| Cusco
La magia
reina en Macchu Picchu
Habíamos
viajado todo el día en tren desde el Lago Titi-caca y al fín
llegamos al Cusco. En lenguaje inca significa Ombligo, porque desde ese
lugar el Imperio se expandía y crecía en redondo.
Estábamos
cansados, con hambre, y nos teníamos que poner a buscar un hotel
donde poder pasar la noche. Sin embargo, junto con Andrea y Fausto, mis
compañeros de viaje; dejamos la estación de tren y caminamos
ansiosos tratando de ver en la oscuridad de la noche algo acerca de lo
que habíamos leído de esta legendaria ciudad. Cuando llegamos
a la Plaza de Armas, nos miramos asombrados, como diciéndonos ¿están
viendo lo mismo que yo? Recovas antiguas, veredas de prolija piedra bola,
balcones de madera tallada con exquisito estilo, todos los techos de teja
colonial, fachadas y campanarios de fastuosas iglesias platerescas y barrocas,
faroles de hierro forjado, y muchos detalles más que, sumados, inspiran
a que te transportes en el tiempo hacia los siglos XVI y XVII en pleno
Virreinato del Perú.
El recuerdo es inolvidable. Aquella
primera vista de la Plaza de Armas completamente iluminada nos impresionó.
No es un escenario ambientado para el turismo, por el contrario, es bien
auténtico y la conciencia de ésto hacía que todos
los viajeros que esa noche iban llegando a la plaza, quedaran maravillados
y sorprendidos observando ese pintoresco ambiente que ha sobrevivido intacto
al tiempo.
Cusco fue declarada Capital Arqueológica
de Sud América y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
Lo cual ha contribuído a mantener protegida su arquitectura de los
cambios.
Los
días siguientes la recorrimos, visitamos museos, iglesias, mercados
típicos, restaurantes, ruinas arqueológicas, discos nocturnas
y otros muchos sitios interesantes. Un peculiar ambiente indígena-hispánico
inunda las calles. Conocimos turistas, aventureros, místicos y viajeros
que como nosotros caminaban impulsados por descubrir los misterios de esta
hermosa ciudad. El hecho de que Cusco siempre te hace sentir un "Indiana
Jones" aventurero, es uno de sus más divertidos atractivos.
¡Qué colorido tiene
su gente! Los ''peruanos de la sierra" (como llaman ellos a la cordillera)
son muy originales gracias a que mantienen vigente su tradicional cultura.
Gente laboriosa, sencilla e inteligente; tienen también mucha de
nuestra familiar "viveza criolla". Noté que demuestran una especial
simpatía hacia los argentinos, es el afecto hacia un pueblo hermano
muy querido. En su composición étnica se destacan los quechuas
y aimaras, que conforman más de la mitad de la población.
Debido a este alto porcentaje de quechuas, escuchás su idioma cotidianamente
en toda la región de La Sierra.
Es inevitable el andar como un turista
japonés sacando fotos, todo es folklórico. ¡Ojo! Algunos
cusqueños con vestimenta muy típica se encuentran justamente
esperando a que los fotografíes para pedirte luego unas monedas
a cambio.
Los mercados son un paraíso
para el olfato; frutas, verduras, especias y alimentos que tu nariz recordará
siempre por sus fuertes aromas. Los adoquines de las calles tienen superficies
brillantes, pulidas por siglos de uso. Las anaranjadas tejas coloniales
de toda la ciudad te muestran sus auténticas e irregulares formas,
dadas por los muslos o piernas que les hacían de molde durante el
virreinato. Las callecitas suben y bajan copiando el relieve del valle.
Algunas son sólo angostos pasajes peatonales encerrados entre antiguos
muros incaicos de enormes piedras.
Junto a viajeros de todo el mundo,
en su mayoría europeos, íbamos a bailar todas las noches
a discos alucinantes. Fausto conoció en una de ellas a su novia
Fabricia, que estaba junto a una amiga también de viaje.
