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Era esa sensación deliciosa de las medias de nylon o la lencería de seda contra mi piel, el sabor del lápiz labial y otras manifestaciones típicas de la femineidad, las que me atrajeron desde niño y que me producían una extraña excitación y un placer intenso. A partir de los doce o trece años ya me vestía completamente de mujer, a escondidas en el baño o en mi pieza, usando las ropas de mi joven madre. A ella misma la espiaba a veces desde la cerradura mientras se vestía en su cuarto antes de salir y veía cómo elegía cuidadosamente su lencería, las medias, su vestido, etc., dejándolos estirados sobre la cama y poniéndoselos luego uno a uno con sumo cuidado, mirándose cada vez al espejo, como disfrutando lo bien que se veía... de manera que crecí disfrutando del placer de la ropa, la sensualidad y la coquetería típicamente femeninas, hasta el punto de sentirlas mías, de sentirme pleno sólo al estar vestido de mujer. Mi padre era vendedor viajero, de manera que cuando salía nos dejaba a mamá y a mí solos durante varios dias... en estos períodos era normal que mamá, que a la sazón contaba 33 años y era una mujer muy atractiva, se vistiera en forma especialmente elegante y coqueta, con vestidos cortos y zapatos de tacos altos, y recibíamos visitas de vecinos o de otros hombres que yo desconocía, y en tales ocasiones, mamá me enviaba a jugar a la calle o a encerrarme en mi dormitorio. Uno de esos días, mientras veía televisión en mi pieza, escuché que mamá y el tipo que nos visitaba subían por la escalera y entraban al cuarto de ella, por lo que al cabo de un rato me acerqué sigilosamente a ver qué podrían estar haciendo... ya desde lejos sentí sus voces entrecortadas, en especial la voz de mamá pidiéndole o más bien rogándole algo al señor ese... con el corazón latiendo cada vez más fuerte, me acerqué aún más, miré a través de la cerradura y los ví... mamá estaba tumbada de espaldas en la cama, con su vestido subido hasta las caderas y las piernas abiertas mientras abrazaba al hombre que, con los pantalones abajo, estaba montado encima de ella moviéndose rítmicamente mientras la poseía... mamá emitía una súplica y un gemido cada vez que el hombre le clavaba la verga dentro de su vagina mientras le preguntaba si le gustaba que se la pescara ahí en su propia cama... mamá sólo balbuceaba respuestas inconexas mientras movía su cabeza de un lado para el otro con los labios entreabiertos y su cuerpo entero respondía con un remezón a los enviones de su hombre... me quedé con la boca abierta sin poder creer lo que estaba pasando y una inmensa sensación de rabia e impotencia me invadió... y sin embargo ahí me quedé en silencio observando la escena, presa de una extraña mezcla de rabia y excitación que me recorría el cuerpo entero mientras veía cómo un hombre perfectamente desconocido violaba a mi mamá, cómo ella se dejaba y cómo parecía gozar intensamente de lo que ese hombre le estaba haciendo... fue entonces que mamá me vió! Me miró con una mirada como de súplica, quizás pidiéndome perdón, no sabría explicarlo bien... pero aún así, no hizo nada y permitió que el tipo siguiera haciéndole el amor... Mi cuerpo entero tiritaba y parecía que el corazón me iba a saltar por la boca mientras seguía mirando esa escena y un placer intenso me pareció nublar la vista... Corrí a mi pieza y cerré con llave mientras me derrumbaba en el piso a llorar de impotencia, de rabia y luego, después de un rato, saqué a toda prisa de un bolso escondido algunas prendas que tenía guardadas, y con ellas puestas, me tumbé en mi cama tal como estaba mamá y me imaginé que era yo misma la que estaba siendo montada por ese hombre... Después de unas horas, mamá llegó a mi cuarto, se sentó a mi lado y me pidió que la perdonara, que ella en realidad amaba a papá, pero que estaba mucho tiempo sola y que ella necesitaba eso... que la tratara de entender... y claro, que por favor no dijera nada a papá... Entendí entonces que, tal como yo misma lo presentía, la sensación de estar con un