticos en este lugar cuya diversidad ofrece
una amplia gama de posibilidades para el deporte y también para
el descanso. Los aficionados al windsurf encontrarán un aliado en
los vientos patagónicos para deslizarse por la superficie del Golfo
Nuevo. En esta especie de santuario donde la fauna marina se ha ido familiarizando
con los intrusos, no es extraño que puedan ver desplazarse por debajo
de la tabla a una gigantesca medusa ondulándose con indiferencia
o a algún otro habitante de esas aguas.
Fuera
del mar y a pocos kilómetros del casco urbano de Puerto Madryn,
los turistas descubrirán los espectaculares y escenográficos
circuitos ideales para la práctica de mountain bike. Y aunque no
hay montañas, el esfuerzo de pedalear por las estepas del Chubut
es equivalente a la trepada de una ladera. Dejando de lado la bicicleta,
un trekking a lo largo de 14 kilómetros los llevará paso
a paso hasta la reserva faunística de Punta Loma. El premio a la
larga caminata es el acceso a un mirador emplazado en una barranca con
vista al Golfo Nuevo. Desde allí se disfruta de un espectáculo
en vivo: una multitud de lobos marinos de un pelo nadan, duermen y juegan
como si fueran los dueños absolutos del paisaje que adoptaron.
Después
de esa pausa, vale la pena continuar otros tres kilómetros hasta
la playa de Cerro Avanzado, un lugar que conserva entre sus estratos restos
fósiles de ostras e invertebrados marinos. Pero más allá
de estas maravillas que es posible encontrar a cada paso, los visitantes
no deben dejar de subir a las bardas del cerro: allí los espera
uno de los mejores panoramas del Golfo Nuevo. |
La
Península fantástica
Un
recorrido por la Península Valdés completa el viaje hasta
Puerto Madryn. En el Istmo de Ameghino se ve hacia un lado el Golfo Nuevo
y, girando lentamente la cabeza, aparece el Golfo San José donde,
a lo lejos, se divisa la Isla de los Pájaros. Siguiendo el paseo
se llega a Punta Norte, la única elefantería del mundo en
territorio continental. Allí duermen su siesta de meses los elefantes
marinos. Por aquí también hacen su aparición, entre
febrero y abril, las orcas, algunas de las cuales han sido bautizadas afectuosamente
por los guardafaunas con nombres como “Maga”, “Ezequiel”, “Jazmín”,
o “Alacrán”. Continuando unos 30 kilómetrosde camino costero
se arriba a Caleta Valdés, donde es posible observar elefantes marinos
desde un mirador sobre el mismísimo borde del mar. Esta ruta atraviesa
la zona de Punta Delgada, bordeando acantilados y panorámicas espectaculares,
y desemboca finalmente en la aldea turística de Puerto Pirámides,
un lugar privilegiado por la armonía del paisaje: playas de extenso
y suave declive, protegidas por imponentes acantilados que la naturaleza
ha ido perfilando como las pirámides que construyeron antiguas civilizaciones.
Como
ya es bien sabido, desde Puerto Pirámides se realizan los avistajes
de ballenas, pero habrá que esperar hasta el mes de mayo para contemplar
y quedar hipnotizados por la magia con la que estas moles marinas hechizan
a los turistas de todo el planeta que se acercan a verlas. Y si de hechizos
estamos hablando, habrá que quedarse aquí para contemplar
como un sol de rojo fuego se esconde suavemente en el horizonte del mar
y deja paso a las estrellas. Y nosotros, mientras tanto, las contemplamos
desde abajo, entre los médanos, hablando de bueyes perdidos. O de
ballenas, que en la Península Valdés es lo mismo, aunque
aquí nunca se pierdan.
“Mimosa”
de gales
Hace casi
150 años, en la entonces muy lejana Gran Bretaña, un grupo
de personas comenzó a buscar otro lugar en el mundo donde pudieran
afincarse con sus familias. Tierras deshabitadas donde sus hijos crecieran
en plena armonía con la naturaleza. Eligieron el sur más
distante, la Patagonia argentina, y empezaron a preparar el largo viaje
hacia su nuevo destino. Después de navegar durante más de
dos meses contra viento y marea a travésdel océano Atlántico,
el 28 de julio de 1865 el velero galés “Mimosa” ancló en
las aguas del Golfo Nuevo. Desembarcaron en aquel momento alrededor de
150 personas, familias de origen muy humilde, y denominaron a este puerto
natural “Puerto Madryn” en homenaje a Loves Jones Parry, quien era barón
de Madryn en el país de Gales. |
Cómo
llegar:
Lapa
ofrece servicios diarios a la ciudad de Trelew por $ 187 ida y vuelta.
Desde allí, un servicio de ómnibus ($ 10) recorre en una
hora 56 km hasta Puerto Madryn.
Alojamiento:
Madryn
cuenta con aproximadamente 6000 plazas, distribuidas en hoteles de 4 a
1 estrellas, con precios que van desde $ 150 hasta $ 20 la habitación
doble, además de residenciales, hosterías, campings, albergues
y viviendas de alquiler temporario.
Comidas:
La ciudad
ofrece gran variedad de comidas para todos los gustos. Desde elegantes
restaurantes donde se pueden degustar platos típicos (especialmente
mariscos y pescados), parrillas para deleitarse con el cordero patagónico
y lugares más pequeños donde se sirven minutas.
Muchos
de los restaurantes ofrecen menú turístico y servicio de
comidas para llevar. A la hora del té, es altamente recomendable
probar la torta galesa, típica de la región, que se sirve
acompañada con un desfile de exquisitas tortas caseras. |
Alquiler
de autos:
Desde
$ 75 por día con 300 kilómetros libres. Es bueno tener en
cuenta que el precio de la nafta es un 50 por ciento más económica
que en la Capital Federal.
Museos:
Oceanográfico:
ubicado en el Chalet Pujol (calles Domecq Garcia y J.Menendez). Como gran
atracción atesora un calamar gigante encontrado en la zona. De Arte
Moderno: (Roca 444) es el más austral del mundo y cuenta con obras
de Quinquela Martín, Pérez Célis, y Luis Felipe Noé,
entre otros.
Informes:
Secretaría
de Turismo de Puerto Madryn. Av.Julio A. Roca 223. Tel.:453504/452148.
e-mail:
sectur@madryn.gov.ar Internet: www.madryn.gov.ar
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