| Río
de Janeiro, la religión del carnaval
Todos los
años, muchas ciudades del mundo se visten de excentricidad: carrozas
de ensueño toman las calles custodiadas por un ejército fuera
de lo común donde arlequines multicolores, músicos y bailarines,
poseídos por una fiebre rítmica y alegre, y enmarcados en
los fuegos de artificio, le dan vida a la mayor fiesta popular del mundo.
Bienvenidos al carnaval.
Esta
fiesta tiene la peculiar característica de establecer una brecha
en el tiempo, de irrumpir en la cotidianidad con un energético encantamiento.
Las máscaras, los bailes de disfraces y las comparsas, transforman
a las ciudades en gigantescos salones de fiesta donde los cuerpos distendidos
y lívidos se dan permiso en la expresión. Y es Río
de Janeiro quien sintetiza ese espíritu. Allí se gesta la
mayor fiesta del Brasil, reconocida en el mundo entero, que imana y atrae
innumerables turistas.
No
se puede definir con certeza el origen del carnaval pero, según
ciertos autores, sus inicios se encuentran cerca de los 1000 años
antes de Cristo y están relacionados con antiguos festejos paganos:
desde las saturnales y lupercales romanas, las celebraciones del buey Apis
e Isis en Egipto y las fiestas celtas del muérdago hasta las bacanales
griegas, de las que dicen que heredó su costado más extrovertido
y desenfrenado.
La
palabra carnaval viene del latín carrum novalis, con el que los
romanos abrían sus celebraciones, o carnelevale, que significa quitar
la carne y alude al tiempo previo a la Cuaresma cristiana, los cuarenta
días de abstención de la carne. Durante siglos se mantuvieron
los festejos ligados a la Pascua y se extendieron por toda Europa y, más
tarde, se trasladaron a América. Poco a poco el valor de las expresiones
artísticas fue creciendo (especialmente en Francia e Italia) y las
distinciones religiosas quedaron de lado. Así se llegó a
la celebración actual que, con estilos diferentes, se lleva a cabo
en varios lugares como Niza, Venecia, Cadíz, Nueva Orleans, Oruro
y Gualeguaychú, entre otros.
SAMBA,
GAROTAS Y DESFILES
Sin
lugar a dudas, el Carnaval de Río es el de mayor envergadura y efusión.
Todos los años, miles de turistas alcanzan las costas de la ciudad
encantados por el ritmo sensual de la samba, la desinhibición, y
la expectativa de pasar algunas noches desenfrenadas, trazadas de colores,
alegría carioca, y alcohol. Y no es para menos, pensar que Río
descansa todo el año en la ansiosa espera de los cuatro días
que dura su carnaval.
Esta
celebración tiene gran importancia regional, tanto que mucha gente
guarda sus ahorros para destinarlos a ella, en vez de gastarlos en las
fiestas de diciembre. Inclusive, se dice que los negocios deben quedar
para después, cuando el año realmente comienza, ya que hay
una considerable reducción en varias áreas comerciales, y
los trabajadores no son tan confiables como en otras épocas del
año.
El
carnaval llegó al Brasil junto con la colonización portuguesa
y con la migración de sus colonias: Islas de Madeira, Açores
y Cabo Verde. Se dice que las fiestas portuguesas siempre fueron diferentes
a las de sus pares europeas y que se caracterizaban por sus excesos. El
punto de partida se encuentra en los comienzos del siglo XVIII, en una
ceremonia llam ada
Entrudo (entrar) que semejaba una lucha cuyas armas consistían en
huevos, harina, botellas con aguas perfumadas, tubos de vidrio que hacían
explotar, y maíz y porotos para arrojar a la cabeza de la gente;
además, también se tiraban a la calle aquellos utensilios
que ya no tuvieran uso como jarros, potes y platos. Esta costumbre que
luego se trasladaría al último día del año.
Como
sucede con frecuencia, con el tiempo, las costumbres van cambiando o se
van incorporando nuevas. Así en 1840 un negocio de máscaras
importó caretas, bigotes y barbas falsas, para ayudar en la representación
y en los bailes. Luego, en 1852, aparecería Zé Pereira, un
grupo de tambores dirigido por José Nogueira de Azevedo Paredes,
que caminó las calles carnavalescas al ritmo de los mismos. Con
los años se incorporarían otros instrumentos como las "cuícas",
los tamborines y los "pandeiros".
