| Ruinas
de Copán: tras los pasos de los Mayas
Los cimientos
de Copán parecen desafiar al tiempo y sus construcciones se burlan
de aquellos que todavía osan llamarlas "ruinas".
Se
susurran cosas al oído, se buscan, se miran, se hacen compañía
desde que el tiempo existe. Hablan sin palabras, pero se entienden a la
perfección. Cómplices desde siempre, Granada y el gigantesco
lago de Nicaragua forman las partes de un todo extraordinario. Una, la
ciudad, con sus edificios coloniales, iglesias, historias y personajes
encantadores; la otra, el lago, con sus dotes naturales, sus isletas volcánicas,
sus barcazas y sus pescadores. Y ambas, conjugadas con las demás
riquezas y atracciones de la zona, se presentan ante las retinas viajeras
como embajadoras sustanciales y claros exponentes de un espíritu
centroamericano lleno de un pasado esplendoroso, agobiado por las vicisitudes
sociales del presente y hambriento por un futuro mejor.
LA CIUDAD
A TRAVÉS DE SUS VENAS COLONIALES
Granada fue el primer asentamiento
fundado en Nicaragua por los españoles, en el año 1523. Rápidamente
se convirtió en el principal centro comercial de la región
gracias a las rutas del lago y del río San Juan que permitían
a las embarcaciones acceder fácilmente al Mar del Caribe.
Fue esa importancia estratégica
la que transformó a Granada en uno de los blancos predilectos de
los piratas y corsarios ingleses y franceses que asediaban el Caribe en
los tiempos coloniales. Al caminar por las callejuelas de la ciudad, nos
topamos muy a menudo con placas que indican los lugares que sirvieron de
escenarios a algunas de esas batallas que se libraron en defensa de la
ciudad. También se destacan los recordatorios que conmemoran las
guerras civiles que tuvieron lugar en 1857 cuando el filibustero y autoproclamado
presidente nicaragüense William Walker saqueó e incendió
Granada, para luego ser derrotado y desterrado del país.
Pero los vestigios de aquellas luchas
sólo perduran en las placas conmemorativas, en los libros de historia
y en la memoria colectiva. Las restauraciones hechas en los edificios y
el buen mantenimiento que realiza el municipio han dado sus frutos y conservan
a Granada como en sus mejores tiempos.
Así, es posible experimentar
una sensación parecida a la de bucear dentro de un frasco de formol,
en cuyo interior la ciudad se mantiene intacta. Nuestros ojos se deslumbraban
con esas postales de antaño y nuestros cuerpos se perdían
entre los coloridos matices del paisaje urbano.
La música emitida por el
paso de los carruajes tirados por caballos nos acompañaba. Y de
no ser por algunos "intrusos" en forma de modernos automóviles y
motocicletas, podríamos haber jurado que alguna fórmula mágica
nos había hecho retroceder en el tiempo.
Cuando
el sol comienza a esconderse y el calor tiende a desaparecer, las veredas
empiezan a verse invadidas por los granadinos, quienes aprovechan la brisa
que el lago regala cada atardecer para sentarse a charlar en la calle y
tomar alguna cerveza. Lo más curioso de este rito crepuscular es
que absolutamente todos tienen las mismas sillas mecedoras y las mismas
mesitas ratonas, construidas en madera y paja.
La simpatía abunda en la gente
y fueron muchas las veces que nos invitaron a tomar alguna copa y a mantener
conversaciones típicas de un viaje. Las amistades del camino se
siembran y cosechan con gran facilidad en Granada, lo que brinda un manto
experimental muy grande a quienes la visitan. Nuestras charlas acerca de
la revolución sandinista, del somocismo y de William Walker se adueñaban
de los anocheceres enriqueciendo nuestros conocimientos de los hechos mediante
el contacto directo con sus protagonistas.
Como toda ciudad importante, Granada
posee un gran mercado popular en el que se encuentra todo lo necesario
para los quehaceres diarios, y no tanto. La imponente Catedral y el pintoresco
Palacio Municipal rodean la plaza central junto con otros destacados edificios
en los que se realizan actos culturales y diferentes recitales. Otras hermosas
iglesias, quizá algo más deterioradas que la Catedral, se
desperdigan entre tanta riqueza arquitectónica. Muchas de ellas
tuvieron que ser reconstruidas totalmente luego de la guerra civil, como
la de San Francisco, donde el famoso benefactor indígena Bartolomé
de las Casas predicó durante el siglo XV. Hay numerosos bares que
se llenan de viajeros por las noches y tabernas algo más localistas,
donde se puede apreciar mucho mejor la forma de vida cotidiana del nicaragüense.
Cerca de la plaza central se levanta
una antigua fortificación militar que sobrevive desde l a
época colonial y que en la actualidad funciona como museo. En dirección
contraria y siguiendo el camino marcado por la principal avenida, conocida
popularmente como La Calzada, se llega hasta las orillas del lago, donde
la ciudad remoja sus pies y es bendecida por aguas que muchos siglos atrás
eran consideradas sagradas por los nativos de estas tierras. Pero ésa
es una historia que bien merece otro subtítulo.
ENTRE
ISLETAS VOLCÁNICAS Y AGUAS MITOLÓGICAS
El lago de Nicaragua es el mayor
de América Central en cuanto a su extensión y uno de los
pocos lugares del mundo donde se pueden encontrar tiburones de agua dulce.
