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Nueva
Zelanda: Isla sur, la otra Patagonia
País
donde la naturaleza permite gozar de la belleza de la madre tierra y disfrutar
del turismo alternativo. Eso sí, sin dejar de descargar adrenalina
a raudales.
Ya
en el vuelo entre Tahiti (Polinesia Francesa) y Auckland, empezamos a percibir
el espíritu de nuestro próximo destino. El vuelo había
sido excelente, tanto que el viaje resultó más que breve.
Nueva Zelanda
se encuentra en el Hemisferio Sur y está integrada por dos islas
principales -Isla Norte e Isla Sur-, separadas por el Estrecho de Cook.
Con una superficie un poco inferior a la de la provincia de Buenos Aires
(269.000 kilómetros cuadrados), se encuentra poblada por cerca de
cuatro millones de habitantes. Sin embargo, tan pequeño territorio
goza de una diversidad geográfica sorprendente. |
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Desde
el ultramoderno aeropuerto de Auckland, el más importante del país
y su puerta de ingreso, es posible volar a cualquier punto de la isla.
Luego de recorrer
la ciudad, la más importante y verdadera capital económica,
partimos en avión hacia la Isla Sur, más precisamente hacia
la ciudad de Christchurch.
MÁS
INGLESA QUE INGLATERRA
La Isla Sur
es una tierra de montaña, cubierta de glaciares, bosques, lagos
y uno de los centros de mayor concentración de fauna marina. Más
escarpada, se sienten los grandes espacios vacíos, como si se tratara
de otra porción de la Patagonia.
Christchurch
es la ciudad más importante de la Isla Sur y ha conservado, como
ninguna otra del país, su origen inglés. Fue construida por
la Christchurch Oxford y muchos afirman orgullosos que "es más inglesa
que Inglaterra". La urbe goza de abundantes parques y paseos salpicados
de robles. Con sus refinadas galerías de arte, se respira un ambiente
gótico sin par en sus calles, especialmente en las cercanías
de la Catedral Anglicana. Subir a un tranvía y pasear por el centro
de la ciudad te transporta mágicamente a ese pasado tan presente
en la arquitectura del lugar.
ESCENOGRAFÍA
AL NATURAL
A la Isla
Sur, que es sinónimo inequívoco de naturaleza al por mayor,
comenzamos a descubrirla en Kaikura.
Kaikura es
una península de notable semejanza a la Península de Valdés,
en la provincia de Chubut. Situada a idéntica latitud geográfica
-42 grados sur-, y también orientada hacia el naciente, se dan cita
en ella majestuosas ballenas y ágiles delfines.
El lugar ofrece
diversas alternativas, como sobrevolar el mar embravecido o navegarlo en
búsqueda de los saltarines cetáceos, así como también
la práctica de buceo y surf.
Optamos por
recorrer esas aguas heladas en una pequeña embarcación. La
emoción del avistaje nos hizo olvidar pronto el mareo y el susto
provocados por las demoledoras olas, que se desplomaban a nuestro alrededor. |
SOBRE
RIELES
Nuevamente
en Christchurch, en tierra firme, tomamos otra espléndida excursión:
el viaje en el tren Trasalpino. Este popular tren parte de la estación
(puntualmente) y perfora la cadena de los Alpes Neozelandeses para transportarnos
a la costa del poniente -occidental- tras un largo pero emocionante trayecto.
El confort
y los servicios que se brindan en el convoy permiten satisfacer las exigencias
del viajero más sofisticado. Un coche-mirador especialmente acondicionado
nos brinda la posibilidad de un contacto directo con el aire frío
de las heladas cumbres.
Las paredes
de roca que bordea el tren alcanzan su máxima altitud en el Arthur's
Pass, a poco más de 600 metros sobre el nivel del mar. Fue sorprendente
observar cómo los pasajeros descendían del tren para reverenciar
a los "escasos" metros de cumbre, tomándose fotografías encantados
junto al cartel que indicaba el nombre de la estación. |
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Qué
harían en el Tren a las Nubes, a más de 4.000 metros, reflexionaba
recordando esa otra proeza humana situada en el norte argentino.
