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Yogyakarta, la ciudad cultural de la isla de Java 
Borobudur, el monumento budista más grande del mundo, y el no menos impactante templo hindú de Prambanan, atraen a un millón de turistas por año hasta Yogyakarta, en el archipiélago de Indonesia.


Un brumoso camino de piedras, flanqueado de palmeras y en medio de un gran valle, abre una franja gris en la alfombra de césped que se extiende hasta la base de unos volcanes. El sol desplaza a la luna súbitamente, y su primer destello ilumina un colosal monumento tras una colina. El encuentro con una mole de 123 metros de lado, que parece elevarse hasta el firmamento, despierta un escozor en el cuerpo. Es el templo montaña de Borobudur, una descomunal pirámide construida con dos millones de bloques de piedra negra por la dinastía Sailendra, en el siglo VIII. 

Cuesta creer que Borobudur esté allí, cuando cinco segundos antes no se ve otra cosa que un difuso verdor rodeado de volcanes. Ante nosotros se levanta un templo con 72 stupas (montículos con forma de campana) y 500 estatuas de Buda, esparcidas por la pirámide, que parecen observarnos con esa expresión de calma y renunciamiento que es la esencia misma del budismo. 

Elegimos al azar una escalinata, custodiada por dos leones de piedra con cabeza de mono, para ascender hacia la cima coronada con una stupa gigante. Al subir bordeamos las terrazas concéntricas en el sentido de las agujas del reloj, como indica la tradición. Las paredes son un libro de cuentos tallado sobre 1.500 bajorrelieves de piedra que relatan la vida de Siddharta, el príncipe de Nepal que se convirtió en Buda ("El Iluminado"). 
 

CAMINO AL NIRVANA

El relato comienza con las escenas orgiásticas de Siddharta y las mujeres de su harén, y prosigue con el ingenuo príncipe descubriendo la enfermedad, la vejez y la muerte, que le son reveladas una tarde, al salir de su palacio por primera vez, a la edad de 30 años. A medida que ascendemos, asistimos a una clase de historia desplegada sobre tapices petrificados que muestran a Buda convertido en un asceta y sentado con las piernas enroscadas en posición de loto, ofreciendo su primer sermón de Benarés, en el Parque de las Gacelas. Allí predicó que el sufrimiento en la vida se eliminaba mediante la supresión del deseo de las cosas mundanas. La historia cincelada en piedra continua con el "sermón del fuego", y culmina con la muerte de Buda. 

A lo largo de los siglos, los peregrinos han circulado alrededor de los casi cinco kilómetros de paneles realizando una ascensión simbólica hacia la meta de alcanzar el Nirvana, esa etapa superadora de la existencia donde el alma nos abandona definitivamente y ya no vuelve a reencarnarse en la impureza del cuerpo. Para las vertientes budistas del sudeste asiático, este proceso puede durar millones de sucesivas reencarnaciones, hasta que finalmente el sufrimiento de la vida, tanto el carnal como el espiritual, desaparecen con la llegada al Nirvana. 

Al alcanzar a las últimas tres terrazas circulares de Borobudur, carentes de ornamentación, ingresamos en la "Esfera de la Falta de Forma", es decir el Nirvana, esa hermosa palabra que, según Borges, parece imposible que no encierre algo precioso: "Es extinción, apagamiento... pero no significa forzosamente esto. Puede significar que seguimos de otro modo". 

Desde la cima de Borobudur, la visión del valle erizado de palmeras con los volcanes de fondo simboliza el ensanchamiento del horizonte espiritual de los peregrinos. La gigantesca stupa superior representa el décimo nivel de aprendizaje, última etapa de Buda hasta convertirse en "El Iluminado". Se dice que el tiempo no roza este lugar, y que quienes alcanzan la cumbre, se convierten en seres evolucionados espiritualmente. 
 

LA CIUDAD DE YOGYAKARTA

Yogyakarta, rodeada de verdes terrazas de cultivos de arroz en las laderas montañosas, sirve de base para realizar las excursiones a Borobudur y Prambanan. La ciudad está ubicada en la zona central de la Isla de Java, la principal del archipiélago de 14 mil islas que conforman Indonesia, en el sudeste de Asia. 

