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Luciana Salazar


Roma

Una auténtica sacudida emocional se apodera del viajero. 
Quien la recorre y se pierde en sus calles respira el aire de una ciudad enamorada de su pasado que vive intensamente el presente. 

Al fin, delante mío tenía el espectacular Coliseo. Sabía que aquel viaje por Europa iba a tener un punto culminante, y cuando pisé Roma tuve la certeza de que lo había alcanzado. ¿Por qué? Estaba parado nada menos que en la capital de la civilización occidental. 
La ciudad se extiende sobre ambas márgenes del río Tíber, en un relieve del que sobresalen las famosas siete colinas; un cielo de una pureza mediterránea, calles frescas y pintorescas, pero por sobre todo se destaca el legado de siglos de historia, civilización y arte. 
 
 

No hay viajero que no haya experimentando una auténtica sacudida emocional al enfrentarse por primera vez a sus monumentales obras. ¿Cómo no sentir ese estremecimiento si esta milenaria metrópoli parece un museo al aire libre?. En sus calles posee testimonios de casi todas las épocas, desde antes del Imperio hasta la Roma contemporánea. La perplejidad y el asombro acompañan a cada nuevo visitante que pasea por la ciudad intentando revivir aquel mítico pasado. 
Como los griegos, los antiguos romanos levantaron templos y teatros, pero su pericia constructiva descolla asimismo en obras de tipo utilitario que más pertenecen al dominio del ingeniero que del arquitecto, tales como puentes, caminos pavimentados, termas, acueductos, circos, y otros más de los que se desprenden dos conceptos claves: funcionalismo y grandiosidad. Bajo estas ideas se crearon modelos arquitectónicos inéditos para su época. 
Hoy, junto al esplendor de aquella cultura, transcurre su agitada vida, su enloquecido tránsito automotor y los romanos; con ellos estamos en familia, el idioma no nos es ajeno, sus apellidos son los nuestros y su idiosincrasia no nos sorprende. En mi opinión son la gente más divertida de Europa, conversadores de alma, sobre cualquier tema, ni qué hablar sobre fútbol. Si de mujeres se trata se convierten en seductores donjuanes y las persiguen durante varias cuadras buscando conquistarlas con sus palabras, y si no les dió resultado continúan intentando unas cuadras más. Ellas, son las mujeres más bellas del mundo (lamento si ofendí uno de los orgullos argentinos), peligrosamente sensuales; una simple charla te hará latir el corazón, como si frente a vos estuviese Ornella Mutti en persona diciéndote ''facciamo l'amore''. 
 

Alguien una vez dijo que ''la conversación es el sexo del alma''. Si es así, los católicos habitantes de Roma poseen un talento especial en esta materia. No es por casualidad que al leer su nombre al revés decís Amor. 
¿Quién puede resistirse a la dulzura del clima meridional, a la tentación de una mesa bien servida y mejor regada, al porte de una hermosa romana o a deleitarse con la perfección de una bella estatua? Los romanos no pueden, y por esto sus industriosos hermanos del norte de Italia los tratan de vagos y holgazanes. Yo particularmente los prefiero; sus humanas debilidades los hacen un pueblo irresistiblemente simpático y eternamente apasionado. Habitan una ciudad enamorada de su pasado, que vive intensamente el presente y en la que el futuro no es problema; porque Roma, como todos sabemos, es la Ciudad Eterna. 
No tiene igual en el mundo, la universalidad que genera se siente luego de un tiempo de haberla recorrido y disfrutado, perdiéndote en sus añejas calles y maravillándote con las fuentes, iglesias, palacios, plazas y puentes que la adornan, teniendo todos en común el don de la belleza y el arte. 
No es necesario que seas un entendido en arquitectura, escultura o pintura, ni siquiera te tiene que agradar el arte y todo lo culturoide; Roma despierta fascinación, y con ese sentimiento te sorprenderás en la acción de admirarlo todo. Por ejemplo, es muy difícil que las fuentes de cualquiera de sus plazas te provoquen un bostezo. Por el contrario, las observás perplejo, preguntándote cómo es que semejante obra maestra se encuentra en una plaza. En estos detalles reside su auténtica vocación de grandeza.
La mejor forma de conocerla es guardándose un plano de la ciudad en un bolsillo (con una cruz marcando la ubicación del lugar en donde nos albergamos), salir del hotel y deambular hasta el anochecer. Si bien el patrimonio de Roma es enorme y se necesitan muchos días para completarlo, aquí hago un resumen de sus mejores atractivos: 

Plaza Navona
Es uno de los rincones más encantadores y populares de Roma. Conserva exactamente la forma del antiguo circo de Domiciano. En la actualidad es una plaza peatonal, bordeada de edificios históricos y escenario de pintorescos mercados, artistas callejeros y demás curiosidades. En su centro se alza la magnífica Fuente de los Cuatro Ríos, obra de Gian Lorenzo Bernini; cuatro gigantescas estatuas de mármol blanco personifican a los ríos más importantes del mundo: el Ganges, el Nilo, el Danubio y el Río de la Plata. En los extremos de la plaza se ubican las fuentes del Moro y del Neptuno. 
 

