| Jerusalem,
Tres veces santa
Es
una de las ciudades más fascinantes del mundo.
Su denominación
árabe, Al-Quds significa La Sagrada y Yerushalaim (su nombre hebreo)
se traduce como Ciudad de la paz. Esta tierra es venerada por las tres
religiones
monoteístas más importantes del mundo: la judía, la
musulmana y la cristiana.
Jerusalem
puede ser dividida en tres partes: la ciudad vieja, Jerusalem del este
y la ciudad nueva.
La ciudad
vieja es la atracción principal para la mayoría de los viajeros,
por su interés histórico y religioso.
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Ciudad
Vieja
Es tanto lo que se podría
escribir sobre la ciudad vieja, sus lugares, personajes y costumbres, sus
luces, sus olores, que se hace difícil elegir por dónde empezar.
Las sensaciones son lo más importante en cualquier viaje, son su
esencia, el viaje en sí mismo. Jerusalem es emocionante. Deambular
por sus estrechas callejuelas, como extraviado, es una de las sensaciones
más vívidas que quedan, un festín para los sentidos. |
La arquitectura milenaria, los gritos
de los mercaderes, el olor de las especias hacen que tus sentidos estén
a flor de piel. Jerusalem es historia viva. No es un museo.
La ciudad vieja está fortificada,
legado arquitectónico de los musulmanes. Para entrar tenés
que elegir alguna de las ocho puertas. La más pintoresca es la de
Damasco, desde donde podés subir a la muralla para tomar unas excelentes
panorámicas de la ciudad, continuar caminando por las alturas hasta
la próxima puerta o simplemente sentarte a ver el atardecer, escuchando
los rezos musulmanes que llegan (altoparlantes de por medio) desde las
mezquitas.
Una vez que estés adentro
te vas a dar cuenta de lo que la palabra laberinto significa en toda su
magnitud. No cometas la imprudencia de intentarlo sin un mapa.
La ciudad vieja está dividida
en cuatro barrios: el judío, el musulmán, el cristiano y
el armenio. Cada uno con sus atractivos.
Ni bien cruces la puerta de entrada
se te acercarán varios guías ofreciéndote sus servicios.
No sería de extrañar que más de uno intente convencerte
con un caluroso "Hola, amigo" como introducción, ya que la mayoría
de ellos domina varias lenguas, entre ellas el castellano. Con un "La,
shukran" ("No, gracias", en árabe) es suficiente para sacártelos
de encima y poder internarte de lleno en el maravilloso suburbio musulmán.
La primera indicación a tener en cuenta es que no es apto para claustrofóbicos.
Pequeñas galerías medievales, infestadas de gente que va
y viene, mezquitas, negocios de diversa índole (ropa, comida, souvenirs,
etc.) conforman un panorama fasc inante.
Una experiencia para deleitarse
es el principal entretenimiento de los comerciantes árabes, el regateo,
y hay una anécdota que lo ilustra. Un turista llegó al shuk
(feria) y le preguntó a un mercader: "¿Cuánto vale
esta hermosa lámpara?" El vendedor dio su precio y al turista le
pareció razonable. El final es que éste nunca pudo comprar
la lámpara, ya que el comerciante se sintió ofendido porque
no había intentado bajarle el precio. Por si no quedó claro,
es posible reducir los precios un 50% y más. Eso sí, la clave
es contar con la paciencia y el tiempo suficientes.
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La principal atracción
del barrio musulmán es sin duda el Domo de la Roca, con su cúpula
de oro macizo, lugar desde donde, según la tradición islámica,
el profeta Mohammed se lanzó al cielo para ubicarse al lado de Allah,
el Supremo. Construído a finales del S VII, se dice que fue concebido
procurando retener a los devotos árabes, quienes se veían
seducidos por el sagrado sepulcro, símbolo de la religión
cristiana. |
Es posible ingresar a la mezquita
teniendo el recaudo de sacarse los zapatos y estar vestido en forma discreta
(ni bermudas, ni minifaldas, ni musculosas).
Caminando hacia el sur, rápidamente
reconocerás un cambio significativo: las paredes de piedra ya no
están sucias ni gastadas: entraste en el barrio judío. Completamente
destruido por los jordanos durante la guerra de independencia de Israel
en el '48, los israelíes volvieron a tomar posesión recién
en el '67 y lo reedificaron respetando su estilo tradicional. Esto explica
los diferentes aspectos de las fachadas. Otra novedad evidente es que los
locales también habrán cambiado su apariencia. En vez de
usar los hombres bigotes y keffiah (el típico pañuelo palestino)
y vestidos hasta los tobillos las mujeres, el atuendo mutará en
negros trajes y barbas frondosas para ellos, y pañuelos o pelucas
para sus compañeras.
