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París, París... 
"Siempre tendremos París" le decía la hermosísima Ingrid Bergman a un sufrido Humphrey Bogart en el film Casablanca, dando por sentada la inalterabilidad de los días de romance y resistencia antinazi vividos allí. 
Para locales y extranjeros, París es aquella gran ciudad que consiguió transformarse continuamente sin alterar nunca su esencia. Su poderosa personalidad, pero más todavía, la conciencia de ese poder, hacen que parezca reproducirse a sí misma. Cuna de acontecimientos, personajes y movimientos que extendieron su influencia al mundo entero, sigue siendo vanguardia, 22 siglos después de que los galos la fundaran. 
Su fantástica historia de excesos no la agotó ni mucho menos; como una diosa indiferente se nutrió de su gente para convertirse en objeto de reverencia de toda la civilización occidental. París es París, y con esa maravillosa convicción cinco millones de turistas dirigen sus pasos hacia ella cada año.  
 
Estar ahí es la oportunidad ideal para hacer amigos. Vas a volver con miles de direcciones, no solamente de Europa o Latino América, sino también de los lugares más insólitos. A mí me tocó compartir ocho días con un chico de Omán, un pequeño país al sur de Arabia. Piloto de helicóptero, era tal cual imaginé durante mi infancia a Alí Babá; lo único que le faltaba era el turbante. Con su elemental inglés, su picardía y su humor, Munir me hizo morir de risa. También me hizo pensar: parados frente a la tumba de Jim Morrison, me decía que él, por ser musulmán, no le encontraba sentido a visitar a los muertos.  
La ciudad impuso el charme a cada uno de sus rincones. Lo visual se impone en ella de principio a fín. Es una gran vidriera en la que se impone la lógica de ver y ser visto. Nadie se salva de estar inmerso en la belleza, tropezando con ella paso a paso, viviéndola en el contacto físico. Con premeditación o sin ella, o más seguramente combinando ambas posibilidades, París siempre está lista para la foto. Son sus calles lo que anhelamos. Pasearnos a la orilla del Sena, sentarnos en algún café, ver la Torre Eiffell... por eso sacamos un ticket con destino "Orly". Cada cosa en la capital contribuye al collage de postales en movimiento.  
En principio, los bistrot (bares y restaurantes) son un punto obligado de la vidriera parisina. En ellos tiene lugar el rito cotidiano de leer el diario y reunirse a conversar. Pero, principalmente, la atracción es contemplar las instantáneas que la calle tiene para ofrecer. No es casual que todos saquen mesas a las vereda. Es la posibilidad de degustar el paisaje con absoluta comodidad.  
Cambiando las sillas de los bares por las zapatillas cómodas y livianas, las caminatas descubren otras muestras de encanto urbanístico. Ciudad devenida mundo, París ofrece contrastes deliciosos. Por un lado, Les Champs-Élysées, la glamorosa avenida de veredas anchísimas por las que circulan gran cantidad de personas. Por otro, las tortuosas callecitas del barrio de Montmartré, zigzagueantes, empinadas y angostas. Entre una y otras, la diferencia es la de una vía triunfal, por la que el progreso avanza sin barreras, y un refugio de los bohemios de fines del siglo XIX, que se instalaron en Montmartré a confabular contra lo establecido y a favor del arte.  