hombre debía ser maravillosa y muy fuerte para una mujer, y decidí que yo no me iba a perder de eso... que sería una mujer! De manera que desde ese día, procuré por todos los medios hacerme más y más mujer, tanto en mi apariencia y vestimenta como en mis movimientos, gestos y actitudes. Aprendí a caminar con tacos altos, con esa actitud arrogante de mamá y con su mismo bamboleo insinuante de caderas, a cruzarme de piernas de forma elegante dejando éstas en un ángulo oblicuo hacia un lado, a maquillarme, en fin, a todo eso que hace a una mujer diferente del hombre y además muy deseable a los ojos de éstos. También conseguí con el tiempo y con la ayuda de hormonas femeninas (que no sé cómo conseguí) las curvas de una mujer, y aprendí a ocultar mi pequeño pene hacia adentro, al punto que con la sola presión de la lencería desaparecía por completo, y logré tener senos, no muy grandes es cierto, pero senos verdaderos al fin y al cabo. Ya a los quince años me lograba transformar completamente en mujer, en una hermosa mujer además... y muy sensual. Y durante todo este tiempo, mamá siguió entregándose a otros hombres, algunos con facha de delincuentes o camioneros, que era con los que más gozaba y para los cuales se preparaba siempre de una forma exquisita que me daba envidia... y en la confianza de que yo sabía todo y que además callaba, no tenía problemas en hacerlo directamente en casa y así pude seguir espiando y disfrutando de cómo se la culeaban y con más ganas de ser yo misma la mujer que estaba siendo mancebada... Un día de verano, cuando tenía 17 años y estaba sola en casa, aproveché como siempre lo hacía, de vestirme de mujer. Ese día escogí ponerme un vestido blanco muy ajustado a la cintura pero que caía luego suelto en una falda plisada muy corta, de esas que vuelan al viento y bailan al ritmo de mis caderas al caminar. Me puse unos zapatos blancos de tacos altísimos, de aquellos clásicos terminados en punta triángulo y muy rebajados adelante, de manera que dejan entrever la comisura de los dedos y me hacen ver muy sexy. Mi atuendo era completado con unas coquetas braguitas de encaje blanco... no llevaba nada más, pues hacía calor y además me gustaba que mis pezones resaltaran a través de la tela del vestido. Estaba en el tocador de mamá colocándome la peluca rubia de cabello corto y ya terminaba mi maquillaje con unas gotas del perfume que ella usaba cuando se arreglaba para alguna aventura cuando sentí una extraña sensación de no estar sola... me dí vuelta y allí estaba Rubén el jardinero, apoyado contra el dintel de la puerta con su facha de camorrero... creo que el corazón se me paró ahí mismo... nerviosa, no sabía qué hacer ni qué decir y sólo atiné a pararme y salir de allí arrancando para ir a esconderme en mi cuarto, pero no pude cruzar la puerta porque él me detuvo. Le pedí, más bien le rogué balbuceando que no dijera nada a nadie, que aquello sólo era un juego y todas esas cosas, cuando él me tomó la cara por la barbilla y me dijo que en primer lugar, una mujer tan perfecta no podía ser cosa de un simple juego, que él ya lo sabía de tiempo y que no diría nada siempre y cuando yo fuera absolutamente complaciente con él... No tenía otra alternativa y casi sin pensar, respondí que sí y pregunté qué deseaba que hiciera, a lo que él respondió que lo esperara, que él iba a descolgar el teléfono y cerrar la puerta de calle para que nadie molestara... y ahí me quedé tiritando de miedo, de vergüenza y preocupada de qué diablos pretendía hacer él conmigo... Quizás pretendía robar la casa, ya había escuchado historias sórdidas relativas a casos así... o quizás me iba a hacer el amor? ... dentro de mi justo nerviosismo, comencé a sentirme extrañamente agitada,un calorcito me subía por las piernas y mis pezones apuntaban descarados a través de la tela... acaso finalmente me iba a convertir en mujer? No podía pensar, me sentía indefensa y a merced de Rubén... Cuando él volvió sonriendo, se me acercó, me tomó por la cintura y me dijo al oído estas palabras mágicas, que terminaron por derrumbar