busca  
..
.
.


 
barra_izquierda
:: Argentina ::
 Argentina Destinos
 Estancias en Argentina
 Hospedaje Argentina
 Agencias de Turismo
:: Aventura ::
 Montañismo
 Trekking
 Mountain bike
 :: Regiones ::
 Europa
 Asia
 Africa
 Oceanía y Pacífico
 Norte América
 Centro América
 Sud América
 :: Servicios Varios ::
 Conversor de monedas
 Distancias e / capitales
 :: Documentación ::
  Pasaporte
  Visas
  Vacunas Necesarias
 :: Consejitos ::
 Aduana
 Dinero en el viaje
 Equipaje
 Pasajes más baratos
 :: Información Util ::
 Embajadas
 Consulados
 Casas turismo exterior
 Casas turismo interior
ENLACES

RECOMENDADOS


 

Moscú, la guerra de la luna

Un color recorre Moscú, es el rojo de las banderas soviéticas que flameaban, altas, en los mástiles hace poco más de 10 años. Hoy quedan los edificios inmensos, las fábricas, la pileta olímpica para diez mil nadadores, el Museo de la Revolución. Antes un meridiano dividía al mundo, ahora la división de los espacios la marca el tiempo.


Tengo los ojos rojos. Son las banderas que flamean coloradas, enormes en el cielo gris. Los martillos aparecen y desaparecen entre pliegues de telas enormes, la hoz se esconde amarilla hasta mezclarse con el sol apenas tímido del invierno moscovita. 
Es 1989 en el cielo. A 20 metros de altura, la Unión Soviética se niega a desaparecer. Abajo, en tierra, el Imperio Soviético se derrumba. No hay papas. El rublo cae y cae a cada hora. En Buenos Aires, las diferencias están dadas sólo por los husos horarios: la inflación se come al austral. Nada nuevo, y los rusos con la esperanza del capitalismo que está llegando, torpe. Está nevando sobre la Plaza Roja. 

INVASIÓN CAPILAR
Una mano sin guantes llena de relojes me ofrece lo que tiene en venta. Yo me quedo con uno de Stalin. La esfera cubre toda mi muñeca. En la malla gris, hay una foto de Yuri Gagarín. "Gagárin" acentúa en grave el vendedor, enojado por mi elección. Sé que dentro de dos horas lo habría comprado por menos de la mitad, pero esa práctica la dejo para casa. 

Es que el capitalismo está entrando, de a cachitos. Por ejemplo: el caso de la Fanta Naranja. El lema "Calidad, Servicio y Limpieza" escapa de mi cabeza para rebotar contra el afiche de dimensiones inconmensurables que cubre una de las paredes laterales del Kremlin. Se lee en inglés y en ruso "Trabajadores de la industria del calzado uníos". 
 
 

Un trabajador de dimensiones épicas levanta el puño en alto dibujado en terracota. Abajo de su torso, una cola de media cuadra, ordenada, espera su turno frente a la máquina expendedora de Fanta, escrita la "F" con una elipsis cortada exactamente al medio.
Hago la cola y cuando llega mi turno frente a la máquina de gaseosas, pongo mi kopek en la ranura, tomo el vaso de vidrio, lo lleno del burbujeante líquido naranja aguado y vuelvo a dejar el vaso para el camarada siguiente.

LOS PADRES DE LA REVOLUCIÓN 
Tres pasos a la izquierda y estoy en otra cola. Más larga. ¿Es la de Lenin? Por la seriedad en las caras de los soldados que me quitan la cámara de fotos, no caben dudas. Nieva. Me pongo atrás de un tapado del Ejército Rojo hasta entrar al mausoleo. El silencio es reverencial y lo comprendo. Lenin está acostado entre sábanas de terciopelo rojo. Es chiquitito, asusta. Del traje gris sólo se ve el saco, la camisa blanca y la corbata negra. Los brazos asoman de las sábanas. No podemos detenernos. Cuatro guardias velan cada esquina del cubo de vidrio. La mano izquierda descansa extendida a centímetros de la cintura bajo la manta. La derecha es un puño cerrado con fuerza, por la parálisis. Murió en 1922. Está embalsamado. 

A un costado del Kremlin, frente al Volga, descansan los padres de la Revolución. El cenotafio de Stalin, que ha perdido su lugar de embalsamado visitable hace años, es el que tiene más flores. Está entrando la nostalgia. 

DESAFÍO AL TIEMPO 
Es cierto que el socialismo todavía resiste, de a pedazos. Por ejemplo: el caso del Estado. Moscú está construida en escala socialista. El objetivo es sentirse insignificante frente a esos edificios que ocupan manzanas enteras a puro cemento. Cada uno de ellos es un sistema: está el Ministerio de Asuntos Exteriores, la sede del partido, la redacción del diario Pravda, la KGB, el correo. Todo es muy específico y a la vez supergeneral. 

