| Honduras:
Utila y Roatán, las islas de la fantasía
En Utila
y Roatán, dos de las famosas Islas de la Bahía hondureña,
uno se siente partícipe de un mundo ajeno, submarino, donde se encuentran
tesoros tan grandes como la Atlántida misma, custodiados por peces
de mil colores y espectaculares arrecifes coralinos.
"Hoy
tampoco salen barcos a las islas. Van a tener que esperar hasta mañana,
a ver si tienen suerte", dijo el prefecto del muelle. Ya no había
remedio: otro día perdido en La Ceiba por culpa de la huelga de
tripulantes de embarcaciones.
Otro día
en una ciudad sin mayores atractivos, entre una inmensidad de plátanos
y ananás que rodean y perfuman el lugar, cubriendo cualquier espacio
que alguna vez haya estado libre de ellos. Pensamos en cambiar los planes
y obviar las Islas de la Bahía para no retrasarnos más tiempo,
pero algo misterioso nos convenció de quedarnos, de esperar una
noche más para ver si, como decía el prefecto, podíamos
llegar a tener suerte en la mañana siguiente.
Haciendo caso
de los consejos de varios lugareños, aprovechamos el día
para conocer algunas playas y aldeas pesqueras cercanas a La Ceiba. Y así,
La Ceiba nos dio una sorpresa y logramos corroborar el famoso refrán
que dice: "No hay mal que por bien no venga".
LA CEIBA,
MUCHO MÁS QUE UN PUERTO
Generalmente,
los viajeros llegan a La Ceiba para abandonarla rápidamente en busca
de las playas y las cristalinas aguas de las Islas de la Bahía o
de los Cayos Cochinos. Y digo generalmente porque hay dos motivos por los
cuales uno puede llegar a quedarse en esta ciudad portuaria por algunos
días.
Uno de ellos es el nuestro: una huelga de embarcaciones. El otro es mucho
más placentero, se trata del Carnaval anual que se celebra durante
casi todo el mes de mayo, cuando la ciudad se viste de fiesta y los bailes
y las máscaras invaden las calles con un despliegue de colores y
sonidos fenomenales.
Pero nosotros,
lamentablemente, estábamos lejos de haber llegado a La Ceiba en
mayo, por lo cual debimos buscar nuestro propio carnaval en los alrededores
de la ciudad. Fue así como llegamos hasta Corozal y Sambo Creek,
dos aldeas pesqueras que se encuentran a poco más de diez kilómetros
del centro de La Ceiba.
En ambas aldeas
se pueden degustar magníficos pescados y mariscos a precios que
realmente dan risa y al ritmo de los grupos musicales que tocan sus melodías
desde las calles. Los pescadores van y vienen ofreciendo sus más
recientes presas y exagerando un poco a quienes les pregunten sobre sus
hazañas logradas en alta mar.
El Parque Nacional
Pico Bonito fue otro de nuestros destinos fortuitos, donde pudimos perdernos
entre ríos, montañas, cuevas y cascadas, todo encuadrado
dentro de una selva húmeda y virgen que da la impresión de
nunca haber sido avistada por el hombre. Cerdos salvajes, ardillas, palomas
y tucanes son compañeros durante la estancia en el parque, el cual
debe su nom bre
a un pico de casi 2.500 metros de altura que constituye un verdadero desafío
para escaladores inexpertos que se propongan llegar a su cima, tal como
nosotros mismos pudimos comprobar.
Nos fuimos
a dormir temprano, esperando tener suerte al día siguiente y poder
viajar de una vez por todas a las islas de Utila y Roatán. Aunque,
pensándolo bien, la suerte ya había estado con nosotros y
nos había permitido conocer una ciudad que de otra manera seguro
hubiésemos pasado por alto. Igualmente, el deseo de que finalizara
la huelga era impostergable.
LIBERADOS
AL FIN
Con el paro
concluido y la suerte de nuestro lado nos embarcamos rumbo a la isla de
Utila, a menos de 50 kilómetros de la costa continental. El viaje
dura como dos horas, pero el vistoso recorrido hace que parezca mucho menos,
casi imperceptible.
Utila, Roatán
y Guanaja forman el complejo insular conocido como Islas de la Bahía.
En las tres islas se extienden grandes arrecifes de corales, lo que convierte
al lugar en un sitio perfecto para la práctica del buceo. La población
de las islas sobrevive principalmente gracias al turismo, que llega a ellas
en grandes cantidades durante todo el año. Pero también es
importante la actividad pesquera, sobre todo por las numerosas langostas
y camarones que pueblan sus
aguas.
Las tres islas
muestran orgullosas los asentamientos mayas que indican que ya estuvieron
habitadas muchos siglos atrás por los ciudadanos de este fastuoso
imperio indígena. La historia le reserva un lugar privilegiado a
las Islas de la Bahía, visitadas por Cristóbal Colón
durante su cuarto viaje a las Américas cuando el 30 de julio de
1502 desembarcó en Guanaja. Los indígenas encontrados en
las islas fueron esclavizados y enviados a distintos puntos, motivo por
el cual las islas quedaron despobladas hasta que se convirtieron en refugio
y guarida de piratas y corsarios. El mismísimo Henry Morgan, a principios
del siglo XVII, estableció durante algunos años su escondite
en Roatán.
Las tres Islas
de la Bahía, al igual que la Costa Mosquito hondureña y otras
zonas costeras de América Central, permanecieron bajo ocupación
británica durante bastante tiempo hasta que en 1829 el Reino Unido
cedió los territorios a los respectivos países centroamericanos
que los reclamaban como propios. La influencia inglesa se nota profundamente
tanto en las islas como en la costa continental. Un ejemplo claro es que
hasta hace pocas décadas los habitantes de estas regiones sólo
hablaban el idioma inglés.
