| Málaga
no se acaba nunca
Un
recorrido veloz por una ciudad inabarcable. Málaga resulta ser una
síntesis perfecta entre siglos de herencia cultural y presente.
Además, es la ciudad natal de Pablo Picasso, quizá por eso
su tan extensa y manifiesta actividad cultural. Quizá por eso Málaga
es una fiesta.
Málaga
me pareció el lugar ideal para recaer después de vivir una
intensa temporada de lluvias y mucho trabajo. Esta ciudad es conocida en
toda Europa por su Costa del Sol donde aseguran hay más de 300 días
de sol al año. Nada despreciable. Apenas arribé, lo que hasta
entonces desconocía se me hizo evidente: en este lugar nació
Pablo Picasso. Nada más fácil que adquirir el hábito
de recorrerla y percibir su nombre en calles, paseos, exposiciones, como
un eterno homenaje que le brinda al autor.
Nacido el 25 de octubre de 1881,
Picasso pasó sus primeros diez años en la casa ubicada en
Plaza de la Merced, que actualmente es la Fundación Picasso. En
ella parece concentrarse un poco de esa atmósfera cargada de actividades
artísticas que se percibe en toda la ciudad. Tanto en los puestos
que hay en el pretil de los muelles, como en el Ayuntamiento de la Fuente
de Piedra y en los distintos bares, uno enc uentra
diariamente espectáculos musicales, performances y muestras pictóricas
al aire libre. Todo, en una ciudad que por momentos tiene el encanto de
un pueblo pesquero.
En tiempos de los fenicios era un
gran puerto; ellos le dieron su nombre: Málaca. Ahora es la capital
de todo el litoral sur de España, con más de medio millón
de habitantes. Su reino contiene al mar azul, las montañas andaluzas,
casas blancas y caminos de tierra que se pierden en serpenteantes relieves.
El
mediterráneo. Por allí pasaron los moros, los romanos, los
fenicios, los vikingos y siguen pasando miles de turistas de todas las
lenguas. Málaga parece incorporar ese recorrido en su cotidianidad,
en sus costumbres, en su cultura, conviviendo de esta forma presente y
pasado. Son prueba de esto sus múltiples realizaciones artísticas,
el Museo Arqueológico de la ciudad, las ruinas de un antiguo teatro
romano, la fortaleza árabe de Gibralfaro y la Catedral de la Encarnación.
|
|
RECORRIENDO
CAMINOS
Fue así como una mañana,
particularmente temprana y con el sol a mi favor decidí recorrer
el centro de la ciudad y darme algunos pequeños gustos. Las ventanas
de mi hospedaje estaban abiertas de par en par y el empedrado de la calle
iba secándose tras el rocío. Estaba ideal para un paseo.
Primero me entregué a deambular por los puestos de artesanías
que se ofrecen en cada rincón: objetos de vidrio, metal y cerámicas
aparecían con cada nueva mirada. |
Las
calles iban surgiendo como de la nada, estrechas algunas de ellas y con
un estilo particularmente sincrético. Ya bastante más tarde
aparecí en un exótico local en pleno centro que vendía
ropa reciclada, con las últimas tendencias de la moda y ambientada
en los sesenta. Me llevé un sombrero que aún conservo y que
nunca me animé a poner.
Pero apenas la luz fue cambiando
y el sol pegaba más fuerte decidí detenerme y comer al amparo
de la sombrilla de un puesto de comidas. Pude degustar entonces y en escasas
dosis, variedades típicas de la gastronomía andaluza, junto
a un vino de la región de aroma increíble y muy suave, ideal
para armonizar con la comida. Allí las gentes componían un
parador agradable, sólo les interesaba sus copas y sus diferentes
platos. En aquel ambiente nadie se exhibía.
Había también otro
tipo de gente, vecinos del barrio, que frecuentaban el lugar. Estaba yo
sentada en una de las mesas de fuera, mirando cómo iba cambiando
el color de la luz que daba en los árboles y las edificaciones,
cuando se me acercaron sonrientes Hans y Marieta. A esta pareja de alemanes
había yo conocido cuando lejos del hotel, una de mis típicas
excursiones me había llevado a Calle Bruselas. Este es un sitio
estilo art decó que simul a
en todo su local una fachada callejera y en donde sirven riquísimas
infusiones acompañadas de obras teatrales. Fue ahí donde
conocí a esta pareja con la cual nunca hubo demasiado diálogo,
pero con la que igualmente me entendía y entretenía mucho.
Con
ellos seguí caminando, mirando. Ya que si uno pasa por Málaga
es seguro que alguna clase de actividad artística, algún
espectáculo podrá ver, ya que muchas son las esquinas, bares
y plazas que presentan cosas muy buenas de observar. Además de que
la gente es muy amable. Vale la pena.
Paseando
por Málaga llegué a comprender mucho mejor a Picasso y a
su propia visión de los colores, formas y composiciones; como a
su desenfreno, su mixtura, su continua metamorfosis y cambio... Esto mismo
se vive en Málaga, una suerte de amalgama de culturas heterogéneas
que conforman un todo completamente singular y de difícil descripción.
Y como sucede con toda la obra de Picasso, lo único que hace falta
es recorrerla.
INFO:
¿CÓMO LLEGAR?
Subiendo por la calle Alcazabilla
hasta desembocar en la Plaza de la Merced, ahí se encuentra la casa
natal de Picasso, ahora Fundación Picasso donde se pueden ver grabados
y cerámicas en una exposición permanente del artista.

¿CUÁNDO IR?
Dicen las buenas voces que la Fiesta
de Invierno tiene mucho y para todos los gustos. Música, cine, teatro,
literatura parece converger de Enero a Marzo por sus calles.
En cambio, para aquellos que prefieran
el verano Europeo, la Feria de Málaga (del 11 al 20 de agosto) ofrece
más de lo necesario.
RECOMENDACIONES
Para tener una visión panorámica
de la ciudad, nada como echar un vistazo desde el Parador de Tunico Málaga
Gibralfaro.
|