| Rompecabezas
castellano
A la
meseta castellana le cuesta competir con la soberbia de las montañas
y la velocidad de las ciudades, pero en su paciencia está el encanto.
Pueblos perdidos entre la Edad Media y 2K esconden entre las paredes de
piedra los secretos del castellano del Quijote.
Me bajé de los Alpes suizos,
subí al tren y viajé horas y horas.
De Madrid, sólo vi las estaciones.
De la del tren me fui a la de buses. Y mirando la lista de pueblos castellanos,
elegí un destino, entre el azar y la lógica: Riaza, a 70
kilómetros al norte de la capital, camino a Burgos.
Pensé que en este pueblo
encontraría lo que me había dicho que buscara si quería
volver a saber de él.
Las capitales europeas se dejan
pronto. A 50 kilómetros ya es campo. El dato que tenía era
que quedaba para el noreste de Madrid, en Castilla, en la sierra pobre,
como les gusta decir a su gente, donde vivía una mujer que cantaba
con voz cansada en castellano antiguo los versos robados de unos libros
de la Edad Media. Si la encontraba a ella quizá podría recuperarlo
a él.
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RIAZA:
DOMÉSTICOS TOROS BRAVOS
"Aquí termina", me dijo el
chofer del bus verde.
Y aquí era la nada. Capaz
que tenía suerte y los versos que esperaba que sonaran, estuvieran
del otro lado de la calle.
A pesar del frío, había
una puerta abierta. Me metí. Una mujer de edad indefinida bordaba
lentejuelas sobre una chaquetita. Al verme parada en el marco de la puerta
se sorprendió sin sorpresa. |
En una mesa grande sobre un mantel bordado
se repetían unas fotos de familia.
Una pata de jamón crudo con
un cuchillo clavado en la pantorrilla ocupaba la izquierda de una cómoda
antigua y un espejo con marco pintado al dorado cubría la mitad
de la pared.
El espejo reflejaba una silueta en
sombras con una joroba enorme.
"No te asustes, maja", me dijo una
voz que venía de otra pieza. "Eres tú, sácate la mochila.
Vienes por los toros, ¿no? Pasa que estamos de fiesta."
Riaza es un pueblo mínimo
de casas viejas. Casi una piedra gigante en la que fueron tallando las
paredes, las ventanas, las tejas, las veredas, los puentes.
En los pueblos medievales como éste,
las plazas son secas, es decir de piedra. Y son las plantas húmedas
las que se esfuerzan por brotar entre las juntas. La iglesia es demasiado
grande para gente tan pequeña, calculé e imaginé que
los rezos deberían ser enormes para llegar tan alto como las dos
agujas que apuntaban directamente al cielo. Cerca de Dios. Lejos de la
tierra.
El Ayuntamiento y las casas de los
señores forman un círculo y circunvalan la única plaza
de toros de toda España que está en el medio del pueblo.
Y hoy hay fiesta. Hay corridas.
Las mujeres son las que más
trabajan para que todo luzca perfecto y poder mostrar el pueblo a los vecinos.
El día es espléndido.
El cielo está limpio, de un celeste seco que sólo lo da la
meseta. De las casas brota olor a jamón frito. La especialidad de
esta tarde son las setas silvestres que crecen al pie de las hayas, unos
árboles enormes que se tiñen de anaranjado en el otoño.
La altura de las copas les asegura la sombra y la humedad necesarias para
que crezcan los hongos no alucinógenos, por lo menos no en este
pueblo sin jóvenes.
DOS
CONMOVIDOS POR EL ROJO
En Castilla no hay gatos.
Tres toreros se preparan para la
lidia.
Yo me senté en el primer
piso de la casa de Juana.
Ellos están vestidos de luces
con los pantalones ajustados y el grupete para un costado. En los pies,
calcetines con goma en las plantas. Todos estamos en el borde de las ventanas
con pañuelos blancos en la mano. Mi mamá postiza me ha dado
uno a mí para aprobar o no el toreo.
Una pequeña banda del pueblo
hace sonar los clarines.
En la lidia, todos son especialistas.
Menos el toro y yo. Para él es su primera cita.
Antes de pisar la plaza, les recortan
un poco los cuernos para hacerles perder sus dimensiones.
"Mira, el torero lo espera en Puerta
Gayola", me comentó mi vecino en el alféizar de la ventana
y revoleó el pañuelo.
Esto es con una rodilla pisando
tierra y la capa arrastrando el piso amarillo de polvo.
"Es un buen toro. Mira como embiste
hacia abajo y con fuerza."
"Ole", gritamos todos.
Después de que el toro se
mareó un poco llegaron los picadores, unos hombres a caballo a la
usanza de los cruzados que lo picotean hasta sacarle sangre. El torero
se planta frente al toro. Lo achucha para que arranque esperándolo
en puntas de pie y apuntándole con las banderillas. Segundos antes
de la colisión saca un pie e inclina el cuerpo hacia la izquierda,
el toro pasa por el centro que se transforma en derecha. Ole. El torero
recupera su posición inicial y clava las banderillas con claveles
rojos.
El lomo del toro queda floreado
y así desangrándose y con bronca, le da el gusto al torero
y empieza el toreo. La capa más fucsia que colorada lo marea hasta
matarlo.
¿Qué verán
los toros en el rojo?
Nadie en el pueblo parecía
conocer los cantos que yo buscaba.