La recorrida comienza por el suntuoso y kilométrico Palacio del Sultán (Kratón), que tras una elevada muralla blanca parece esconder los misterios del libro de Las mil y una noches. El Kratón fue construido en el siglo XVIII por la dinastía musulmana Mataram, y es casi una ciudad de lujo y ensueño dentro de la gran ciudad. La caminata continúa hacia el sur, y el cantar de lo que parecen ser miles de pájaros invisibles comienza a intrigarnos: es el colorido y alegre mercado de pájaros (Pasar Ngasem), donde el canto de tantas aves exóticas parece una verdadera sinfonía. El ejemplar más preciado por los javaneses es la extraña "paloma cebra", que llega a cotizarse en varios miles de dólares. 
 

LA LLAMA HINDÚ

El budismo y el hinduismo fueron introducidos en Indonesia desde la India, durante el siglo V, y convivieron de manera relativamente pacífica durante años. Apenas 70 años después de que los Sailendras erigieran Borobudur, a 50 kilómetros de allí, los reyes de la dinastía hindú Sanjaya levantaron el no menos grandioso conjunto de templos de Prambanan, construido alrededor del año 900. 

El complejo, dedicado a la trinidad de dioses Shiva, Brahma y Vishnú, es una recreación simbólica del universo según la visión hindú. Los templos, de forma cónica, están resguardados dentro de un recinto amurallado de 222 metros por lado, y vistos desde lejos se asemejan a llamaradas de piedra que se elevan hacia el cielo, rozándose con el sol. 

El templo de Shiva mide 50 metros de alto y representa al sagrado Monte Meru de la India, que para la cosmogonía hindú es el centro del universo. Sobre el pórtico, se yergue amenazante la cabeza de la diosa Kala, quien debido a sus actos de antropofagia fue condenada por Shiva a devorarse a sí misma. Kala tuvo que obedecer, y sólo le quedó la cabeza, única parte del cuerpo que no pudo comerse. En el interior del templo, aromatizado por una suave fragancia a sándalo, resalta la estatua Ganesha, un hombre con cabeza de elefante considerado dios de la sabiduría. Los jóvenes estudiantes le tocan la trompa a Ganesha y luego se pasan la mano por la cabeza con la pretensión de ser más inteligentes en el futuro. 

Las paredes externas de los templos están magistralmente talladas al igual que Borobudor, pero esta vez las imágenes representan los episodios del mítico relato del Ramayana, que fuera escrito en el año 200 a. C. 

En los tiempos de esplendor de la dinastía Sanjaya, se consideraba que durante las ceremonias religiosas los dioses descendían a la Tierra y se alojaban en los templos. Hoy en día, las escenas de los bajorrelieves de Prambanan cobran vida cada noche cuando una compañía de baile tradicional javanés ejecuta una colorida versión de las escenas del Ramayana, usando como escenario las imponentes ruinas iluminadas que brillan en la oscuridad como la llama perenne de un lugar sagrado. 

INFO:

¿CÓMO LLEGAR?
Se llega vía Jakarta -capital de Indonesia-. La combinación Jakarta-Yogyakarta por avión cuesta cerca de 90 dólares y se puede hacer en el día. Un viaje a Yogyakarta es el complemento ideal para combinar con una visita a la vecina Isla de Bali. Un vuelo entre Java y Bali cuesta menos de 100 dólares. 

¿CUÁNDO IR?
En la temporada seca, entre mayo y octubre. 

RECOMENDACIONES
Con un inglés muy elemental es posible entenderse con cualquier persona que trabaje con el turismo. A pesar de lo que muchos suponen, se puede viajar perfectamente sin necesidad de contratar un tour. 

ALOJAMIENTO
En los alrededores de la avenida Malioboro hay infinidad de hoteles aceptables desde 2 dólares en adelante. 
Hotel Nuri Losmen: Calle Jl. Sosrowijayan Wetan GT I/77; 2 dólares por noche (habitaciones modestas, pero limpias). 
Si se busca un hotel de categoría y con piscina, Natour Garuda es una buena opción: Calle Malioboro 60 - Teléfono: 86353 - Fax: 63074 

TRANSPORTE
Borobudur está a 40 kilómetros de Yogyakarta, y Prambanan a 17 kilómetros. Lo ideal es contratar un taxi-combi en la calle Malioboro por 7 dólares al día. Dos días alcanzan para recorrer los lugares de interés.
 

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