| Trancoso,
tierra de bahianos
Playas de
arena blanca, mar turquesa, tranquilidad y sol todo el día. Para
descansar, Trancoso. ¿Qué más se puede pedir?
Y
a los tres días se hizo Trancoso.
Llegamos uno de esos eneros donde
el sol radiante pareciera brillar durante las 24 horas de los 30 días
del mes. El equipo estaba compuesto por mi hermana Laura y mis amigos Albana,
Norberto y Fernanda.
El viaje fue algo agotador ya que
salimos de Buenos Aires en ómnibus directo a Río de Janeiro.
Pasamos allí una noche (la primera luego de dos días de viaje)
y a la mañana siguiente seguimos un día más por la
ruta hasta Porto Seguro.
CORRE CAMINOS
BRASILEROS
Porto
Seguro está situada a 660 km de San Salvador de Bahía, donde
hace unos 500 años llegaron los portugueses, y hoy es el segundo
polo turístico de esta región. Aunque Porto Seguro cuenta
con un aeropuerto internacional, la decisión de viajar en bus fue
tomada de acuerdo a nuestro presupuesto: o pasábamos un mes en las
idílicas playas o nos volvíamos de allí volando a
los dos días.
Los choferes de Brasil son muy religiosos
y tan grande es su fe que manejan a toda velocidad por las rutas más
sinuosas y empinadas sin que nada les pase. Eso si uno tiene que tratar
de no pararse mucho adentro del bus ni dejar ningún bolso abierto,
ya que tanto vos como tus cosas pueden caer por cualquier lado.
NATURALEZA
Y LAGARTIJAS COLOR ARENA
Una vez llegados a Porto Seguro,
una balsa nos cruzó en cinco minutos al otro lado del río
Buranhem hasta Arraial D'Ajuda donde tomamos un bus para recorrer los 26
km que faltaban hasta Trancoso.
Bajamos del micro en Trancoso al
costado de una plaza, Praca do Quadrado, que es la zona céntrica
donde están las posadas (hospedajes con desayuno) y los bares.
Ni
bien llegamos, nos sentamos a tomar un jugo de mango y mientras planeábamos
qué hacer, nos empezaron a llover una cantidad de ofertas de hospedajes
del lugar. Trancoso tiene variedad de opciones: posadas, habitaciones y
casas que alquilan los nativos del lugar. Comenzamos a recorrer algunos
y caminando conocimos a Paulinho, quien nos alquiló su casa. La
casa tenía cuatro camas en un cuarto, baño, cocina y un patio
con mesa, bancos y hamacas paraguayas. No estaba ubicada tan cerca de la
plaza pero era muy económica. Consejo: es infaltable que la casa
tenga ventilador, y sus ventanas y camas mosquiteros.
A la noche, sentada en mi nuevo patio,
de repente sentí algo que me caminaba por la pierna y pegué
un grito: era una huidiza lagartija casi transparente. Me tranquilicé
cuando me dijeron que ella seguramente tenía más miedo que
yo.
ARENA SUAVE
Y MAR TURQUESA
Blanca, muy finita y suave es la
arena de esas playas. Entre el verde selvático de sus morros llenos
de palmeras, el cielo turquesa y un mar que combina ambos colores, mi sonrisa
era permanente.
En la playa nos pasábamos
horas: un rato en el mar, otro en las Barraquinhas, (pequeños puestos
donde encontrás jugos, agua de coco, cerveza y camarones) y el resto
del día de sol en las hamacas paraguayas que siempre hay bajo un
techo de hoja de palmera cerca de algún parlante con música
muy bahiana.
Advertencia: el sol es muy fuerte,
inclusive en la sombra. El promedio de temperatura es de 35 grados, así
que conviene que los protectores solares no bajen de 50 para quienes tienen
tez muy blanca.
Al
atardecer llegaban los pescadores con una barra de madera atiborrada de
pescados para vender. Los peces que llevaban eran enormes, grises y de
contornos turquesas. Los colores eran tan alucinantes que parecía
que alguien los había pintado con acuarelas.
El
crepúsculo también era el momento de reunión para
la gente que hace capoeira, danza de origen africano acompañada
por música de tumbadoras introducida en Brasil en las épocas
de la esclavitud, cuando los negros tenían la lucha prohibida.