La música tenía mucha
onda en este bar, los dueños eran holandeses, y entonándote
con unos tragos típicos como el pisco, al rato terminabas hablando
en varios idiomas y hasta entendiéndote también con señales
de humo. Pero hay que estar atento durante la noche cuando regresás
al hotel; las angostas callecitas suelen estar oscuras y algunos "amigos
de lo ajeno", aprovechan para asaltar a los viajeros. No es para alarmarse
sino, como en toda ciudad hoy en día, tomar la precaución
de estar alerta.
En los alrededores de Cusco se encuentran
enlazadas en un circuito de 15 km. las espléndidas ruinas de Saqsaywaman,
Q'enqo, Fortaleza de Puca Pucara y Tambomachay. Con Gustavo, Verónica
y algunos amigos más que nos habíamos hecho, paseamos muertos
de risa por lo que parecía ser el país de los Picapiedras:
toboganes, tronos, relojes solares, tribunas, canales, estanques, portales,
todo hecho de piedra; faltaban Bam-Bam, Pedro, Pablo, Betty,
Vilma y estábamos todos.
Encaramos el recorrido a pie a manera
de entrenamiento, para enfrentar el agotador Camino del Inca en pocos días
más. La principal razón por la que es extenuante es la elevada
altura, en la que el oxígeno es bastante más escaso que a
nivel del mar. Caminar por Cusco mismo, ya es más cansador de lo
normal: la Plaza de Armas se encuentra a nada menos que 3360 m. sobre el
nivel del mar.
Pisaq es un pintoresco pueblo mestizo-colonial
a 32 kms. Posee el mercado artesanal más concurrido. Se ofrecen
líneas de textilería y cerámica orientada a la confección
de qeros o vasos ceremoniales, platos, ceniceros, collares, réplicas
de cerámicos pre-hispánicos, etc. y ponchos, chombas, bolsas
y otros productos realizados por comunidades nativas. Te recomiendo los
tapices y pulóveres, que son espectaculares.
Para conocer lo que significa Cusco
realmente es fundamental enterarte de su legendario pasado como capital
del Estado Andino del Tawantinsuyo:
Fue
fundada por Manco Capac Pachacuti Inca (reinó entre 1438-1471) sobre
un núcleo urbano ya existente, y pronto se transformó en
el corazón del Imperio. En sólo cien años extendieron
su soberanía en todo el territorio andino.
Las piedras utilizadas en sus construcciones
fueron talladas en ángulos irregulares, sin embargo se unen perfectamente
y constituyen construcciones antisísmicas excepcionales. Fue castigada
por terremotos, pero en varios lugares de la ciudad aún se alzan
muros incaicos de piedra que sirvieron de apoyo a edificios de la época
colonial, residencias y palacios levantados por los españoles, que
entraron en Cusco en 1533. Es asombrosa la exactitud con la que encajan
estas enormes piedras unas sobre otras.
Los Incas eran para sus súbditos
casi divinidades; bastaba con poner un hilo de su banda real en manos de
cualquiera de ellos, para que fuera respetado y obedecido en todas partes,
porque a la sola vista de este hilo, todos se ofrecían a la muerte
voluntariamente y sin ninguna resistencia. Este poder sin límites
fue siempre empleado por los Incas en la felicidad y el bienestar de sus
súbditos. En la serie de doce reyes que se sucedieron, no hay uno
solo que no haya dejado el recuerdo de un soberano justo y venerado por
su pueblo.
Su idioma oficial fue el quechua.
Transmitían l os
principales hechos a la posteridad por medio de nudos que hacían
a las cuerdas. Tenían obeliscos, divisiones regulares para marcar
el punto de los equinoccios y de los solsticios. Su año era de trescientos
sesenta y cinco días. Tallaban estatuas con un arte sorprendente,
y en fin, era la nación más aseada e industriosa del Nuevo
Mundo.
