| Santiago
de Compostela, la única virgen embarazada
La
tumba del apóstol, la virgen embarazada, el jinete blanco: misterios
religiosos. El encanto de la ciudad gallega reside en la carencia de una
explicación lógica.
Santiago
de Compostela, en La Coruña, es un lugar privilegiado que reúne
lo mejor de Galicia, al noroeste de España. Está cerca del
paisaje marino de las Rías Altas y cerca de las playas pedregosas
de las Rías Bajas, allí donde el aroma a hierbas de las colinas
verdes se mezcla con el sabor a sal. Además de que aquí se
saborean los más grandes mejillones al ajo del mundo y donde suenan
las gaitas al ritmo de las alegres muñeiras, éste es uno
de los lugares de peregrinación más importantes del mundo,
junto a Jerusalém, Roma y La Meca.
Es
aquí donde, año tras año, miles de fieles acuden caminando
por las colinas para rememorar el itinerario que hizo el apóstol
Santiago cuando llegó de Tierra Santa para evangelizar toda la zona
norte de España, un sitio entonces llamado Finisterre, porque era
el último confín del mundo conocido.
A su
regreso a Jerusalém, el apóstol fue decapitado por Herodes
Agripa, pero sus discípulos llevaron su cuerpo de vuelta a España.
En el siglo IX el obispo Teodomiro mandó construir la preciosa Catedral
que hoy se puede visitar, exactamente sobre la tumba del apóstol.
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La
ciudad es impresionantemente bella, en medio de una región de colonias
onduladas y campos cultivados, donde mujeres vestidas de negro guardan
la cosecha en extrañas capillas de piedra, llamadas hórreos,
que son graneros elevados sobre el suelo para secar el grano, todos rematados
por una cruz que protege a los valiosos frutos de la tierra. La brisa del
mar sopla entre los pinos que dan sombra a las casas, como si las olas
quisieran acercar su aliento a estas bucólicas praderas que pisó
el santo.
Santiago
es una ciudad joven y vital. Más de 32.000 estudiantes provenientes
de todo España asisten a su universidad. |
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La
ciudad es un conglomerado urbano de calles que suben y bajan a lo largo
de filas y filas de hoteles, residencias, albergues y hosterías
para estudiantes y peregrinos, en las que nunca falta el símbolo
de la vieyra, un caracol marino que era el alimento básico de los
peregrinos en su recorrido costero.
La
famosa Cruz de Santiago (emblema del Banco de Galicia) es la misma que
vieron en el estandarte de un misterioso jinete vestido de blanco que luchó
contra los turcos, y que muchos juraron que era el mismo apóstol
que volvió para ayudar en la batalla a que el cristianismo aleje
a los moros de España.
En
el centro de Santiago se encuentra la increíble Plaza del Obradoiro
o Plaza de España, a la cual se enfrentan la Catedral, que es un
impresionante despliegue arquitectónico de piedra rojiza, obra maestra
del barroco gallego. En sus claustros se guardan imágenes religiosas
de relevante importancia y tapices del siglo XVI. También se exhiben
botafumeiros, que son grandes incenciarios que se usaban para dar misa
en las catedrales. La misma catedral de Santiago tiene un botafumeiro gigante
que se usa en las grandes festividades religiosas.
El
motivo por el que se usaban desde antaño eran las multitudes de
peregrinos que llegaban a la ciudad y acudían a la iglesia. Era
gente humilde que venía de recorrer caminos polvorientos durante
días sin la más mínima posibilidad de higienizarse.
Al llegar exhaustos a la Catedral, el hedor acre a sudor de la multitud
reunida bajo un mismo techo era insoportable.
El
humo de los botafumeiros no tenía otro fin litúrgico que
el de desodorizar el ambiente y lograr que la misa pudiera transcurrir
sin que todos quisieran huir a respirar aire puro a la plaza.
Pero
hay otra curiosidad única en el mundo en estos claustros. Se trata
de la única imagen conocida de la Virgen María embarazada
de Jesús. La imagen apareció en lienzos y pinturas, especialmente
en la escena de la Anunciación, pero no se encuentran esculturas
sacras que denoten la gestación de la madre de Cristo.
Es
una antíquisima imagen de madera policromada, de alrededor de un
metro de alto. La ropa esculpida se compone de una toga que se abre y deja
ver su vientre redondo. Ella tiene en su rostro la serena expresión
de toda mujer en la dulce espera.

Más
curioso que este hecho es el cartel indicador al pie de la imagen, que
presenta a la misma con el nombre de "Virgen de la O, Patrona de los Sastres".
Este es un misterio más: ni los guías de la zona saben explicar
por qué la Virgen embarazada patroniza a los confeccionistas. ¿Será
porque una mujer embarazada generalmente se ve obligada a renovar el vestuario?
Y aunque la forma de la escultura con el vientre redondeado se asemeje
vagamente al de una enorme letra O, tampoco esta explicación parece
plausible para esta intrigante imagen gallega. La historia conserva misterios
cuyo encanto reside, justamente, en su carencia de explicación lógica.
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