| El denominado "cuento del tío"
tiene tantas variantes desconocidas como el origen de su denominación.
En el "Manual del Inmigrante Italiano"
que se entregaba a principios del siglo XX a quienes arribaban a la Argentina,
se hacía referencia a "estratagemas para engañar a los recién
llegados".
Desde entonces se advertía
sobre los problemas que podrían encontrar con los estafadores bajo
el subtítulo “Los embusteros”.
Un siglo después la inventiva
al servicio de la estafa, el robo o delitos cada vez más violentos,
mantiene su vigencia y requiere múltiples cuidados.
"Los cuentos de los tíos"
pueden dividirse según las víctimas, las estrategias o los
métodos utilizados:
Los que dicen conocer a un familiar
Personas que, muchas veces en pareja,
dicen ser amigos de familiares a los que les adeudan una suma de dinero
que quieren devolver.
Los desconocidos tratan de generar
una situación de confianza para poder entrar a la casa y cometer
el ilícito.
Otra de la modalidad es a través
del teléfono: llaman diciendo pertenecer a una entidad bancaria
que tiene que proporcionarle un supuesto pago retroactivo de una jubilación,
y luego, concurren a la casa y cometen el acto delictivo.
Los que quieren ayudar
Suele utilizarse un cajero automático,
donde la víctima intenta introducir la tarjeta y encuentra que el
mecanismo no funciona correctamente y se queda con el plástico.
Personas que esperaban su turno ofrecen
su colaboración, pero solo buscan conocer la clave y cuando la víctima
se retira resignada pensando el reclamo ante el Banco, capturan la tarjeta
y vacían las cuentas.
Los que venden
Muchachos que tocan el timbre en
las casas y se presentan como empresas recolectoras de residuos vendiendo
las "nuevas y obligatorias bolsas" a precios superiores a los del mercado.
Productos de limpieza o artefactos
electrónicos obtenidos de remates, que se ofrecen a valores "muy
convenientes" porque suelen no funcionar o no tener ninguna utilidad.
Ofertas de vehículos o electrodomésticos
que se publican a precios de ofertas increíbles" pero que en definitiva
no se venden, sino son el anzuelo para robar a los ilusos compradores.
Los falsos services
Personas que simulan pertenecer
a empresas de servicio y diciendo que deben realizar una reparación,
ingresan al domicilio de los damnificados y se llevan sus pertenencias,
muchas veces con violencia.
Los cuentos de tíos tecnológicos
Los que roban información
de las computadoras y las utilizan tanto para extorsionar, como para robar
números de claves bancarias o información muy calificada.
Los amables arrebatadores
Los que se acercan diciendo conocer
a la victima y aprovechando la cordialidad y la breve conversación,
que se puede dar fundamentalmente en bares o restaurantes, aprovechan "el
descuido" para llevarse bolsos y carteras.
Los que cambian los billetes
En todo tipo de transacción
existe la posibilidad de encontrarse con el "profesional del cambio" que
ante un descuido da vuelto por 10 cuando se pagó con 20 o 50 o cambia
los billetes legales por falsos.
Los que venden la ilusión
Profesionales del engaño
que se instalan en esquinas muy concurridas para que "los entusiastas transeúntes"
apuesten para ganar, si descubren donde se encuentra una moneda que gira
bajo tres coberturas.
Vendedores de edificios que no se
construirán nunca, viajes que no se realizaran jamás o inquilinos
de viviendas que jamás podrán firmar su contrato
La lista es interminable y se actualiza
permanentemente pero en todos los casos se mantiene vigente lo señalado
en "El manual del inmigrante" que decía textualmente:
"Desconfíe de quien no
tenga la ropa ni la autoridad para acercarse, no escuche ni historias maravillosas
ni casos piadosos y sosténgase por el momento incapaz de prestar
la mínima ayuda a cualquiera.
Sepa que existe un notable sistema
para engañar al inmigrante que acaba de desembarcar: es el llamado
“cuento del tío”, que en Italia se conoce como trufa al’americana."
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