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Luciana Salazar


Chile: las casas de Neruda 

Fueron parte de su vida, de su lucha, de su poesía. Son tres casas-museo y están tal cual las habitó y dejó el poeta. Encierran su relato, ocultan su historia, conservan su mirada.

Si hubiera que describir la vida de Pablo Neruda, la mejor definición sería: una larga peregrinación. Viajó infinitamente, vivió en distintos países, conoció muchas culturas… Fue poeta, amante, comunista, político, exiliado, revolucionario, cónsul… No sólo en su obra se puede revivir este constante cambio, también es mucho lo que vive hoy en sus casas. 

En Chile, su tierra natal, hay tres "casas museos", abiertas al público, que relatan parte de su historia, de sus amores, de su historia política, de sus amistades… que muestran la cara más íntima y visible de ese viaje permanente. Visitarlas es mucho más que conocer el lugar en donde vivió Neruda, es tratar de ver en ellas su forma de poetizar el mundo, es intentar mirar lo físico con ojos de poeta. 
 

ISLA NEGRA

Esta es, tal vez, la casa más conocida: por sus rarezas, por estar en un lugar especial, porque conserva la tumba del poeta, porque en ella vivió muchos años, porque fue el lugar perfecto para militar, para escribir, para recibir amigos, para guardar sus 5.000 volúmenes de libros y sus muchas colecciones… 

Al regreso de España, en 1939, Neruda necesitaba un lugar de trabajo. El contacto con Europa, su amistad con García Lorca y los grandes poetas de ese entonces, lo hicieron madurar: un cambio, otra etapa: la lucha del pueblo, el "Canto General" y... "Encontré una casa de piedra frente al océano, en un lugar desconocido para todo el mundo, llamado Isla Negra." 

La costa salvaje, junto al tumultuoso movimiento del océano, fue el centro de numerosas fiestas. Neruda edificó esta casa "como un juguete", para jugar en ella "de la mañana a la noche". 

Ubicada frente al mar, con playa propia y especialmente diagramada, de norte a sur, para imitar la geografía de su amado Chile, Neruda la construyó como un barco en tierra, para poder navegar, libre y seguro. Acompañado de sus mascarones de proa, caracolas, reproducciones de barcos, figuras con busto, estatuas marinas, "efigies del océano perdido", botes, vidrios de colores, dientes de ballenas, máscaras africanas, mapas, barcos en botellas de vidrio, instrumentos musicales, sombreros, ropas, e infinidad de objetos personales y manuscritos de muchas de sus obras. 

Pablo Neruda murió el 23 de septiembre de 1973, consciente y destrozado por el golpe de estado del general Augusto Pinochet. Un día después, su venerada casa fue abandonada a los saqueos y allanamientos. Indiferente a las fuerzas de seguridad, pero bien custodiada por el espíritu del poeta. 
 

SANTIAGO: LA CHASCONA

"La piedra y los clavos, la tabla, la teja se unieron: he aquí levantada la casa chascona con agua que ocurre escribiendo en su idioma… el muro de azul victorioso, el onix abstracto del suelo, tus ojos, mis ojos, están derramados en roca y madera por todos los sitios... Mi casa, tu casa, tu sueño en mis ojos, tu sangre siguiendo el camino del cuerpo que duerme…" 

Tardó dos años en construir este refugio, a los pies del cerro San Cristóbal. Era su mundo adentro de ese otro gran mundo: muchos colores, adornos, muebles, y, como en todas sus casas, muchos ventanales y plantas en cada rincón. 

En este lugar vivió el poeta junto a Matilde Urrutia: su gran amor. En su honor la nombró "La Chascona". Luego de una abrupta e inevitable ruptura con Delia del Carril, asumió públicamente el romance, y se instaló a vivir allí con su amante. Era el año 1955. 

Pero la capital chilena no pudo ser su verdadero hogar porque "Santiago es una ciudad prisionera, cercada por sus muros de nieve. Valparaíso, en cambio, abre sus puertas al infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños". 
 

VALPARAÍSO: LA SEBASTIANA

"No puede estar muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria pero no en exceso. Vecinos, ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original pero no incómoda. Alada pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización, independiente pero con comercio cerca. Además tiene que ser barata." Todas estas condiciones debía reunir la casa que Neruda buscaba "para vivir y escribir tranquilo". La descubrió y compró en 1961. 