Finalmente
llegamos a nuestro destino, la pequeña localidad de Greymouth, un
poblado situado en la costa occidental de la isla, en frente al Mar de
Tasmania.
VIAJE A
LA ERA GLACIAL
Desde Greymouth
viajamos en ómnibus bordeando la costa hasta el paradisíaco
glaciar Franz Josef Glacier.
Descansamos,
repusimos fuerzas y energías para disfrutar de una jornada en la
que seríamos transportados a la era glacial.
Este glaciar
es uno de los muchos que hay en los Alpes neocelandeses y constituye un
relicto de las últimas glaciaciones pleistocenas del Cuaternario,
cuando los hielos avanzaron en todo el planeta imponiendo su reinado. Imponente
y majestuoso, la lengua helada desciende del Monte Cook, el más
alto del país (3.764 metros) y avanza a razón de cinco metros
por día.
Variadas alternativas
se ponen a disposición de los visitantes, en un ejemplo -digno de
imitar- de cómo explotar la industria turística. Realizar
caminatas en el hielo, sobrevolar el glaciar o simplemente contemplar las
extrañas siluetas esculpidas en el hielo por el viento y el frío
son algunas actividades que salen de lo cotidiano.
PRESUROSA
ADRENALINA
Más
al sur, la autopista costera se interna en el corazón de la isla
y atraviesa nuevamente los Alpes neocelandeses rumbo al este, pasa por
el Haast Pass, rumbo a los lagos de origen glaciar y a los majestuosos
fiordos. Llegamos por este camino a Queenstown, la capital mundial de los
deportes extremos.
Queenstown
está recostada sobre los márgenes de un lago, que trae a
la memoria la ciudad de San Carlos de Bariloche.
Las impecables
e iluminadas peatonales parecen hacernos olvidar que esas tierras fueron
habitadas por los maoríes, sus dueños originales hasta la
llegada de los inmigrantes en el siglo XIX, con la fiebre del oro.
Nuestro próximo
escalón, para quienes habíamos ido a buscar adrenalina a
raudales por aquellas soledades, sería el Skippers Canyon. Allí
nos esperaba una sorpresa mayúscula sin parangón: el bungee-jumping.
Este juego-deporte nació en Nueva Zelanda, según afirman
sus orgullosos habitantes, y hoy posee cultores en el mundo entero.
De lo que
no cabe ninguna duda es que solamente allí se puede saltar al vacío
desde un puente, "apenas" 102 metros distante del lecho del río.
"Three, two,
one, jump...!" Cuesta tomar coraje cuando se está con los pies atados
ante el abismo. Resulta imposible describir qué es y qué
se siente. Solamente experimentándolo y arrojándose a la
nada se puede salir de la duda.
Si de algo
estoy seguro es que en la Isla Sur de Nueva Zelanda las emociones son siempre
al por mayor. Te dejan petrificado con la descarga de adrenalina que se
experimenta sólo en la tierra de los kiwis.
Para visitar
algunas de estas propuestas sin igual, solamente resta pasar la barrera,
tomar la decisión de subirse al avión y volar a su encuentro. |
| INFO:
¿CÓMO
LLEGAR?
Hay vuelos
directos a Auckland desde Buenos Aires.
¿CUÁNDO
IR?
Todo el año.
El clima es muy parecido al de Argentina por estar a la misma altura del
Hemisferio Sur.
RECOMENDACIONES
No hay que
tener mayores precauciones porque es un país muy seguro. El 6 de
febrero es el día de Nueva Zelanda y se realiza una importante fiesta
nacional.
¿QUÉ
COMPRAR?
Lanas y pieles
de ovejas, nefrita (jade verde oscuro), esculturas de madera con mitología
maorí, artesanías en huesos. |
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