| Se
llama Adriana, padece graves problemas de salud y consagró su dolor
a Dios. Tiene estigmas en sus manos, recibe mensajes de María y
se le atribuye la curación de un enfermo terminal. La Iglesia investigó
el caso y expresó la “plena seguridad” de que es verídico.
Se asegura sin embargo que no es “sanadora” sino “mensajera” de la Madre
Morena.
Una
mujer, pequeña y enferma, entra en estado de gracia y recibe mensajes
de la Virgen del Valle. Tiene estigmas en sus manos, heridas de las cuales
emana aroma de rosas. Transmite las palabras que milagrosamente recibe
de María, y se comprobó la sanación de pacientes terminales
luego de que tomaran contacto con ella.
Las
características descriptas, de naturaleza absolutamente extraordinaria,
resultan sin embargo familiares a la mayor parte de la población:
todos, alguna vez, escucharon historias sobre prodigios similares.
Lo
que diferencia a este caso de todos los anteriores, conviertiéndolo
en inédito para Catamarca, es que ahora no se trata de una versión
promocionada por revistas sensacionalistas o un grupo de vecinas sugestionadas,
sino de un anuncio de la Iglesia Católica.
El
sacerdote Javier Enzo Grosso, párroco de la Iglesia del Corazón
de María, explicó este fenómeno luego de que el obispo
diocesano Elmer Miani avalara su difusión.
“Hasta
aquí tratamos de manejarlo con mucha prudencia, casi en secreto,
para no generar caos ni ansiedad”, confió Grosso, quien afirmó
que la Iglesia tiene la “plena seguridad” de que se trata de un caso sobrenatural.
La
mujer, llamada Adriana P., recibe mensajes de la Virgen del Valle, está
estigmatizada y sufre constantemente por el notable deterioro que estas
experiencias ocasionan en su físico.
El
padre Grosso asegura que al investigar el caso de Adriana se encontró
la curación de un enfermo de cáncer, pero aún así
prefirió identificarla como “mensajera de la Virgen”, y no como
sanadora.
Acerca
de los mensajes, comentó que no son “videncias ni revelaciones del
futuro, sino llamados a la conversión, a creer, a tener fe y obrar
en consecuencia”.

La
Iglesia decidió aceptar y acompañar este prodigio “porque
considera que reúne puntos clave y necesarios para considerarlo
válido”, sostuvo Grosso.
Mencionó
entonces cinco aspectos comprobados por las autoridades eclesiásticas
sobre las condiciones y experiencias de Adriana, determinantes para llegar
a avalarla. Son ellos:
1)
Obediencia al magisterio ordinario del lugar (en Catamarca es el obispo,
y significa que Adriana no puede obrar sin que Miani lo permita, por ejemplo,
convocando fieles en la Liga Catamarqueña de Fútbol: sólo
puede dar sus mensajes cuando el obispo la autoriza).
2)
Recta intención de la persona (La mujer no se benefició con
su don, no lo comercializó ni lucró).
3)
Sufrimiento físico y moral, acompañado de un sano equilibrio
psicológico (Se analiza una serie de detalles que demuestran el
padecimiento que implica ser objeto de manifestaciones milagrosas, comprobando
que la persona tenga capacidad de razonamiento y no caiga en cuadros de
desequilibrio psicológico o emocional).
4)
Búsqueda de unidad y comunión, dentro de la Iglesia presidida
por la Eucaristía (Este punto alude a los mensajes que transmite,
y a la necesaria presencia de un sacerdote cuando los comunica a los fieles).
5)
Ataques del mal (aquí la Iglesia observa la manera en que el Diablo
procura perjudicar a la persona que hace uso de su don, aunque no se especificó
puntualmente cómo la molesta).
El
obispo Elmer Miani autorizó la aparición pública de
Adriana luego de recibir un mensaje puntual, cuando estudiaba la determinación
final de una postura oficial.
Según
comentó Grosso, la señal definitiva fue la inusual lluvia
percibida al pie del Camarín, en un patio interior de la Catedral
Basílica, el día de la Asunción de la Virgen.
“En
última reunión, el obispo aprobó que Adriana apareciera
en público, con la condición de que la acompañara
un sacerdote, porque interpretó que la lluvia del Camarín
fue un signo sobrenatural, una señal de que comenzaba una obra,
un camino, una misión”, explicó Grosso.
Para
una comunidad como la catamarqueña, que hace del culto a María
su característica excluyente, la posibilidad de contar con una expresión
tan impactante, seguramente generará enormes expectativas.
Las
autoridades de la Iglesia, que asumieron la responsabilidad de avalar este
acontecimiento, deberán ahora enfrentar la ardua tarea de canalizar
correctamente sus efectos, e impedir que la naturaleza del caso se desvirtúe
o se aleje de su camino esencial. Fuera del impacto público, las
demás respuestas las encontrará cada persona, según
se lo permita su capacidad de fe.