La casa se ubica en el cerro Florida, tiene cinco pisos, desde donde se puede abarcar todo Valparaíso. Cuenta con murales de piedras de colores, muebles y objetos originales, vitrales con flores de colores, mucho color en las paredes, además del mar y barcos asomados en todas las ventanas rindiéndole honor a su puerto. El último piso está destinado a una pajarera y la terraza a "cancha para helicópteros" y a "posibles astronavegaciones". 

Se llama "la Sebastiana" por su constructor Sebastián Collado, un ciudadano español que dejó el edificio sin terminar. La casa quedó deshabitada por largos años, por "absurda, peligrosa y poco funcional", y a la espera de su comprador. En 1961, Neruda la restauró y se fue a vivir en ella, la inauguró el 18 de septiembre con "banderitas chilenas y empanadas". 

Luego de la muerte del poeta, su viuda, Matilde Urrutia, decidió cerrarla para no volver; por 18 años quedó como una "casa fantasma". 
 

A "LA SEBASTIANA"
 

Yo construí la casa. 

La hice primero de aire. 
Luego subí en el aire la bandera 
y la dejé colgada 
del firmamento, de la estrella, de 
la claridad y de la oscuridad. 

Cemento, hierro, vidrio, 
eran la fábula, 
valían más que el trigo y como el oro, 
había que buscar y que vender, 
y así llegó un camión: 
bajaron sacos 
y más sacos, 
la torre se agarró a la tierra dura 
-pero, no basta, dijo el constructor, 
falta cemento, vidrio, fierro, puertas-, 
y no dormí en la noche. 

Pero crecía, 
crecían las ventanas 
y con poco, 
con pegarle al papel y trabajar 
y arremeterle con rodilla y hombro 
iba a crecer hasta llegar a ser, 
hasta poder mirar por la ventana, 
y parecía que con tanto saco 
pudiera tener techo y subiría 
y se agarrara, al fin, de la bandera 
que aún colgaba del cielo sus colores. 

Me dediqué a las puertas más baratas, 
a las que habían muerto 
y habían sido echadas de sus casas, 
puertas sin muro, rotas, 
amontonadas en demoliciones, 
puertas ya sin memoria, 
sin recuerdo de llave, 
y yo dije: "Venid 
a mí, puertas perdidas: 
os daré casa y muro 
y mano que golpea, 
oscilaréis de nuevo abriendo el alma, 
custodiaréis el sueño de Matilde 
con vuestras alas que volaron tanto." 

Entonces la pintura 
llegó también lamiendo las paredes, 
las vistió de celeste y de rosado 
para que se pusieran a bailar. 
Así la torre baila, 
cantan las escaleras y las puertas, 
sube la casa hasta tocar el mástil, 
pero falta dinero: 
faltan clavos, 
faltan aldabas, cerraduras, mármol. 
Sin embargo, la casa 
sigue subiendo 
y algo pasa, un latido 
circula en sus arterias: 
es tal vez un serrucho que navega 
como un pez en el agua de los sueños 
o un martillo que pica 
como alevoso cóndor carpintero 
las tablas del pinar que pisaremos. 

Algo pasa y la vida continúa. 

La casa crece y habla, 
se sostiene en sus pies, 
tiene ropa colgada en un andamio, 
y como por el mar la primavera 
nadando como náyade marina 
besa la arena de Valparaíso, 

ya no pensemos más: ésta es la casa: 

ya todo lo que falta será azul, 

lo que ya necesita es florecer. 

Y eso es trabajo de la primavera. (Pablo Neruda)

INFO:

¿CUÁNDO IR?
Conviene ir en temporada baja porque en verano, especialmente, las casas de la costa (Isla Negra y La Sebastiana) se llenan de turistas, locales e internacionales. 

¿CÓMO LLEGAR?
Santiago de Chile cuenta con el Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, a 26 km del centro de la Capital. Para ir a La Chascona (Fernando Márquez de la Plata 0192, Providencia) se puede tomar un auto o un vehículo público desde el centro de Santiago. Para las otras casas, se debe tomar un bus o un auto particular: Valparaíso (La Sebastiana: Ferrari 692, Cerro Florida) está a 120 km al noroeste de Santiago; e Isla Negra (Camino Vecinal s/n) a 135 km al oeste. 
La Fundación Pablo Neruda organiza visitas guiadas a estas casas-museos. 

RECOMENDACIONES
Si vas a Isla Negra, en verano o un fin de semana largo, debés tener en cuenta que, por la cantidad de gente y grupos turísticos, podés estar varias horas esperando el turno para ingresar; por este motivo te conviene llegar temprano.
 
 

 

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