El Inca Huayna Capac había
aumentado y embellecido el Imperio realizando grandes caminos, desde Cusco
hasta Quito, norte de Argentina, Chile, y todo el territorio en su poder,
a través de precipicios que habían sido terraplenados y de
montañas allanadas. Correos de hombres establecidos cada 4 kms.
llevaban las órdenes del monarca por todo el territorio.
En la época en la que los
españoles se presentaron por primera vez en la costa (1526) el Imperio
se hallaba en conflicto, debido a la lucha entre dos hermanos herederos
del último Inca fallecido. Huascar y Atahualpa eran ellos. Este
último era el que reinaba momentáneamente, con sede en el
Cusco.
Pizarro, al mando de los españoles,
se dió cuenta enseguida de todo el partido que podía sacar
de las circunstancias al recibir a los enviados de Huascar, que venían
a pedirle ayuda contra su hermano Atahualpa, a quien presentaban como un
usurpador. De inmediato se adelantó hacia el interior del país
a la cabeza de débiles fuerzas. Durante la marcha recibió
a un enviado de Atahualpa. Naturalmente Pizarro fue pródigo en promesas
de amistad, de afecto y declaró al embajador indio que cumpliría
cualquier orden de su señor rey.
Aprovechó la honradez y simplicidad
de Atahualpa, que había creído completamente en sus promesas
de amistad, para tenderle una trampa. Ni un escrúpulo paso siquiera
por el alma desleal del conquistador. Aquella infame traición será
siempre un eterno baldón para su memoria.
Sólo la noche puso fín
a la carnicería; cuatro mil indios quedaban muertos. El botín
recogido sobrepasó todo lo que los españoles habían
podido imaginar.
Al principio, soportó Atahualpa
con bastante resignación su cautividad, pero habiéndose dado
cuenta de la codicia desenfrenada de sus carceleros, propuso a Pizarro
pagarle un rescate que consistiría en hacer llenar, hasta la altura
que él pudiese alcanzar con la mano en alto, una habitación
con vasos, utensilios y demás adornos de oro. Este acept ó
contentísimo, y el Inca dictó enseguida las órdenes
necesarias y todas las provincias las ejecutaron prontamente y sin protestar.
Tan pronto como se pagó su
rescate, Atahualpa reclamó su libertad. No solamente no le fue concedida
sino que se le instruyó un proceso en que Pizarro fue a la vez juez
y parte. Declarado culpable, fue condenado a ser quemado vivo; pero como
había concluído por pedir el bautismo para librarse de las
insistencias del capellán de la expedición, se conformaron
con estrangularle.
Días después, cuando
Pizarro entró al Cusco quedó asombrado: era una ciudad tan
grande como cualquiera de las ciudades europeas y refulgía con el
oro que ornamentaba sus palacios y templos de piedra. Era la orgullosa
capital del Imperio más grande de Sudamérica.
Conocer esta historia, vergonzosa
para España, pero que engrandece al pueblo quechua, es lo que dió
mayor significado a nuestra futura travesía por los caminos de aquel
legendario Imperio.
Salimos de Cusco hacia Macchu Picchu,
a bordo de un tren que recorre 112 km. paralelamente al cauce del río
sagrado de los Incas, el Wilcamayu, hoy llamado Urubamba. A la altura del
Km. 88 nos bajamos del tren los que intentaríamos realizar el alucinante
"Inca Trail".
El recorrido total mide 35 km. en
el que se atraviesan cuatro pasos, el más alto de ellos por encima
de los 4000 m. Alcanzamos éste durante el segundo día de
viaje, después de 8 hs. de trepada, haciendo muchas paradas para
poder recuperar el aliento. La falta de oxígeno era más que
evidente, no sólo nos cansábamos rápido, sino que
tardábamos mucho tiempo en recuperar el aire. Realmente llegar a
este paso fue un triunfo. Todos los viajeros que finalmente habíamos
arribado nos sacamos fotos festejando. Chicas y chicos de Brasil, Suecia,
Holanda, Italia, Córdoba y nosotros, todos orgullosos como si hubiéramos
conquistado la cima del Everest.
