| Santiago
de Chile: de los Andes al mar en minutos
Si tenés
poco tiempo para viajar y te encanta hacer veinte cosas distintas en 24
horas, no podés quedarte sin ir a Santiago de Chile.
DONDE
TE SENTÍS COMO EN CASA
En
pocas ciudades del mundo te sentís tan cómodo como en Santiago
de Chile. Tal vez sea porque se parece tanto a Buenos Aires. Pero al mismo
tiempo, es tan distinta que te impulsa a seguir recorriéndola y
descubriendo sus rincones secretos.
Santiago
tiene la peculiaridad de ser la capital de un país de contrastes
que logra armonía entre ellos.
Mezcla
rara de rascacielos modernos y palacios del siglo XIX, la primera vez que
estuve allá creí que me había equivocado de avión
y que había llegado a París. Pero el olor a cilantro que
impregna el aire (y que los chilenos usan en guisos y sopas) y la melodía
dulce que integra el modo chileno de hablar te hacen ver que estás
en el corazón de este país-fideo de más de 4.000 kilómetros
de largo y no más de 200 de ancho, donde la playa se eleva a 6.000
metros a sólo dos horas de viaje desde el mar.
Santiago
es cosmopolita y provinciana a la vez. Resulta fascinante caminar por sus
concurridas peatonales sabiendo que a un paso de ahí hay hermosos
picos nevados, y que a otro paso al oeste está el mar.
PARA
RECORRER SANTIAGO SIN MAPA NI BRÚJULA
Es
casi imposible perderse en Santiago. La ciudad está bien delimitada
y cortada en dos por el Río Mapocho. El Paseo Ahumada se extiende
al norte de la Alameda -que en verdad se llama Avenida Libertador Bernardo
O'Higgins- hasta la Plaza de Armas, cortándose hacia el centro por
el Paseo Húerfanos. Este es el epicentro de la actividad ciudadana,
donde escuchamos de las disquerías tanto a Eric Clapton como a Violeta
Parra, mezclado con cuecas, el folklore sinfónico de Los Jaivas
o el rock chileno de Los Tres.
El
aroma a pan recién levado inunda las calles a la hora del té,
una costumbre anglosajona que se respeta escrupulosamente.
Santiago
se encuentra en un valle, entre la cordillera y las montañas, que
separan la ciudad del mar, donde la falta de vientos ocasiona que el smog
se estacione formando una nube gris hasta en los días de sol. La
Plaza Baquedano -también conocida como Plaza Italia- viene a ser
como el ombligo de Santiago, separando el barrio este de Providencia, donde
viven los cuicos (o "chetos"), del barrio oeste de los rotos (como se les
dice aquí a los "crotos"). Más al este y al norte te internás
en el barrio de Apoquindo que te lleva a Los Condes, donde hay impresionantes
mansiones residenciales rodeadas de cuidados parques y jardines. El centro
propiamente dicho está al sur del Mapocho, extendiéndose
en calles vivaces en torno a la Plaza de Armas, que es bellísima,
con sus canteros de flores.
EL
MEJOR PESCADO DEL MUNDO
El
Mercado Central se encuentra al sur del río, a tres cuadras al norte
de la plaza. Merece una visita para ver toda la actividad en torno a los
mejores productos chilenos: racimos abundantes, tomates gigantescos, frutillas
voluptuosas y toda la variedad imaginable de pescado y frutos de mar: atractivas
centollas, estilizadas anguilas, cholgas rosadas y merluzas plateadas se
extienden como joyas sobre los reflejos del hielo molido. En el mismo mercado
se puede comer pescado fresquísimo preparado a niveles de excelencia.
Se recomiendan los locos (mejillones "extra large"), las cholgas a la parmesana
(servidas en su concha), el ceviche (a base de pescado cocido con jugo
de lima) y los deliciosos erizos de mar, que se comen crudos y saben a
algas. Una comida abundante en un lugar sencillo cuesta de 5 a 15 dólares.
Ojo: el vino encarece mucho las comidas. Con 25 dólares por día
podés tener comidas y alojamiento sencillos. Si comprás la
comida en los mercados, podés gastar menos aún. El Mercado
Vega, -con más colores- está cruzando el río.
