| Roma
Una
auténtica sacudida emocional se apodera del viajero.
Quien
la recorre y se pierde en sus calles respira el aire de una ciudad enamorada
de su pasado que vive intensamente el presente.
Al
fin, delante mío tenía el espectacular Coliseo. Sabía
que aquel viaje por Europa iba a tener un punto culminante, y cuando pisé
Roma tuve la certeza de que lo había alcanzado. ¿Por qué?
Estaba parado nada menos que en la capital de la civilización occidental.
La ciudad se extiende sobre ambas
márgenes del río Tíber, en un relieve del que sobresalen
las famosas siete colinas; un cielo de una pureza mediterránea,
calles frescas y pintorescas, pero por sobre todo se destaca el legado
de siglos de historia, civilización y arte.
No hay viajero que no haya experimentando
una auténtica sacudida emocional al enfrentarse por primera vez
a sus monumentales obras. ¿Cómo no sentir ese estremecimiento
si esta milenaria metrópoli parece un museo al aire libre?. En sus
calles posee testimonios de casi todas las épocas, desde antes del
Imperio hasta la Roma contemporánea. La perplejidad y el asombro
acompañan a cada nuevo visitante que pasea por la ciudad intentando
revivir aquel mítico pasado.
Como
los griegos, los antiguos romanos levantaron templos y teatros, pero su
pericia constructiva descolla asimismo en obras de tipo utilitario que
más pertenecen al dominio del ingeniero que del arquitecto, tales
como puentes, caminos pavimentados, termas, acueductos, circos, y otros
más de los que se desprenden dos conceptos claves: funcionalismo
y grandiosidad. Bajo estas ideas se crearon modelos arquitectónicos
inéditos para su época.
Hoy, junto al esplendor de aquella
cultura, transcurre su agitada vida, su enloquecido tránsito automotor
y los romanos; con ellos estamos en familia, el idioma no nos es ajeno,
sus apellidos son los nuestros y su idiosincrasia no nos sorprende. En
mi opinión son la gente más divertida de Europa, conversadores
de alma, sobre cualquier tema, ni qué hablar sobre fútbol.
Si de mujeres se trata se convierten en seductores donjuanes y las persiguen
durante varias cuadras buscando conquistarlas con sus palabras, y si no
les dió resultado continúan intentando unas cuadras más.
Ellas, son las mujeres más bellas del mundo (lamento si ofendí
uno de los orgullos argentinos), peligrosamente sensuales; una simple charla
te hará latir el corazón, como si frente a vos estuviese
Ornella Mutti en persona diciéndote ''facciamo l'amore''.
Alguien una vez dijo que ''la conversación
es el sexo del alma''. Si es así, los católicos habitantes
de Roma poseen un talento especial en esta materia. No es por casualidad
que al leer su nombre al revés decís Amor.
¿Quién puede resistirse
a la dulzura del clima meridional, a la tentación de una mesa bien
servida y mejor regada, al porte de una hermosa romana o a deleitarse con
la perfección de una bella estatua? Los romanos no pueden, y por
esto sus industriosos hermanos del norte de Italia los tratan de vagos
y holgazanes. Yo particularmente los prefiero; sus humanas debilidades
los hacen un pueblo irresistiblemente simpático y eternamente apasionado.
Habitan una ciudad enamorada de su pasado, que vive intensamente el presente
y en la que el futuro no es problema; porque Roma, como todos sabemos,
es la Ciudad Eterna.
No tiene igual en el mundo, la universalidad
que genera se siente luego de un tiempo de haberla recorrido y disfrutado,
perdiéndote en sus añejas calles y maravillándote
con las fuentes, iglesias, palacios, plazas y puentes que la adornan, teniendo
todos en común el don de la belleza y el arte.