En
1855 surgieron los primeros clubes de carnaval como el "Grandes So ciedades",
que no se dedicaban sólo a la celebración sino que también
se ocupaban de los problemas cívicos. Con su organización
y carros alegóricos, se convirtieron en los precursores del carnaval
tal como lo conocemos hoy en día. Pero todavía faltaba un
ingrediente: la samba. Las escuelas de samba tienen su origen en Deixa
Falar (significa "dejar hablar"), que en 1928 se transformó en la
primera de su clase. Por aquellos años los bailes en el Palacio
Copacabana y el Teatro Municipal fueron los más concurridos.
El
resto de la historia es conocida y se acerca a nuestros días: los
desfiles multitudinarios en los que las compañías demuestran
todo su colorido y experiencia. El primer desfile oficial fue en 1935 y
se llevó a cabo en un punto tradicional conocido como Plaza Once,
que luego, ante la explosión urbanística, fue derruido para
construir la Avenida Presidente Vargas. Así, el desfile fue trasladándose
varias veces hasta que en 1984 se inaugur ó
el Sambódromo, un verdadero templo en el que todos los años
desfilan las mejores carrozas y Scolas do Samba, que se preparan durante
meses para recibir una ovación.
Pero
el espectáculo no sólo está reservado al Sambódromo:
los bailes improvisados junto a las batucadas callejeras toman casi todas
las ciudades brasileñas y las fiestas se extienden en la noche pobladas
de turistas, arlequines, pierrots y espíritus alegres.
EL
REY DEL CARNAVAL
El
carnaval es una nación de ensueño y, como todo reinado, cuenta
con un monarca: El Rey Momo, una de las imágenes más tradicionales
y, quizá, la más fuerte. Nacido en la mitología greco-romana,
éste era el dios de la Irreverencia, razón por la cual fue
expulsado del Olimpo donde las otras deidades moraban.
En
la antigua Roma, durante los festejos del dios Saturno, el soldado más
bello era seleccionado y coronado como el Rey del carnaval. El elegido
era tratado con sumo resp eto
y le proporcionaban la mejor comida, bebida y diversión; pero al
terminar la fiesta era ofrecido en sacrificio en el altar de Saturno.
El
Rey del carnaval saltó el océano y llegó a los festejos
de Río en 1933. En aquella oportunidad, un diario local hizo un
muñeco de papel con forma de rey que fue sentado en un trono desde
donde presidió el evento. La idea fue tan certera y bien recibida,
que el muñeco reinó hasta 1948. Al año siguiente un
periodista lo reemplazó y desde entonces diferentes personalidades
fueron elegidas para cumplir el rol. Además, se conformó
la familia real con la introducción de la reina y las princesas.
Durante
30 años los reyes fueron elegidos por periodistas y por entidades
del carnaval. Pero desde 1967, los candidatos resultaron los preferidos
de un concurso. Actualmente, existe una comisión compuesta por once
miembros que se encarga de resolver quién es el nuevo monarca. Los
candidatos deben cumplir con
ciertos requisitos como ser brasileños y vivir en Río, pesar
más de 110 kg y medir por encima de 1,65 m. Por supuesto que la
recompensa no sólo consta del reconocimiento de la gente sino que
también se llevan alrededor de USD 3.700.
Momo,
con el tiempo, se transformó en el espíritu de la fiesta,
en el regente y propulsor de la alegría, las diversiones y hasta
de las diabluras. Por aquellas latitudes en febrero se visten de fiesta
y salen a bailar y a homenajear a su monarca, el Rey Momo. ¡Larga
vida al rey!
INFO:
¿CUÁNDO
IR?
La
fecha precisa es variable, pero siempre ronda entre fines de febrero y
principios de marzo. Oficialmente empieza un sábado y termina un
miércoles llamado "miércoles de ceniza".
¿CÓMO
LLEGAR?
Podés
llegar a todas estas ciudades en avión.
IMPERDIBLES
Ver
los ensayos de las grandes escuelas, días antes del carnaval
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