Bangkok,
donde brilla un dios en cada esquina
Esta ciudad
es la joya máxima de Tailandia, un destino exótico con templos
fantásticos, ideal para viajeros con presupuestos reducidos.
LA
CIUDAD JUNTO AL RÍO MOVIDO
Antes
de llegar a Tailandia, lo único que sabés de este país
es que está lleno de templos y que de aquí provienen los
gatos siameses (¡que aquí llaman "gatos chinos"!) y la historia
de "Ana y el Rey". Algunos también saben que son grandes productores
de seda y que se come mucho arroz. Pero Tailandia es mucho más que
eso: es un lugar tan extraño a nosotros como promete su nombre.
Es
cierto que queda lejos, y que por eso mismo el pasaje se encarece. Pero
estar en Tailandia es tan barato que a la larga resulta un viaje más
económico que muchos destinos más cercanos. El cambio favorable
con la moneda local (el baht) hace que todo cueste centavos, y que el bolsillo
más chico resista mucho kilometraje.
Tailandia
-antiguamente conocida como Siam- es una cálida tierra tropical
que limita con Malasia por el sur y con la Unión de Myanmar (ex
Burma o Birmania), Laos y Camboya por el norte, y con el mar en sus costas
este y oeste.
La
capital de Tailandia y su puerta de entrada internacional es Bangkok, nombre
que significa "Ciudad de los Angeles". Hace dos siglos el primer rey de
la dinastía Chakri convirtió una aldea pantanosa en un impresionante
conjunto de templos separados por canales de irrigación.
La
ciudad tiene un estrecho contacto con el agua, se extiende a ambas márgenes
del río Chao Fra Raya, aún más marrón que el
Río de la Plata, que ofrece a los diez millones de habitantes un
canal de navegación, buena pesca, agua para bañarse, lavar
ropa y vajilla y hasta para cocinar el arroz. A media hora de la ciudad
se encuentra el famoso Mercado Flotante,
donde las canoas cargadas de flores y frutas son un regalo para la vista.
Hoy
en día los tailandeses siguen venerando a su rey, que es el noveno
de la dinastía de los fundadores de esta megaciudad donde se encuentra
tanto caos moderno como placidez budista.
PALACIOS
Y TEMPLOS DESLUMBRANTES
Un
exótico aroma -mezcla de pescado frito con sándalo e incienso-
anuncia la cercanía de bares junto a templetes en cada esquina.
Se come pescado con arroz tan seguido como se ofrendan sahumerios y se
cuelgan collares de flores en el cuello de los dioses, para hacerles pedidos
puntuales.
Las
pagodas chinas se mezclan con antiquísimos wat -templos- de tradición
siamesa, en forma de campanas de ladrillos rojos.
Entre
el aroma a frutas asiáticas y tan extrañas como el peludo
rambután de pulpa roja o el durian ovalado, llegamos al increíble
Wat Po -también llamado Templo del Buda Reclinado-, que muestra
una imagen dorada de Buda de 46 metros de largo y 15 de alto, mandada hacer
por el Rey Rama, con la historia de Buda narrada en nácar en la
planta de los pies.
En
el cercano Wat Tramit se encuentra el Buda de Oro,
una imagen de piedra de 5 toneladas y media que brilla en la semipenumbra
gracias a las laminitas de oro puro que adquieren los fieles en la entrada
y que se pegan a la imagen presionando unos papelitos con fuerza. Acordate
que para entrar a los templos tenés que dejar los zapatos en la
puerta. Y jamás te sientes apuntando a Buda con los pies porque
es ofensivo.
Lo
más impresionante de Bangkok es la zona de templos junto a la avenida
Charoen Krung, que incluye al Palacio Real, el salón de Audiencias
Marin Vinichaite y el Wat Fra Keo, o Templo del Buda de Esmeralda, que
es la capilla real aledaña al palacio.
El
conjunto brilla al sol con reflejos multicolores, como si estuviera hecho
con oro y piedras preciosas (que en realidad son vidrios y espejos de colores).
Todo el mundo llega para conocer al Buda de Esmeralda. Se sabe que esta
figura del siglo XV, que fue robada por los laosianos a los tailandeses,
no es de esmeralda sino de un jade de máxima pureza. O tal vez eso
dicen, para desalentar otro robo.
Por
las mañanas Bangkok se inunda de monjes budistas con túnicas
azafrán llevando en la mano una cacerolita, una bolsita o un tazón.
Dicen que quienes le dan de comer a un monje se ganan un pedacito de cielo.
INFO:
¿CUÁNDO
IR?
Durante
todo el año, pero tené en cuenta que de agosto a diciembre
es la época de lluvias.
¿CÓMO
LLEGAR?
En
avión hasta Bangkok. Un viaje recomendable es comenzar el periplo
en Singapur, cruzar todo Malasia en tren y seguir hasta Bangkok. Los trenes
son decentes y el precio irrisorio.
IMPERDIBLES
Visitá
la antigua capital de Siam, Ayutthaya, que está a 75 kilómetros
de viaje: pura placidez budista. También podés ir en tren
desde la estación Hualamphong (una hora y media de viaje).
En
el barrio aledaño a la calle San Kao encontrás todo tipo
de imitaciones de las marcas más prestigiosas del mundo occidental:
copias de Pierre Cardin y Guccis idén ticos
a los originales.
Acercate
al Hotel Sheraton, donde siempre hay demostraciones del violento boxeo
tailandés y de bailes típicos, a cargo de bailarinas vestidas
de dorado y capuchones metálicos como uñas para los dedos.
RECOMENDACIONES
Todos
los precios deben convenirse de antemano, papel y lápiz mediante,
porque los nombres tailandeses de los números son muy semejantes
entre sí, por ejemplo: el número tres suena casi igual a
treinta.
Cuando
te canses de caminar, te conviene tomar un samlor, triciclo a tracción
humana, o un tuc-tuc, una moto con banco adosado.
Llevá
aspirinas, antiácidos y desinfectante. Es muy complicado hacerte
entender en una farmacia.
|