No
es necesario que seas un entendido en arquitectura, escultura o pintura,
ni siquiera te tiene que agradar el arte y todo lo culturoide; Roma despierta
fascinación, y con ese sentimiento te sorprenderás en la
acción de admirarlo todo. Por ejemplo, es muy difícil que
las fuentes de cualquiera de sus plazas te provoquen un bostezo. Por el
contrario, las observás perplejo, preguntándote cómo
es que semejante obra maestra se encuentra en una plaza. En estos detalles
reside su auténtica vocación de grandeza.
La mejor forma de conocerla es guardándose
un plano de la ciudad en un bolsillo (con una cruz marcando la ubicación
del lugar en donde nos albergamos), salir del hotel y deambular hasta el
anochecer. Si bien el patrimonio de Roma es enorme y se necesitan muchos
días para completarlo, aquí hago un resumen de sus mejores
atractivos:
Plaza Navona
Es uno de los rincones más
encantadores y populares de Roma. Conserva exactamente la forma del antiguo
circo de Domiciano. En la actualidad es una plaza peatonal, bordeada de
edificios históricos y escenario de pintorescos mercados, artistas
callejeros y demás curiosidades. En su centro se alza la magnífica
Fuente de los Cuatro Ríos, obra de Gian Lorenzo Bernini; cuatro
gigantescas estatuas de mármol blanco personifican a los ríos
más importantes del mundo: el Ganges, el Nilo, el Danubio y el Río
de la Plata. En los extremos de la plaza se ubican las fuentes del Moro
y del Neptuno.
Plaza Spagna
Este hermosísimo lugar es
punto de reunión de romanos y extranjeros. Su estética es
increíble. En lo alto, la iglesia de la Trinidad de los Montes (con
obelisco al frente), luego una fantástica escalinata (conocida gracias
a los desfiles de moda) y al pie la Fuente de la Barcarola, obra de Pietro
Bernini (padre de Gian Lorenzo). Durante los atardeceres se enciende de
colores y se convierte en una de las postales más lindas de toda
la ciudad.
Plaza del
Campigdoglio
Se halla sobre la colina del Capitolio
(la más importante de toda la ciudad) y está considerada
como una de las planificaciones urbanísticas más logradas
por el genio creador de Miguel Angel. La plaza está constituída
por un conjunto de tres edificios y una rampa (la Cordonatta) que baja
hacia la ciudad. Dentro de ese espacio él dibujó en el pavimento
un óvalo en cuyo centro emplazó la estatua ecuestre de Marco
Aurelio. La escalinata comienza custodiada por dos leones egipcios y termina
con los dióscuros Cástor y Pólux, célebres
mellizos de la mitología romana. El conjunto es un verdadero decorado
teatral al aire libre. ¡Impresionante!
San Pietro
in Vincoli
Es
una iglesia muy antigua pero, remodelada con posterioridad, ha perdido
su interés arquitectónico. Su visita se impone porque contiene
nada menos que al famoso Moisés de Miguel Angel. Una de las estatuas
más significativas del genial artista. No hace falta ser un entendido
en escultura para percibir la maestría y el talento que hicieron
falta para plasmar semejante obra. La imponente majestad del Moisés
hace palidecer las otras decoraciones del mausoleo y su poderosa presencia
parece llenar por sí sola todo el ámbito de la iglesia.
San Carlo
Alle Quatro Fontane
Esta iglesia es una joya arquitectónica
de Borromini. Logra algo absolutamente novedoso e insólito: arquea
la fachada, le imprime un movimiento ondulatorio alternando sectores cóncavos
y convexos. Se encuentra pegada a una esquina muy cerca del cruce de dos
angostas calles, y lo que más llama la atención del lugar
son las hermosas fuentes que adornan cada una de las cuatro esquinas. Estas
son una de esas tantas sorpresas que luego de haberlas vivido te harán
describir a Roma como un verdadero museo al aire libre.
