Cambio
climático, el desafío al desarrollo sostenible
El cambio
climático dejó de ser un augurio, una exageración
o una amenaza. Así lo demuestran los tornados, los huracanes, las
inundaciones o el derretimiento de los polos. Existen todo tipo de evidencias
sobre sus consecuencias y la certeza de que las acciones para resolverlo
son impostergables. El cambio climático dejó de ser un problema
de científicos para pasar enteramente a la escena política
y, por supuesto, económica.
El cambio
climático detrás de un Oscar
El cambio climático
dejó de ser un augurio, una exageración o una amenaza. Así
lo demuestran los tornados, los huracanes, las inundaciones o el derretimiento
de los polos.
Existen todo
tipo de evidencias sobre sus consecuencias y la certeza de que las acciones
para resolverlo son impostergables. El cambio climático dejó
de ser un problema de científicos para pasar enteramente a la escena
política y, por supuesto, económica.
En efecto,
la principal razón por la que ahora se ha convertido en un tema
global no es el Oscar recibido por el ex vicepresidente de Estados Unidos,
Al Gore, que puede ser entendido como parte de una campaña mediática
para poner en marcha lo que esta de fondo: el mercado ficticio de emisiones.
Para este nuevo mercado la cuestión central no es evitar los impactos
del cambio climático, ni menos ayudar a las millones de personas
que ya sufren sus secuelas, sino que apunta al logro de ganancias y así
aumentar aún más, la deuda ecológica que tiene el
Norte con el Sur del mundo. Se trata de un mercado que concentra en pocas
manos la riqueza que generará, pero que socializa los impactos del
calentamiento global con los países más empobrecidos del
planeta.
El mercado
de Carbono y los servicios ambientales
El mercado
de Carbono no es otra cosa que la compra de capacidad de absorción
deCarbono y la consiguiente venta de derechos de emisión de CO2.
Es conocido también como mercado de emisiones. Este nuevo y floreciente
mercado no es una forma de disminuir la quema de combustibles fósiles
–que son los principales responsables del calentamiento global- sino que,
por el contrario, permitirá que aumente su consumo y al mismo tiempo
premiará a quienes más lo hagan, pues tienen más oportunidades
de entrar en un mercado subsidiado a cuenta del cambio climático.
El mercado
de emisiones es una forma de trasladar las responsabilidades y los impactos
al Sur del mundo, creando nuevas amenazas para los pueblos, cuyos territorios
serán ocupados por plantaciones forestales para supuestamente captar
CO2, cuyos bosques serán entregados a empresas privadas para conservar
(y vender) el carbono allí almacenado, sus tierras agrícolas
serán destinadas a los cultivos para producir biocombustibles, sus
tierras serán hipotecadas, sufrirán desplazamientos y expropiación,
las áreas protegidas serán privatizadas. Los países
y empresas del Norte quieren usar y controlar los bosques, que son grandes
reservorios de Carbono, cuya conservación implica evitar emisiones
de Carbono, para compensar sus emisiones industriales.
En muchos
casos, bosques supuestamente “degradados”, son sustituidos por monocultivos
de árboles exóticos –y en el futuro cercano posiblemente
transgénicos- para utilizar esas tierras en la absorción
de Carbono de origen industrial. Este es un mecanismo creado por las empresas
únicamente para beneficio propio en desmedro de los países
del Sur.
Mientras más
contaminante es una empresa, mayor es el beneficio que obtendrá,
pues ocupa la cuota de emisiones del país obligado a hacer reducciones.
La empresa se ahorra dinero al evitar tener que hacer gastos en cambios
tecnológicos en su lugar de origen y, a cambio, recibe subsidios
estatales, créditos de la Banca Multilateral y ganancias directas
con los proyectos que instrumenta en los países del Sur, plantaciones
forestales,biocombustibles, transferencia tecnológica-, además
de los réditos fiscales por invertir en proyectos supuestamente
“verdes”.
Esquizofrenia
total y ganancia absoluta al financiar miles de millones de dólares
a proyectos petroleros que producen calentamiento global y, al mismo tiempo,
otros tantos en proyectos de reducción de emisiones para, engañosamente,
paliar los efectos del cambio climático. Para que el comercio de
emisiones sea un buen negocio, se requiere la creación de una mercancía
bajo la figura de servicios ambientales, que los países del Norte
la están inventando.
Los servicios
ambientales son una nueva forma de convertir en mercancía lo que
aún no estaba en el mercado: fundamentalmente el aire, el agua,
el mantenimiento de la biodiversidad, la fotosíntesis, el ciclo
del Carbono. Son propuestas que aparentan ser buenas, pues permitirían
a las poblaciones locales cobrar dinero por el mantenimiento de los bosques,
cabeceras de ríos, cuencas hidrográficas, etc., sin embargo,
en la práctica se enajena los derechos de los pueblos pues pierden
el control sobre sus tierras y territorios, además de que se deterioran
sus recursos, garantizándose así sólo los derechos
de los compradores del servicio.
La venta de
servicios ambientales viene acompañada por una campaña para
acceder al control de extensas áreas, muchas de ellas protegidas
y otras estratégicas por sus funciones climáticas y biológicas.
Las ONG transnacionales
conservacionistas, socias de este negociado, están adquiriendo los
derechos de administración, planificación e investigación
en estas áreas. De esta manera logran dos objetivos simultáneos:
por una parte se priva de derechos sobre la tierra a las comunidades locales
y a los Estados y, por otra, se permite un acceso a los recursos por parte
de las empresas.
