| El pene y su primacía
Casi del mismo modo, sin
rituales, se va estructurando la primacía del pene con la necesidad
imperiosa de la erección y posterior eyaculación intravaginal
como mecanismo de sumo placer. Obvio es decir que no era el único
camino para la pasión pero, la asociación falo-placer-voluptuosidad,
tuvo un poderoso anclaje. La relación entre el acto sexual, potencia
y reproducción, hizo de la erección una cualidad casi excluyente
para la realización erótica. Así, la exigencia de
la masculinidad se centrará básicamente en que el varón
logre la rigidez: aquel que no la tenga será visto como un ser inútil
para la sociedad. Si bien el dios Príapo no corre por los campos
persiguiendo doncellas, la simbolización fálica sigue vigente
en esta cultura machista y obsesionada con el poder.
Muchos
varones, si no logran una erección -al no poder por primera vez
en su vida- entran en una crisis profunda. De inmediato aparece la fantasía
de pérdida de la masculinidad asociada, a veces, con temores de
homosexualidad. Esta es otra fantasía sin asidero y que liga homosexualidad=
impotencia. Un paciente homosexual comentaba sorprendido: “¿desde
cuándo los homosexuales somos el vivo ejemplo de la impotencia,
qué tiene que ver una cosa con la otra?” Si bien hay algunos varones
gays que pueden padecer disfunción erectiva o eyaculación
precoz -al igual que los heterosexuales-, mayoritariamente no suelen ser
impotentes, por el contrario muchos tienen una virilidad envidiable.
¿A mayor tamaño,
mayor potencia?
La asociación entre
el tamaño del pene-virilidad-potencia sexual es una creencia arraigada
entre los varones. Creer que "cuanto más grande" mayor será
la potencia sexual y que se provocará mayor goce es un tema con
connotaciones machistas que, en muchos casos, puede causar complejos y
traumas injustificados. A pesar de todos los mitos que se tejen alrededor
del tamaño y que a muchos varones les quita el sueño, quiero
recordar que en el fondo vaginal no hay terminaciones sensitivas relacionadas
con la excitación ya que las más sensibles se hallan en la
zona clitoridiana, en los labios, en la región anterior o externa
de la vagina (incluido el Punto G; de manera que llegar al fondo no es
el único camino del placer. Además la vagina se adapta y
acomoda de acuerdo a lo que se introduce en ella, es altamente flexible
a modo de cavidad virtual y no real, es decir que, estando cerrada habitualmente,
en el estado de excitación - lubricación se puede adaptar
a un dedo o a un pene y, en el parto, hasta dejar pasar un bebé
de 4 kilos. La profundidad de la vagina es de un promedio de 11-14 centímetros,
y el orgasmo femenino no se produce sólo por la penetración,
sino también por el rozamiento de la región clitoridiana
y los labios. Muchas mujeres no llegan al orgasmo si el clítoris
no es estimulado manualmente, aunque el falo sea de gran porte. No se puede
negar el peso de lo simbólico ni decir que las pautas culturales
sean fáciles de neutralizar: éstas sostienen que a mayor
tamaño mayor goce, a mayores senos más placer, a la belleza
corresponde mayor promesa de felicidad, si ella es linda gozarás
enormemente. No vaya a creerse que este mito incide solamente en los varones
heterosexuales sino que he podido escuchar en algunos de mis pacientes
homosexuales cuánto los inhibía y acomplejaba el tener un
miembro muy chico: en sus círculos también se deifica al
que la tiene de gran tamaño.
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