EL OSCURANTISMO
RUTERO
Me subí a un micro y me puse
a escuchar la onda corta de la emisora de la BBC viajando por Castilla.
Hacía menos de una semana había estado en Londres y me sentía
un poco homesick. Me enteré que la hermana de la reina se estaba
internando en Brighton por sus problemas de tabaco mientras yo recorría
la meseta castellana. Este debe ser uno de los paisajes más antiguos
de Europa. Verde y marrón detenidos en la Edad Media. Castillos
enormes en pueblos microscópicos.
Felipe, el hermoso, besaba mujeres
de la aldea que dejamos 10 kilómetros atrás. La reina Isabel,
consorte de Don Fernando, ensayaba el catolicismo que iba a practicar con
violencia en Andalucía en la Iglesia de Buitrago. La Santa Inquisición
se hacía su agosto en donde ahora hay asfalto...
DROGAS PELIGROSAS
CUSTODIADAS POR EXPERTOS
Me bajé en Montejo de la
Sierra.
Diez personas bebían en una
posada. Algo así como la mitad del pueblo. La mitad de esa mitad
estaba de uniforme. Pensé que era la policía, y no y sí.
Eran los policías del bosque. Todos hacían barra.
Creí que mi presencia en
un lugar adonde nunca llega nadie iba a ser como un imán. En cierta
manera todo se dio así pero más lento.
Como en el lejano oeste, puse mi
pie en el bar y todas las cabezas giraron inmediatamente hacia mí
pero volvieron a girar de nuevo. Las copas y las charlas de siempre serían
más interesantes. Hosca es la palabra para definir a los castellanos
y cálido es la palabra para recordarlos.
Pedí un tinto Rioja y morcilla
de Burgos. Busco a una señora que canta antiguo, en el castellano
del Quijote. "Como tú -me dijo el barman- que usas el voseo del
Quijote."

Tenía 6 mails en mi casilla.
Contesté un par.
Hola Maiqui
Te escribo desde Montejo, un pueblo
perdido en Castilla en el reino del jamón crudo cerca de Soria.
El pueblo es en verdad tres pueblos a diez kilómetros uno de otro.
¿Te acordás de Félix, el gallego que conocí
en Dublin? Sí. Ese. Todavía lo estoy buscando. Me pareció
un poco raro encontrar tanta gente joven. Y después me enteré
del motivo: la mayoría son unos ex drogones que se vinieron a pastar
vacas escapando del caballo, la heroína y ahora se dedican a juntar
ramitas del bosque en la sierra durante 8 horas por día prestando
atención para que no se incendie. Hay trabajo. ¿Cómo
explicarte? A España le va bien. La reina del pueblo es la farmacéutica
y su palacio, la farmacia. Es el lugar más preciado y por lo tanto
más custodiado de cada pueblito. Ayer me mostraron la morfina. La
guardan en cajitas de metal con doble llave y tienen que asentar en el
libro para el Ministerio de Salud cuántas salen y cuántas
entran.
Dicen que no vuelven más
a Madrid, que lo que conseguías a los 15 segundos con la "Azúcar
negra" lo pagabas con años.
Contame cómo va todo.
Besos
PD: Ayer soñé con
vos. Tenías un negocio de venta de ropa para Barbie que cosía
tu mamá. Mi hermana compraba los vestidos más caros.
A LA SEMANA
En Picos de Grado me quedé
varios días. Hice amigos y ellos me aseguraron que en la biblioteca
de la iglesia del pueblo vecino, se guardaban dos originales de poemas
de los cantos de Manrique. A las 5 de la tarde... allí podía
encontrar la respuesta.
La casa donde nos quedábamos
era tan vieja que tenía el baño afuera. En medias y sólo
con una remera me quedé atrapada a la intemperie. La puerta se había
cerrado y todos dormían borrachos. Ya había amanecido. Desde
una ventana un hombre me miraba morir de frío. "¿Eres la
hija de Raquel?" "No", contesté. "Ven a desayunar a casa."
Rufino nunca había salido
de la aldea. Nunca. "Ni siquiera fui a la guerra, la guerra vino al pueblo."
En la década del 30, España
se desangró bajo la mirada indiferente de Europa que practicaba
las batallas de la Segunda Guerra. Y entre los nacionalistas de Franco
y los republicanos, Rufino eligió a los rojos. Y ganó la
batalla de Somosierra a los italianos de Mussolini que invadieron este
mismo pueblo de piedra en el que las casas tienen el establo donde debería
estar el comedor.
"Perdimos la guerra", me dijo y
empapó una torreja en el café. "No pudimos defender Madrid,
cayó a los dos meses. ¿Conoces Madrid?, me preguntó.
¿Cómo es?"
INFO:
¿CÓMO LLEGAR?
Madrid es el punto de partida más
conveniente para recorrer la meseta castellana. El mejor modo para llegar
es en bus, desde la estación Plaza Castilla en el norte de la ciudad
o desde la estación Menéndez Pelayo. Riaza está a
120 kilómetros al norte de la capital española en la sierra
de Guadarrama. Montejo de la Sierra queda a unos 70 kilómetros de
Madrid por la carretera de Burgos, cerca del puerto de Somosierra. El pueblo
de Picos de Gredos está ubicado en la sierra de Gredos, cerca de
la ciudad de Avila.
¿CUÁNDO IR?
Todo el año.
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