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Luciana Salazar


Honduras: Utila y Roatán, las islas de la fantasía

En Utila y Roatán, dos de las famosas Islas de la Bahía hondureña, uno se siente partícipe de un mundo ajeno, submarino, donde se encuentran tesoros tan grandes como la Atlántida misma, custodiados por peces de mil colores y espectaculares arrecifes coralinos.

"Hoy tampoco salen barcos a las islas. Van a tener que esperar hasta mañana, a ver si tienen suerte", dijo el prefecto del muelle. Ya no había remedio: otro día perdido en La Ceiba por culpa de la huelga de tripulantes de embarcaciones. 

Otro día en una ciudad sin mayores atractivos, entre una inmensidad de plátanos y ananás que rodean y perfuman el lugar, cubriendo cualquier espacio que alguna vez haya estado libre de ellos. Pensamos en cambiar los planes y obviar las Islas de la Bahía para no retrasarnos más tiempo, pero algo misterioso nos convenció de quedarnos, de esperar una noche más para ver si, como decía el prefecto, podíamos llegar a tener suerte en la mañana siguiente. 

Haciendo caso de los consejos de varios lugareños, aprovechamos el día para conocer algunas playas y aldeas pesqueras cercanas a La Ceiba. Y así, La Ceiba nos dio una sorpresa y logramos corroborar el famoso refrán que dice: "No hay mal que por bien no venga". 
 

LA CEIBA, MUCHO MÁS QUE UN PUERTO

Generalmente, los viajeros llegan a La Ceiba para abandonarla rápidamente en busca de las playas y las cristalinas aguas de las Islas de la Bahía o de los Cayos Cochinos. Y digo generalmente porque hay dos motivos por los cuales uno puede llegar a quedarse en esta ciudad portuaria por algunos días. Uno de ellos es el nuestro: una huelga de embarcaciones. El otro es mucho más placentero, se trata del Carnaval anual que se celebra durante casi todo el mes de mayo, cuando la ciudad se viste de fiesta y los bailes y las máscaras invaden las calles con un despliegue de colores y sonidos fenomenales. 

Pero nosotros, lamentablemente, estábamos lejos de haber llegado a La Ceiba en mayo, por lo cual debimos buscar nuestro propio carnaval en los alrededores de la ciudad. Fue así como llegamos hasta Corozal y Sambo Creek, dos aldeas pesqueras que se encuentran a poco más de diez kilómetros del centro de La Ceiba. 

En ambas aldeas se pueden degustar magníficos pescados y mariscos a precios que realmente dan risa y al ritmo de los grupos musicales que tocan sus melodías desde las calles. Los pescadores van y vienen ofreciendo sus más recientes presas y exagerando un poco a quienes les pregunten sobre sus hazañas logradas en alta mar. 

El Parque Nacional Pico Bonito fue otro de nuestros destinos fortuitos, donde pudimos perdernos entre ríos, montañas, cuevas y cascadas, todo encuadrado dentro de una selva húmeda y virgen que da la impresión de nunca haber sido avistada por el hombre. Cerdos salvajes, ardillas, palomas y tucanes son compañeros durante la estancia en el parque, el cual debe su nombre a un pico de casi 2.500 metros de altura que constituye un verdadero desafío para escaladores inexpertos que se propongan llegar a su cima, tal como nosotros mismos pudimos comprobar. 

Nos fuimos a dormir temprano, esperando tener suerte al día siguiente y poder viajar de una vez por todas a las islas de Utila y Roatán. Aunque, pensándolo bien, la suerte ya había estado con nosotros y nos había permitido conocer una ciudad que de otra manera seguro hubiésemos pasado por alto. Igualmente, el deseo de que finalizara la huelga era impostergable. 
 

LIBERADOS AL FIN

Con el paro concluido y la suerte de nuestro lado nos embarcamos rumbo a la isla de Utila, a menos de 50 kilómetros de la costa continental. El viaje dura como dos horas, pero el vistoso recorrido hace que parezca mucho menos, casi imperceptible. 

Utila, Roatán y Guanaja forman el complejo insular conocido como Islas de la Bahía. En las tres islas se extienden grandes arrecifes de corales, lo que convierte al lugar en un sitio perfecto para la práctica del buceo. La población de las islas sobrevive principalmente gracias al turismo, que llega a ellas en grandes cantidades durante todo el año. Pero también es importante la actividad pesquera, sobre todo por las numerosas langostas y camarones que pueblan sus aguas. 

Las tres islas muestran orgullosas los asentamientos mayas que indican que ya estuvieron habitadas muchos siglos atrás por los ciudadanos de este fastuoso imperio indígena. La historia le reserva un lugar privilegiado a las Islas de la Bahía, visitadas por Cristóbal Colón durante su cuarto viaje a las Américas cuando el 30 de julio de 1502 desembarcó en Guanaja. Los indígenas encontrados en las islas fueron esclavizados y enviados a distintos puntos, motivo por el cual las islas quedaron despobladas hasta que se convirtieron en refugio y guarida de piratas y corsarios. El mismísimo Henry Morgan, a principios del siglo XVII, estableció durante algunos años su escondite en Roatán. 

Las tres Islas de la Bahía, al igual que la Costa Mosquito hondureña y otras zonas costeras de América Central, permanecieron bajo ocupación británica durante bastante tiempo hasta que en 1829 el Reino Unido cedió los territorios a los respectivos países centroamericanos que los reclamaban como propios. La influencia inglesa se nota profundamente tanto en las islas como en la costa continental. Un ejemplo claro es que hasta hace pocas décadas los habitantes de estas regiones sólo hablaban el idioma inglés. 

