| Oaxaca,
el espejo colonial
Hernán
Cortés, siglos atrás nombrado Marqués del Valle de
Oaxaca, podría volver de su tumba y pasearse tranquilamente por
esta ciudad sin percibir otro cambio en ella que el crecimiento producido
por el paso de los años.
Hacia
el sur, en medio de la majestuosa geografía mexicana, se encuentra
el estado de Oaxaca, cuya capital homónima es un verdadero escondite
de secretos del presente y de vivos fantasmas del pasado, que se conjugan
para conformar un lugar ideal para quien quiera escapar de la rutina e
irse más allá de lo que la geografía permite, a otra
época, a otros tiempos...
Antes de llegar,
desde las ventanillas del bus, ya se podían apreciar los excesos
naturales que rodean a la ciudad y decoran todo el estado de Oaxaca.
Una vez allí
se descubre otro imponente escenario, alcanzando su máxima expresión
a través de sus iglesias, conventos y otras construcciones coloniales
que se conservan en perfecto estado, desafiantes de sus propios destinos.
Así, de esta manera, comenzábamos a descubrir los brillantes
secretos oaxaqueños de los que tanto nos habían hablado las
voces y los folletos.
ZAPATISTAS
EN EL ZÓCALO
Oaxaca es
conocida como la Ciudad Verde por el tono de la cantera con la que fueron
construidos sus edificios. Al llegar, nos asombramos de la arquitectura,
no tanto por ser una ciudad netamente colonial, sino porque comprobamos
que las postales y los volantes turísticos no exageraban ni mentían
con colores ficticios. Aquí realmente el suelo parece brillar mientras
la gente del lugar se mantiene fiel al paisaje urbano, haciendo todavía
más fuerte esa hermosa sensación de atemporalidad que flota
en el ambiente.
Después
de conocer la plaza central o Zócalo, la Catedral que apoya en ella
sus cimientos y la vecina Alameda de León, nos detuvimos un largo
rato a observar la cotidianeidad de la vida del lugar, hasta que ruidos
de bombos y platillos nos arrancaron de nuestro pequeño letargo.
Eran los zapatistas.
Por esos días
todo México estaba consternado y convulsionado por una gran matanza
de campesinos cometida por los paramilitares. La ciudad, por su importancia
como punto turístico, había sido elegida sede de un congreso
organizado por el brazo político del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), con el objetivo de recaudar fondos para
los damnificados, repudiar a los paramilitares y difundir los fundamentos
e ideales del movimiento indígena originado en Chiapas. Enseguida,
los militantes improvisaron unas carpas en el Zócalo e invitaron
amablemente a la gente a participar del congreso, en el cual se debatía
sobre los problemas sociales y se proyectaban documentales sobre el accionar
del EZLN y videos testimoniales de las víctimas de las acciones
militares y paramilitares.
El resto de
la tarde pasó rápido, ya que una vez finalizada la primera
parte del congreso, la plaza adquirió una nueva faceta y se convirtió
en un gigantesco gimnasio donde decenas de musculosos mexicanos competían
levantando pesas ante una multitud que los aplaudía. Ya era demasiado
para dos recién llegados como nosotros: nos fuimos a dormir.
UN
DOMINGO VERDADERAMENTE SANTO
Nos levantamos
muy temprano, quizá demasiado. Las calles estaban desiertas. Debía
ser domingo y por eso la gente dormía. Los primeros rayos del sol
nos despabilaron rápido y nos pusieron en movimiento.
Con el correr
de las agujas comenzaron a aparecer por las puertas y ventanas algunas
caras, lo que era una suerte para nosotros ya que necesitábamos
a alguien que nos ubicara un poco en la ciudad.
Así nos topamos con Josué, un cura de una parroquia cercana
que había llegado a la ciudad de Oaxaca para participar de una importante
misa en recuerdo a las víctimas de la matanza. Josué nos
recomendó ir sin falta y cuanto antes a conocer el antiguo Templo
y Convento de Santo Domingo que, según él, era una de las
mejores y más finas muestras de la arquitectura barroca mexicana.
Hacia allá fuimos.
El Templo está
a unas cinco cuadras del Zócalo. La calle por la que hay que caminar
es una verdadera reliquia, como muchas otras de Oaxaca, pero que tiene
la particularidad de ser peatonal y de conservar en sus veredas los míticos
faroles de antaño, que por las noches parecen iluminar con fuego
de candelabros y mecheros todos sus alrededores, como en los viejos tiempos
del Virreinato español.
En
este contexto, el Convento de Santo Domingo aparece de improvisto y su
armadura exterior, en un principio, no parece llamar mucho la atención.
Pensamos que el cura realmente había exagerado, pero al estudiar
más cuidadosamente la fachada del Templo reconocimos que decía
la verdad. Es más, cuando accedimos a su interior, finalmente nos
convencimos de que los halagos del sacerdote se habían quedado cortos.
El edificio
data del siglo XVI, cuando todavía las minas de Zacatecas estaban
en plena productividad y los diezmos y donaciones dejaban grandes cantidades
de plata en las arcas eclesiásticas del Nuevo Mundo. Así,
el techo del Templo aparece finamente esculpido y resaltado en dorado,
con frescos que reproducen las imágenes religiosas de siempre entre
adornos y lámparas de oro y plata. Las paredes también son
fieles a ese presuntuoso estilo. Muchos otros son los tesoros que se esparcen
dentro de Santo Domingo, entre los cuales se destacan los presentes en
la Capilla del Rosario, verdadero reducto del lujo y la riqueza que en
una época la ciudad supo ostentar.
