| Grecia,
Las Cíclades
Este
conjunto de 34 islas que salpican el mar Egeo es fuente interminable de
inspiración de escritores y artistas. El nombre se debe a que se
encuentran reunidas alrededor de Delos, la Isla Sagrada de la Antigüedad,
en donde, de acuerdo con la mitología, se refugió Leto para
dar a luz a dos dioses: Apolo y su hermana gemela Artemisa.
Las
Cíclades son muy semejantes desde el punto de vista geográfico
y ambiental, en todas se encuentra el paisaje árido con sus pequeñas
y blancas casas, los macizos rocosos y el mar azulísimo. Sin embargo,
cada isla conserva sus tradiciones y narra su propia historia.
Entre las más destacadas
podemos señalar a Míkonos, Paros, Naxos, Amorgos, Ios y Santorini.
Como consecuencia de su herencia cultural, sus habitantes tienen un orgullo
e identidad muy fuertes. No nos olvidemos de que son griegos; simbolizan
la "cuna de Occidente", constituyeron siempre el "umbral entre Europa y
Asia", poseen un legado en literatura, filosofía, arquitectura y
escultura de un valor incalculable y hoy en día, sus islas son reconocidas
en el país y el resto del mundo como un paraíso para el turista.
Este orgullo también lo sienten por su idioma, y les gusta cuando
los visitantes usan algunas de sus palabras: kalimera (buen día),
kalispera (buenas tardes), efkharisto (gracias), yassou (salud).
Estos mismos habitantes, en un principio
por razones prácticas de protección, se convirtieron en creadores
de un original estilo arquitectónico que se distingue por la plasticidad
de sus formas y la sobriedad de sus líneas. Pequeñas y blancas
casas con ventanas pintadas de colores intensos, callejuelas empedradas
y empinadas, todo construido con el arte incomparable de los isleños.
Las bellas Cíclades muestran
sus puertos plagados de coloridos barquitos pescadores y cantidad de lujosos
veleros de banderas lejanas. Las rodea un mar tranquilo, que a veces (par a
quienes vivimos en las costas del Atlántico Sur) parece más
un gran lago de agua salada. Las adornan gran variedad de capillas y pequeñas
iglesias, blanquísimas y de cúpulas celestes, además
de los antiguos y vistosos molinos de viento, siempre en lo alto de alguna
colina y observando pacientemente el mar.
El Egeo impresiona por su luminosidad
y transparencia. Navegar por él es uno de los sueños a cumplir
por todos aquellos amantes del deporte a vela o las travesías marítimas.
Su fama se debe en parte a su célebre pasado, que lo hizo testigo
del nacimiento de la historia occidental, de la mitología, de la
leyenda..., pero también es producto de su belleza natural presente,
que da forma a un escenario grandioso, en donde las islas y el sol protagonizan
diariamente un eterno romance.
La
exclusividad de estas islas se debe principalmente a su singular contexto
geográfico. En ninguna otra parte del continente europeo existe
semejante conjunto de pequeñas superficies de tierra regadas en
el mar, y además son las más accesibles desde el continente,
y por eso mismo las más frecuentadas por el turismo.
Nacidas de erupciones volcánicas
o de enormes deslizamientos de tierra, todas están dotadas de escarpados
riscos y acantilados, playas tranquilas o de asombrosas arenas negras y
espectaculares caminos sinuosos que las atraviesan.
Es muy divertido recorrer estas hermosas
rutas en pequeñas motos o scooters de alquiler ($10 por día).
De pueblito en pueblito, de playa en playa, de punta a punta de cualquiera
de las islas, la mo to
es el transporte ideal. En las más tranquilas como Amorgos, sólo
un pastor y su rebaño pueden llegar a detenerte. Sorpresivamente
te podés cruzar con algún automóvil. El sol y el viento
del Mediterráneo te pegan en la cara...
El tránsito es más
importante en las turísticas Míkonos y, sobre todo, Santorini.
