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| Armani,
25 años dictando la moda |
Su nombre es
sinónimo de sobriedad, refinamiento y elegancia. Revolucionó
la moda cuando vistió a la mujer con una americana de corte masculino.
Ahora, sus creaciones se pueden contemplar también en la Nueva Galería
de Berlín |
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| La Nueva Galería
Nacional de la capital alemana muestra 400 creaciones del modisto italiano
Giorgio Armani, prendas que resumen sus 25 últimos años de
carrera, de su vida, del mundo de la moda y de los comportamientos sociales.
“Esas
prendas son pedazos de mi vida, representan un momento de inspiración,
de creación, una emoción íntima, sentimientos de felicidad
y tristeza, de buenos y malos ratos”, explicó Armani momentos antes
de la inauguración oficial de la muestra, organizada por la Fundación
Guggenheim.
“Por eso hay
prendas bonitas y otras que lo son menos. Pero las quiero a todas por igual.
Es como quien tiene muchos hijos, algunos guapos y otros más feos.
A todos se les quiere igual, de ahí que no pudiera dejar ninguno
atrás”, agregó el modisto italiano.
“El concepto
de elegancia del año 2003 es distinto al de hace 20 años”,
dijo Armani, quien la definió como “el halo que desprende quien
extiende en el vestir su personalidad. Hay mil maneras de ser elegante,
lo más importante es vestir de acuerdo a la manera de ser de uno.
Me gusta que las mujeres no sean esclavas de la moda, sino que sea selectiva
y sepa lo que quiere”.
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Comodidad
ante todo
Rechaza las
estridencias, lo vulgar, el disfraz, los colores fuertes y el sometimiento
de la mujer a los cánones de la moda. “Lo importante es sentirse
cómodo y a gusto con lo que se lleve”.
Giorgio Armani,
hijo de una familia italiana acomodada, nació el 11 de julio de
1934 en Piacenza. Estudio en el Liceo de su ciudad y años más
tarde se trasladó a Milán para ingresar en la Facultad de
Medicina. “Me fascinaba el estudio del cuerpo humano. Pero no fui un buen
estudiante, me faltó concentración. Creo que mi cabeza siempre
deseaba estar fuera de los libros. |
Pero ser médico
me gustaba, y no es verdad, como alguien dijo, que dejase la carrera porque
me espantaba la sangre.
Siempre me
ha fascinado el cuerpo humano, y cuantas más operaciones veía,
más misterioso lo encontraba. Sin embargo, tomé la decisión
de abandonar la carrera cuando terminé el servicio militar”.
En 1957, se
puso a trabajar como escaparatista y encargado de compras de los grandes
almacenes milaneses “La Rinascente”. Allí permaneció hasta
1964, año en que fue contratado por la firma italiana Nino Cerrutti,
donde trabajó como diseñador en la línea de productos
masculinos.
Recuerda como
anécdota su primer diseño, una botonadura de asta de toro
que sugirió que colocaran en una chaqueta de Cerruti. Aunque no
contó con la aprobación total del equipo, el resultado fue
magnífico. “Nunca he tenido la idea de que la moda era tan importante,
jamás me he preocupado por mi modo de vestir. Comenzó siendo
un oficio, y lo sigue siendo. Eso sí, un oficio que me gusta mucho”. |
| Abandonó
la casa Cerruti en 1970 para dedicarse a trabajar como diseñador
independiente para distintas firmas italianas. Su idea genial fue trasladar
a la mujer el corte de las americanas. Sabía hacer chaquetas como
nadie. A mediados de 1975 fundó su propia firma y, desde ese momento,
ha diseñado al hombre contemporáneo. “Tenía un socio
que significó mucho para mí, que hizo que me interesase por
este trabajo y que me empujó a ser Armani. Pusimos una pequeña
oficina y contratamos a una secretaria. Improvisamos todo, él como
ejecutivo y yo como estilista. Fue una aventura formidable. Me pregunto
con frecuencia si yo sólo hubiese sido capaz de hacer todo esto.
Siempre me quedará la duda”. |
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La integración
de motivos y temas de la ropa deportiva en la sastrería tradicional
que protagonizó el diseñador milanés en la moda masculina,
se ha comparado a la revolución que Coco Chanel significó
en la moda femenina con el jersey.
Desde que inició
su carrera, la filosofía de Giorgio Armani se sustenta en este concepto:
“Cuando pienso en la moda, pienso en algo que forma parte intrínseca
de mi vida. Cuando pienso en el estilo, pienso en el único lujo
real que cualquiera puede permitirse, con dinero o sin él. Cuando
pienso en elegancia, pienso en cómo se alcanza silenciando las tendencias
ruidosas”.
A sus 69 años,
Armani dice de él mismo: “Soy más cerebral que instintivo.
Me divierte más hacer la ropa de mujer, aunque resulta más
complejo que la de hombre, ya que vestir al varón es más
fácil por ser más clásico y menos exigente, mientras
que la mujer siente el deseo de renovarse a menudo. Me interesa la mujer
que sólo ella es la que se anuncia a sí misma. Su cultura,
su profesionalidad, la razón que posea y su risa, que puede ser
mar sexy que un escote inmenso. Esa mujer que ya tiene bien vestida la
mente es a la que quiero vestir el cuerpo”.
Parece
que por Armani no pasan los días. Siempre elegante, enfundado en
camiseta y pantalón azul navy afirma: “Una chaqueta, un par de pantalones
oscuros –azules o negros- un suéter y una camisa de cachemira, y
un par de zapatos bonitos es suficiente para vestir a una mujer u hombre
de manera impecable y elegante”.
Trabajador
incansable y minucioso, le gusta controlar todo el proceso de producción
y estar pendiente de todos los detalles hasta que los diseños se
lucen en los desfiles. “Mi vida la he querido así, llena, intensa,
comprometida. Pero nada de esto me ha impedido viajar, tomarme unas vacaciones
maravillosas, tener unos amigos que me quieren muchos y ocuparme de la
familia”.
Inés
Sastre, Joaquín Cortés, Isabel Preysler, Ricky Martin, María
Carey, Sofía Loren, Michael Douglas, Catherine Deneuve y otras muchas
personalidades del cine, el espectáculo y la cultura se han rendido
ante sus diseños. Y desde hace 25 años, el diseñar
de Milán ha variado la imagen en la calle, en las oficinas y en
las fiestas, casi nada.
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