Por
el momento, sobresale el firme y completo respaldo institucional de la
Iglesia y los sacerdotes, históricamente destacados por su singular
escepticismo ante estas cuestiones.
¿Quién
es?
La
Iglesia Católica indagó durante muchos años el caso
de las manifestaciones marianas en esta mujer, antes de concluir en que
se trata de acontecimientos sobrenaturales. El proceso de investigación
fue iniciado en la provincia de Córdoba por el fallecido cardenal
Raúl Francisco Primatesta, y terminó por ser avalado en Catamarca
por el obispo Elmer Miani.
Desde
el comienzo, las autoridades eclesiásticas realizaron un minucioso
seguimiento de la mujer y sus experiencias, de modo que todos sus datos
son conocidos y fueron corroborados, pero ella misma -enterada de que El
Ancasti divulgaría sus imágenes-pidió a este medio
que se preserven ciertos detalles, como su apellido, voluntad que se cumplirá.
Lo
que puede decirse es que su nombre es Adriana P., es menor de 50 años,
vive en Villa Carlos Paz, está casada y es madre, aunque luego consagró
su matrimonio totalmente a Dios y junto con su marido viven en celibato.
Adriana
nunca lucró con su condición, y tiene una salud extremadamente
frágil, ya que está enferma y su organismo rechaza los medicamentos
que se le suministran.
La
reserva momentánea de otros datos no tiene la intención de
rodear de innecesario misterio a esta persona, sino simplemente respetarla,
tratándose de alguien especial, de una vida espiritual muy intensa,
que bien tiene derecho a decidir qué aspectos de su vida prefiere
mantener en la intimidad.
Entender
lo sobrenatural
"No
podemos ciertamente impedir que Dios hable a nuestro tiempo a través
de personas sencillas y valiéndose de signos extraordinarios que
denuncian la insuficiencia de las culturas que nos dominan, contaminadas
de racionalismo y de positivismo. Las apariciones que la Iglesia ha aprobado
oficialmente ocupan un lugar preciso en el desarrollo de la vida de la
Iglesia en el último siglo. Muestra, entre otras cosas, que la Revelación
-aún siendo única, plena y por consiguiente, insuperable-
no es algo muerto; es viva y vital”.
Las
palabras pertenecen a un estudio denominado “Reporte sobre la fe”, que
escribió el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto
XVI.
La
Iglesia cambió mucho su postura ante estos temas, y aunque muchas
apariciones o prodigios auténticos no llegan a ser aceptadas como
tales se escucha con atención cada experiencia.
Nunca
en la historia de la Iglesia ha habido tantas apariciones aprobadas y tantos
reportes de apariciones como en las últimas décadas. Se acumulan
aproximadamente 500 reportes de apariciones desde 1980, de modo que la
misma Iglesia considera que está en tiempos extraordinarios, en
que Dios exhorta con urgencia e insistencia a través de su madre.
Pero
al mismo tiempo indica que “debemos ser prudentes para evitar los engaños,
porque son más los falsos profetas que los verdaderos”.
“El
interés en los signos milagrosos y las apariciones es normal, pero
no debe magnificárselos: aun cuando los signos son de Dios, de nada
sirven a un corazón que no busca la verdad y la conversión.
Muchas personas iban detrás de Jesús sólo para ver
milagros, pero sin buscar la conversión. Pocos, muy pocos estaban
de su parte al pie de la cruz. Hoy es igual. Mientras unos rechazan las
apariciones de la Virgen, otros se fascinan con toda clase de manifestaciones
y son fácilmente engañados. Es por eso necesario examinar
la motivación”, se explica.
El
magisterio de la Iglesia reconoce el derecho, tanto del clero como de los
fieles en general, de interesarse por las manifestaciones sobrenaturales
de carácter privado, incluso por aquellas aun no reconocidas oficialmente.
Es más, el interés de los fieles es generalmente un requisito
antes que la Iglesia examine un acontecimiento.
Los
Papas Pablo VI y Juan Pablo II facilitaron la comunicación de los
eventos sobrenaturales. El Papa Pablo VI derogó los artículos
1399 y 2318 del antiguo derecho canónico. (29 de diciembre de 1966,
Acta Apostolicae Sedis (AAS) 58; AAS 56, pág. 1186).
Eso
permite publicar y difundir, sin imprimátur y sin nihil obstat (permisos
de las autoridades eclesiásticas), textos sobre nuevas revelaciones,
apariciones, locuciones, profecías o milagros “en tanto no contengan
nada contrario a la fe y la moral”.
A
los obispos se les pide prudencia y no lanzarse prematuramente a tomar
decisiones: ni a favor ni en contra. En este caso, el obispo Miani autorizó
a Adriana, lo cual convierte en oficial su condición de mensajera
de la Virgen y significa, para los creyentes, que recibe palabras de la
Virgen del Valle para retransmitirlas a los fieles. |