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Luciana Salazar


Río de Janeiro, la religión del carnaval

Todos los años, muchas ciudades del mundo se visten de excentricidad: carrozas de ensueño toman las calles custodiadas por un ejército fuera de lo común donde arlequines multicolores, músicos y bailarines, poseídos por una fiebre rítmica y alegre, y enmarcados en los fuegos de artificio, le dan vida a la mayor fiesta popular del mundo. Bienvenidos al carnaval.

Esta fiesta tiene la peculiar característica de establecer una brecha en el tiempo, de irrumpir en la cotidianidad con un energético encantamiento. Las máscaras, los bailes de disfraces y las comparsas, transforman a las ciudades en gigantescos salones de fiesta donde los cuerpos distendidos y lívidos se dan permiso en la expresión. Y es Río de Janeiro quien sintetiza ese espíritu. Allí se gesta la mayor fiesta del Brasil, reconocida en el mundo entero, que imana y atrae innumerables turistas. 

No se puede definir con certeza el origen del carnaval pero, según ciertos autores, sus inicios se encuentran cerca de los 1000 años antes de Cristo y están relacionados con antiguos festejos paganos: desde las saturnales y lupercales romanas, las celebraciones del buey Apis e Isis en Egipto y las fiestas celtas del muérdago hasta las bacanales griegas, de las que dicen que heredó su costado más extrovertido y desenfrenado. 

La palabra carnaval viene del latín carrum novalis, con el que los romanos abrían sus celebraciones, o carnelevale, que significa quitar la carne y alude al tiempo previo a la Cuaresma cristiana, los cuarenta días de abstención de la carne. Durante siglos se mantuvieron los festejos ligados a la Pascua y se extendieron por toda Europa y, más tarde, se trasladaron a América. Poco a poco el valor de las expresiones artísticas fue creciendo (especialmente en Francia e Italia) y las distinciones religiosas quedaron de lado. Así se llegó a la celebración actual que, con estilos diferentes, se lleva a cabo en varios lugares como Niza, Venecia, Cadíz, Nueva Orleans, Oruro y Gualeguaychú, entre otros. 

SAMBA, GAROTAS Y DESFILES

Sin lugar a dudas, el Carnaval de Río es el de mayor envergadura y efusión. Todos los años, miles de turistas alcanzan las costas de la ciudad encantados por el ritmo sensual de la samba, la desinhibición, y la expectativa de pasar algunas noches desenfrenadas, trazadas de colores, alegría carioca, y alcohol. Y no es para menos, pensar que Río descansa todo el año en la ansiosa espera de los cuatro días que dura su carnaval. 

Esta celebración tiene gran importancia regional, tanto que mucha gente guarda sus ahorros para destinarlos a ella, en vez de gastarlos en las fiestas de diciembre. Inclusive, se dice que los negocios deben quedar para después, cuando el año realmente comienza, ya que hay una considerable reducción en varias áreas comerciales, y los trabajadores no son tan confiables como en otras épocas del año. 

El carnaval llegó al Brasil junto con la colonización portuguesa y con la migración de sus colonias: Islas de Madeira, Açores y Cabo Verde. Se dice que las fiestas portuguesas siempre fueron diferentes a las de sus pares europeas y que se caracterizaban por sus excesos. El punto de partida se encuentra en los comienzos del siglo XVIII, en una ceremonia llamada Entrudo (entrar) que semejaba una lucha cuyas armas consistían en huevos, harina, botellas con aguas perfumadas, tubos de vidrio que hacían explotar, y maíz y porotos para arrojar a la cabeza de la gente; además, también se tiraban a la calle aquellos utensilios que ya no tuvieran uso como jarros, potes y platos. Esta costumbre que luego se trasladaría al último día del año. 

Como sucede con frecuencia, con el tiempo, las costumbres van cambiando o se van incorporando nuevas. Así en 1840 un negocio de máscaras importó caretas, bigotes y barbas falsas, para ayudar en la representación y en los bailes. Luego, en 1852, aparecería Zé Pereira, un grupo de tambores dirigido por José Nogueira de Azevedo Paredes, que caminó las calles carnavalescas al ritmo de los mismos. Con los años se incorporarían otros instrumentos como las "cuícas", los tamborines y los "pandeiros". 