ENTRE
TACOS, MOLES, AGUARDIENTES Y MEZCAL
Seguimos recorriendo
las adoquinadas calles de Oaxaca con los ojos cansados de tanta admiración
acumulada. Muchas veredas se esconden detrás de las arcadas que
forman los edificios, que en las horas pico de la tarde, cuando hace más
calor, se convierten en un refugio obligado para respirar un poco de aire
fresco.
Aprovechamos
el descanso para ir a comer algo. La cultura gastronómica de Oaxaca
es casi tan famosa como sus riquezas arquitectónicas y se ha posicionado
como una de las mejores cocinas de todo México.
La comida oaxaqueña
es rica y variada en sabores y texturas, producto del choque cultural entre
los habitantes prehispánicos y los españoles. En casi cualquier
restaurante se puede saborear una enorme cantidad de distintos moles y
tacos, que se distinguen por sus diferentes colores. Por ejemplo, el mole
negro es uno de los más pedidos y contiene hasta 30 ingredientes,
con picante incluido y guarniciones de pollo o guajolote. Otro mole que
vale la pena probar es el amarillo, compuesto por exóticas especias
que le dan un sabor especial y tiñen las verduras y carnes con que
se sirve. Entre los tacos, están todas las variantes imaginables.
Claro que hay
que tener un paladar más o menos acostumbrado a este tipo de comida,
ya que entre el picante y otros condimentos raros uno puede llegar a sufrir
verdaderos trastornos físicos y mentales y transformarse en una
especie de moderno
dragón que lanza fuego por la boca. Para ellos y para nosotros existe
el aguardiente de maguey, más conocido como mezcal, la bebida predilecta
de los oaxaqueños que acompaña siempre a cada mole o taco
y ayuda a lograr una mejor digestión y a apagar el fuego del dragón.
EXQUISITOS
ARTESANOS
Otra riqueza
importante de Oaxaca es la que guardan en sus manos los numerosos artesanos
que viven en la ciudad, principalmente favorecidos por el constante arribo
de viajeros que compran a montones las mercaderías que aquí
se fabrican.
La cerámica
oaxaqueña literalmente invade cada pueblo y ciudad del sur de México,
siendo una de las preferidas de los compradores por su alta calidad y delicadeza.
Son muy tradicionales las piezas de barro negro en formas de sirenas, campanas
y pájaros. También los objetos textiles, como tapices y sacos,
deslumbran por sus diseños llenos de imaginación y colores
vivos.
A pesar de
que los días pasan y los atractivos de Oaxaca quedan, en cierto
momento decidimos cambiar de lugar en busca de nuevos aires y experiencias,
algo muy fácil de hacer desde aquí ya que la ciudad se encuentra
muy cerca de otros sitios realmente hermosos.
PLAYAS
PARADISÍACAS Y RUINAS ZAPOTECAS
Cerca de la
ciudad se encuentra la fabulosa playa nudista de Zipolite, el encanto de
Puerto Escondido y la Bahía de Huatulco, un complejo turístico
reciente que sobresale por el excelente color de las aguas de cada una
de sus nueve bahías.
Algo más
cerca en la distancia pero mucho más lejos en el tiempo, se encuentra
un grupo de ruinas precoloniales realmente digno de visitar. Si bien toda
Oaxaca permite un viaje al pasado, la era más remota a la que se
puede retroceder la brinda el imponente centro ceremonial zapoteca de Monte
Albán, ubicado a tan sólo 10 kilómetros del centro
de la ciudad capital. Y apenas a media hora más de camino desde
Monte Albán, sobrevive otro antiguo centro zapoteca llamado Mitla,
que se distingue por la finura de sus decoraciones en forma greca.
La semana que
pensábamos destinar a conocer la ciudad de Oaxaca pasó rápido
y casi sin darnos cuenta. De repente nos encontramos nuevamente sentados
en un ómnibus, con la mirada perdida en las ventanillas y otra vez,
como al principio, camino hacia el sur.
INFO:
¿CÓMO
LLEGAR?
México
está muy bien comunicado internamente por una red de transporte
terrestre que te permite llegar hasta su último y más alejado
rincón, además de regalar vistas y paisajes hermosos. También
hay vuelos continuos entre D.F. y Oaxaca.
¿CUÁNDO
IR?
Todas las
épocas de año son buenas para visitar la mayoría de
los lugares turísticos mexicanos, incluyendo Oaxaca que posee un
clima templado durante la mayor parte del año. Hay que tener en
cuenta que durante el día hace mucho calor y por las noches la temperatura
baja en forma considerable.
RECOMENDACIONES
¡Ojo
con los picantes! Parece una obviedad decirlo cuando se habla de comida
mexicana, pero ante el gran peligro que representan nunca está de
más repetirlo. Aunque pidan comida con poco picante, siempre son
muy fuertes.
IMPERDIBLES
Los moles,
tacos y vasos de mezcal acompañados por las melodías de los
mariachis que cantan casi en cada esquina.
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