Las calles serán también, muchas veces, el comedor de los visitantes. A causa de sus precios altos, los restaurantes son figuritas difíciles para quienes hacemos viajes de bajo presupuesto. Entonces, la mejor alternativa gastronómica para nosotros es la súper típica baguette. Las combinaciones para rellenar éste delicioso y nutritivo pan son infinitas: queso, paté, sardinas, atún, manteca, sal, tomate ...la consigna de los estudiantes de mayo del '68, "la imaginación al poder", se hace carne en los cientos de jóvenes que se sientan en los parques de la ciudad a saborear sus larguísimos sandwiches. No miente el viajero que sostiene que la Torre Eiffell impresiona, pero que las baguettes son de no creer.  
París agrega a la belleza de sus calles el despliegue de la movida cultural que improvisa escenarios y atelliers al aire libre. La experiencia estética no está solamente al otro lado de las puertas de los museos. La fuerza de la tradición es tal que parece que su espíritu traspasara los poros de las paredes y alcanzara a toda la ciudad, pero desprovisto de la contractura típica de cualquier colección. Arte y vida cotidiana van de la mano y crean un ambiente único. El espectáculo sale a la calle y atrapa a los transeúntes. La actitud hacia los artistas callejeros es muy distinta a la que estamos acostumbrados a tomar. Se los respeta muchísimo y eso hace posible que se mantenga y reproduzca la costumbre.  

¿Y cómo iban los habitantes a quedar fuera de la foto? Como todo en París, mujeres y hombres emanan estilo. Hasta los agujeros de sus pantalones comprados en el mercado de pulgas quedarían bárbaro en una coqueta recepción en nuestras tierras. Tampoco debemos olvidar el otro elemento que hace que no pasen inadvertidos y para el cual se dice que, hábilmente, inventaron los perfumes. En todos lados vas a asombrarte viendo ropa, pelos y accesorios rarísimos y de todos los tonos imaginables. Lo mejor es que se mueven con absoluta naturalidad porque nadie los mira con curiosidad o con mala cara. La cosa cambia con los extranjeros. Hartos de cruzarse con turistas en su camino a lo largo de toda su vida, los parisinos no van a tratarte precisamente con amabilidad cuando te acerques a preguntarles algo. Es fija. Además, hay algo en su manera de ser que los hace así de antipáticos. Ojalá nunca estés en medio de una huelga parisina. Yo sí estuve y fue bien feo. Situación: paro de ferroviarios el día que me iba al sur de Francia. Carteles indicadores de la estación apagados. Señor de informes que se niega a decirme si salen trenes rumbo a Niza para no boicotear la protesta de sus compañeros. Corrida por el andén. Subida desesperada al único tren que se mueve. Pregunta al guarda: ¿adónde va este tren? Respuesta: a España. Ok: au revoir Niza. En fin, los parisinos saben que son el centro de la admiración mundial, y van a hacerte sentir su mala onda. Son los hijos lógicos de la gran metrópolis.  
Alojándose en cualquier punto de la ciudad, disponiendo de mucho o poco dinero, siendo fanático del arte o aburriéndose mucho con él, de día o de noche, París enamora a cualquiera. Su pasado, su presente y la manera en que se instalaron en el imaginario occidental explican la presencia que mantiene a lo largo de los siglos. Nosotros, como Bergman y Bogart, también la tendremos siempre. Antes y después de viajar.  
El gallo es el símbolo de Francia, y los parisinos cacarean de orgullo mostrándole al mundo que París resplandece de manera tal que ninguna ciudad puede igualarla.  