Plaza Spagna 
Este hermosísimo lugar es punto de reunión de romanos y extranjeros. Su estética es increíble. En lo alto, la iglesia de la Trinidad de los Montes (con obelisco al frente), luego una fantástica escalinata (conocida gracias a los desfiles de moda) y al pie la Fuente de la Barcarola, obra de Pietro Bernini (padre de Gian Lorenzo). Durante los atardeceres se enciende de colores y se convierte en una de las postales más lindas de toda la ciudad. 

Plaza del Campigdoglio 
Se halla sobre la colina del Capitolio (la más importante de toda la ciudad) y está considerada como una de las planificaciones urbanísticas más logradas por el genio creador de Miguel Angel. La plaza está constituída por un conjunto de tres edificios y una rampa (la Cordonatta) que baja hacia la ciudad. Dentro de ese espacio él dibujó en el pavimento un óvalo en cuyo centro emplazó la estatua ecuestre de Marco Aurelio. La escalinata comienza custodiada por dos leones egipcios y termina con los dióscuros Cástor y Pólux, célebres mellizos de la mitología romana. El conjunto es un verdadero decorado teatral al aire libre. ¡Impresionante! 

San Pietro in Vincoli 

Es una iglesia muy antigua pero, remodelada con posterioridad, ha perdido su interés arquitectónico. Su visita se impone porque contiene nada menos que al famoso Moisés de Miguel Angel. Una de las estatuas más significativas del genial artista. No hace falta ser un entendido en escultura para percibir la maestría y el talento que hicieron falta para plasmar semejante obra. La imponente majestad del Moisés hace palidecer las otras decoraciones del mausoleo y su poderosa presencia parece llenar por sí sola todo el ámbito de la iglesia. 

San Carlo Alle Quatro Fontane 
Esta iglesia es una joya arquitectónica de Borromini. Logra algo absolutamente novedoso e insólito: arquea la fachada, le imprime un movimiento ondulatorio alternando sectores cóncavos y convexos. Se encuentra pegada a una esquina muy cerca del cruce de dos angostas calles, y lo que más llama la atención del lugar son las hermosas fuentes que adornan cada una de las cuatro esquinas. Estas son una de esas tantas sorpresas que luego de haberlas vivido te harán describir a Roma como un verdadero museo al aire libre. 
 

Fontana di Trevi 
La obra maestra fue realizada en 1762 por A. Salvi. Recostada contra una fachada del palacio de los Duques de Poli, sus estatuas imponentes, el juego de los chorros, la decorativa escollera central y las rocas laterales forman un conjunto grandioso y de real belleza. Es una costumbre arrojar monedas a la fuente colocándose de espaldas a la misma; dicen que convierte en realidad los deseos, sobre todo el de retornar a Roma. Está dedicada a Neptuno y es un claro exponente del barroco. 

El Pantheon 
Es el único edificio de la Roma clásica perfectamente conservado, a pesar de que la cobertura marmórea le fue quitada, al igual que aquélla en bronce de la cúpula. Fue levantado en el año 27 a.C. por Agripa y consagrado a las siete divinidades planetarias. Enfrente se encuentra la plaza de la Rotonda, con una fuente barroca coronada por un obelisco egipcio. Si bien la ciudad en general es antigua, el Pantheon llama la atención y contrasta por ser más viejo aún. Cenar en la plaza con su presencia inmortal vigilando es un momento mágico e inolvidable. 

El Coliseo 
Fue el monumento más imponente y espectacular de la antigüedad, recibe ese nombre quizás por sus descomunales dimensiones. Es de forma elíptica, el eje mayor mide 188 m., el menor 156 m., la circunferencia 527 m., siendo la altura máxima de 57 m. Tenía capacidad para 50.000 espectadores. Su nombre original fue Anfiteatro Flavio, porque se comenzó a construir en el año 72 a.C. bajo el imperio de la familia Flavia. Se tardó 8 años en terminarlo, se destinó al juego de los gladiadores, a la caza de fieras y tambien podía inundarse para realizar batallas navales. La infraestructura de los espectáculos era magistral. Pero todo ésto se encuentra ausente en el Coliseo actual. Sólo persiste imborrable la emoción de sabernos en presencia de unas ruinas impregnadas de un grandioso y fabuloso pasado. 

Foro Romano 
El foro era para la Roma antigua uno de los principales lugares, por cuanto concentraba múltiples aspectos de la vida pública; de ahí que los edificios, espacios intermedios y ornamentación alcanzaran una majestad poco común. Es aquí donde los siglos han acumulado la mayor cantidad de vestigios. Hoy la visita debe incluir por lo menos: Arco de Septimio Severo, Columna de Foca, Templo de Saturno, Templo de Cástor y Pólux, Templo de Vesta, Basílica de Majencio, Arco de Tito y el Palatino; se dice que allí Rómulo trazó los confines de la Roma primitiva y Augusto mandó construir el primer palacio Imperial. Por ser una colina, el Palatino ofrece el mejor punto panorámico sobre la totalidad del Foro Romano. 

