Sensual y Erótica Ir a Ciudad Virtual 2000
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La Avería

Era verano, hacía mucho calor y me apetecía ir a la piscina a darme un refrescante baño, así que me dispuse a llamar a una amiga para que me acompañase, cuál no sería mi sorpresa al levantar el auricular del teléfono y descubrir que no funcionaba. Me dirigí a la casa de mi vecina y llamé a averías, me dijeron había tenido mucha suerte y que en media hora me enviaban un técnico para solucionarme el problema.
Esperé al técnico. Estaba yo con una camiseta de verano bastante fresquita, y debajo solo llevaba mis braguitas, no me pareció mal esperarle así, estaba en mi propia casa y desde luego no pensaba ponerme de tiros largos por un simple técnico que viniese a arreglar el teléfono.
 Sonó el timbre y abrí la puerta, me sorprendió la persona que me encontré allí, no era lo que yo me esperaba como técnico, era un chico joven, de unos 25 años, moreno y con un cuerpazo de impresión, ¡vaya personal que tenía la Telefónica!. Sentí como me ruborizaba y tras reponerme de esta grata sorpresa le hize pasar y le indiqué donde estaba el teléfono. Se acercó una silla a la mesita donde estaba y se sentó dándome su bien formada espalda. Allí comenzó a mirar en la línea y a hurgar en el teléfono. Ya en aquel momento estaba deseando que me hurgase a mí y no al chisme ese.
 Notaba como mi cuerpo se iba excitando con solo mirarle. Para romper el hielo le pregunté si le apetecía algo fresco para aliviar el calor, se volvió para responderme y noté como se fijaba en mí, porque donde yo estaba colocada me daba la luz de
espaldas y la camiseta se trasparentaba, me dijo que le vendría bien un refresco muy frío, con mucho hielo.
 Me fui a la cocina. Estaba tonta o no sabía lo que me pasaba, pero me temblaban las rodillas. Abrí la nevera para sacar los refrescos y allí me entretuve unos segundos para que el frío que salía me aliviase un poco. Eché los hielos en los vasos y los llené con refresco, me cogí uno de los hielos en una mano, los vasos en la otra y me dirigí otra vez al salón.
Me acerqué al técnico y al dejar los vasos en la mesa con toda mi entención me incliné sobre él y pasé mi brazo por encima suyo, rozando su hombro. Con el hielo en la otra mano empencé a acariciar mi cuello como hacía otras veces cuando estaba sola. El hielo se derretía y el agua comenzaba a escurrir por mi pecho. En ese momento el técnico finalizó la reparación, se volvió y me miró, me dijo, con una amplia sonrisa en su carita, que si quería que él me pasaría el hielo por la parte de atrás del cuello. Su proposición me sorprendió un poco y a la vez me agradó, la verdad es que lo deseaba, y le dije, también con una amplia sonrisa en mi cara, que sí. Aparté mi pelo del cuello e incliné la cabeza, él se colocó detrás de mí y con un hielo de su vaso comenzó a acariciar mi cuello y mis hombros. Las gotas resbalaban por mi espalda, por mi pecho, y mi cuerpo se estremecía. Con la mano que le quedaba libre rodeó mi cintura y me acercó a su cuerpo, le sentí firme, fuerte, creo que yo me empezaba a derretir lo mismo que el hielo. Cuando acabó con el hielo sus manos bajaron, recorriendo mis costados, despacio, rozándolos suavemente. Levantó mi camiseta y agarró mis pechos desde atrás, acariciándolos, cogiendo con sus dedos mis pezones, que ya habían reaccionado al primer contacto y estaban duros como piedras. Sin decir nada hizo que me colocara en el suelo, de rodillas, él inclinado detrás de mí, con cuidado retiró mi braguita hacia un lado, y allí mismo, en un instante entró en mí. No tuvo ninguna resistencia ya que yo llevaba mojada bastante rato. Me excitaba mucho que me lo estuviese haciendo con las braguitas puestas, mientras sentía la dureza del suelo en mis manos y mis rodillas. Comenzó a moverse un poco más rápido, me estaba volviendo loca hacerlo con un perfecto desconocido, como nunca antes lo había hecho y del que ni siquiera conocía su nombre.
 Estábamos tan calientes, tan excitados que en un momento habíamos llegamos los dos, no nos habíamos entretenido mucho.
Nos pusimos en pie, y le invité a que se diera una ducha fresca porque habíamos acabado empapados en sudor y otras humedades. Le pareció una buena idea, pero me dijo que yo tenía que acompañarle. No me resistí ni un momento, yo también necesitaba una ducha fresquita y además me apetecía ducharme con él porque veía come continuaba listo para otro posible
asalto.
Nos metimos los dos en la ducha, el agua fría resbalaba por nuestros cuerpos. Tomé la iniciativa y le coloqué con su espalda pegada a la pared, me agaché y me metí todo su miembro en la boca, aún estaba caliente y duro. Se lo chupé con ganas y le oía disfrutar bajo el chorro de la ducha. Después de un ratito, me agarró por los hombros y me puso en pie, me dió la vuelta, ahora era yo la que se apoyaba en la pared, pero de cara. Su mano buscaba mi entrepierna, me acarició durante un rato hasta que notó como volvía a estar húmeda. Usó sus dedos para mojar con mi humedad la entrada de mi culo, mientras notaba como su miembro también lo rozaba, y lo buscaba. Despacio, muy despacio, fue introduciéndose por mi agujerito, un lugar por donde nunca me lo habían hecho, un lugar por donde todavía era virgen, pero no duraría mucho.
Mis piernas no aguantaban aquello, me temblaban y las rodillas se me doblaban. Era muy distinto hacerlo así, había una mezcla de dolor y de placer que no sabría describir. Yo le dejaba hacer a él, sus manos sujetaban mis caderas. Su ritmo fue creciendo, puso algo más de velocidad a sus movimientos, y otra vez, en un instante, los dos nos habíamos corrido entre jadeos y gritos. Salió de mí y me besó el cuello. Nos pusimos de frente y, mientras me besaba con furia, acarició mis pecho, mi vientre, mi vello. Cogió la esponja y enjabonó todo mi cuerpo, después yo enjaboné el suyo. Al llegar a su miembro noté como se preparaba otra vez. Miré hacia arriba y le guiñé un ojo. En seguida reaccionó a mi señal. Me levantó en volandas, apoyó mi
espalda en la pared. Yo le abracé con mis piernas mientras con mis manos acariciaba su espalda, él me sujetaba el culo con sus manos mientras su miembro se abría camino en mi interior. Estuvo follándome unos minutos que parecieron horas, yo me sentía flotando. Su cara se estremeció y me llenó por tercera vez.

Mientras recuperaba el aliento me aclaré la espuma y salí de la ducha. Me senté en en water para observarle y cuando salió le pasé la toalla con la que se secó delante de mí. Terminó de secarse y aproveché para besarle el miembro, y subir besando su vientre, su pecho y por fin su boca. Con esto terminamos. El se vistió, yo me puse mi camiseta. Cogió su caja de herramientas y el bloc de facturas, me dijo que lo firmase, que todo iba incluido en la reparación del teléfono. Se fue, y a mí me dejó flotando por el resto del día

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