LO
QUE LE TENÉS QUE PEDIR AL TAXISTA
No
alcanzan dos días para recorrer todos los monumentos importantes
que tiene la ciudad. Pero
si tu tiempo allí es corto, tal vez te conviene pedirle a un taxista
que te lleve a dar una vuelta por sus parques -todos verdes, floridos y
cuidados- como el Metropolitano, Forestal, Balmaceda, O'Higgins (al que
los chilenos llaman "Oijins"), el Parque de las Esculturas y de los Reyes.
También podes sugerirle que te muestre aunque sea desde afuera los
museos -Precolombino, Bellas Artes, Historia Natural, Histórico
Nacional, de Santiago en la Casa Colorada- y sus iglesias, como la de la
Colonia, de San Francisco, la Catedral, Santo Domingo, San Agustín
y La Merced. Y no podemos irnos sin haber visto la Casa de la Moneda, que
fue el lugar que se convirtió en residencia presidencial y último
bastión de Santiago Allende. Junto con el palacio Cousiño,
son ejemplos de arquitectura del siglo pasado que están llenos de
historia.
Si
querés ver la ciudad desde lo alto, los cerros San Cristóbal
y Santa Lucía ofrecen un buen mirador.
Toda
la recorrida no te va a costar más de diez dólares. Pero
las calles de Santiago son tan limpias y ordenadas que es conveniente ahorrárselos
para un buen caldillo de congrio en el Mercado (como el que menciona Neruda
en su Oda a tal plato) y recorrer la ciudad caminando.
PUNTOS
RECOMENDABLES
Otro
contraste de la ciudad: a minutos de los modernos rascacielos, encontramos
pueblitos de artesanos hábiles como Los Graneros del Alba y la Aldea
Vitacura, entre otros.
Los
hoteles baratos se encuentran en la Terminal de Buses Norte. Hoteles algo
más confortables y refinados se encuentran rodeando la Alameda y
la Avenida Balmaceda.
Si
llegás un sábado, no te olvides de ir a la Feria Artesanal
del barrio de Bellavista, donde además vas a encontrar infinidad
de galerías de arte, restaurantes y bares atractivos para tomar
algo escuchando cuecas.
Entre
la amabilidad de su gente, sus atractivas "fuentes de soda", el mercado
en la calle con libros y discos usados a precios irrisorios y sus anchos
paseos comerciales para recorrer paso a paso, Santiago nos muestra un lugar
demasiado cercano a la Argentina para no aprovecharlo haciéndose
una escapada. Y demasiado lindo como para no volver pronto. Estando ahí
, uno se acuerda de la canción que le dedicó Pablo Milanés
a Santiago: "Yo pisaré las calles nuevamente/ de la que fue Santiago
ensangrentada".
OTROS
RECORRIDOS PARA HACER DESDE SANTIAGO
AVENTURAS
EN LA MONTAÑA
Santiago
ofrece muchas excursiones atractivas que pueden realizarse en ómnibus
y tener la duración que uno desee: de una tarde o de varios días.
Una
que es especialmente recomendable llega al Cajón del Maipo, un río
turbulento con aguas de deshielo que recorre aldeas de montaña con
casas de paredes y techos cubiertos de tejuelas de madera que las cubren
como las escamas de las truchas que se pescan en este río. El paseo
incluye reconfortantes chapuzones en piletas de aguas termales y vistas
a impresionantes paisajes con amplias perspectivas sobre valles y montañas.
El río recorre un macizo de rocas que muestran capas de sedimentos
de los colores más variados: rojos, ocres
y naranjas al comienzo del recorrido, hasta llegar a los tonos azules,
morados y violetas que se ven en las alturas. Por supuesto, en invierno,
el único color es el blanco de la abundante nieve que cubre esta
zona. En verano, se puede hacer un asado en la montaña, en el recreo
público de El Manzano. A cinco kilómetros de aquí
se llega a la Villa de San Alfonso, donde se puede alquilar una cabaña
en el bosque junto a la Cascada de las Animas, donde hay una hermosa piscina
rodeada de colinas verdes. En el lugar se alquilan caballos para recorrer
la montaña. Un poco más arriba se encuentran las minas de
cobre abandonadas en torno a El Volcán, un pueblo fantasma que quedó
abandonado cuando la veta se extinguió. Si hacés la visita
con un guía, pedile que te muestre fósiles: la región
está llena de trilobites, amonites y caracoles petrificados de la
época en que todo Chile estaba sumergido debajo de mar. Y ninguno
de estos bichos que pisan los caballos tiene menos de 300 millones de años.
