Finlandia,
Tierra para curiosos
Durante
años, Finlandia fue disfrutada sólo por una elite de fanáticos.
Pero una vez que llegás encontrás a ese hombre barbudo del
que escuchaste hablar desde que eras chico, en un paisaje sereno y silencioso.
Explorar esta cultura te llevará a comprender por qué Finlandia
es otra cosa.
Descubriendo
la diferencia
Aunque
yo ya había visitado el país, fui el primer sorprendido cuando
el avión de Finnair tocó la pista del ultramoderno aeropuerto
de Vantaa, cercano a la capital Helsinki.
Si
bien Finlandia (Suomi, en su lengua natal) geográficamente forma
parte de Escandinavia, ni sus costumbres ni su lengua y tradiciones mantienen
un lazo demasiado común con los países del área. El
idioma finlandés es semejante al húngaro y al estonio, ya
que estos pueblos descienden de tribus que habitaban la región del
Volga al oeste de los Urales. Entre los siglos II y VII de nuestra era,
estos nómades emigrarían a Occidente desparramándose
entre los bosques y lagos de Laponia.
Tan
distintos resultan los finlandeses que hasta sus rasgos físicos
difieren de sus vecinos escandinavos. Son más corpulentos, de pómulos
pronunciados e incluso de tez y cabellos más oscuros.
Helsinki
es una ciudad abierta al mar Báltico, rodeada de islas e islotes
y que, a diferencia del resto de las capitales europeas, es "nueva". Su
fundación data de 1550, cuando el rey sueco Wasa quiso crear un
puerto que compitiera con el cercano Tallin en Estonia. Como la ubicación
al fondo de un fiordo era poco propicia, en 1640 la ciudad fue trasladada
al sitio actual. En 1713, el zar ruso Pedro el Grande la conquistó
desde la vecina San Petesburgo, arrebatándosela a los suecos. En
la permanente disputa entre suecos y rusos por el dominio del país,
en 1812 Alejandro I de Rusia trasladó aquí la capital desde
Turku. En 1917 se convirtió en la capital de la República
de Finlandia.
Realmente
me fue encantador verme recibido por bosques de tilos y abedules teñidos
de naranja en el otoño que acababa de empezar. Avenidas impecables
en pleno núcleo urbano invitan al viajero a recorrer sus plazas
y demás puntos de interés. Como la mayoría de los
monumentos importantes de la ciudad se congregan en una sola península,
es fácil llegar a ellos caminando. En Helsinki la abundancia de
información y la coordinación de circuitos hacen casi imposible
perderse... La organización permite recorrer cada uno de sus rincones.
La
catedral luterana Tuomiokirkko, rodeada por la Universidad de Helsinki
y el Consejo
de Estado, en la plaza del Senado, es un buen comienzo. Obra del arquitecto
Carl Engel, su imponente cúpula verde sirve de inmediato como un
punto de referencia obligado.
Otro
sitio imperdible es el mercado al aire libre Kauppatori, donde sus puestos
de madera bullen cuando los lugareños acuden a él para buscar
pescados, alimentos, flores, pieles, y los visitantes, souvenirs.
Frente
al mercado, se levanta el Palacio Presidencial, antigua residencia del
zar. Desde este lugar ya se pueden observar resplandecientes cúpulas
doradas de formas bulbosas: son las cúpulas de la Catedral Ortodoxa
de Uspenkin (Uspenkin Kirkko) decorada por artistas rusos.
Llama
la atención una caja de cristal que resuena con música electrónica,
matizada de innumerables colores y donde todos van a curiosear. Es una
manifestación de la declaración de Helsinki como Capital
Cultural Europea, al igual que otras ciudades del Viejo Continente por
donde ya pasó esta excéntrica muestra de unión y confraternidad
entre los pueblos de la ahora Unión Europea.
En
una bici alquilada llegamos al Eduskuntatalo, el Palacio del Parlamento,
y al Finlandia Hall, edificio proyectado por el famoso arquitecto finlandés
Alvar Aalto, hoy homenajeado y presente en los billetes de cincuenta coronas.
Helsinki
es una ciudad coqueta donde la población no tiene que poner rejas
ni guardias ni aún en sus edificios más importantes. En esta
ciudad se puede pasear despreocupadamente, ya que los modales urbanos impresionan
por el respeto absoluto al transeúnte y al ciclista.
"Nunca
pensé en aparecer por acá; está tan alejado de nuestros
circuitos, de nuestra rutina europea y de nuestra miopía. Pero llegué
y me enamoré de la magia que tiene Helsinki" me dice Martín
mientras miramos pasar a la gente desde el banco de una plaza.
Porque
tarde o temprano uno descubre que más allá de los magníficos
edificios y parques, está la gente de Helsinki. Chicos blancos de
ojos azules que conviven con inmigrantes venidos de los rincones más
alejados del planeta son testimonio de la tolerancia y el respeto. Aquí
todos están cómodos, relajados, a pesar del frío que
ya empieza a dar sus primeras señales tras el efímero verano.