El lugar más sagrado para
los judíos es sin duda el Muro de los Lamentos. Llamativa y fascinante,
esta antiquísima pared de piedra, vestigio de la fortal eza
creada por Herodes en el año 20 a.C., protegía al Segundo
Templo. Noventa años más tarde, el templo era destruido,
pero la muralla oriental se mantuvo en pie hasta nuestros días.
Allí podrás ver, especialmente durante el shabat (desde el
viernes a las 4 pm hasta el anochecer del sábado) a cientos de creyentes
rezando, bailando y cantando.
En ciertas ocasiones es tan fuerte
el impacto que esta ciudad causa en los turistas, que algunos terminan
por creerse personajes bíblicos. Sansón, la Virgen María
y el rey Salomón son los preferidos. Más de doscientos casos
al año hacen que se haya catalogado a este trastorno como "síndrome
de Jerusalem".
En el barrio cristiano, el sitio
de peregrinaje más concurrido es indudablemente la Vía Dolorosa,
ruta por la que Jesús cargó su cruz hacia el calvario. La
iglesia del Santo Sepulcro se construyó en el lugar donde Cristo
fue crucificado, y es hoy en día un santuario, especialmente visitado
durante la Semana Santa.
Ciudad Nueva
La Jerusalem moderna tiene una particularidad
que se percibe desde el primer momento. Existe una ley por la cual todas
las fachadas deben mantener un estilo característico: el de respetar
el color de las piedras con las que estuvo construida la antigua ciudad
en otras épocas.
Uno de sus barrios, el de los religiosos
judíos o Mea Shearim (Cien Puertas), es un sector donde se concentran
gran cantidad de estudiosos de la Biblia. Sus habitantes, un poco peculiares,
llevan vestimentas adecuadas a su posición: largos sacos negros,
sombreros de piel y peies (especie de bucle que los varones se dejan crecer
a manera de patilla).
Aunque para un extranjero resulten
todos parecidos, dentro del grupo de los ortodoxos existen diferencias
ideológicas sustanciales. Hay que observar bien, y encontrarás,
por ejemplo, mujeres que para tapar su cabeza rapada usan pañuelos,
y visten una especie de guardapolvo de rayas grises y blancas: ellas pertenecen
a uno de los sub-grupos más extremistas y tradicionalistas. Otras,
en cambio, seguidas
por todos sus hijos, en lugar del pañuelo, cubren sus cabezas con
pelucas.
Durante el shabat, el barrio se
transforma. Las calles quedan desiertas, al menos de todo vehículo
motorizado. No es conveniente tomar fotografías ya que puede crearse
una situación algo violenta. En otras épocas, tenían
la costumbre de apedrear a cualquiera que pasara o que no respetara ciertas
reglas. Para la religión judía, el séptimo día
es de descanso.
En todo el país, durante
el fin de semana que dura un día y medio no es nada fácil
movilizarse. Es mejor estar llegando antes de la media tarde del viernes
al lugar en el que vas a pasar el resto del día y el siguiente,
hasta que los colectivos de la compañía Eged comiencen a
circular nuevamente. En algunos casos es posible tomar un colectivo árabe,
pero no siempre tenés la suerte de que circulen por la zona en donde
te encontrás.
A
pesar de este parate que se produce una vez a la semana, en Jerusalem los
viernes están abiertos los pubs, restaurantes, las discotecas y
es posible tomar taxis. Los sábados a la noche el movimiento en
las calles vuelve a ser el normal y los domingos (Iom rishón, en
hebreo: primer día), comienza de nuevo el trajín de la semana
y tanto bancos como escuelas, universidades y comercios en general vuelven
a la actividad.
Majané
Yehuda
Uno de los sitios más extraordinarios
y simbólicos de lo que alguna vez fueron los mercados de oriente
es el llamado Majané Yehuda, donde se exponen para la venta todo
tipo de verduras, frutas, carnes, quesos y demás productos alimenticios.
Majané en hebreo significa campamento, lo cual te lleva rápidamente,
a armar una imagen mental de lo que encontrarás en su interior.
Son callecitas enmarañadas y sucias en las que uno llega a perderse,
deslumbrado por el colorido, los ruidos y los olores.