Los Foros Imperiales 
Resultando pequeño el Foro Romano frente a las necesidades de la capital del Imperio, Julio César hace construir el foro que lleva su nombre (54-56 a.C.); a él le siguieron los de Augusto, Vespaciano, Nerva y por último el de Trajano (113 d.C.). Este último fue el más espléndido de todos. Se destaca la columna de fuste historiado, cuyos relieves evocan las campañas del emperador en las Dacias. Alcanza una altura de 30 m. y sobre la misma se ubica una estatua de San Pedro que reemplaza a aquella del emperador. 
 

Termas de Caracalla 
Fueron iniciadas por el emperador en el año 212 a.C. Tenían capacidad para 1600 bañistas. Poseían piletas, duchas, baños de vapor de diferentes temperaturas, salones de lectura, salas de deportes, etc. Hoy se encuentran en ruinas y se las utiliza en alta temporada como sede de ópera al aire libre. Están en el corazón del Parque de Porta Capena, también digno de ser visitado como un paseo en sí mismo, un baño de sol y aire puro. 

Ciudad del Vaticano Plaza San Pedro 
La columnata que encierra a la plaza es una de las máximas realizaciones de Gian Lorenzo Bernini. Siguiendo la forma de una elipse, se suceden 284 columnas dórico-toscanas de mármol travertino, que rodean la plaza como los brazos abiertos de la iglesia. La coronan 96 esculturas de más de 3 m. de altura, en el centro de la plaza se alza el obelisco egipcio sacado del circo de Nerón y a los lados del mismo dos hermosas fuentes, obras una de Maderno y otra de Bernini. Gracias a esta plaza, el viajero que llega hoy a Roma encuentra en San Pedro uno de los conjuntos urbanísticos más perfectos del mundo. 

Basilica de San Pedro 
Es prácticamente el epicentro religioso y artístico de occidente. Se levanta sobre la colina Vaticana sobre el lugar donde fue crucificado el santo. Sus números estremecen, mide 211 m. de largo y 137,50 de ancho a la altura del transepto; la elevación de la cúpula es de 132,50 m.; posee 44 altares, 395 estatuas, 778 columnas... Se comenzó en 1506 y trabajaron en ella Bramante, Rafael, Miguel Angel, Sangallo, Maderno, etc. y se consagró finalmente en el año 1626. Dentro de la basílica se deben observar en especial: La Piedad de Miguel Angel, el Baldaquino, el Sepulcro de Alejandro VII y Cátedra de San Pedro, todas de Bernini. Luego la vista desde lo alto de la cúpula (diseñada por Miguel Angel) te regala una de las mejores panorámicas de Roma. 
 

Capilla Sixtina 
Levantada por orden de Sixto IV (de ahí su nombre) en 1483, debe su celebridad a los frescos realizados por Miguel Angel, obra cumbre de la pintura renacentista en el siglo XVI. La pared del fondo, de 200 m2, está enteramente ocupada por El Juicio Universal y la bóveda (40 m. de largo por 13 de ancho a 21 m. de altura) tiene el resto de los famosos frescos que recrean episodios del Antiguo y Nuevo Testamento, como por ejemplo La creación del Hombre, El Pecado Original, etc. 
 

Museos Vaticanos 
En estos museos hay encerrados siglos de historia, de arte, de documentos. Cada Papa dió su aporte para añadir, mejorar y situar nuevos tesoros y documentos artísticos. La entrada está dada por una gran puerta, arriba de la que aparecen dos estatuas. Representan ellas a Miguel Angel Buonarroti y a Rafael Sanzio, es decir los símbolos de la Escultura y la Pintura. Los museos comprenden un enorme complejo edilicio situado alrededor de los grandes patios del Belvedere, de los Papagayos, del Octógono, etc. Son fundamentales de ver en una visita: la Pinacoteca Vaticana (Leonardo y Caravaggio entre otros), Las Estancias de Rafael (el conjunto de estos frescos son los más importantes del autor en el mundo), la Galería de los Mapas Geográficos, Grupo del Laocoonte (escultura griega del siglo I a.C.), el Perseo (escultura de Canova), El Emperador Augusto y El Nilo (museo Chiaramanti) y la Biblioteca Vaticana. 
 

Definitivamente, volveré a Roma. Recorrerla es nutrirse con la verdad, cualquier persona de origen latino que camine por ella se siente un romano. 
Me cuesta mucho explicar la dimensión de su legado. Es la "piedra fundamental"; ni todo el oro del mundo puede comprarla. Hace más de dos mil años tuvo la República, la Monarquía, el Imperio, y hoy sigue gobernando al mundo desde las formas; no es Clinton quien visita Cuba sino el Papa. En este planeta globalizado que habitamos en la actualidad, no se vive según ideas egipcias, persas, mayas o vikingas, sino con las mismas formas que los romanos utilizaban veinte siglos atrás. 
Tal vez lo entiendas de esta manera: "Roma hay una sola" al igual que "madre hay una sola", y estará siempre esperándote.
 

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