La primera impresión que
tuvimos al llegar a sus costas fue bastante vulgar. Si bien el color de
su ondulante superficie es digno de atrapar las miradas durante un largo
rato, las playas estaban algo sucias y el muelle permanecía cerrado
al público. Un parque llamado Centro Turístico congrega a
la mayoría de lugareños que aprovechan sus horas libres para
extraviar sus pensamientos en el horizonte. En el Centro Turístico
están las mejores playas y los muelles desde donde zarpan los botes
y barcazas que navegan por entre las isletas de origen volcánico.
Existen más de trescientas
isletas, la mayoría de las cuales se encuentra frente a Granada,
a sólo 15 minutos de la costa. Sin duda, la isleta más importante
es la de San Pablo, donde un impecable fuerte español todavía
se mantiene alerta mirando al lago como un digno centinela y esperando
pacientemente que algún osado pirata resucite e intente atacarlo
nuevamente.
Hay isletas de todos los tamaños
imaginables. Las más grandes suelen albergar modernas y costosas
mansiones de la alta sociedad nicaragüense. En otras, más pequeñas
y humildes, conviven pescadores y artesanos, quienes en muchos casos se
dedican a la construcción de canoas que venden o intercambian con
la gente de la ciudad por productos y alimentos, constituyendo una verdadera
relación de trueque.
Cuando volvimos a Granada era casi
de noche. Pero eso no impidió que finalmente pudiéramos acceder
al muelle principal que por la mañana habíamos encontrado
cerrado. El muelle penetra unos doscientos metros en las entrañas
del lago, obsequia atardeceres realmente increíbles y brinda la
posibilidad de practicar riesgosas zambullidas y fructíferas sesiones
de pesca. Aquí amarran grandes embarcaciones que comercializan distintas
mercancías con los pueblos ubicados en la costa opuesta del lago.
DE LA LAGUNA
DE APOYO Y OTROS ALREDEDORES
Con el paso de los días uno
siente que las atracciones de Granada y sus alrededores no se terminan
nunca. Y si no se cuenta con el tiempo suficiente, se tendrá que
elegir entre las que resulten más interesantes. Por ejemplo, muy
cerca de Granada se encuentran las importantes ciudades de Masaya y Managua,
pero sería aconsejable que ambas sean las primeras visitas a desestimar
por falta de tiempo ya que no ofrecen demasiados atractivos.
Por el contrario, un lugar que no
se debería pasar por alto es la Laguna de Apoyo, enmarcada en un
encanto natural imperdible. El lugar no es muy conocido, pero es realmente
fascinante y con la ayuda e indicaciones de cualquier lugareño se
puede llegar hasta él muy fácilmente. Las orillas de la laguna
son acantiladas y ofrecen interminables puntos y alturas para la práctica
de deformados saltos ornamentales. La vegetación es espesa y la
fauna se nutre de numerosas especies de aves y peces. El lugar se encuentra
casi siempre desierto, lo que permite disfrutar de las aguas cristalinas
de la laguna y de un silencio y una tranquilidad inusitados.
En
el lago de Nicaragua también emergen, además de las isletas
volcánicas, otras islas más grandes como la Zapatera y la
de Ometepe. Ambas se encuentran a unas tres horas en lancha de Granada,
aunque los barcos no zarpan cuando hay peligro de lluvias y tormentas.
En la Zapatera se destaca un yacimiento arqueológico bastante grande,
con gigantescas estatuas de piedras y algunas tumbas. Las culturas precolombinas
del lugar creían que las aguas del lago eran sagradas y edificaron
algunos templos y edificios para realizar ofrendas en honor a sus dioses.
Hay pequeños pueblos cercanos
a Granada que también merecen una visita, como Jinotepe, Rivas o
San Juan de Oriente. Pero como nos pasó a nosotros, quienes lleguen
hasta Granada tendrán que elegir los lugares a visitar según
sus propias conveniencias, expectativas y pos ibilidades.
Lo seguro es que, visiten los lugares que visiten, se grabarán para
siempre el recuerdo de una Granada que salpica a todos por igual con historia,
paisajes y aventuras.
INFO:
¿CUÁNDO IR?
El verano es la estación
seca. Es muy caluroso, pero las lluvias son menos frecuentes. La época
pluvial va desde mayo a noviembre, aunque esos meses tienen la ventaja
de ser mucho más frescos. En cuanto a las festividades, en Granada
es famosa la fiesta de la Asunción de la Virgen, que se celebra
cada año en las dos últimas semanas de agosto.
¿CÓMO LLEGAR?
Llegar a Granada proveniente de
la capital Managua sólo demanda media hora de viaje por una ruta
muy bien pavimentada. Arribar por el sur, desde Costa Rica, es también
muy sencillo, con buses directos o transbordos en las ciudades fronterizas
y en Rivas.
RECOMENDACIONES
Es conveniente tener una idea previa
de los lugares a visitar ya que las atracciones son muchas y el tiempo
suele ser poco. También es aconsejable caminar y visitar varios
hoteles antes de elegir uno, ya que los precios son muy nivelados pero
los servicios que ofrecen varían bastante. Unos cuantos hasta ofrecen
cocina.
IMPERDIBLES
Las patas de cordero que las granadinas
asan en las veredas cuando cae el sol y la gran variedad de exquisitos
bocadillos que se consiguen en el mercado a precios irrisorios.
|