Sensual y Erótica Ir a Ciudad Virtual 2000
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Buenas noches
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En estos tiempos que corren los horarios de la gente no son todo lo compatibles que uno desearía. Eso es lo que nos pasaba a mi pareja y a mí hace un tiempo. Él trabajaba por la mañana y, obviamente, yo por la tarde. Las horas en que nos veíamos eran escasas, y desde luego eran por la noche, aunque intentábamos disfrutarlas al máximo. Yo por lo general no me levantabamuy pronto, arreglaba la casa y preparaba la comida para los dos, ese era más o menos el pacto no escrito que teníamos, yo dejaba hecha la comida para él, y él cocinaba la cena para cuando yo llegara.
Una noche llegué del trabajo, bastante tarde, como siempre. Dejé las cosas en el sofá, me puse cómoda, me calcé las zapatillas y me dispuse a cenar. Él ya dormía, y no quise despertarle porque madrugaba mucho, así que me dirigí a la cocina para calentar mi cena, puse la radio muy bajita.
Ensimismada en mis pensamientos como estaba no sentí que se había levantado y en completo silencio había entrado en la cocina. Como yo estaba de espaldas me rodeó con sus brazos por la cintura y me dio un beso en el cuello, me sobresaltó porque no le esperaba, pero mi sorpresa fue aún mayor cuando me di la vuelta para responder a su beso y me lo encontré totalmente desnudo, abrazándome. Yo ya sabía lo que él deseaba, lo mismo que yo también deseaba.
Así que respondí a su saludo más que contenta, con el primer beso ya me encontraba totalmente excitada. No dijimos nada, dejamos que nuestros cuerpos hablaran. Según me besaba me fue desnudando. Desabrochó los botones de mi blusa y la dejó caer sobre el suelo de la cocina. Bajó la cremallera de mis pantalones que cayeron hasta mis rodillas. Continuaba besándome.
Sus manos expertas recorrían mi espalda, se deshizo de mi sujetador, y bajaron hasta llegar a mis nalgas. Comenzó a besar cada pedazo de mi piel según descendía por mi cuerpo. Su lengua se movía rápidamente por mis pechos, por mi vientre y mi ombligo. Me bajó las braguitas y jugueteó con mi vello, en ese momento que llegó al borde del abismo yo ya estaba muy excitada, todos los pelos de mi cuerpo estaban de punta y sentía como mi cuerpo le deseaba. Su lengua jugó con mis labios, con mi clítoris, yo jadeaba, gemía, y deseaba que me hiciese el amor, ya no aguantaba más.
Volvió a subir con su lengua recorriéndome, realizando el camino de vuelta, estábamos completamente lanzados, me dio un largo beso, me dio la vuelta, pegándose a mi espalda, y colocó mi cuerpo doblado sobre la encimera de la cocina. Tuve que apartar mi cena ya fría, y así, allí mismo, de espaldas, perfectamente acoplados, penetró en mi cuerpo, ya no hubiese aguantado más, de no haber entrado en ese mismo momento hubiera tenido que pedírselo a gritos. Pero entró y lo hizo a la primera, como siempre, muy despacio al principio, sentía toda su fuerza dentro de mí, cientos de escalofríos recorrían mi cuerpo, ya no podía más, me corría de completa felicidad. Él, al notar lo mucho que estaba disfrutando, subió el ritmo, más deprisa, más deprisa, sus manos sujetaban mis caderas para que no me lastimase con los muebles, y con cada una de sus embestidas veía las estrellas, casi las podía tocar.
Entonces dobló su cuerpo sobre el mío, sentía su respiración agitada muy cerca, gemía, y de repente, sentí como en una de sus embestidas, me inundaba de calor, un grito ahogado salió de su garganta, sus movimientos fueron disminuyendo hasta quedar completamente parado, pegado a mí, con sus brazos recorriéndome, fue entonces cuando habló y me dio las buenas noches. Aquella noche no cené, las ganas de comer se me habían pasado. Le pedí que alguna que otra vez se levantara a darme las "buenas noches" de esa forma.

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