Allí es muy difícil que puedas alquilar moto sin presentar
la licencia de motociclista requerida (las multas son elevadas).
Otro de los placeres que te ofrecen
las islas es la comida, comenzando por el popular giros pita (especie de
sandwich con pedacitos de carne al grill bien crocante, tomate, cebolla
de verdeo y una salsa exquisita llamada tzatziki). Otro clásico
es un plato llamado moussaka (parecido a un pastel de carne al horno).
La sabrosa ensalada griega (greek salad o choriatiki ) contiene aceitunas,
tomate, cebolla, pepinos y una gruesa feta de queso de cabra, todo con
aceite de oliva. Y una lista interminable de deliciosas preparaciones más
que dieron fama y renombre a la cocina griega en todo el mundo.
Hay que probar el café frappé
(servido en un vaso de trago largo, frío y con hielo); se toma mucho
en el verano. Ellinikos es el café a la griega. Se lo prepara vertiendo
en el briki (recipiente) simultáneamente agua fría, el café
molido ultrafino y el azúcar. Después de dos o tres hervores
(hay que retirar la infusión del fuego cada vez que sube) se deja
reposar unos minutos y se bebe en pocillos pequeños. Es muchísimo
más fuerte y aromático que el que solemos tomar los argentinos.
Las playas son variadas y pa ra
todos los gustos. Pueden ser de arenas claras o negras, de piedras pequeñas
o de grandes rocas, generalmente con muchas europeas en topless y opciones
de playas exclusivas para nudistas y gays. Pueden no tener ningún
servicio o sombrillas, reposeras, bares, restaurantes, alquiler de tablas
de windsurf, canchas de voley, etc. La temperatura del agua es muy agradable
entre fines de junio y mediados de noviembre; de diciembre a mayo es fría.
La vida nocturna se disfruta al
ritmo de música internacional y tragos de alta graduación
alcohólica, en bares, discos, playas o en la misma calle.
La
gente joven y cosmopolita es mayoría en islas como Ios y Míkonos.
Santorini es mas "chic" y muy cara.
La frecuentan mucho las parejas, que cenan mirando el mar a la luz de unas
velas en sofisticados restaurantes con estilo siempre romántico.
Las Cíclades cuentan también
con atractivos culturales como las ruinas de la Antigua Grecia, lugares
arqueológicos como la Isla Sagrada Delos, cantidad de restos de
templos o santuarios diseminados, como es el caso del de Apolo en Naxos
(una isla pródiga en mitos e historia), ciudades sacadas a la luz
luego de años de excavaciones como Acroatiri (auditorio), en Santorini.
Es de enorme interés el Museo Arqueológico, que funciona
en donde antiguamente fue la escuela a la que asistió Nikos Kazantzakis,
autor de Zorba el Griego. También son muy interesantes las iglesias
y monasterios del milenio pasado, en épocas bizantinas. Un maravilloso
ejemplo es el monasterio de Jazoviotissas, construido pegado a un acantilado
de 20 0
metros sobre el mar en Amorgos, una de las islas más bellas y tranquilas.
Paseos con negocios de artesanías
y joyerías es lo que abunda, sin embargo tampoco faltan los negocios
de ropa, cerámica, relojes, alfombras, pinturas, fotografía,
curiosidades y todo tipo de souvenires.
Cantidad de yates y cruceros de
todo el mundo pasean en los puertos y las costas de este encantador grupo
de islas, que se completa con las aún más pequeñas,
muy auténticas, solitarias y tranquilas, como por ejemplo Sikinos,
Foléngrados o Anafi. Sin embargo nunca se encuentran aisladas del
resto, una importante flota de ferries, alíscafos y pequeños
barcos conectan a las Cíclades entre sí o hacia el Pireo
(Atenas), hacia Creta o también hasta las islas más importantes
del Dodecaneso como Rodas o Kos.