A lo largo del camino encontramos
varias ruinas de distintas fortificaciones en muy buen estado, colocadas
estratégicamente de forma tal que se dominan visualmente todos los
valles y sus accesos.
El esfuerzo nos provocaba un voraz
apetito, tal es así que al finalizar el segundo día habíamos
terminado con casi todas las provisiones. Las Cerealitas que quedaban,
con atún y mayonesa, nos salvaron del hambre, fuero n
de las más ricas que comí en mi vida.
El marco de montañas cubiertas
de exuberante vegetación, las ruinas, las sorpresivas e inconstantes
lloviznas, la camaradería entre los viajeros y la fascinación
que te produce el andar por las empedradas sendas del antiguo imperio,
hacen del Camino del Inca un paraíso para los amantes del trekking
de todo el mundo. Sobre esto último, Turbian, un chico sueco que
venía con nosotros, nos decía: ''llegar a Macchu Picchu por
el mismo pasaje en que arribaban los nativos hace 500 años es más
vital que estar tirado en una playa en Cannes''.
Al tercer día bien temprano
desarmamos las carpas y apuramos el paso hasta la Puerta del Sol, último
paso y desde donde se tiene la primera vista del fabuloso Macchu-Picchu.
Todos los extranjeros que estábamos ese día en la Puerta
del Sol esperamos ansiosos hasta las 11 de la mañana, hora en que
empezaron a elevarse las nubes que cubrían la montaña y pudimos
apreciar la espectacular panorámica
de las centenarias ruinas. Ver esa ciudad de piedra luego de haber caminado
durante tres días en la montaña es un golpe de alegría
y magia a la vez. Se hizo un profundo silencio y ni los argentinos nos
atrevimos a romperlo (tenemos fama de gritones... y es verdad).
A pesar de que solamente se puede
llegar en tren es uno de los lugares más visitados de todo el continente:
recibe 200.000 turistas, aventureros y místicos por año.
En todo el espacio se encuentran
alrededor de 140 construcciones entre templos, santuarios, plazas, núcleos
residenciales y un complejo sistema de estanques, construídos para
dar agua a los andenes de cultivo. El cerro que se levanta detrás
es el Huayna-Picchu. Estábamos muy cansados para intentar llegar
a su cumbre, pero seguramente es un excelente punto panorámico.
La Ciudad Sagrada te genera una dulce
añoranza por aquella cultura que fue y destruyó. Hoy se respira
una saludable paz, sobre todo durante el amanecer y la puesta del sol.
Es uno de esos pocos lugares en donde se entiende que vivir es un regalo.
La ciudadela se ubica a 2450 m.
de altura. Fue descubierta por Hiram Bingham en 1911 y no se conoce el
verdadero objetivo de su construcción. Tal vez fue sólo una
ciudadela defensiva o pudo ser un lugar con fines religiosos y civiles.
La mayor parte de los esqueletos
hallados pertenecen a mujeres, lo que hace pensar que se trataba de un
enclave para las vírgenes del Sol (sacerdotisas).
Algunos creen que así como
el cuerpo humano tiene puntos de energía, la Tierra también
tiene sus propios centros. ''La energía que irradia Macchu Picchu''
es una de las tantas metáforas que utiliza la gente para describir
algo tan intangible como el amor mismo. Unicamente lo percibe y lo festeja
el alma, eso es lo que yo llamo magia.
Así culminamos un maravilloso
e inolvidable viaje, de esos en los que recopilás cantidad de felices
anécdotas y grandes amistades.Tengo muchos recuerdos y hay mucho
más que contar, por ejemplo Fabricia y Fausto hoy son esposos ¿habrán
sido los espíritus de las vírgenes del Sol o la magia de
Macchu Picchu...?
Espero que este sencillo relato
haya bastado para despertar tu curiosidad, y vos algún día,
cuando quieras agradecerle a la vida, encontrarás siempre este espléndido
rincón del Perú esperándote.
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