LAGOA AZUL,
UN PARAÍSO NATURAL
Caminando
por la playa se llega a Arraial, ubicada a 12 km. Es importante ir durante
el día antes de que baje el sol, ya que durante el atardecer la
marea comienza a subir comiendo por momentos la playa, y caminar descalzo
por el morro no es muy recomendable. La primera playa paradisíaca
que se encuentra en este camino se llama Lagoa Azul, una laguna de paredes
arcillosas, con aguas que tienen propiedades medicinales. Por supuesto
fui la primera en embadurnarme con toda esa arcilla y la primera en tirarme
en la laguna.
El segundo lugar de esta aventura
es Taípe, una playa nudista. Las demás paradas son Río
da Barra, Nativos, Coqueiros, Río Verde, Itapororoca y Espelho das
Maravilhas, todas playas espectaculares donde podés tomar algo,
tirarte al mar o simplemente seguir tu marcha.
ARRAIAL
D'AJUDA, A ESQUINA DO MUNDO
Con Laura y Norberto emprendimos
la aventura por las playas hasta Arraial D' Ajuda. Como planeábamos
quedarnos allí esa noche llevamos un bolso con lo necesario: otra
solera y algo de dinero. Joaquim, Anastácia y Manuel, unos paulistas
que habíamos conocido y estaban alquilando allí, nos invitaron
a quedarnos con ellos.
Esa tarde Joaquim nos contó
que Arraial era conocido como la esquina do mundo, debido al número
de extranjeros que fueron poblándola poco a poco.
En las callecitas rústicas
llenas de bares y restaurantes de diferentes estilos se oyen voces de todo
el planeta. Arraial es un pueblo mucho más concurrido que Trancoso
y con más actividades para hacer… hasta tiene un shopping llamado
Beco das Cores.
Cuando
llegamos nos fuimos directo por un delicioso vatapá (guiso de pollo,
camarones y salsa blanca de harina de arroz), un quindim (postre de huevo
y coco) y una cerveza.
A la noche salimos a tomar unas caipirinhas
y a bailar los distintos ritmos de los bares de la zona.
CAMINO
A CARAÍBA
Luego de tres días de caminata
por las playas de Trancoso se llega a Caraíba, una reserva indígena
situada en una playa perdida. Es un viaje para quienes disfrutan de dormir
en la playa y de largos caminos. No hay autos que te lleven hasta el lugar,
pero siempre te enterás de alguien que está organizando una
ida. Los que más la visitan son los artesanos del lugar ya que compran
artesanías de coco a los indios -que luego revenden- y consiguen
algunas plantas. Es un paseo interesante pero sólo para quienes
no sean muy remolones.
LA NOCHE
EN TRANCOSO
A
la noche siempre nos reuníamos en la Igreja Sao Joao Batista, la
iglesia de la plaza, toda blanca con puertas de madera verde casi siempre
cerradas. En general íbamos cambiando de ritmos de baile por los
distintos bares o comíamos una feijoada con camarones que nos dejaba
un rato sin habla.
Aprender a bailar como un bahiano
es casi una misión imposible, porque tienen un ritmo insuperable…
hasta los nenes de 2 años saben bailar una lambada, una samba o
el forró (tipo de baile del folclore brasileño). Además
de estas habilidades, los bahianos son gente muy alegre, y sobre todo muy
amable, siempre te hacen sentir muy a gusto, y por supuesto todos se ofrecen
para bailar unos pasos.
INFO
¿CÓMO LLEGAR?
Desde Buenos Aires se puede viajar
en avión hasta San Salvador de Bahía. Desde allí hay
dos opciones para llegar a Porto Seguro: avión (tiene aeropuerto
internacional) o bus. Una vez en Porto Seguro, hay que tomar una balsa
que en cinco minutos cruza el río Buranhem hasta Arraial D'Ajuda.
Desde acá salen buses todo el día hacia Trancoso, ubicado
a sólo 26 km.
¿CUÁNDO IR?
Todo el año hay buen clima
en Trancoso. Sin embargo, conviene tener en cuenta la época del
carnaval. Y también la fiesta de Yemanja, el culto a la diosa del
mar que los creyentes festejan el 2 de febrero mediante bailes, cantos
y flores que tiran al mar como ofrenda a su diosa.
IMPERDIBLES
No dejes de ir a Lagoa Azul, una
playa paradisíaca con piletones de arcilla que tiene propiedades
medicinales.
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