Ni bien entrás por cualquiera
de sus accesos, comienzan los gritos provenientes de todos los flancos:
"¡¡¡Todo por 3 shekel!!!", "¡¡¡Todo
por 5 shekel!!!", y la competencia entre los puesteros por conseguir que
l os
potenciales clientes giren sus cabezas y se dirijan a sus "tiendas".
El momento de mayor esplendor, el
más bullicioso, el más desordenado y caliente del mercado
es el viernes antes del shabat. Previo a esta hora, y a medida que se acerca
el cierre de la semana, los precios comienzan a bajar aceleradamente y
la gente se agolpa tratando de conseguir alguna ganga. Esto no es gratuito
para nosotros, los visitantes, ya que te ligás unos cuantos empujones
y pisotones tratando de circular por este verdadero espectáculo
de otras épocas.
Falafel
y Shwarma
Una tarde, ya exhaustos de caminar
durante todo el día, nos relajamos y decidimos ir a comer. Queríamos
degustar alguno de los manjares típicos y populares que no podés
dejar de probar y que son parte del folklore. Nos dirigimos directamente
a calle King George V en donde, en alguna de sus esquinas, sabíamos
que se encontraba el Rey del Shwarma y Falafel, un negocito especializado
en servir estas comidas al paso.
Tanto el falafel (croquetas fritas
preparadas con pasta de garbanzos, ajo, sésamo y condimentos), como
el shwarma (carne de cordero rostizada) se sirven dentro de un pan tipo
árabe o pita. A estos sandwiches se les puede agregar, libremente
y tantas veces como uno lo desee, ensaladas de todo tipo. Los complementos
perfectos son las salsas tjina y harif (esta última bastante picante),
y el sabrosísimo hummus (pasta de garbanzos con limón y ajo).
Llama mucho la atención que esta combinación extraña
de sabores se consuma desde tempranas horas a manera de desayuno y se continúe
a lo largo del día. No suplanta una comida pero sí cubre
los vacíos que por momentos se hacen sentir en el estómago.
La fiesta fue completa, ya que por
pocos shekel llenamos y re-llenamos nuestros sandwich hasta extasiarnos
y, con el corazón contento, volvimos para tomar una ducha y continuar
disfrutando de la noche de Jerusalem.
Jerusalem
nocturna
Hasta hace pocos años, si
querías disfrutar de la noche yerushalmi, las opciones eran p ocas
y bastante tempraneras. Pero con el tiempo, las costumbres conservadoras
que caracterizaban a esta ciudad fueron cambiando.
En materia de restaurantes y bares,
la ciudad nueva ofrece gran cantidad de lugares para todos los gustos.
Si sos amante del baile, podés elegir entre discos como Underground
con su onda tecno o Baraton (disco de la Universidad Hebrea), en donde
hasta pueden sonar Charly García o Fito Páez debido a la
gran cantidad de residentes argentinos. Si lo que te interesa es la música,
buscando en las publicaciones de los viernes te podés enterar de
lugares en dónde escuchar de la buena y en vivo, desde jazz hasta
percusión árabe.
Lo único a tener en cuenta
cuando salís de noche es que a partir de las 12 pm no pasan más
colectivos de línea. Hay que tomar taxi y ser precavido de arreglar
el precio del viaje previamente.
Jerusalem es una de las ciudades
más antiguas que existen en la actualidad, un museo viviente. A
pesar de las luchas que se libran en torno a su posesión, es un
legado para toda la humanidad.
Ejército
Es moneda corriente estar en una
disco con la música a todo volumen y que al lado tuyo, como en un
encuentro cercano del tercer tipo, un soldado de civil se aparezca portando
una ametralladora y comience, como si nada, a bailar en el medio de la
pista. Esto se debe a que un muy alto porcentaje de los jóvenes
de ambos sexos, a partir de los 18 años, ingresan al ejército
obligatoriamente. El servicio militar dura dos años para mujeres
y tres para hombres. Muchos de ellos continúan con su vida social
pero no les está permitido separarse del arma. Por eso, más
de una vez, te asombrás al cruzártelos en ámbitos
como el colectivo o compartiendo una bebida en un bar.
Cuando terminan el ejército,
se produce un éxodo hacia el exterior. Estos chicos que ya pasaron
los 20, juntan unos dólares y se largan a conocer el mundo. Sus
lugares preferidos son Asia y Sudamérica.
Texto: Carola Maierowicz /Martín
Katz
Fotos:Darío Laufer
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