En
segundo lugar, lleva en sus espaldas toda la historia y tradición
australianas de las rutas de antiguas tribus, los mercaderes y los pioneros.
Así
que el Ghan representa tanto una peregrinación al corazón
de Australia como un viaje de placer para quien elige descansar y mimarse
de la mejor manera. El viaje en el Ghan une la aventura con el placer y
la sofisticación.
Aunque el tren
tiene cuatro categorías, la primera clase es una experiencia única
y altamente recomendable. En ella hay camas confortables, un vagón
restaurante llamado Stuart, un salón donde sirven tragos y se escucha
buena música, un café llamado Matilda´s (a raíz
de la famosa canción popular australiana Waltzing Matilda) y un
servicio impecable provisto por profesionales del turismo internacional.
Los 1.555 kilómetros
que separan a la florida Adelaide de la ciudad indómita de Alice
Springs se hacen en un día y una noche completos: 20 horas del más
absoluto y relajado placer. Los 130 kilómetros por hora, velocidad
promedio del convoy, ni se sienten de tan suave que es su andar.
Desde
1929 el Ghan pasa dos veces por semana uniendo las playas con el Red Centre
(Centro Rojo), como se llama el interior colorado donde se crían
los descendientes de los camellos que en el siglo pasado se importaron
de la India, Persia y Afganistán.
En Alice Springs
los camellos son como en la Pampa el caballo para el gaucho: imprescindibles.
Se usan para todo, pero especialmente como animales de carga, ya que pueden
soportar una enorme cantidad de peso sobre el lomo, y casi no necesitan
agua. El aire exótico de Alice es lo que vienen a buscar los pasajeros
del Ghan, ahora transformado en un complejo turístico de primer
nivel con discoteca, camarotes de lujo y vagón mirador.
CAMINO AL
RED CENTRE
El tren parte
de la estación Keswick, que más que una estación es
un shopping de lujo que rebosa de flores. Dejamos Adelaide y sus jardines,
sus centros culturales, sus elegantes barrios de North Adelaide y el santuario
de Warrawong que te lleva a recorrer la foresta en caminatas guiadas donde
te muestran animales tan raros como el potorú, el bettong y el equidna.
Los primeros
kilómetros que recorre el Ghan te dejan ver el panorama de viñedos
en el valle de Barossa, que produce buenos cabernet y bordeaux.
En
cualquiera de los restaurantes de la Gouges Street podés probar
carne de canguro, cocodrilo o tiburón, que los chefs australianos
preparan a la perfección con el aditamento de deliciosas salsas.
Algo de este menú se repite en el vagón restaurante del Ghan,
que posee alfombras mullidas, asientos para hundirse siempre en su calidez,
aire acondicionado, floreros con flores frescas, cortinas exquisitas y
pan recién horneado. En los vagones también hay una kitchenette
para saciar el hambre de madrugada con snacks rápidos como café,
té, jugos, frutas, galletitas o yogurt.
Los turnos
en el restaurante se reservan por anticipado y se anuncian discretamente
por altoparlantes. Cada detalle está pensado con elegancia obsesiva:
los menúes impresos son de tan buen gusto que te hacen olvidar que
estás en un tren para creer que entraste en un fino restaurante
europeo.
Los camarotes
cuentan con un confort mayúsculo: cada uno tiene sillón reclinable,
un ropero y un lavamanos, elementos cosméticos en abundancia, y
baño privado con ducha y cama matrimonial para quien lo desee.
Port Augusta
es la primera parada antes de ingresar de lleno al outback donde sólo
los camellos se animan. Cuando el rojo del sol crepuscular tiñe
las copas de los eucaliptos con un tono parecido al polvo del desierto
es hora de acercarse al Oasis Bar a saborear un trago largo: no está
mal elegir un Bloody Mary tan rojo como el paisaje. El tren se cruza de
noche con los larguísimos cargueros que vienen de Sidney no lejos
de Tarcoola, para cruzar al amanecer la mágica ciudad de Coober
Pedy, la capital mundial del ópalo, donde los habitantes viven bajo
tierra para resguardarse de los rayos inclementes del sol tropical. Kulgera
es otra parada de frontera donde los ojos se pierden sin poder creer el
espectáculo extrañísimo que ofrecen miles de canguros
corriendo hacia el horizonte, espantados por el ruido del tren.
UN OASIS
LLAMADO ALICE
Una
vez en el oasis de Alice Springs, hay mucho que hacer antes que regresar
a Adelaide. Esta ciudad sorprendente te asombra con paseos en camello por
una zona llena de reptiles exóticos, una visita al Alice Springs
Desert Park y sus especies protegidas, tomar contacto con los aborígenes
de la zona y visitar la montaña sagrada Ayers Rock, en Uluru, que
es la gran maravilla australiana. Pero lo mejor es visitar el Transport
Heritage Center, a 8 km al sur de la ciudad y realizar un viaje al pasado
andando sobre el viejo tren Ghan original de los años ´20,
mientras que el Old Ghan Museum te cuenta la historia de este tren pionero
que significaba la esperanza, las noticias, el contacto, las cartas, las
ilusiones y la misma vida sobre ruedas para los que habitaban el interior
agreste de este país gigantesco. Después de visitar el museo,
el regreso en el sofisticado Ghan tendrá mucho más sentido
que antes y será doblemente disfrutable.
Un detalle:
en la puerta de tu camarote no hay un número, sino una placa que
tiene marcado tu nombre. Y que, obviamente, podés llevarte a casa
de recuerdo apenas el tren detenga su andar de vuelta en la moderna estación
de la bella Adelaide.
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