Muy
cerca de Santiago hay centros termales y de deportes, que en invierno ofrecen
excelentes pistas de esquí con perpetuas bajadas de nieve polvo,
y durante el verano organizan fascinantes programas para realizar actividades
de turismo de aventura que incluyen trekking, cabalgatas, rafting y escaladas.
VIÑA
DEL MAR Y VALPARAÍSO, EL RELAX JUNTO AL MAR
A sólo
una hora y media de Santiago están las otras grandes atracciones
de la Región Metropolitana: las ciudades gemelas de Viña
del Mar y Valparaíso. Pegadas pero completamente distintas.
Valparaíso
es un importante puerto con tres millones de habitantes, casas de colores
y calles que trepan subiendo y bajando por los barrancos que miran al mar.
Y la verdad es que todo el panorama que se ofrece a cada paso hace que
uno se llene de sana envidia hacia quienes viven en esta ciudad. ¿Sabés
lo que es levantarte en tu casa todas las mañanas y ver por la ventana
el Oceáno en toda su extensión? Es que aquí todas
las casas -encimadas como en terrazas- tienen vista al mar. La diferencia
entre Valparaíso y Viña es que Vaparaíso
es un sitio comercial por excelencia. Viña, en cambio, es el lugar
de las playas y el relax, de los hoteles elegantes, los departamentos de
categoría de fin de semana, los casinos y los restaurantes refinados.
Viña se conoce como la "Ciudad Jardín", y en seguida te das
cuenta por qué merece este nombre: toda la costanera está
engalanada con canteros de flores, palmeras y bananos que le dan un inusual
aire tropical. Además, en Viña hay un Jardín Botánico
de 61 hectáreas que reúne gran parte de la flora chilena
y del resto del planeta. Una vueltita por la costanera con sus carruajes
tirados por caballos hará que la brisa del mar en las cara de golpe
te ayude a darte cuenta de que estás en una de las ciudades más
atractivas del Cono Sur.
Al
contrario de Santiago, Valparaíso es una ciudad laberíntica,
donde no es fácil ubicarse: las calles empedradas trepan, dan vueltas,
giran sobre sí mismas y se convierten en escalinatas empinadas para
acomodarse a este terreno en ángulo agudo. Un recorrido interesante
es el que parte en barco desde el flamante Muelle Prat en el puerto de
Valparaíso -con su atractivo mercado artesanal-, que te permite
ver el movimiento de carga y descarga de sus barcos. El paseo cuesta 12
dólares por persona y sale con frecuencia permanente. Como este
muelle está junto a la Estación Puerto del ferrocarril, podés
aprovechar para tomar el tren que va de allí a Viña del Mar.
A siete cuadras al oeste del puerto también podés tomar el
Ascensor Artillería, un funicular que te lleva montaña arriba
hasta el balcón panorámico del Paseo 21 de Mayo, un sitio
parquizado que ofrece la mejor vista del puerto y la ciudad que lo rodea,
con sus ventanales siempre mirando al mar.
UN
RECORRIDO A TRAVÉS DE NERUDA Y PARRA
No
se puede pasar por Santiago sin recordar a su famoso Premio Nobel, el poeta
Pablo Neruda (aunque también tuvo como Premio Nobel a la poetisa
Gabriela Mistral). Por eso vale la pena sentir al peota de cerca, visitando
sus propias casas, que funcionan como museos. Neruda tuvo tres casas: la
de Isla Negra, la de Valparaíso (llamada "La Sebastiana") y la de
Santiago, llamada "La Chascona". En su casa de Santiago, para no extrañar
el mar, el poeta mandó pintar el Pacífico en la pared de
su estudio, con caracoles, olas, rompiente y todo.
Otro
referente de la cultura chilena siempre será Violeta Parra, que
heredó su talento a sus hijos, sobrinos y nietos. En Santiago se
pueden pasar noches espectaculares entre amigos en "La Peña de los
Parra", otra casa museo-teatro-peña donde noche a noche se juntan
los Parra a hacer recitales de guitarra y compartir empanadas y vino entre
amigos, mientras todos pueden observar los objetos en exhibición
más variados que pertenecieron a la querida Violeta, la más
grande compositora y cantante chilena.
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