| Las tres prácticas del placer
anal
Existen
diferentes maneras de disfrutar del placer anal. A continuación
les mostramos unas prácticas que pueden realizarse independientemente,
o una después de la otra, para una estimulación progresiva,
que determinará el éxito de sus experiencias anales.
Con
la lengua: el anilinctus
Antes
de detenerse en las nalgas, lama las zonas erógenas de su compañera.
Luego, continúe con la raya, el contorno del ano, hasta llegar al
mismo ano, zona muy sensible. En esos momentos, su compañera empieza
a sentir una sensación caliente muy excitante.
Con
un dedo o un juguete sexual
Suavemente
Introduzca en el ano un dedo o, mejor aún, un consolador liso y
lubrificado. Deténgase un momento, para que el esfínter de
su compañera se habitúe a esta nueva sensación. Efectúe
luego un movimiento circular, que ayudará a relajar a su compañera.
Empújelo un poco más hacia adentro, al mismo tiempo que realiza
un movimiento de vaivén; aségurese de que su compañera
sigue sintiéndose a gusto.
Esta
estimulación puede resultar muy placentera. Puede realizarse antes
de la penetración anal, o acompañar la penetración
vaginal o el sexo oral. La mujer puede también estimular la próstata
de su compañero y aumentar así la intensidad orgásmica.
Con
el pene: la sodomización
La
mujer puede estar acostada bocabajo, de pie (de espaldas al hombre), acostada
de lado, o sentada encima de él : en esta última postura
controla mejor la profundidad de la penetración. Si optan por la
postura del galgo, la mujer tendrá que levantar su tórax
para facilitar la penetración. Lubrifique el pene abundantemente
(sobre todo el glande) y el ano. Comience penetrando lentamente. La primera
vez, quizá no la pueda meter entera, sobre todo si su compañera
no está totalmente relajada. Pero con un poco de tacto y ternura,
no se le deben presentar mayores complicaciones.
Antes
de llegar a la mitad del camino, deténgase para que ella se habitúe
al intruso. Comience entonces a efectuar un movimiento de vaivén…suavemente.
El hombre tiene que estar siempre muy atento a las reacciones de su compañera,
y detenerse si ella se queja. En dicho caso, se volverá hacia atrás,
hasta que ella se encuentre más a gusto. El hombre puede estimular
simultáneamente el clítoris, o dejar que se ocupe de ello
la mano experta de su compañera, lo que, a buen seguro, le producirá
un orgasmo muy intenso. Alcanzada la cumbre del placer, el hombre se retirará
suavemente.
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