En 1855 surgieron los primeros clubes de carnaval como el "Grandes Sociedades", que no se dedicaban sólo a la celebración sino que también se ocupaban de los problemas cívicos. Con su organización y carros alegóricos, se convirtieron en los precursores del carnaval tal como lo conocemos hoy en día. Pero todavía faltaba un ingrediente: la samba. Las escuelas de samba tienen su origen en Deixa Falar (significa "dejar hablar"), que en 1928 se transformó en la primera de su clase. Por aquellos años los bailes en el Palacio Copacabana y el Teatro Municipal fueron los más concurridos. 

El resto de la historia es conocida y se acerca a nuestros días: los desfiles multitudinarios en los que las compañías demuestran todo su colorido y experiencia. El primer desfile oficial fue en 1935 y se llevó a cabo en un punto tradicional conocido como Plaza Once, que luego, ante la explosión urbanística, fue derruido para construir la Avenida Presidente Vargas. Así, el desfile fue trasladándose varias veces hasta que en 1984 se inauguró el Sambódromo, un verdadero templo en el que todos los años desfilan las mejores carrozas y Scolas do Samba, que se preparan durante meses para recibir una ovación. 

Pero el espectáculo no sólo está reservado al Sambódromo: los bailes improvisados junto a las batucadas callejeras toman casi todas las ciudades brasileñas y las fiestas se extienden en la noche pobladas de turistas, arlequines, pierrots y espíritus alegres. 

EL REY DEL CARNAVAL

El carnaval es una nación de ensueño y, como todo reinado, cuenta con un monarca: El Rey Momo, una de las imágenes más tradicionales y, quizá, la más fuerte. Nacido en la mitología greco-romana, éste era el dios de la Irreverencia, razón por la cual fue expulsado del Olimpo donde las otras deidades moraban. 

En la antigua Roma, durante los festejos del dios Saturno, el soldado más bello era seleccionado y coronado como el Rey del carnaval. El elegido era tratado con sumo respeto y le proporcionaban la mejor comida, bebida y diversión; pero al terminar la fiesta era ofrecido en sacrificio en el altar de Saturno. 

El Rey del carnaval saltó el océano y llegó a los festejos de Río en 1933. En aquella oportunidad, un diario local hizo un muñeco de papel con forma de rey que fue sentado en un trono desde donde presidió el evento. La idea fue tan certera y bien recibida, que el muñeco reinó hasta 1948. Al año siguiente un periodista lo reemplazó y desde entonces diferentes personalidades fueron elegidas para cumplir el rol. Además, se conformó la familia real con la introducción de la reina y las princesas. 

Durante 30 años los reyes fueron elegidos por periodistas y por entidades del carnaval. Pero desde 1967, los candidatos resultaron los preferidos de un concurso. Actualmente, existe una comisión compuesta por once miembros que se encarga de resolver quién es el nuevo monarca. Los candidatos deben cumplir con ciertos requisitos como ser brasileños y vivir en Río, pesar más de 110 kg y medir por encima de 1,65 m. Por supuesto que la recompensa no sólo consta del reconocimiento de la gente sino que también se llevan alrededor de USD 3.700. 

Momo, con el tiempo, se transformó en el espíritu de la fiesta, en el regente y propulsor de la alegría, las diversiones y hasta de las diabluras. Por aquellas latitudes en febrero se visten de fiesta y salen a bailar y a homenajear a su monarca, el Rey Momo. ¡Larga vida al rey!

INFO:

¿CUÁNDO IR? 
La fecha precisa es variable, pero siempre ronda entre fines de febrero y principios de marzo. Oficialmente empieza un sábado y termina un miércoles llamado "miércoles de ceniza". 

¿CÓMO LLEGAR? 
Podés llegar a todas estas ciudades en avión. 

IMPERDIBLES 
Ver los ensayos de las grandes escuelas, días antes del carnaval
 
 
 
 

 

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