DESEMBARCO
EN EL PARAÍSO
Entre vistas
marinas alucinantes y lecturas de fol letos
históricos, Utila apareció en el horizonte en forma imprevista,
con sus 13 kilómetros de longitud y su espectacular bahía
delante de nosotros. Gobernando la bahía se encuentra la principal
y única "ciudad" de Utila, donde vive la gran mayoría de
las 1.600 personas que habitan la isla.
Una vez instalados
en un hostal construido típicamente al estilo inglés, en
madera y elevado un poco del suelo, nos pusimos a recorrer la isla en busca
de lo que por estos pagos parece sobrar: paz. La ciudad de Utila es muy
pequeña, por lo que uno enseguida se encuentra en medio de la nada,
con una tranquilidad enorme. Seguimos indicaciones del dueño del
hostal donde nos hospedamos y caminamos casi tres kilómetros hasta
llegar a una de las pocas playas convencionales que existen en la isla,
ya que la arena no abunda en las costas, las cuales presentan un áspero
terreno rocoso. La playa en cuestión se llama Pumpkin Hill y está
condimentada con grutas submarinas que durante gran parte del día
emergen de las aguas hasta que la marea vuelve a subir y las sumerge nuevamente
quedando invisibles ante los ojos curiosos.
De regreso
en el poblado nos ocupamos de cumplir nuestros objetivos primordiales:
bucear, bucear y bucear. Es en Utila donde se encuentran los mejores precios
para contratar excursiones y realizar curs os
de buceo, tanto para avanzados como para principiantes. Las casas que dictan
los cursos son muchas y cambian de dueño continuamente, por lo que
hay que hacer una nueva averiguación de datos y lugares cada vez
que se visita la isla. Los equipos necesarios se alquilan en las mismas
agencias.
A la mañana
siguiente, con un curso básico contratado, nos dispusimos a tomar
nuestra primera clase teórica de buceo con tanques, acompañados
de un puñado de personas de distintos países, con quienes
al final íbamos a entablar una típica amistad de grupo de
viaje. Por la tarde, ya estábamos sumergidos en las fantásticas
aguas de la bahía de Utila, observando peces de colores, algas marinas
y paredes coralinas realmente cautivantes. Un mundo aparte, se suele decir...
y verdaderamente es así.
BUCEANDO
CON NEPTUNO
Después
de cuatro días de paz, tranquilidad e inmersiones marinas, abandonamos
Utila con dirección a Roatán, la más grande, poblada
y popular de las Islas de la Bahía. La principal ciudad de la isla
es Coxen Hole, que concentra a más de la mitad de sus 10 mil habitantes.
Además
de sus dimensiones y su población, Roatán contrasta con Utila
en otros aspectos, uno de los cuales es el notable encarecimiento de los
costos, tanto para dormir como para realizar cursos de buc eo.
Por eso muchos de los que llegan hasta aquí deciden regresar a Utila
para continuar los cursos o se dedican simplemente a bucear con snorkel,
actividad para la cual la isla cuenta con varios lugares atractivos que
a veces llegan a tener la presencia de delfines.
Otra diferencia
con respecto a Utila es que en Roatán hay varias playas paradisíacas
que parecen extraídas de un folleto turístico. West End y
West Bay, en el extremo suroeste de la isla, son un monumento a la naturaleza
y tienen todos los ingredientes del Edén: palmeras, arenas blancas,
cocos en el piso, un mar templado y turquesa -que no por eso deja de ser
cristalino- y peces tropicales y multicolores que aparecen con sólo
colocarse unas antiparras y dejarse tapar por las aguas. Sandy Bay también
es un pueblo que merece una visita ya que es uno de los mejores lugares
de la isla para practicar buceo o snorkel.
Por
la noche hay varios barcitos que se llenan de turistas de todas latitudes
y, entre ron y ron, uno cosecha algunas amistades con quienes formar grupos
que abaraten los costos de los cursos. Así, con tres americanos
y dos italianas nos encontramos al día siguiente muy temprano, en
el muelle, para emprender lo que sería nuestro último curso
de buceo. La lancha se internó mar adentro y luego llegó
el turno de las zambullidas. Y otra vez, como en Utila, la experiencia
suprema de respirar bajo el agua se arrodilló ante nosotros. Nos
dejamos llevar más allá de todo lo conocido hasta toparnos
cara a cara, créase o no, con quien mejor conoce y sabe sobre pagos:
Neptuno, el señor de los mares.
INFO:
¿CÓMO
LLEGAR?
Hay muchos
buses que comunican Tegucigalpa y San Pedro Sula con La Ceiba, desde donde
salen frecuentes embarcaciones hacia Utila y Roatán. Siempre que
no haya huelga, claro.
¿CUÁNDO
IR?
En las islas
llueve sobre todo entre octubre y febrero mientras que el resto del año
se puede considerar bastante seco. Marzo y agosto son los meses donde el
calor es más sofocante.
RECOMENDACIONES
Mucho, mucho
repelente, ya que los jejenes y mosquitos suelen ser una epidemia, además
de ser posibles transmisores de enfermedades endémicas como la fiebre
amarilla y la malaria.
IMPERDIBLES
En las islas,
bucear con tanques y snorkel y disfrutar de la tranquilidad que el paisaje
regala. En La Ceiba, tratar de llegar en las fechas de carnavales o durante
las ferias anuales que en enero y en junio visten a la ciudad de fiesta.
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