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Petra, la ciudad olvidada 
Hace más de dos mil años fue extraída de los acantilados de roca una imponente ciudad, Petra. Maravilla de arte antiguo, fue excavada en el desértico paisaje de Jordania como un adelanto de arte abstracto.

Petra es uno de los sitios arqueológicos más impactantes y enigmáticos del planeta. Ubicada en el corazón del desierto, forma actualmente parte del Reino Hashemita de Jordania. 

Se estima que en el siglo III antes de Cristo el pueblo nabateo levantó la ciudad desde la roca, mediante el "tallado" de enormes acantilados de piedra, y la erigió capital de su reino. 
¿Pero porqué los nabateos levantarían una ciudad en el medio del desierto? ¿Y cómo?, me preguntaba asombrado hasta que Ibrahim, un lugareño que conoce cada piedra de la maravillosa ciudad, me respondió: "Porque en Petra hay agua, en Petra llueve en primavera y en invierno. Son lluvias cortas pero torrenciales". 

Fue este pueblo el que logró aprovechar hasta la última gota del precioso líquido, cavando cisternas y canalizando el agua en la roca. "Petra contaba con abundante agua para satisfacer las necesidades de una población estable estimada en cuarenta mil personas, a las que se debían añadir los caravaneros y sus animales -camellos, cabras y ovejas- que llegaban a sumar otros varios miles...", continuaba contándome Ibrahim. 
Petra dominaba el comercio de las importantes rutas de especies, de seda, oro, incienso, mirra y esclavos del Cercano Oriente. 

En el año 106, fue anexada al vasto Imperio Romano y cuando las rutas del comercio se trasladaron más al norte -especialmente a Palmyra, actualmente Siria- la ciudad perdió importancia y languideció, hasta llegar prácticamente a desaparecer al cabo de cinco siglos. Petra permaneció olvidada durante mil años. Recién el siglo pasado fue redescubierta por el mundo exterior, y en 1929 comenzaron las tareas de excavación. Fue así que lentamente aparecieron increíbles ruinas debajo de la arena, entre las que se encontraron templos, palacios, tumbas e incluso un anfiteatro romano, todos construidos en la roca. 

A través del desierto jordano 
Mi recorrido había comenzado en el puerto egipcio de Nuweiba. Tras más de seis horas de navegación por las bíblicas aguas del Mar Rojo llegué a Aqaba, el único puerto de Jordania. 
El Golfo de Aqaba separa dos penínsulas: la arábiga, al este, y la de Sinaí, al poniente. Se caracteriza por ser una zona políticamente inestable y convulsionada debido a que en pocas decenas de kilómetros convergen los límites fronterizos de cuatro países de la región. De este a oeste son: Arabia Saudita, Jordania, Israel y Egipto. 

Oleadas de aire infernalmente caliente me golpeaban la cara. Las elevadas temperaturas y la humedad hacen del mes de junio -verano boreal- un verdadero sauna. Sin embargo, para los miles de peregrinos arropados con sus típicas túnicas blancas, esto no parecía representar mayores inconvenientes. Ellos desembarcaban para concretar el más preciado sueño de todo creyente en Alá: el Hajj o peregrinación a la ciudad más santa del mundo islámico, La Meca. Para la mayoría del universo árabe, la religión musulmana modela la vida de la gente y la importancia de la fe se respira en cada rincón. 
En Jordania la tolerancia y el respeto se suman a la amistad y la alegría de su hospitalario pueblo. 

Siguiendo la ruta de los camellos, la moderna carretera King's Highway comunica el puerto de Aqaba con Amman, la ciudad capital, situada a unos 200 kilómetros al norte. Desde allí un moderno y confortable bus me llevará a la imperdible Petra. 

El silencio del vasto desierto sólo era interrumpido por el ruido del motor. Una especie de magnetismo me atrapaba, envolviéndome en un ambiente de paz y libertad, asociado a los amplios horizontes sin fin, totalmente despoblados. 

Algunos lugareños me habían comentado que el desierto genera en la gente un pensamiento teológico natural y la lleva a una vida sencilla pero rigurosa. 
Después de varias horas de marcha, arribamos a Wadi Musa, una pequeña localidad situada a sólo tres kilómetros de nuestro destino. 
Gracias a que Petra está situada a considerable altura, su temperatura no es sofocante y durante la noche desciende a valores agradables, lo que me permitió reponerme de las agobiantes jornadas anteriores. 

La ciudad rosada 
Ingresé a Petra por un desfiladero angostísimo y rosado de dos kilómetros de largo. Parecía que a medida que avanzaba iba retrocediendo en las páginas de la historia. Era un verdadero túnel del tiempo. 

Mientras continuaba acercándome por la estrecha garganta, mi corazón se aceleraba más y más, como presintiendo la grandiosidad que me esperaba más adelante. 
Al cabo de unos minutos, me encontré con la fachada más bonita de Petra, el llamado Herario o Khazneh. Protegido de la intemperie, es una de las ruinas más famosas de la ciudad. Tanto que sus escenarios fueron elegidos para la filmación de la película Indiana Jones y la última cruzada. 

Cuando el emperador Constantino se convirtió al Cristianismo, el Khazneh fue transformado en iglesia. Al ingresar en su interior comprendí mejor las palabras de Ibrahim: "La naturaleza es la coautora de la magnificencia de Petra". Efectivamente, sus contornos semejan un adelanto de arte abstracto, un gigantesco Picasso. Las huellas de sus estrías en las paredes testimonian el trabajo de las piquetas que tallaban la roca a 45 grados. 
Todas las construcciones de la antigua ciudad fueron hechas desocupando de roca las paredes rosadas de sus montañas, vaciando los interiores con gran precisión. Es impresionante pensar cómo los nabateos prácticamente tallaron semejantes monumentos y edificios con tal belleza y exactitud. 

Aunque Petra no es el único testimonio de esta antigua forma arquitectónica. En Lalibela (Etiopía), Ajanta y Ellora (India), también fueron levantados monumentos utilizando técnicas similares. Sin embargo, por sus tonos rosados, y por tratarse de la construcción de toda una ciudad, cuando en sus interiores se refleja la luz solar, la pintura surrealista de Petra resulta casi insuperable. 

Dentro de la ciudad rosada, los beduinos ofrecen té o gaseosas a los visitantes. Sentado y enmudecido por la grandiosidad del lugar, me sentí absolutamente cautivado y hechizado, impulsado a quedarme allí para siempre. No obstante, después de un largo rato reaccioné dando la última mirada a la majestuosa ciudad de piedra y emprendí el retorno a Wadi Musa. Me llevaba una de las imágenes más espectaculares del mundo. Imágenes de un tesoro cultural mucho más rico de lo que mi mente había soñado. 

Info: 

¿Cómo llegar? 
El modo más directo es volar a Israel desde Buenos Aires. 
Y desde allí ingresar por tierra, a través de la carretera que une 
Jerusalém con Amman. No hay problemas porque entre Jordania e Israel se puede viajar. 

¿Cuándo ir? 
Al igual que Egipto, conviene evitar los meses de mayo a septiembre porque son demasiado calurosos. El resto del año tiene temperaturas moderadas. 

Recomendaciones
Jordania es un país muy atractivo y por ser pequeño resulta muy fácil visitarlo. Además de Petra, se recomienda especialmente Wadi Run, en el desierto al sur de Petra; si se busca buceo, Aqqaba es un excelente sitio. Las costas del Mar Muerto, el 
punto más bajo de la superficie terrestre es muy interesante y Jerash es una antigua ciudad romana con magníficas ruinas.

Texto y fotos: Pablo Sigismondi 
 

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