Fontana
di Trevi
La obra maestra fue realizada en
1762 por A. Salvi. Recostada contra una fachada del palacio de los Duques
de Poli, sus estatuas imponentes, el juego de los chorros, la decorativa
escollera central y las rocas laterales forman un conjunto grandioso y
de real belleza. Es una costumbre arrojar monedas a la fuente colocándose
de espaldas a la misma; dicen que convierte en realidad los deseos, sobre
todo el de retornar a Roma. Está dedicada a Neptuno y es un claro
exponente del barroco.
El Pantheon
Es el único edificio de la
Roma clásica perfectamente conservado, a pesar de que la cobertura
marmórea le fue quitada, al igual que aquélla en bronce de
la cúpula. Fue levantado en el año 27 a.C. por Agripa y consagrado
a las siete divinidades planetarias. Enfrente se encuentra la plaza de
la Rotonda, con una fuente barroca coronada por un obelisco egipcio. Si
bien la ciudad en general es antigua, el Pantheon llama la atención
y contrasta por ser más viejo aún. Cenar en la plaza con
su presencia inmortal vigilando es un momento mágico e inolvidable.
El Coliseo
Fue el monumento más imp onente
y espectacular de la antigüedad, recibe ese nombre quizás por
sus descomunales dimensiones. Es de forma elíptica, el eje mayor
mide 188 m., el menor 156 m., la circunferencia 527 m., siendo la altura
máxima de 57 m. Tenía capacidad para 50.000 espectadores.
Su nombre original fue Anfiteatro Flavio, porque se comenzó a construir
en el año 72 a.C. bajo el imperio de la familia Flavia. Se tardó
8 años en terminarlo, se destinó al juego de los gladiadores,
a la caza de fieras y tambien podía inundarse para realizar batallas
navales. La infraestructura de los espectáculos era magistral. Pero
todo ésto se encuentra ausente en el Coliseo actual. Sólo
persiste imborrable la emoción de sabernos en presencia de unas
ruinas impregnadas de un grandioso y fabuloso pasado.
Foro Romano
El
foro era para la Roma antigua uno de los principales lugares, por cuanto
concentraba múltiples aspectos de la vida pública; de ahí
que los edificios, espacios intermedios y ornamentación alcanzaran
una majestad poco común. Es aquí donde los siglos han acumulado
la mayor cantidad de vestigios. Hoy la visita debe incluir por lo menos:
Arco de Septimio Severo, Columna de Foca, Templo de Saturno, Templo de
Cástor y Pólux, Templo de Vesta, Basílica de Majencio,
Arco de Tito y el Palatino; se dice que allí Rómulo trazó
los confines de la Roma primitiva y Augusto mandó construir el primer
palacio Imperial. Por ser una colina, el Palatino ofrece el mejor punto
panorámico sobre la totalidad del Foro Romano.
Los Foros
Imperiales
Resultando pequeño el Foro
Romano frente a las necesidades de la capital del Imperio, Julio César
hace construir el foro que lleva su nombre (54-56 a.C.); a él le
siguieron los de Augusto, Vespaciano, Nerva y por último el de Trajano
(113 d.C.). Este último fue el más espléndido de todos.
Se destaca la columna de fuste historiado, cuyos relieves evocan las campañas
del emperador en las Dacias. Alcanza una altura de 30 m. y sobre la misma
se ubica una estatua de San Pedro que reemplaza a aquella del emperador.
Termas de
Caracalla
Fueron iniciadas por el emperador
en el año 212 a.C. Tenían capacidad para 1600 bañistas.
Poseían piletas, duchas, baños de vapor de diferentes temperaturas,
salones de lectura, salas de deportes, etc. Hoy se encuentran en ruinas
y se las utiliza en alta temporada como sede de ópera al aire libre.
Están en el corazón del Parque de Porta Capena, también
digno de ser visitado como un paseo en sí mismo, un baño
de sol y aire puro.