Cuando la venta
del “servicio ambiental” no se realiza en un área protegida, entonces
las comunidades tendrán que abandonar sus prácticas tradicionales
de producción agrícola y recolección en áreas
en donde se conservan árboles que cumplen con funciones que han
sido vendidas a terceros, pasando a ser meros guardaparques, cuando son
ellas, como pequeños agricultores, indígenas o campesinos
quienes que tienen capacidad real de conservar o de reconstruir ecosistemas.
Un mercado
de Carbono desigual
El mercado
de Carbono se caracteriza por ser colonial, desigual, injusto, monopólico
y promover el robo de los recursos de otros.
Es colonial
porque promueve un nuevo proceso de colonización de territorios
y espacios ajenos.
Es desigual
porque el Sur posee recursos y el Norte los consume y depreda.
Es injusto
porque se traslada al Sur los impactos sociales y ambientales, mientras
que en el Norte se concentra la riqueza financiera y el bienestar.
Es monopólico
porque busca aplicar las leyes de propiedad, individual y corporativa,
sobre las tierras, el conocimiento y la biodiversidad, por ejemplo a través
de la biotecnología.
Las energías
alternativas
Desde el punto
de vista de la industria, la energía es parte de un proceso sujeto
a control monopólico, y dependiente del ciclo del producto y por
supuesto de los precios. Desde el punto de vista de las comunidades, calificar
de alternativa a una fuente de energía, tiene que ver con el acceso,
el control, y el hecho de que no perjudique ni a sus ecosistemas ni a los
de los otros. En ese marco, las energías alternativas son propuestas
soberanas, ecológicas, justas y solidarias.
Son soberanas
porque no deben comprometer la soberanía alimentaria ni las bases
de subsistencia de las comunidades.
Son ecológicas
porque se asientan en la diversidad, en la preocupación por el ambiente,
en el reconocimiento de los problemas del futuro.
Son justas
porque plantean el tema de la justicia y la diversidad; y,
Son solidarias
por que no se basan en competitividad.
Las soluciones
al Cambio Climático
Desde hace
varias décadas, la energía ha estado en el corazón
de los programas de ajuste estructural. Se ha consolidado un modelo en
el cual la energía ya no es un derecho, sino que ahora es un servicio
y los ciudadanos son clientes de empresas, casi siempre privadas, que controlan
las inversiones de los Estados a los cuales dejaron con el único
rol de garantizar los derechos empresariales.
El cambio climático
ha renovado el debate sobre el tema de las energías. Se ha implantado
un enfoque que busca acceder a toda costa a todo el gas y petróleo
que queda y a las tierras que los poseen, gracias a convenios, tratados
de libre comercio, contratos, invasiones, etc.
Pero también
ha resurgido el debate sobre el desarrollo de fuentes alternativas de energía,
como si el tema de la energía fuese solo un problema tecnológico
creando una total ambigüedad sobre los responsables de la crisis global.
A nivel planetario
rige una matriz energética basada en combustibles fósiles,
pero con los altos costos del petróleo, se renueva el entusiasmo
por la energía nuclear y se promueve con inusitado interés
los biocombustibles, utilizando ya no sólo la atmósfera,
sino también las tierras del sur, para abastecer una demanda creciente
de energía.
Cada año
en el mundo se consume tanta energía que en combustibles fósiles
equivale al uso de cuatro siglos de plantas y animales; si fuese abastecida
por cultivos para producir biocombustibles se necesitarían cuatro
veces la superficie de toda la Tierra; si fuera energía solar solo
para abastecer la demanda energética de Nueva York habría
que llenar con paneles fotovoltaicos toda la cuenca amazónica; si
fueran represas hidroeléctricas se debería inundar por ejemplo
todo el territorio de Costa Rica para satisfacer la voracidad energética
anual de Estados Unidos; o si fuera nuclear se necesitarían más
uranio y otros recursos y más espacios para desechos radioactivos.
A la delantera
enfrentando el Calentamiento Global...
* Entendiendo
que la civilización del combustible fósil está en
su fin, independientemente de lo qué los intereses corporativos
deseen,
* Resistiendo
a los nuevos proyectos de extracción de combustibles fósiles,
* Frenando
los proyectos que destruyen nuestros bosques y otros ecosistemas, únicas
protecciones frente al calentamiento global,
* Exigiendo
la reparación de los ecosistemas destruidos por una historia de
saqueo, intercambio desigual y explotación de recursos; y la restitución
del pleno ejercicio de los derechos en sociedades sustentables,
* Oponiéndose
y denunciando los proyectos de venta de servicios ambientales o comercio
de emisiones,
* Reflexionando
y compartiendo no solamente sobre el tipo de energía de nuestras
sociedades, sino fundamentalmente el tipo de sociedades que queremos.
* Retomando
el control sobre nuestro presente y futuro
La red OILWATCH
nació impulsada por la necesidad de desarrollar estrategias globales
para las comunidades afectadas por las actividades petroleras y para apoyar
sus procesos de resistencia en la lucha contra estas actividades. Entre
las funciones de la organización están: el intercambio de
información sobre las operaciones de las compañías
petroleras en cada país afectado, sobre sus prácticas operativas,
así como sobre los diferentes movimientos de resistencia y campañas
internacionales contra compañías específicas. OILWATCH
se esfuerza por hacer crecer, a nivel global, la conciencia ecologista,
exponiendo los impactos de la actividad petrolera en ecosistemas tropicales
y en sus poblaciones locales, estableciendo también las relaciones
de esta actividad con la destrucción de la biodiversidad, el cambio
climático y la impune violación de los derechos humanos.
En la actualidad tiene a más de 100 organizaciones como miembros
en países del Sur.
Fuente: Ecoportal.com.ar