En sí mismo, David Nalbandian
es una muy buena razón para que otros equipos, incluso los más
fuertes, sientan envidia por el argentino. No solamente por su calidad
tenística: encontrar un líder, un hombre que se hace cargo
con gusto del papel de orientador y referente en la cancha, no es sencillo
para nadie ni ocurre todos los días. Este cordobés que hace
rato se hizo un nombre de peso en el circuito internacional tiene ese atributo
que no es común en cualquier estrella, y que para la Argentina representa
una ventaja fenomenal.
Lo bueno del caso es que Nalbandian
no sólo despliega esas cualidades a la hora de jugar o de entrenarse.
En los momentos de gratificación, el unquillense también
se pone a la cabeza. Si alguien lo duda tendría que haberlo visto
anteanoche, cuando a bordo de una de las camionetas de la organización
y acompañado por José Acasuso salió desde la concentración
en el hotel NH City, a media cuadra de la Plaza de Mayo, hacia la discoteca
Opera Bay. David desde el asiento del acompañante y Chucho detrás
se asomaban por las ventanillas y encabezaban la caravana festivalera agitando
remeras y cantando, escoltados por un móvil policial y por algunos
autos particulares.
Era comprensible: horas antes se
había consumado un objetivo preciadísimo para él.
Este año, Nalbandian se enfocó con una dedicación
especialísima para la Copa Davis. Ya se había graduado como
jugador copero hecho y derecho con victorias de las que valen oro, como
ante Hewitt en Australia o ante Hrbaty en Eslovaquia, y con una foja impresionante
en el torneo. Pero su palmarés personal no lo priva de disfrutar
cada vez como si fuera la primera, y más cuando la victoria es tan
trascendente: "Estoy súper feliz. Llegar a la final de la Copa Davis
no es algo que se logra todos los días, así que tenemos que
disfrutarlo mucho. Le tengo mucha fe a este equipo. La Argentina es muy
fuerte. Por eso no me sorprende para nada haber ganado así. Más
allá de entrar en la historia por haber puesto a la Argentina en
la final de la Davis por segunda vez, no nos queremos conformar con esto.
Ahora tenemos que ir a Rusia a sufrir un poco más, pero queremos
dar otro paso adelante y ganarla de una vez por todas, para darnos una
alegría en el grupo y a toda la gente que vino a alentarnos, que
se lo merece: su aliento fue espectacular."
Reducida a sus extremos, la historia
a la que se refirió Nalbandian lo coloca en este punto de un camino
que empezaron Vilas y Clerc, en 1981. "Eso me pone muy contento, pero bueno...
Aquello fue hace mucho. Nosotros escribimos nuestra historia y cada uno
escribe la suya personal. Pero no queremos dormirnos en los laureles y
vamos a ir a jugar a Rusia como si fuera el último partido de nuestra
vida".
¿Qué virtud valora
Nalbandian como ninguna otra en emprendimientos así? Lo explica
con palabras significativas: "Con un equipo unido se pueden hacer muchas
más cosas que con individualidades. Esa es una de las razones por
las cuales estamos como estamos. Se ve en lo que pasa en el circuito, en
el día a día o en los entrenamientos. Hacemos todo por dejar
nuestras cosas y jugarla, por lo que sentimos por la camiseta. Eso nos
impulsa a luchar contra todas las adversidades".
–David, ¿este equipo merece
ganar la Davis?
–Sí. La calidad de jugadores
está. Lo demostramos en el circuito y en la Davis, y cada vez estamos
más cerca. En cualquier momento se nos da. Ahora estamos en la final
y hay que aprovecharlo. Y tenemos equipo para ganarle a Rusia
Fuente: LA NACION |