| En los últimos
años aumentó el consumo de alcohol, drogas ilegales, desconfianza
en las instituciones públicas (como la justicia y la policía).
Los hospitales y centros psicológicos no están preparados
para enfrentar esta situación.
Si bien en nuestro país no
existen datos sobre la incidencia de la violencia como problema de salud
pública, a priori se puede afirmar que se ha instalado bajo el signo
del aumento de la pobreza.
El Dr. Norberto Garrote, Jefe del
servicio de Violencia Familiar del Hospital de niños Pedro de Elizalde,
aseguró “a medida que pasa el tiempo, cada vez es mayor el número
de pacientes que se acerca. Por ello no sólo consideramos la cantidad
sino la calidad de la demanda, que ha ido variando, en tanto la sociedad
ha ido reconociendo otras modalidades que permanecían más
ocultas y que tenían que ver, por ejemplo, con los indicadores sugestivos
de abuso sexual”.
“En la medida que la población
en general y los profesionales en particular han ido conociendo con mayor
exactitud cuáles eran esos indicadores se pudo ir detectando mayor
número de casos de los que se detectaban tiempo atrás”, agregó
Garrote.
Cómo
cambiar la historia
La violencia, aseguran los expertos,
debe ser tratada de manera interdisciplinaria, hay profesionales que trabajan
en red de manera informal y pretenden aunar criterios. El Dr. Norberto
Garrote declaró en una publicación para médicos municipales,
“tenemos una propuesta para la constitución de una red formal dentro
de la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Entonces, esta formalidad de alguna manera estaría respondiendo
al interés creciente que hay desde los organismos internacionales,
respecto de la organización de un trabajo puntual de esta temática”.
También, los entendidos en
analizar las sociedades aseguran que “la única manera que se puede
llegar a solucionar la situación es cambiando las actitudes individuales,
formación de grupos (como redes), cooperación regional, nacional
e inclusive internacional. Hay que ponerse de acuerdo y llevar a la práctica
las acciones o cambios de actitudes necesarias para terminar con esta ola
de violencia”.
Los expertos recomiendan empezar por
el primer núcleo con el que se vincula una persona, es decir hay
que cambiar las actitudes dentro de la familia.
Se aconseja revisar si las formas
de tratarse entre los integrantes de la familia son violentas o no. Por
ejemplo, ver si para corregir a los hijos se les grita o golpea. Entonces,
si se presenta esta situación sin dudas hay que cambiar los hábitos
de relación con la pareja y con los niños.
Hay quienes muy en su interior saben
que son violentos. En estos casos, es clave reflexionar al menos por un
momento y autoevaluarse. A veces, es mejor contar hasta diez, controla
los impulsos, tranquilizarse. Hay que dejar pasar ese momento de violencia
para poder controlarlo.
Siempre es mejor optar por el diálogo
y no por los golpes. Otra recomendación de los especialistas es
tener en cuenta que las palabras agresivas también son violencia,
por eso, antes de hablar con enojo, es mejor siempre antes reflexionar.
La violencia se aprende Es sabido,
muchas veces la violencia se aprende, se absorbe, desde el seno de la familia,
en la infancia. Muchos de quienes fueron hijos maltratados hoy son adultos
violentos.
Para las situaciones límite
de entornos de violencia hay lugares donde pedir ayuda, donde refugiarse.
Existen numerosos grupos de ayuda en la Argentina relacionados con esta
problemática social. Otra alternativa son los programas educativos
dirigidos a superar las conductas violentas.
Toda familia necesita ir más
allá de las relaciones entre sus miembros y establecer lazos de
amistad, de afecto y solidaridad con un grupo más o menos amplio
de personas. Esto ayuda a prevenir la violencia intrafamiliar y nutre la
vida personal de los integrantes de la familia.
Escuelas
En las escuelas también existen
actos de violencia, y estos son cada vez más frecuentes. Es necesario
que los docentes estén preparados para saber manejar este tipo de
situaciones. Por eso es necesario que se participen en procesos educativos
en la materia.
La formación de grupos, redes
y fundaciones tienen un papel importante en la lucha contra la violencia.
Con sus programas de educación, prevención y otras actividades
ayudan en la erradicación de este flagelo social. Es conveniente
acudir a ellos o inclusive participar en los mismos.
En todos los grupos surgen conflictos
originados tanto en procesos de desarrollo personal y situaciones que enfrenta
cada quien. |