Ciudad del
Vaticano Plaza San Pedro
La columnata que encierra a la plaza
es una de las máximas realizaciones de Gian Lorenzo Bernini. Siguiendo
la forma de una elipse, se suceden 284 columnas dórico-toscanas
de mármol travertino, que rodean la plaza como los brazos abiertos
de la iglesia. La coronan 96 esculturas de más de 3 m. de altura,
en el centro de la plaza se alza el obelisco egipcio sacado del circo de
Nerón y a los lados del mismo dos hermosas fuentes, obras una de
Maderno y otra de Bernini. Gracias a esta plaza, el viajero que llega hoy
a Roma encuentra en San Pedro uno de los conjuntos urbanísticos
más perfectos del mundo.
Basilica
de San Pedro
Es prácticamente el epicentro
religioso y artístico de occidente. Se levanta sobre la colina Vaticana
sobre el lugar donde fue crucificado el santo. Sus números estremecen,
mide 211 m. de largo y 137,50 de ancho a la altura del transepto; la elevación
de la cúpula es de 132,50 m.; posee 44 altares, 395 estatuas, 778
columnas... Se comenzó en 1506 y trabajaron en ella Bramante, Rafael,
Miguel Angel, Sangallo, Maderno, etc. y se consagró finalmente en
el año 1626. Dentro de la basílica se deben observar en especial:
La Piedad de Miguel Angel, el Baldaquino, el Sepulcro de Alejandro VII
y Cátedra de San Pedro, todas de Bernini. Luego la vista desde lo
alto de la cúpula (diseñada por Miguel Angel) te regala una
de las mejores panorámicas de Roma.
Capilla
Sixtina
Levantada
por orden de Sixto IV (de ahí su nombre) en 1483, debe su celebridad
a los frescos realizados por Miguel Angel, obra cumbre de la pintura renacentista
en el siglo XVI. La pared del fondo, de 200 m2, está enteramente
ocupada por El Juicio Universal y la bóveda (40 m. de largo por
13 de ancho a 21 m. de altura) tiene el resto de los famosos frescos que
recrean episodios del Antiguo y Nuevo Testamento, como por ejemplo La creación
del Hombre, El Pecado Original, etc.
Museos Vaticanos
En estos museos hay encerrados siglos
de historia, de arte, de documentos. Cada Papa dió su aporte para
añadir, mejorar y situar nuevos tesoros y documentos artísticos.
La entrada está dada por una gran puerta, arriba de la que aparecen
dos estatuas. Representan ellas a Miguel Angel Buonarroti y a Rafael Sanzio,
es decir los símbolos de la Escultura y la Pintura. Los museos comprenden
un enorme complejo edilicio situado alrededor de los grandes patios del
Belvedere, de los Papagayos, del Octógono, etc. Son fundamentales
de ver en una visita: la Pinacoteca Vaticana (Leonardo y Caravaggio entre
otros), Las Estancias de Rafael (el conjunto de estos frescos son los más
importantes del autor en el mundo), la Galería de los Mapas Geográficos,
Grupo del Laocoonte (escultura griega del siglo I a.C.), el Perseo (escultura
de Canova), El Emperador Augusto y El Nilo (museo Chiaramanti) y la Biblioteca
Vaticana.
Definitivamente, volveré a
Roma. Recorrerla es nutrirse con la verdad, cualquier persona de origen
latino que camine por ella se siente un romano.
Me cuesta mucho explicar la dimensión
de su legado. Es la "piedra fundamental"; ni todo el oro del mundo puede
comprarla. Hace más de dos mil años tuvo la República,
la Monarquía, el Imperio, y hoy sigue gobernando al mundo desde
las formas; no es Clinton quien visita Cuba sino el Papa. En este planeta
globalizado que habitamos en la actualidad, no se vive según ideas
egipcias, persas, mayas o vikingas, sino con las mismas formas que los
romanos utilizaban veinte siglos atrás.
Tal vez lo entiendas de esta manera:
"Roma hay una sola" al igual que "madre hay una sola", y estará
siempre esperándote.
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