Al
norte del mundo
Pero
Suomi es mucho más que la ciudad capital. Es la de "ojos azules
y cabellos de oro verde". Las decenas de miles de lagos, que ocupan más
del diez por ciento de la superficie del país, y los bosques que
tapizan el resto de la superficie entre campos y tundras son precisamente
esos ojos azules y esa cabellera verde de un valor cada día mayor.
La continua alternancia entre tierra y agua, entre bosques y lagos, representa
tal vez la característica más marcada del paisaje finlandés.
Probablemente
la Laponia finlandesa sea uno de los territorios menos explorados por el
turismo tradicional, dada su distancia y su clima rudo. Su exótica
posición casi completamente dentro del Círculo Polar Artico
la convierten sin embargo en una atracción irresistible para los
viajeros de alma.
Yo
llegué a Rovaniemi, la capital de Laponia, bajo un cielo plomizo
y con las primeras y precoces nieves del otoño. Desde la ventanilla
del avión ya podía avizorar un paisaje salpicado por suaves
ondulaciones y colinas, teñido de colores amarillos y naranjas y
de cientos de lagos que con su color oscuro ennegrecían el horizonte.
Rovaniemi
es una ciudad moderna, convertida en un paraíso para los esquiadores
por sus confortables y muy bien equipados hoteles. Ubicada en el mismo
Círculo Polar Artico, es un centro de comunicaciones y desde ella
se abren rutas hacia todos los puntos cardinales.
Los
lapones no sólo habitan en Finlandia, sino que ocupan además
el norte de Suecia y Noruega, e incluso parte de Rusia. Pero fue precisamente
en Finlandia donde se establecieron inicialmente estos pueblos nómades
de origen mongol al término de su larga marcha desde Asia, hace
ya más de ocho mil años.
Tradicionalmente,
los lapones poseen una pluralidad de viviendas asociadas a las migraciones
estacionales de los renos, su principal recurso alimentario, que durante
el crudo y largo invierno buscan refugio en los bosques y lugares al abrigo
de los vientos para volver en verano a las colinas en busca de líquenes
frescos y jugosos.
Todo
es muy frío por fuera, pero muy cálido por adentro, y al
igual que en el clima, así también es la gente. Este es el
medio que ha engendrado el carácter y el espíritu sami, el
pueblo autóctono lapón.
En
Laponia todo el mundo tiene tierra y espacio. Aquí nadie destruye
ni a manipula la Naturaleza. Aquí no hay multitudes que te engullan
ni muchedumbres sudorosas.
El
alma de nieve y hielo de los sami se manifiesta en el Centro Artico (Artikum),
un modernísimo museo. Bajo su techo de cristal y a la luz del cielo
boreal se unen la historia y el presente, la ciudad actual y el remoto
pasado.
En
el Artikum se palpitan muy de cerca las costumbres, la cultura y el chamanismo
de los pueblos
de Siberia, los inuitas de Alaska, Groenlandia y Canadá.
Se
comprenden mejor entonces las extremas condiciones de vida del hombre en
los confines de la Tierra. A medida que se va más hacia el norte,
el frío, la nieve y las turberas van dificultando considerablemente
las condiciones de vida. Como contrapartida, la explotación forestal
y la construcción de gigantescos invernaderos permiten cultivos
hasta más allá del Círculo Polar Artico. Pinos, abetos
y abedules van cediendo progresivamente sus dominios a la tundra, al paisaje
de musgos y líquenes.
A
escasos kilómetros del centro de la ciudad, una granja de renos
deleita a los visitantes. Vestido con su típico enontekió
sami, un granjero me lleva a conocer sus animales encerrados en un corral.
"Si los dejamos sueltos, en pocos días pueden destruir todo el terreno.
Aquí el arte más difícil de aprender es el arte de
apacentar renos. Ellos se comen todo y destruyen el suelo, por eso hay
que saber hasta cuándo deben permanecer en el mismo lugar", me dice
con tono suave, y luego continúa: "Hemos vivido así durante
miles de años, alimentándonos de carne y leche de reno, y
vistiéndonos con sus pesadas pieles".
Ya
bebiéndonos una taza de té, me confiesa que en realidad el
verano no es la mejor época para vivir: "En esa estación
el problema son las nubes de mosquitos".
Un
sitio imperdible dentro de la Laponia finlandesa es el Parque Nacional
de Saariselkä, situado a unos 300 kilómetros al norte de Rovaniemi.
Allí se ofrece una amplia gama de actividades de aventura, como
lanzarse a explorar las verdaderas tierras vírgenes de los alrededores,
pistas de esquí en medio de bosques e innumerables vestigios de
la última glaciación entre minas de oro abandonadas.
La
leyenda más querida
Aunque
domina una región donde el hombre pareciera no tener cabida, la
magia habita en el Artico. De pronto, cruzamos esa línea imaginaria
de 66 grados y ya no hay nada más, solamente milagros y amor.
Cartas
de niños de todo el mundo, cientos de miles de cartas bajo el resplandor
de la nieve, el aroma de jengibre y abetos encienden nuestra imaginación
y alimentan nuestro espíritu...
