En
lo deportivo, no hubo caso, perdió sin medias vueltas; atrás,
quedó la increíble historia del kilo de sobrepeso que llevó
a Barrios a la resignación de la corona en la balanza, el viernes
por la tarde, pero su revés del sábado en el ring sumó
otra frustración: lo privó de aquello que todo el ambiente
pugilístico esperaba de él, que no era otra cosa que su consagración
en el boxeo de primer nivel, un espacio que, hoy por hoy, parece estar
lejos de los boxeadores nacionales.
Ahora, sólo Barrios podrá
explicar -y explicará, si es su idea- las causas de las desatenciones
que lo llevaron a "rematar" la corona mundial por la cual bregó
toda una vida; hoy, llegará a Ezeiza a las 8.30 y quizá,
de alguna declaración adulta, se advierta el error cometido en su
preparación.
Es paradójico: un pugilista
como Barrios, acostumbrado a concentrarse en La Pampa, con una exigencia
intensa, con variedad de sparring y con colaboradores suficientes, en lo
médico y en lo físico, fracasó en la primera gran
instancia que tiene un combate: marcar el límite de su categoría.
La imagen que dejó en su pelea
ante Guzmán, fue - también- contradictoria. Su temperamento
y entrega en la contienda fue admirable. Probablemente, con un reconocimiento
excesivo en las tarjetas de los jurados norteamericanos, que dimensionaron
la brava actitud de combate que asumió en los doce rounds. Así,
los jurados de Las Vegas emitieron tarjetas equilibradas y divididas: 113-114,
favorable a La Hiena, 114-113 y 115-112, a Guzmán. Cuando, a la
distancia, el argentino fue superado, al menos por cinco puntos.
La falta de fondo y de potencia de
Barrios quedaron en evidencia desde el primer round. Sin reflejos, sólo
sobre la base de su estirpe de peleador, de gran corazón, llevó
la pelea adelante, y en el último capitulo, fue admirable, aun fundido
en lo físico y quebrado en lo anímico desde el día
anterior.
Justamente su demostración
de cómo un boxeador vacío y sin reservas por los sacrificios
para dar lo que no pudo, el límite de los 58,967 kg, fue vital para
mantener abiertas las puertas en los Estados Unidos, que de otro modo se
hubiesen cerrado para siempre.
"Su corazón bien grande se
vio en la pelea y por ahora no pienso en desquites", señaló
el dominicano Joan Guzmán, el nuevo campeón, y el mexicano
Marco Antonio Barrera, que peleó, ganó y conservó
la corona de los livianos juniors, pero del CMB, ya se olvidó de
La Hiena para sus proyectos inmediatos. Está claro: cómo
será el futuro de Barrios.
Por lo pronto, tendrá que
replantear esquemas y conductas en un equipo que falló en un ámbito
donde no se puede fallar: el primer nivel. Deberá volver al llano
y escuchar a los que más saben; siempre es más positivo y
útil que otros discursos sin fundamentos.
El sabe que perdió un sitial
fundamental en el boxeo de estos días, que le exigió muchos
años y sacrificios; también, que la vuelta es posible si
admite errores. No es fácil; pero se puede.
Ganó Barrera, pero no convenció
a nadie
El mexicano Marco Antonio Barrera
venció por puntos a su compatriota Rocky Juárez -117-111,
115-113 y 115-113-, pero fue abucheado por su propia gente, en la misma
reunión de Barrios-Guzmán, y retuvo la corona de los livianos
juniors del CMB
Por Osvaldo Principi
Fuente: LA
NACION |