| Todo en la Alhambra está
concebido para conseguir el máximo goce de los sentidos: los jardines,
los patios y fuentes, las piletas, la iluminación, las flores… Son
muchas las características que hacen de este lugar uno de los más
bellos palacios árabes, y el mejor conservado de los que quedan
en el mundo.
La Alhambra se alza imponente
sobre la cima del Cerro de la Assabica, a orillas del río Darro,
y al pie del macizo de Sierra Nevada. Domina a Granada desde un sitio estratégico:
al norte, el Valle del Darro; al sur, el Valle de la Assabica; al este,
el barrio árabe Albaicín, el monte Mauror y el cerro del
Sol.
Es tentador perderse
en el laberinto de palacios, museos, iglesias, estancias… Caminar por los
diferentes senderos que unen las residencias privadas de los reyes nazaritas
con los palacios del harem… Imaginar al sultán junto a su cortejo
de mujeres, concubinas, hijos, sirvientes... Tentarse y ansiar los tradicionales,
casi litúrgicos, baños árabes. Resulta peligroso quedar
atrapado en los halos de su historia, seducido por el perfume de sus rosas
y jazmines, enceguecido por la belleza de sus formas.
CUENTA
LA LEYENDA
Cuenta la leyenda que en la
Sala de los Abencerrajes, Muley Abul Hasán hizo asesinar a todos
los hijos que había tenido con su primera esposa, con el fin de
que el trono fuese heredado por el hijo de Zoraya, su favorita.
Así es que las manchas
de óxido de hierro que hay en la fuente, no son otra cosa que indelebles
huellas de la sangre derramada por el parricida.
También circula la historia
de que, en esa estancia, fueron asesinados 37 caballeros abencerrajes por
orden de Mohammed X, sólo para engañar y conspirar en contra
de uno de sus enemigos.
Aún se perciben, en las
estancias del Harem, las huellas de las odaliscas, de las esclavas y de
las favoritas que, más de una vez, fueron la causa de los incontables
crímenes pasionales; y que fueron también parte de los Cuentos
de la Alhambra con los que el escritor inglés Washington Irving
(1783-1859) revivió el mundo árabe.
Se escucha el rumor de que el
día que la Puerta de la Justicia se quiebre, será el día
del Juicio Final.
LA
HISTORIA DEL CASTILLO ROJO
Cuenta
la historia que la Alhambra fue reedificada por la noche y que el fuego
de las antorchas, reflejado en las palas de los trabajadores, resplandecía
e iluminaba varios kilómetros. Por esto o por el matiz rojizo de
la arcilla de sus paredes se llamó a la fortaleza el castillo rojo.
De acuerdo a esta teoría la palabra Alhambra sería el resultado
de la castellanización de las palabras árabes Calat-alhamrá,
que significan castillo rojo.
La época más
gloriosa de la Granada árabe se inicia en la Edad Media. En este
período de esplendor, la España musulmana creó la
maravilla arquitectónica de la Alhambra. En 1238, el monarca Mohamed
Benalahmar convirtió la sequedad y aridez de las laderas granadinas
en jardines y palacios dignos de la más ferviente sensibilidad árabe.
Así, llevando agua del río Darro a la cima del monte, se
inició el futuro teatro de las grandezas, servidumbre, y no pocos
sangrientos enfrentamientos de la historia del reino de Granada.
Dos siglos y medio después
se produjo la ruina de la dinastía árabe. El 2 de enero de
1492 los habitantes de la Alhambra se despertaron en una ciudad cristiana.
Las murallas no habían podido detener a los reyes católicos.
Los moros fueron desterrados.
Boabdil, el rey árabe,
no pudo defender a su fortaleza. Las malas lenguas dicen que por causa
de su afinidad al ocio y a las fiestas. Culpable, abatido, se alejó
sin mirar atrás. Solamente, una vez en la colina -conocida como
El Suspiro del Moro-, giró… suspiró y lloró. "Llora
como mujer lo que no has sabido defender como hombre", le dijo su madre.
MOROS
Y CRISTIANOS
Desde la cima, la Alhambra
combina lo grande con lo pequeño, lo majestuoso con los más
sensibles detalles. El orden arquitectónico es parte y hace uso
de los elementos naturales: aire, agua y luz. La geometría anida
en los innumerables arcos calados, en los azulejos policromados, en las
muchas columnas, puertas y ventanas que hacen de este arte una geometría
humanizada.
Los musulmanes, herederos de
quienes tuvieron vivienda tan provisional como las tiendas del desierto,
no dudaron en mimarse en las laderas andaluzas. Algunos dicen que en Oriente
las paredes no se adornan por estética, sino sólo para ocultar
la miseria de los muros de barro. Como sea, el fin justifica los medios.
La Alhambra se fue modificando
y construyendo en el tiempo. Un poco, o bastante, por la incomprensión
cristiana, y otro poco por el espíritu de novelería de sus
habitantes. Todo es cambiante, se va de sorpresa en sorpresa. Por ejemplo,
en la Sala de los Reyes aparece pintado sobre el abovedado techo la estampa
de diez soberanos musulmanes reunidos en asamblea y sentados en cómodos
almohadones. Teniendo en cuenta que el arte musulmán rehusa representar
la figura humana -de acuerdo con el espíritu del Corán- resulta
lícito suponer que las pinturas de esta estancia son obra de un
artista cristiano.
Los cristianos no sólo
pintaron techos en los palacios árabes, sino que también
construyeron edificios, entre los que se destaca la estructura del Palacio
de Carlos V. El rey, nieto de los reyes católicos, fue a pasar un
verano a Granada, y se enamoró de la región. Entonces decidió
construirse un "recinto". Fue así como, en 1527, el arte renacentista
empezó a formar parte de este espacio sensual moro.
Detrás de estos cruces
de culturas y estéticas diferentes, también se levantaron
edificios de los que hoy apenas quedan recuerdos.
EL
GENERALIFE, UN SPA REAL
Era la villa de verano de los
reyes árabes y su nombre significa jardín del alarife: Gennat-Alarif.
Parece que fue construido a mediados del siglo XIII y reformado en varias
ocasiones. Está situado en las pendientes del Cerro del Sol.
Los caminos de la Alhambra
conducen a la belleza de sus jardines, a sus románticos santuarios,
galerías, laberinto de glorietas, y estratégicos miradores.
Se dice que estos jardines fueron inspirados en la imagen del Paraíso
Terrenal. El agua es el mesías, el elemento fundamental que domina
las perspectivas: fuentes, canales y estanques. La estructura de estos
jardines nazaríes se caracteriza por ser íntimos, por estar
protegidos por geranios y claveles, por muros de cipreces recortados… por
cerrarse a los ojos ajenos.
¿CÓMO
LLEGAR?
Desde Madrid, en bus o tren,
a Granada. Y a la Alhambra, desde el centro de la ciudad caminando (subir
la colina), en bus o taxi. |