Cuidando
cada gesto como lo haría un mago, sonriente el hombre, saludando
con un fisicazo que lo asemeja a un oso blanco. Habla pausadamente, atiende
a cada uno como si lo conociera de toda la vida. Su barba blanca y espesa
cubre una cara que adivino entre colorada y blanca, con rasgos bien marcados,
edad imposible de descifrar y una mirada paternal y picaresca a la vez,
como queriendo hacerme cómplice de su secreto.
-Pero
no veo arrugas profundas. ¿Cuántos años tenés?-
pregunto con el fin de conocer un poco al personaje que hay detrás
de todo ese disfraz.
-Y,
más de trescientos, tal vez muchos más...
-¿Pero
cuál es tu verdadero nombre, chabón?
-Mi
verdadero nombre es éste: Santa Claus.
Encuentro
a Papá Noel sentado en su trono. Se levanta gustoso para saludarme,
para leer e in teresarse
por la Marcopolo que le traigo de obsequio. Esta ahí, quieto, habitando
en un ropaje que no usa.
Descubro
en mi imaginación aquellas noches de insomnio que se pierden indescifrables
en mis recuerdos infantiles… veo su biblioteca repleta de direcciones y
de cartas del mundo entero. Lo presumo envolviendo con delicadeza y amor
cada regalo, en su tiempo eterno, alimentando así el corazón
de cada chico de nuestro mundo...
Lo
saludo y me doy vuelta sin soltar palabra alguna, no puedo decir nada porque
un nudo de emoción y de nostalgia se me ata en la garganta
La
humanidad necesita que siga siendo así, no nos ha llegado el momento
aún para desvanecer nuestros valores, no podemos arrojar a Papá
Noel al cementerio de las ilusiones.
Y
lo veo venir en su trineo tirado por renos, en la penumbra de la noche
ártica.
Cuando
salgo, lluvia, frío imperturbable, gotas microscópicas suspendidas
en el aire... una experiencia que hace sentir pequeño a cualquier
ser humano. La única compañía es el silencio, la nieve
blanca y el cielo surcado por auroras boreales. Historias que sólo
pueden oír todos aquellos que tienen alma de niños.
Es
que muy pronto llegará Papá Noel, arrastrado por trineos
tirados por renos, la pulkka, confeccionado con pieles de reno y armadura
de madera, y todos los niños esperarán ese día sabiendo
que la ilusión de un mundo mejor aún es posible, que la fantasía
y la inocente rebeldía inteligente nos esperan.
Texto
y Fotos: Pablo Sigismondi
Cien
por ciento placer y salud
Resulta
imperdible y gratificante una de las experiencias más típicamente
finlandesas: el sauna. Su práctica es tradicional en todos los países
nórdicos, y resulta un saludable método para revitalizar
todo el cuerpo. En Finlandia, esta costumbre data de hace más de
dos mil años.
Precisamente
el término sauna significa en finlandés "hoyo en la tierra",
porque en un principio se practicaba en chozas con un gran agujero en el
suelo donde se hacía el fuego, quedando después un lecho de
piedras calientes que aportaba el calor.
Para
los finlandeses, el sauna es un lugar semi-sagrado para la convivencia,
la comunicación y el refugio del espíritu, un método
de depuración orgánica para estos pueblos que deben alimentarse
con grasa, y que por lo tanto necesitan eliminarla a través de la
transpiración, en un aire caliente que puede variar entre los 70
y 100 grados centígrados, pero de calor seco, estimulándose
así la renovación de la piel y la reproducción de
las células.
Nada
mejor que probarlo in situ.
El
marketing y sus triquiñuelas
Podemos
no creer ya en la existencia de Papá Noel (¡qué pena!),
pero quién de nosotros duda de que si existiera sería un
señor mayor pero jovial, gordo, de bigotes, barba y pelo canosos,
traje y gorro rojos con adornos de piel blanca y botas y cinturón
negros.
Pero,
¿saben qué?, ya es hora de que pierdan definitivamente la
ilusión, porque según el libro Dios, Patria y Coca-Cola,
la Historia no Autorizada de la Bebida más Famosa del Mundo, de
Mark Pendergrast, resulta que tal apariencia de nuestro ídolo de
la infancia no llegó a través de antiguas leyendas nórdicas,
sino de la siempre astuta multinacional Coca-Cola.
En
1931, y buscando captar el público de los más pequeños
a fin de fidelizarlos a la gaseosa para cuando fueran adultos, el brillante
Haddon Sundblom creó un aviso en el que "Santa" representaba el
personaje ideal de la compañía: un individuo siempre alegre
que salía victorioso de situaciones extravagantes y que por ello
recibía como premio una botella de la conocida bebida.
En
la tradición europea, Papá Noel era por lo general flaco
y alto y lo mismo podía estar vestido de azul, de amarillo, de verde
o de rojo. Y también hubo quien lo describía como un duende.
Pero gracias a la penetrante influencia cultural de Coca-Cola, el que ganó
nuestras cabezas, y las de millones, fue el Papá Noel de Sundblom.
Ahora
que lo sabemos, podemos recuperar la fantasía, y tratar de imaginar
cómo es el verdadero Papá Noel.
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