Circuito clásico y off en París 
Es una lista muy larga de enumerar la de los atractivos de esta Ciudad Luz, no obstante acá te damos una lista de lo conocido y lo no tanto que no te podés perder y que no siempre aparecen en las guías.  
Marché d' Aligre, mercado de "pulgas", frutas y verduras para ver y oler París a nivel del piso, comprar cosas baratas en un ambiente folklórico. Todos los días excepto los lunes, de 7.00 a 13.00.  
- Plâce de la Opéra, con sus elegantes comercios y el famoso Café de la Paix y frente a ella la espléndida Academia Nacional de Música, el mayor teatro del mundo por su superficie, la cúpula interior fué pintada por Marc-Chagall.  
-La Bagatelle. Si vas a tomar sol a esta plaza, algunos de tus vecinos serán hermosos pavos reales. Para tener en cuenta cuando pinta la fiaca.  
-Barrio Latino o Saint Michele, cuyos restaurantes y salas de espectáculo resultan de lo más bohemio y colorido de París. Aquí se encuentra la Universidad de La Sorbonne, de prestigio mundial.  
- Musée de Orsay, aloja al museo Impresionista, en una antigua estación de trenes remodelada, ejemplo del estilo arquitectónico de "la Belle Epoque".  
-No todo lo que brilla es oro. La imagen que te vas a llevar de París no son sólo sus monumentos. Reservá rollo y fotografiá a sus exóticos personajes.  
- Plâce Vendôme, en cuyo centro se encuentra la columna de fuste historiado, construída por orden de Napoleón con la fusión de las armas tomadas al enemigo. 
-Cena parisina. Con lo que ahorraste con las baguettes, date un buen gusto como cenar en algunos de los tantos restaurantes con un rico vino tinto  
- Barrio Montmartré, la famosa colina con la basílica Sacre Coeur a cuyos pies se extiende una aglomeración de locales de diversión, bares, anuncios de strip-tease, célebres cabarets como el Moulin-Rouge, cargado de la atmósfera pintoresca del antiguo barrio parisino de los artistas.  
-Marché des Puses. Acá podés comprar, vender y canjear ropa. Tiene mucha onda moderna y retro y te podés enterar de movidas copadas de verdad para la noche.  
- Centro Georges Pompidou, alberga el Museo Nacional de Arte Moderno, en las calles de sus alrededores se respira "la liberté", lo vas a notar observando cantidad de personajes underground, artístas, punks, etc.  
-Campos de Marte a la noche es el lugar elegido por los jóvenes para reunirse a cantar, tocar la guitarra y contar historias.  
- Barrio de la Bastilla, con su -pera moderna y sus pintorescos "Bistros" (bares y cafés) que tienen toda la onda parisina.  
-La Vellette es un cine que acá no vas a encontrar. Su pantalla tiene 180º, podés meterte en la película como si fueras uno de sus protagonistas.  
  
Para volver a ser chicos por un día.  
Cada vez son más los viajeros que, cansados de museos, deciden tomarse un día y visitar los parques de diversiones en las afueras de París. Acá, nuestras recomendaciones:  
Euro Disneyland  
Un dia para reir, recordar, emocionarse y olvidarse de todo. Mickey, Pluto, Donald, Tribilín y compañía; el Castillo de los Cuentos; los salones del Far West; las aventuras de Indiana Jones y de los piratas. Montañas rusas con mucha adrenalina y la Casa del Terror. Discoverland, con su pantalla de 360 grados; películas tridimensionales y el simulador de las guerras de las galaxias, son sólo algunas atracciones que este parque tématico tiene para ofrecer. ¡¡No te lo podés perder!!  
Ubicado a 30 kilometros al norte de París. El pase por todo el dia cuesta U$D 40 y desde París hay dos trenes (TGV y RER) que salen cada 15 minutos.  
Parc Astérix  

Si Mickey tiene su propio parque de diversiones en París, ¿cómo no lo iba a tener Asterix ? "La única aldea que resiste al Imperio Romano" en tamaño natural y por supuesto todos los personajes de la mítica historieta de Goscinny y Uderzo. Espectáculos, paseos, bailes, teatros, montañas rusas convencionales y acuáticas. Si querés un parque mas autóctono, más... "galo", no faltes.  

Está ubicado a 30 kilometros al norte de París. Se puede conseguir el pase para todo el día, más el transporte por U$D 40 en las estaciones de trenes RER.  
Futuroscope  
Mostrar imágenes que jamás viste es el reto de este parque ¡y qué manera de lograrlo! Es como el Discoverland de Euro Disney, pero ampliado, perfeccionado y cuidado hasta el más mínimo detalle. La tecnología aplicada a la ilusión e imaginación puestas en pantallas de 360 grados, perpendiculares, películas en tercera dimensión como nunca soñaste. Si querés salir totalmente maravillado, éste es el lugar.  
De París-Montparnasse el tren tarda 90 minutos. El pase por el día cuesta U$D 30.

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