cualquier defensa que aún podía haber en mi conciencia: "estuve observándote un buen rato y me gustas, estás muy provocativa, ahora vamos a hacerlo aquí mismo donde tantas veces me he cogido a tu madre... " magia pura... mi corazón dio un respingo, mis pechos se endurecieron de inmediato y mi ser entero volvió a ser la mujer coqueta y deseosa de mis fantasías, sólo que ahora estaba con un hombre, uno de verdad... No dije nada, tan sólo alcé mis brazos para abrazarlo lentamente, me apreté contra su cuerpo para sentir su masculinidad expectante a través de sus pantalones y subí con mi boquita para regalarle mis labios en un beso apasionado. Todo era nuevo para mí, experimentaba sensaciones deliciosas, tan deliciosas como la lengua gruesa y cálida del hombre entrando en mi boca para juguetear con la mía, sus manos recorriendo mi piel bajo mis faldas, tocando mis encantos ocultos y encendiendo aún más la hoguera que ya ardía dentro de mi... ya era mujer, una mujer verdadera,y una mujer caliente... tal como mi madre! Rubén me pidió que le preparara un trago, por lo que fui al bar caminando con la colita parada y contorneándome lo más sexy que podía, para mostrarle mis piernas y mis curvas, para sentirme observada... me senté frente a él para cruzarle mis piernas de la forma elegante que había aprendido... y luego me tomó del brazo y me llevó a la recámara donde me abrazó nuevamente y luego de un beso exquisito comenzó a empujarme hacia abajo hasta la altura de sus pantalones. Me arrodillé frente a él, le bajé la cremallera y saqué su poderosa verga, que ya estaba tiesa y se la toqué, la acaricié y la observé bien, su color, su olor, sus venitas que palpitaban, sentí su energía y su calor y comencé a restregármela en la cara, sintiéndola toda, tocándola toda, disfrutándola toda como jamás soñé... era tan exquisita, tan poderosa... y sin perder más tiempo la besé, la chupé, y me la metí en la boca mientras le acariciaba y apretaba sus bolas, las que también olí y chupé...quería besar a todo ese hombre, todo entero, quería comérmelo, estaba loca de placer y de calentura... loca... y entonces me tomó nuevamente y besándome me subió la falda y me tumbó sobre la cama. Me comenzó a acariciar mis hermosas piernas, se sorprendió de casi no encontrar rastros de mi pene, me acarició la cola entera y me metió un dedo ensalivado en la flor de mi femineidad y luego, abriéndome las piernas, se montó encima mío colocando su miembro duro y tieso justo en la entrada de mi culito... experimenté un temblor delicioso al entir ese pene en mi flor... me acomodé para regalárselo mejor y entonces, con un grito que se escapó de mi garganta, sentí la carne de mi colita desgarrarse abriéndole paso a su masculinidad... me dolió mucho, pero también me quemó con su calor, con su vigor y potencia, me llenó de placer y lo dejé que ciera lo que quisiera conmigo... y así estuvimos un buen rato, él encima mío metiéndome su verga adentro y afuera, adentro y afuera, mientras me daba besos, me acariciaba las tetas, me decía cosas sucias y me preguntaba si me gustaba lo que me estaba haciendo... mientras yo sólo lo besaba, lo cariciaba y me dejaba culear y gozar como toda mujer... Al cabo de un rato de movernos rítmicamente como locos, sentí que su pene se endurecía aún más y de pronto, con un gutural gemido y un último envión, me depositó el chorro caliente y espeso de su semen en las profundidades de mi vientre... y ahí nos quedamos tendidos, él aún jadeaba exhausto mientras yo,casi llorando de emoción, lo acariciaba y le daba besos en su cuello, esos besos de mujer, de mujer satisfecha, de mujer recién poseída y un poquito enamorada... terminó por salir de mí e irguiéndose, me miró desde arriba y guardando su miembro con un gesto triunfante me dijo: "eres tan puta como tu madre..." satisfecha, orgullosa, me puse de pie colocándome las braguitas y ordenando mi vestido arrugado, lo acompañé escaleras abajo para despedir con un beso en la puerta al hombre maravilloso que me acababa de hacer suya...tal como lo hace la puta de mi mamá! |