¿Cuál de esas ventanas del edificio de la KGB, sería la de Beria, el temible jefe de los espías rusos? ¿Bajo la luz de cuál lámpara de todas esas oficinas de los cuarteles centrales del Ejército Rojo, habrá escrito Trotsky la historia de la Revolución Rusa antes de ser obligado al exilio? 

Estoy en la puerta del edificio del GOSPLAN, el Comité Central para el Planeamiento. Da gusto imaginar que coincidieran el número de ventanas del GOSPLAN con la cantidad exacta de los soviets económicos de toda la Unión Soviética. Y el Soviet Supremo cuenta con todo un edificio para sí. Todas estas moles grises tienen una sola puerta. En la arquitectura soviética no hay contradicciones. 

Hace tres horas estuvo Gorvachov en la tele: continuará la Ley Seca, dijo serio desde una pared de televisores en la vidriera de un negocio en los almacenes estatales GUM. Nieva. 
En el cuarto piso de un edificio de cuatro pisos, enfrente a nuestro hotel, hay una fiesta. Vodka no falta. Lo destilaron la ex campeona nacional de gimnasia artística y su esposo matemático del tercero B. Los del 1F trajeron música: George Michael en cassettes, los del 4A son armenios y ya están cantando. La dueña de casa es la abuela de Vladimir. Está sentada al lado de la mesa, de la cama, de la ventana y del equipo de música. 

AL AMPARO DEL MUNDO SUBTERRÁNEO
Abajo de la luna de titanio está la entrada de la estación del subte de Moscú. El Metro de la ciudad es un orgullo soviético de lujos zaristas. Llegar al andén implica sumergirse en las profundidades de la tierra a velocidad crucero. Las escaleras mecánicas vuelan para abajo y para arriba. Hay que guardar la derecha, me señala una mujer de pómulos altos. Obedezco. 

La primera línea de metro, la roja exactamente, fue inaugurada en 1935 por el supremo Comisario del Pueblo, José Stalin. Y fue pensada como refugio antibélico, por eso la profundidad. Religiosamente cada un minuto se va un tren y llega otro. 

Los carteles de las estaciones están escritos en caracteres cirílicos. Los altoparlantes anuncian las estaciones y uno va aprendiendo que la "P" suena como una "R", y la "H" como una "N" y la "C" como una "S". Cada una señala el nombre de un héroe de la Revolución de Octubre. 

En una de las estaciones está la foto de Lenin, de perfil, sobre una tarima con el brazo en alto arengando a los bolcheviques en la Plaza Roja. A su izquierda, dos pasos más abajo, estaba Trotsky. No está más, lo borraron de la foto en los años 40. Las arañas se repiten en los techos abovedados del subte. En otra foto, en los años 50, hicieron desaparecer a Stalin. 
Ahora también están desapareciendo los nombres soviéticos de las estaciones. Vuelve todo lo ruso: sus escritores, los zares y sus mujeres. Subo las escaleras mecánicas, perdida. Afuera es 1999. 

EL RELOJ DE LOS ASTROS 
Es invierno. Nieva. En la esquina del museo espacial, ahora ruso, venden latitas de Coca Cola frías e individuales. Las tiendas estatales GUM ahora son un shopping calentito. El frío en la calle es más frío. 

El Hotel Cosmos con sus cientos de habitaciones se mantiene idéntico. El edificio de departamentos de cuatro pisos donde se destilaba vodka casero, ahora está vacío esperando ser alquilado por su buena ubicación en la ciudad. 

En 1957 la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas envió el primer satélite artificial al espacio. Un obelisco con un cohete en la punta que va dejando una cola de fuego de 99 metros hecha en titanio. Adentro del museo espacial toda una sala recuerda a Laika, la perra que viajó con ropa de astronauta y vio los contornos de los países desde el espacio. Nieva. Siento que perdimos la guerra de la luna. 

INFO: 

¿CUÁNDO IR? 
El verano moscovita es agresivo: 40 grados de calor. El invierno es cruel: 25 grados bajo cero. Moscú es una ciudad de media estación. 

¿CÓMO LLEGAR? 
En avión desde Buenos Aires (Air France $899 + imp.; Swissair $933 + imp.; British Airways $972 + imp.; Lufthansa $1109 + imp.) o desde cualquier ciudad europea. 

RECOMENDACIONES
En otoño asistir al Festival de Cine. El festival de Invierno Ruso también es un espectáculo que merece conocerse, se realizan bailes típicos, juegos y hay mucho vodka para divertirse. Se celebra entre el 25 de diciembre y el 5 de enero.
 

::: VOLVER AL INDEX DE TURISMO :::

Google
 
Web
www.averlo.com


:: ENLACES ::

Mujer

Biografías y fotos de famosos

barra-derecha

 

.
barra_nombres
Averlo.com - Averlo.com.ar © 1999 - 2006  : Normas de Confidencialidad  : Colabora con nosotros : Mapa del Sitio  : Publicidad
.