DESEMBARCO EN EL PARAÍSO

Entre vistas marinas alucinantes y lecturas de folletos históricos, Utila apareció en el horizonte en forma imprevista, con sus 13 kilómetros de longitud y su espectacular bahía delante de nosotros. Gobernando la bahía se encuentra la principal y única "ciudad" de Utila, donde vive la gran mayoría de las 1.600 personas que habitan la isla. 

Una vez instalados en un hostal construido típicamente al estilo inglés, en madera y elevado un poco del suelo, nos pusimos a recorrer la isla en busca de lo que por estos pagos parece sobrar: paz. La ciudad de Utila es muy pequeña, por lo que uno enseguida se encuentra en medio de la nada, con una tranquilidad enorme. Seguimos indicaciones del dueño del hostal donde nos hospedamos y caminamos casi tres kilómetros hasta llegar a una de las pocas playas convencionales que existen en la isla, ya que la arena no abunda en las costas, las cuales presentan un áspero terreno rocoso. La playa en cuestión se llama Pumpkin Hill y está condimentada con grutas submarinas que durante gran parte del día emergen de las aguas hasta que la marea vuelve a subir y las sumerge nuevamente quedando invisibles ante los ojos curiosos. 

De regreso en el poblado nos ocupamos de cumplir nuestros objetivos primordiales: bucear, bucear y bucear. Es en Utila donde se encuentran los mejores precios para contratar excursiones y realizar cursos de buceo, tanto para avanzados como para principiantes. Las casas que dictan los cursos son muchas y cambian de dueño continuamente, por lo que hay que hacer una nueva averiguación de datos y lugares cada vez que se visita la isla. Los equipos necesarios se alquilan en las mismas agencias. 

A la mañana siguiente, con un curso básico contratado, nos dispusimos a tomar nuestra primera clase teórica de buceo con tanques, acompañados de un puñado de personas de distintos países, con quienes al final íbamos a entablar una típica amistad de grupo de viaje. Por la tarde, ya estábamos sumergidos en las fantásticas aguas de la bahía de Utila, observando peces de colores, algas marinas y paredes coralinas realmente cautivantes. Un mundo aparte, se suele decir... y verdaderamente es así. 
 

BUCEANDO CON NEPTUNO
Después de cuatro días de paz, tranquilidad e inmersiones marinas, abandonamos Utila con dirección a Roatán, la más grande, poblada y popular de las Islas de la Bahía. La principal ciudad de la isla es Coxen Hole, que concentra a más de la mitad de sus 10 mil habitantes. 

Además de sus dimensiones y su población, Roatán contrasta con Utila en otros aspectos, uno de los cuales es el notable encarecimiento de los costos, tanto para dormir como para realizar cursos de buceo. Por eso muchos de los que llegan hasta aquí deciden regresar a Utila para continuar los cursos o se dedican simplemente a bucear con snorkel, actividad para la cual la isla cuenta con varios lugares atractivos que a veces llegan a tener la presencia de delfines. 

Otra diferencia con respecto a Utila es que en Roatán hay varias playas paradisíacas que parecen extraídas de un folleto turístico. West End y West Bay, en el extremo suroeste de la isla, son un monumento a la naturaleza y tienen todos los ingredientes del Edén: palmeras, arenas blancas, cocos en el piso, un mar templado y turquesa -que no por eso deja de ser cristalino- y peces tropicales y multicolores que aparecen con sólo colocarse unas antiparras y dejarse tapar por las aguas. Sandy Bay también es un pueblo que merece una visita ya que es uno de los mejores lugares de la isla para practicar buceo o snorkel. 

Por la noche hay varios barcitos que se llenan de turistas de todas latitudes y, entre ron y ron, uno cosecha algunas amistades con quienes formar grupos que abaraten los costos de los cursos. Así, con tres americanos y dos italianas nos encontramos al día siguiente muy temprano, en el muelle, para emprender lo que sería nuestro último curso de buceo. La lancha se internó mar adentro y luego llegó el turno de las zambullidas. Y otra vez, como en Utila, la experiencia suprema de respirar bajo el agua se arrodilló ante nosotros. Nos dejamos llevar más allá de todo lo conocido hasta toparnos cara a cara, créase o no, con quien mejor conoce y sabe sobre pagos: Neptuno, el señor de los mares. 
 

INFO:

¿CÓMO LLEGAR?
Hay muchos buses que comunican Tegucigalpa y San Pedro Sula con La Ceiba, desde donde salen frecuentes embarcaciones hacia Utila y Roatán. Siempre que no haya huelga, claro. 

¿CUÁNDO IR?
En las islas llueve sobre todo entre octubre y febrero mientras que el resto del año se puede considerar bastante seco. Marzo y agosto son los meses donde el calor es más sofocante. 

RECOMENDACIONES
Mucho, mucho repelente, ya que los jejenes y mosquitos suelen ser una epidemia, además de ser posibles transmisores de enfermedades endémicas como la fiebre amarilla y la malaria. 

IMPERDIBLES
En las islas, bucear con tanques y snorkel y disfrutar de la tranquilidad que el paisaje regala. En La Ceiba, tratar de llegar en las fechas de carnavales o durante las ferias anuales que en enero y en junio visten a la ciudad de fiesta.

 

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