Cuando bajás de los ferries
en alguna nueva isla a visitar, los mismos habitantes propietarios de habitaciones
o departamentos de alquiler te reciben ofreciéndote sus económicos
alojamientos (alrededor de $16 la habitación doble) y el traslado
con tu mochila o valijas hasta el lugar. Generalmente todos tienen tanques
con paneles solares, muy efectivos a la hora de bañarse con agua
caliente. En muchos casos te dan habitaciones con cocina y heladera incluida.
Esta posibilidad de cocinar hace que tu viaje por las isla pueda llegar
a realizarse con muy pocas dracmas.
La industria del turismo es desde
décadas atrás el principal medio de vida de los isleños
y tiene gran variedad de servicios y distintas calidades y precios.
Miles de visitantes desembarcan anualmente
y comprueban que éste es uno de los mejores lugares donde rendirle
culto al sol y al mar. Nadie duda hoy en día de la belleza de las
Cíclades, que gracias a sus dotes ha logrado fama internacional.
De todas aquellas islas, grandes y chicas, uno regresa no sólo con
pesar, sino con la nostálgica sensación de haber estado en
un sitio donde misteriosamente no transcurre el tiempo.
Texto y fotos: Diego Biosca.
El pasado
de las islas
Todas las islas griegas tuvieron
una turbulenta historia. Pobladores de todas partes del Mediterráneo
se establecieron en ellas desde la Prehistoria y desarrollaron deslumbrantes
culturas.
Están habitadas desde el
Mesolítico. En la Edad de Bronce floreció una cultura particular,
el cicladismo, la cual dejó muestras de un arte único. Son
muy famosas las vasijas de las Cíclades, con sus excepcionales tallas
y pinturas decorativas. Pero su creación más importante son
las figuras de mármol del primer período, que constituyeron
las primeras esculturas de Europa.
La erupción del volcán
Sira (Santorini) en 1550 a.C. señala el fin de la cultura cicládica
así como el inicio de la dependencia de las islas de la cultura
micénica. Más tarde se establecieron jonios y dorios en colonias
que formaron parte de la Alianza Ateniense cuyo centro era Delos. Luego
las islas fueron reclamadas por los macedonios, los ptolomenses, los dorios
y los romanos. En la época de Bizancio fueron saqueadas por los
piratas y después ocupadas por los francos y venecianos. Finalmente,
durante la Revolución
de 1820, todas las islas formaron parte en la lucha contra el Imperio Turco-Otomano.
Todos los detalles de aquel mundo
antiguo, que continúan vivos a través de los restos y ruinas,
logran fascinar hoy hasta al más indiferente a la historia antigua.
El cataclismo
natural más violento en la historia de la humanidad
Santorini debe descubrirse con la
luz matinal. El barco entra en la bahía navegando a lo largo de
los abruptos acantilados, que cortan un apilamiento de derrames de lava
oscura, estratificada con piedra pómez clara y escoria enrojecida.
Arriba, las aldeas blancas y luminosas dominan esa muralla natural. Abajo,
el mar agita algunos veleros y barcas de pescadores. Se tiene la impresión
de que se entra en el cráter de un volcán gigante.
En realidad, se trata de una caldera
de 83 kilómetros cuadrados, provocada por el derrumbe del techo
de la cámara magmática que alimentaba al volcán primitivo.
Esta fue vaciada de su contenido por una serie de explosiones violentas
que proyectaron nubes de cenizas formadas por fragmentos de vidrio volcánico
y residuos de rocas antiguas; en los sedimentos del mar Egeo se puede encontrar
un nivel continuo de esa clase de partículas, en una extensión
elíptica que mide 600 kilómetros de largo y 300 de ancho.
La catástrofe llegó a su paroxismo cuando aquella depresión
fue invadida por las aguas. Es de imaginar la incontenible violencia del
maremoto que se produjo. La explosión debió ser espantosa
y los daños, incluso en lugares tan alejados como el este de Creta,
fueron atroces.
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