| no le quedan en febrero resquicios
libres de viajeros llegados de todas partes del mundo. Pero Venecia en
carnaval no es un gentío, es una fiesta. Una gran fiesta que ocupa
en el calendario poco más de diez días y que la gente espera
todo un año.
Yo paraba por ese entonces en
Trieste, bien al norte, cerca del límite de Italia con Eslovenia,
en la casa de unos amigos. El lugar era hermoso, pero no veía la
hora de que la época de carnaval llegara. Ni bien comenzó,
corrí a tomar el tren.
DE
FIESTAS, MÁSCARAS Y DISFRACES
Apenas salí de la estación
ferroviaria Santa Lucía, bajé por la Lista di Spagna, siguiendo
por el Ca´d´Oro hasta la Piazza San Marco. Ese sería
el recorrido que haría casi todos los días, bien temprano
a la mañana, para disfrutar del festejo.
La Piazza San Marco es el centro
mismo de la ciudad. Enorme, con tiendas y cafés a ambos lados, la
Basílica de San Marco al final y la pequeña piazzeta a un
costado que termina junto a las aguas y el Palacio Ducale, uno de los más
bellos y concurridos.
En el siglo XVIII el carnaval
duraba tres meses y las máscaras se solían usar la mitad
del año. Ahora, aún siendo escaso el tiempo de la celebración,
los trajes y máscaras no dejan de ser impactantes y los venecianos
parecen prepararse para ella durante el resto del año.
El carnaval está compuesto
de fiestas públicas y fiestas privadas que se realizan en los palacios
que rodean la ciudad. La mayor parte de las fiestas públicas se
realiza en la Piazza San Marco, aún cuando toda Venecia presenta
espectáculos y música en sus calles y canales. La ciudad
queda invadida por los enmascarados.
A la primera de las celebraciones
que concurrí fue la fiesta Delle Marie, que va desde San Pietro
di Castello a San Marco. Yo tenía, como es lo usual, un cronograma
con todas las actividades, el cual estaba repleto de cruces, marcas, signos
de admiración: ansias desmedidas las del viajero de querer abarcarlo
todo. Pero no hace falta decir que supe llegar tarde a ese festejo, como
a algunos otros, entretenida con el camino. Sólo pude ver el espectáculo
que rodeaba a siete mujeres peregrinantes, siete mujeres que recuerdan
la liberación de siete jóvenes quienes fueron raptadas por
los piratas en el año 948.
El
segundo día tuve más suerte. Era la apertura del Carnaval
en la Piazza San Marco. Allí pude ver un desfile de cientos de disfraces
que recorrían el lugar con sus típicas máscaras y
atuendos: el arlichino, el policinella, mattacino, brighella, di dottore
y de las típicas bautas, especie de túnicas y sombreros en
negro, unidos a una máscara blanca que cubre el rostro.
De ahí en adelante no
recuerdo más fechas, horarios, plazas, palacios. Toda Venecia se
convirtió en un gran espectáculo las 24 horas del día.
Artistas, músicos, acróbatas cargaban con tambores y antorchas
incitando al carnaval en la ciudad.
VAGANDO
ENTRE CALLES Y CANALES
Entre los paseos que supe hacer
por la ciudad, las mañanas parecían las más adecuadas
para deambular por sus estrechas calles. Por la tarde siempre me sentía
un tanto mareada, sin saber por qué. Más tarde deduje que
era a causa del paisaje. Es tan agradable, tan lleno de curiosidades y
abarrotado de excentricidades que mi cuello iba de un lado a otro, de abajo
hacia arriba sin detenimiento.
Sus edificios renacentistas,
sus altas y hermosas casas más cercanas al período medieval,
a lo largo de toda Venecia… O cruzar hasta el Lido y caminar por la arena
mientras se ven hacia arriba los viejos hoteles de principios de 1900,
con su sólida arquitectura. Todo esto hace que nunca se pueda meditar
demasiado el itinerario. El encanto persiste en cada una de sus callejuelas
y canales.
Carnaval. Una tarde, como parte
de la celebración presencié una carrera de góndolas
que circulaban por el Gran Canal, y que atravesaba toda la ciudad hasta
concluir en Cannagerio. La gente se asomaba desde el Puente Di Rialto y
los distintos puentes para vivar a los gondolieri que surcaban el agua
con sus barcas. Una hermosa vista, un atractivo paisaje.
Ahora, si uno va a Venecia en
época de carnaval no puede dejar de disfrutar de un desfile que
se realiza con los mejores atuendos y máscaras en Piazza San Marco.
Esta es una selección tan esperada por el público que ese
momento mismo genera un grado increíble de emoción. No es
sólo un desfile de disfraces, es algo realmente extraño y
a su vez singularmente emotivo.
UNA
NOCHE ENCANTADA
Mis visitas a Venecia, por
esos días, concluían al terminar la tarde. Por las noches
las actividades pasan de las plazas a los palacios. No había días
en que no me arrepintiera de no poder pasar la noche en la ciudad. Y es
que siendo una ciudad tan misteriosa, tan llena de encanto... La noche,
con sus luces reflejándose en el agua, la luz mortecina de las velas;
imaginaba podía ser una combinación perfecta. Y así
lo era. Pero el último tren para Trieste salía a eso de las
7 de la tarde y yo debía apurarme para no perderlo.
Esto siguió sucediendo
hasta que una tarde conocí a unos turistas chilenos que me hicieron
una invitación. Consistía en asistir a una fiesta privada
en el Palazzo Ca´ Vendramin dei Carmini. Mi respuesta incluyó
en el "sí" una gran sonrisa. Finalmente iba a ver Venecia de noche.
No
podría trasmitir el clima que genera esa ciudad apenas baja el sol
por completo. Las siluetas que se forman en el Gran Canal, el reflejo dorado
del agua iluminada. Y además lo misterioso que se vuelve todo, hasta
el eco de los propios pasos que chocan con el empedrado.
En el castillo ocurrieron cosas
extravagantes y cómicas. Un cuarto alumbrado con luz de vela y en
donde la sensualidad se mezclaba con una ambientación barroca, repleta
de cuadros increíbles y una conversación al tono. En otro
cuarto, una serie de performances sorpresivas se daban forma en una sala
repleta de animación y cocktails exóticos. Eso sí,
todo el castillo parecía estar al tanto de la parte alegre del mundo,
de la parte más festiva que podía sacarse a relucir.
A la mañana, el día
estaba claro, frío y de maravilla. Al caminar por las calles la
brisa marítima zumbaba en mis oídos y se dejaba sentir en
la cara. Y el viento vivo y claro se paseaba por lo que quedaba de las
fiestas de la noche anterior. La ciudad parecía haberse puesto en
armonía con el invierno, y en la Piazza San Marco estaban ya de
preparativos. Por la tarde se realizaría el Baile Final.
¿CUÁNDO IR?
En febrero es el carnaval,
la celebración más atractiva que tiene Venecia durante el
año.
Septiembre también es
una buena fecha para viajar a esta hermosa ciudad. Es el mes en el que
se realiza el Festival de Cine, como así también la Bienal
de Arte Moderno. |